La barrera contra los inmigrantes que llegan desde la guerra, la hambruna, la intolerancia…
El Mediterráneo quizá sea la barrera más dura y clara que tenemos presente pero no la única. Es la más extensa, la más peligrosa, la más controvertida. Pero existen otras en Asia, en África y en América, que nos llegan con menos eco periodístico pero igual de perversas y persistentes. Y con métodos similares de explotación mafiosa, de maltrato humano, de rechazo étnico y religioso. Además con un futuro nada halagüeño para el que huye de la miseria y de la persecución. Solamente hay que fijarse en las soflamas de la carrera presidencial estadounidense para ver la situación que puede presentarse.
En el extremo suroriental asiático hay pueblos enteros que huyen de sus gobiernos, como es el caso de los más de cien mil musulmanes Rohingya que han abandonado Myanmar en los últimos meses. El poder de los radicales budistas impide que estos musulmanes puedan tener propiedades y su persecución les conmina a huir a los países vecinos en desvencijadas y arcaicas barcazas que sufren los mismos problemas que las pateras y demás embarcaciones que intentan cruzar el recargado Mediterráneo. Ya el pasado mayo el Gobierno de Malasia pidió el fin de la represión birmana contra los Rohingya, una minoría que la ONU considera como la más reprimida del mundo.
La situación cambia poco en la zona ecuatorial africana donde las persecuciones contra los no seguidores del Islam se extiende de Pacífico al Atlántico, principalmente en Sudán del Sur y en Nigeria, Mali, Níger, Camerún o Chad, sembrados de grupos terroristas como Boko Haram o Ansar Dine, surgidos de Al Qaeda del Magreb. Además del llamado Cuerno de África donde realmente no existe quien gobierne un histórico territorio hoy desestructurado del que huyen miles de desheredados. La mayoría de los escapan de la persecución y la miseria de este desastre se concentran en Libia (se habla de un millón de huidos) donde son empujados por mafias y bandas yihadistas a buscar una libertad que no encuentran a través del mar.
Pero Europa ha cerrado su cercado y no quiere compartir parte de su opulencia. Así las islas griegas e italianas forman un laberinto que retiene a cientos de miles de náufragos llegados en naves que provienen del Sur en armaduras que en algún tiempo navegaron. También cierra su puerta el próspero Reino Unido, lo que hacina a ya miles de inmigrantes en la costa de Francia, país donde la xenofobia gana adeptos cada día. El problema es de tal magnitud que ACNUR, la agencia de la inoperante ONU, solicita ayuda urgente para paliarlo. En la denostada Grecia de la rica Europa son cientos de miles los inmigrantes que duermen en las calles, en los campos, con hambre, sin recursos, sin futuro. Hallan un «corralito» humanitario. Aunque llegan con esperanza descubren que el Mare Nostrum realmente es el Muro Nostrum.
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 19 de agosto de 2015
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/08/19/corralitos-humanos/1802300.html