Nos matan la ilusión

Las vacaciones se acaban para unos o quedan muy atrás para otros. El final del verano nos devuelve a la labor diaria, a la costumbre, a la rutina. Y nos retira la holganza, la folixia, la diversión, la playa, la montaña, la siesta. Regresamos a la cotidianidad. Aparecen entonces casos del síndrome postvacacional. ¿Realmente es así?
No. Al menos para muchos de nosotros no. La situación, las circunstancias, las condiciones van cambiando aunque los protagonistas parecen los mismos. Pero no lo son aunque las personas sean físicamente las mismas. Los ajustes, los recortes, las restricciones, las ausencias… lo van alterando todo. Hasta la ilusión.
Los/as maestros/as, los profesores, los profesionales de la enseñanza, los/as trabajadores de colegios e institutos vuelven desmoralizados. Quienes retornan, porque muchos se han quedado en el camino, en el paro, en la desesperación, llegan con los horarios prolongados, los salarios disminuidos, las funciones laborales distintas. Tienen más horas de clase, más alumnos en el aula, menos tiempo de biblioteca, de preparación, de actualización, de estudio de su asignatura. La precariedad laboral es notoria. Las condiciones de trabajo han empeorado tanto como ha disminuido la ilusión por su labor, por su profesionalidad, por su amor a la docencia.
Los/as médicos, los/as enfermeros/as, fisioterapeutas, celadores, auxiliares, administrativos de los servicios sanitarios, hospitales, centros de salud, ambulatorios regresan en unas condiciones cada vez peores. Horarios más largos, honorarios más cortos, restricciones de material, planes laborales cada vez más precarios, muchos puestos de trabajo privatizados y en peligro extinción o en mayor inestabilidad. El escenario es de desánimo general.
Quienes vuelven a la labor asistencial, los que trabajan en labores de dependencia, que se encargan de la ayuda a personas que no se valen por sí mismas, se encuentran menos compañeros para la misma función y han de realizar más trabajos por el mismo salario y con un horario más extenso. Y si nos fijamos en las antípodas ocupacionales, en los profesores de educación infantil, los educadores de guardería, las condiciones son parecidas por la clausura de muchos centros ante la vuelta de muchas madres desocupadas por cierres empresariales. Y los que retornan lo hacen temerosos, mermados de ilusión.
Estos y muchos otros profesionales, arquitectos, ingenieros, contratistas, albañiles, abogados, periodistas, hosteleros, tenderos, marinos y hasta «shipbrokers» o gestores de fletes (debido a las primaveras árabes y las guerras del Mediterráneo) vuelven desmoralizados. Los sindicatos señalan que este ha sido el verano de mayor precariedad laboral. Los últimos datos dicen que hay un millón de amas de casa que busca empleo mientras un 30% más de hombres se dedica a la casa desde 2008. Un reportaje de LA NUEVA ESPAÑA informa que desde ese año la llamada Generación de Villalpando (los jóvenes asturianos que trabajan en Madrid y regresan los fines de semana) ha mermado unas 1.900 personas, lo que quizá significa que otras tantas terminaron en el paro.
Cada vez regresan menos al trabajo y los que vuelven llegan con la moral encogida pues les mataron la ilusión.

Artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 24 de septiembre de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/09/24/matan-ilusion/1473390.html

Con trajes pero en pelota

Ya nos habíamos olvidado de los trajes de Camps cuando nos enteramos que la Generalitat valenciana no tiene ni para ropa interior. El gobierno de la Comunidad Valenciana, del gürteliano Partido Popular, que ha sacado 20 millones de euros con la venta de una Terra Mítica que costó 400, ahora vende la Ciudad de las Artes, el aeropuerto de Castellón, la Ciudad de la Luz de Alicante y la Radio Televisión Valenciana. Liquidación total. Ya es invierno en el Corte Valenciano. El presidente Fabra busca comparador para todo y espera no tener que pagar una indemnización por el fallo del gran premio de automovilismo  que se inventaron Camps y la alcaldesa amiga de Urdangarín y que se supone que cobraría el forrado jefe de la Fórmula 1, la del campeonato de constructores que no de pilotos (ya que por buen y arriesgado conductor que seas si no tienes un coche que carbure no hay modo de ganar una carrera), y que sería de un buen porrón de millones también.

Como se observa, la gran oferta atractiva valenciana, que era pública y que le costó al contribuyente valenciano un pastón, será casi regalada a algunos capitalistas privados que se encontrarán con más de un chollo, de una ganga que ya tiene la propaganda hecha y que dará beneficios estilo Gürtel. Todo un panorama. Pero mucho me temo que seguirán ganando los mismos en las próximas elecciones. ¡Qué pena!

A Ina González no le da vergüenza

El presidente de la Comunidad de Madrid ni se baja del burro ni le da vergüenza ser el muñeco de Adelson, el promotor (o sólo prometedor) de Eurovegas. Ni parece que sabe de números, que diría el castizo. Habla de la creación de más de 200.000 puestos de trabajo. Ni puestos de trabajo precarios, esos de contrato por días. El caso es que Ina González ha preparado una serie de retrocesos legislativos que ni Franco se atrevería a prometer con el fin de que el eurodisparate se llegue a construir. Y lo peor es que juega con la ignorancia del personal que solamente lee los titulares de los periódicos o «escucha» la presentación de los noticieros de radio o televisión mientras sorbe la sopa o se come un huevo con patatas fritas (algunos no pueden ir más lejos). El argumento que resaltan es el de la permisividad de fumar en el recinto de diversión. Pero ese es la pantalla que oculta todos los demás derechos que quieren derogar y que son un verdadero insulto para el más despreocupado de los ciudadanos. Tanto Esperanza Aguirre antes como González ahora quieren suspender derechos como el pago de impuestos, la implantación de sindicatos entre los currantes del eurodislate, quieren que los madrileños le construyamos un pequeño aeropuerto para jet privados para los capitostes que gobiernen Eurovegas o los ricachones que le vienen a dejar su dinero a sus salas de juego. En fin, la reacción es tal que toda la acción ganada en democracia se pretende derribar para que el evasor de impuestos y encausado blanqueador de dinero negro estadounidense (de nacionalidad) se forre a cuenta de nuestros esfuerzos democráticos, de nuestros derechos, de nuestros sudores por mantener una vida digna que respete la libertad de todos. Es el colmo del descaro antidemocrático. Pero a Ina González, que siempre vivió a la sombra de Aguirre en las urnas y en los negocios, no le da vergüenza pedirlo, decirlo ante el parlamento de la comunidad ni proclamarlo ante los medios de comunicación. Al fin y al cabo la democracia le ha servido para trepar. A los demás «que nos den por viento», que diría una conocida fotógrafa.

Canción de Gibraltar

El culebrón del verano

Los veranos británicos hubo un tiempo que proporcionaban la «noticia» recurrente de la aparición del monstruo del lago Ness. Cuando la calma informativa arreciaba los diarios publicaban reportajes sobre la presunta aparición de Nessie en las aguas tenebrosas del lago escocés, normalmente con nocturnidad, surgiendo de las profundidades aprovechando un breve claro de luna y ante la mirada de algún crédulo y descuidado turista. Los veranos hispanos disfrutaron también de un culebrón recurrente al que acudían los gobiernos de turno. La «cuestión» de Gibraltar. Digamos que a la par que la canción del verano, que casi siempre la ganaba el mismo, surgía también la canción de Gibraltar.

A costa del Peñón ha habido de todo, desde conatos de guerra a persecución de delincuentes, desde medidas de restricción sanitaria a causas de presuntas enfermedades de los monos a riñas por cuestiones protocolarias de banderas. En los años inmediatos posteriores al Tratado de Utrecht las refriegas militares y diplomáticas menudearon porque dependían bastante de las alianzas y enfrentamientos entre las potencias europeas del momento. Ya pasados casi dos centurias se produjeron algunos desplantes por ambas partes pero más simbólicos que reales, aunque en ellos estuvo implicada la realeza. Pero ya no hubo ruido ni movimiento de tropas.
En tiempos de la dictadura Gibraltar tomó cierto relieve como sistema de distracción política cuando los problemas internos alcanzaban cotas de conflicto. Fue tan asiduo el recurso de la colonia británica que parecía la única ocupación de algunos ministerios y a un alto funcionario se le llegó a conocer con humor como ministro del Asunto Exterior. Se cerró la verja construida en 1900, se bloqueó la entrada a la bahía, se impidió el aterrizaje de aviones en un aeropuerto construido en tiempo de conflictos mayores al contencioso bilateral, en fin, hubo provocaciones por las dos partes. Y en ambas se fomentó el patrioterismo. Patrioterismo más suave pero que continúa.
Siempre ha habido opiniones a favor y en contra de la discusión y de la utilización del Peñón con fines de estrategia política interna. La derecha defendiendo las presiones contra el gobierno gibraltareño y el Reino Unido. La izquierda rechazando esas presiones o aminorando su fuerza. Los argumentos han variado según el motivo de los conflictos puntuales, ya sea por una visita real, la reparación de un buque militar, desigualdades fiscales o litigios pesqueros. Y durante la ola descolonizadora de la década de los sesenta del pasado siglo la Organización de Naciones Unidas instó a iniciar el proceso con Gibraltar y otras colonias residuales de países del Viejo Continente. Se celebró alguna reunión y manifestaciones pero la cosa no pasó a mayores, la situación siguió igual. ¡La fuerza de Naciones Unidas!
Ahora, mientras algunos partidos políticos españoles y británicos hablan de extender el conflicto a la Unión Europea y hasta volver a la ONU, surgen voces que reclaman cambiar la música de la canción. Desconozco si la letra es nueva o vieja pues en trescientos años de diferencias ha habido mucho baile. Pero se oyen opiniones parecidas a las que tratan de la legalización o no de las drogas para solucionar el terrible problema del mortal narcotráfico. Es decir, retirar la verja y la aduana, integrar en la zona Schengen la población gibraltareña y aplicar la democracia, todos con los mismos derechos, las mismas obligaciones como ciudadanos de una Europa fiscal, política y social unitaria.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 23 de agpstp de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/08/23/cancion-gibraltar/1459384.html

Ética y política

El rechazo ciudadano a la falta de rectitud
de sus dirigentes

Los políticos dicen que todo en la vida es política. Y una base fundamental de la política es la ética. Sin ética, la acción política es la práctica de una gestión para un aprovechamiento individual o de un colectivo concreto, pero no es un servicio a la comunidad. Si observamos la actividad diaria, realmente la política, de alguna u otra forma, interviene en todos o en la gran mayoría de nuestros actos.
Por esta razón las expresiones «soy apolítico/a» o «no entiendo de política» no responden a la realidad o son un fallido intento de manifestar una postura o un pensamiento sobre una situación determinada o general. Porque el conocimiento de las cosas genera una actitud ante ellas, ya sea a favor, en contra o la simple indiferencia, que también es una actitud. Y la ética, que es un componente cultural, es básica en la toma de conciencia sobre los acontecimientos.
Creo, con estas premisas, haber establecido el campo de juego. Ahora podemos señalar y comentar las jugadas. Por ejemplo, la respuesta generalizada de los partidos sobre la implicación de alguno de sus dirigentes en supuestas infracciones. Todos recurren a la presunción de inocencia. Contestación lógica. Pero esa presunción de inocencia es para todos, y se supone que, en política al menos, tiene unos límites. «En el ámbito político el gobernante carece de presunción de inocencia», señala el catedrático de Derecho Constitucional Francisco J. Bastida, ya que «al representar a los ciudadanos y gestionar fondos públicos, debe estar en condiciones de explicar y justificar en todo momento su actividad y demostrar su inocencia». Nadie pone en duda, continúa el profesor Bastida, «su honradez personal, pero sí su honradez política».
Además deberíamos distinguir la presunción de inocencia política de la presunción de inocencia legal. Comparen los términos. Ninguno de los dos ha sido condenado por los tribunales, pero Rajoy presume de inocencia mientras apunta sus indicios de culpabilidad a Bárcenas. Por supuesto, hay opiniones que señalan que muchos políticos viven en un mundo y nosotros en otro. Y que hoy, en política, «aumentan los problemas pero disminuye la imaginación para abordarlos» (Pedro de Silva).
Y la perspectiva va camino de empeorar. Si hoy en día se juega con la ética y se trata de esconderla en el terreno político, ¿qué pasará tras la evaporación de materias como Educación para la Ciudadanía, el reforzamiento de las clases de una religión en un mundo donde crece el fanatismo religioso y la casi inadvertida desaparición de la asignatura de Ética en el plan de reforma de la enseñanza presentado por el Gobierno del Partido Popular? La ética se va esfumando de la política -por eso los ciudadanos cada vez rechazan más a los políticos en los sondeos- y, como escribía Antonio Muñoz Molina en un reciente artículo, «la desvergüenza de los que mandan se ha vuelto tan absoluta que ya no hacen falta especiales sutilezas para adivinar los propósitos de sus actos», al tiempo que intuía que «una asignatura dedicada al estudio de la rectitud en los comportamientos» les debe parecer «tan cómica como la idea de que los corruptos vayan a la cárcel». Y si no, fíjense en la frase del Presidente en su comparecencia en las Cortes del pasado primero de agosto: «Todas las instituciones responden al más alto estándar de exigencia ética».

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 8 de agosto de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/08/12/etica-politica/1454643.html

 

Los eufemismos que nos comemos

Expresiones que aparecen y desaparecen del vocabulario de tiendas de alimentación y restaurantes

Fernando Granda Famoso es el poeta ovetense Fernando Beltrán por su faceta industrial de dar nombre a empresas y servicios. Es fundador del estudio «El Nombre de las Cosas», preside la Fundación Aula de las Metáforas, aunque personalmente desconozco si es el autor o inspirador de alguna o muchas de las palabras que últimamente encontramos en los nuevos colmados, supermercados y establecimientos para gourmets.

Vengo observando desde hace tiempo cómo una expresión clásica de nuestro vocabulario de tiendas de alimentación y restaurantes ha desaparecido casi totalmente de la terminología. La «zanca de pollo» es prácticamente ignorada por la chavalería y gente joven que conocen como muslo «la parte más larga de las patas de las aves», según fija la Real Academia de la Lengua, al tiempo que señala el origen de zanca en el latín con reminiscencias persas para mencionar a la pierna. La palabra zanca siempre me ha parecido expresiva, tajante y hermosa aunque reconozco que los vocablos no son eternos y una expresión con más gracia, con chispa, pueda sustituirlos, desterrarlos, hacerlos desaparecer. Claro que no le veo ninguna de estas características a muslo, más propio de una extremidad humana.
Si menciono en primer lugar la sabrosa pata de ave, ya sea pollo, pavo, pato, oca u otras delicias gastronómicas, es porque me parece el caso más extraño de cambio de denominación. Sobre todo teniendo en cuenta que no muda por un extranjerismo, por un vocablo de otro idioma más hablado o más fácil de pronunciar o recordar, por una palabra integrante de una expresión más universal, de un plato emblemático. Creo que lo hace por un falso cultismo, cercano al horterismo.
Como muslo para nombrar zanca existen otras varias expresiones menos llamativas. Los argumentos sobre ellas serían similares a los expuestos. Por eso quisiera referirme a otras que inundan las estanterías y las cámaras de las tiendas de alimentación, principalmente, además de nuevos restaurantes y chiringuitos callejeros. La mayoría se emplean (¿se inventan?) para nombrar sucedáneos, imitaciones o variedades menos valoradas que un producto original. Un ejemplo llamativo son las diversas formas de presentar lo que conocemos como surimi, esa masa elaborada con carne de pescado y que según la forma en que se presente puede imitar a las angulas (gulas, guinas, anguriñas?), las gambas, cigalas y hasta pequeños bogavantes (bocas de mar, tronquitos, muslitos de mar, varitas, rollitos?), aunque algunos productores han optado por algo más correcto como «palitos con sabor a? cangrejo, langosta?».
También se venden chanquitos, caprichos, delicias y demás, elaborados con el mismo surimi, la pasta inventada por los japoneses hace más de mil años y recientemente trabajada con métodos industriales. Claro que para atraer al comprador, para conquistar a los niños, siempre más reacios a consumir pescado por su sabor o la dificultad para comérselo, para evitar problemas de atraganto o separación de diminutas espinas, para facilitar la masticación de ancianos, los nombres eufemísticos están alcanzando cotas insospechadas. Y un mismo pescado, por ejemplo, según sea presentado con una u otra forma, sin variación de componentes y elaboración culinaria, puede acoger una buena gama de variadas calificativos: medallones, corazones, porciones, supremas, rodetes o cachetes de merluza, de lenguado, de panga, de tilapia? Los calamares fritos o rabas se pueden llamar hoy delicias, anillas o argollas con o a la gabardina -como antes las exquisitas gambas- y los empanados para los peques reciben nombres como surfers, peskitos o san marinos.
El refinamiento nominal no termina ahí y para mencionar cualquier espalda de animal marino se habla de lomo, a la zona magra del pez se le llama solomillo, mientras a alguna otra parte de un pescado que confieso desconocer pero que debe de ser asombrosamente rica y quizá brillante y dorada (¿evocación de la crisis?) ahora la denominan lingote.Publicado el jueves 8 de agosto de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/opinion/2013/08/08/eufemismos-comemos/1452991.html

El mundo da miedo

No hace falta más que asomarse a las páginas de los periódicos

Noa, la artista israelí enfatizaba así al ser entrevistada por Víctor A. Gómez, un reportero de un diario de esta Editorial Prensa Ibérica: “El mundo da miedo”. Conocedora de la terca realidad palestino-israelí, partidaria de la negociación y el establecimiento de un estado palestino y sobre todo, buscadora de la paz y la concordia entre los habitantes de la zona, la cantante Noa recorre el mundo y exhorta a quien le escucha a buscar el entendimiento y la convivencia. Pero tiene razón, el mundo da miedo, aunque se pregunta si logramos algo desesperándonos.

Para darse cuenta del alcance de esa afirmación no hace falta más que asomarse a las páginas de los periódicos, de los informativos de televisión y de la infinidad de testimonios que nos llegan cada día. Vemos así que la vida humana vale muy poco en la mayor parte del planeta, y salvo en unas pequeñas zonas –con honrosas excepciones-, la persona es un ser secundario respecto a los motores que mueven el mundo. Guerras, injusticias, violaciones de derechos, la semiesclavitud que pervive en muchos lugares son el pan nuestro de cada día. Bueno, si hay pan. Leo en un diario malagueño que “más de 100.000 familias de la provincia reciben alimentos” de entidades de ayuda. Casi un treinta por ciento de los habitantes de una de las zonas más boyantes de la industria turística española pasa hambre.

Sin meternos en tremendismos y recogiendo datos estadísticos fiables, según fuentes de los técnicos de Hacienda, el 71% del fraude fiscal en nuestro país no lo comete el pequeño autónomo ni las pequeñas y medianas empresas sino los altos patrimonios y las grandes empresas. Los números de muertos que se producen cada día en países como Iraq o Venezuela, como ejemplo de distintos “métodos” de matar, ya apenas alarman al mundo civilizado, donde la esclavitud fue abolida tan solo hace cincuenta años. Arabia la derogó en 1963 mientras en el primer país del mundo, Estados Unidos, los negros sufrían una situación similar y donde aún en estos días, en palabras de Kerry Kennedy, hija del asesinado Robert Kennedy, “la jerarquía eclesiástica creyó que la institución era más importante que los niños cuyas vidas fueron destrozadas” por los pedófilos.

En este orbe supervigilado por la poderosa tecnología de los superservicios de inteligencia de las primeras potencias siguen produciéndose hechos como la sentencia del caso Trayvon Martin-Zimmerman; dos de las cuatro grandes potencias mundiales no respetan los derechos humanos; el agua es una sustancia esencial para la supervivencia de todas las formas de vida pero se niega a los pobres y se vende en botella más cara que la leche a los “ricachones” del primer mundo. Y mientras tanto no se inmuta el personal cuando se inicia la construcción de la torre más alta de Europa, en Benidorm, y se descubre que en los planos ¡no se contemplaba el hueco del ascensor!.

En fin, habitamos en un lugar de ese infinito cosmos en el que las contradicciones son tan extremas que ya no nos conmueven ni los disparates políticos (Bárcenas, Gürtel, ERE, Palau…), económicos (paro, preferentes, cajas de ahorro, Afinsa, Martinsa…), sociales  (recortes, privatización de la sanidad universal, de la educación pública, los servicios básicos estructurales…) o humanitarios (guerra de Siria, eternos Iraq, Afganistán, Congo, la miseria de Haití, Somalia, las muchas dictaduras o los negados derechos de la mujer en un centenar de países del planeta). Ese admirador de Oviedo que es Woody Allen también dijo en una ocasión que el miedo “es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado con otro” mientras en una de sus películas más famosas sentenció que “la vida se divide entre lo horrible y lo miserable”.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 29 de julio de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/07/29/mundo-da-miedo/1448348.html

Ofertas hasta en botica

La extensión de las rebajas, antes casi una exclusiva de los negocios de textiles, a nuevos sectores

El año pasado por estas fechas el Gobierno del Partido Popular llevaba a las Cortes la desaparición de las restricciones para las temporadas de rebajas y poco más tarde el comercio quedaba redimido de esas ataduras y con la libertad de establecer rebajas cuando quisiera, sin fechas ni épocas del año acotadas para ellas. Quizá pensaban los políticos populares que acabar con las limitaciones temporales traería una dinamización de los negocios que motivaría al comprador. No parece que haya sido así. Puede que en el fondo esté la profundización de la crisis, pero también parece que la desaparición de las ataduras no les sirva a los comerciantes para nada.

Aunque también hay otra cuestión que estudiar. Porque si las rebajas eran casi una exclusiva de los establecimientos de venta de géneros, de mercancías textiles, principalmente, los grandes almacenes habían extendido la medida a otro tipo de productos del hogar. Lo que originó que otro variopinto tipo de establecimientos también se adhiriera a estas depreciaciones. Pero la situación, en este sentido, era bastante estable. Se rebajaban productos que se iban quedando obsoletos, fuera del atractivo general o, simplemente, eran restos de una moda.
Llegó la crisis que lo inunda todo y lo que antes era un terreno casi acotado parece que se ha salido a campo abierto. Con la economía en precario y agudo deterioro muchos otros sectores de la compraventa han entrado en la dinámica de los descuentos. Así llegaron las ventajas en sectores turísticos, viajes, hostelería y algunas otras parcelas de la concurrencia comercial. Se popularizaron los transportes «low cost», bajaron los precios de los hoteles, se generalizó la estancia gratis de los niños en establecimientos de ocio y recreo, se comprimieron las tarifas en paquetes de vacaciones y se extendió el ofrecimiento de «resort» y cruceros baratos que evitan las estancias en hoteles. No fue suficiente para atraer al ciudadano y hoy vas por la calle y te encuentras la feroz competencia que se anuncia en muchos bares, restaurantes, heladerías, chiringuitos callejeros y locales ocasionales de bebidas. «Lunes y martes, jarra de cerveza a un euro», «Miércoles todas las tapas a cincuenta céntimos», «Festivos, copa y ración por?», «El segundo refresco, gratis». La lucha por atraer al consumidor llega a las rebajas por horas. «De siete a nueve, los cubatas al 70%» o «A partir de las diez una consumición gratis por cada suspenso». Las calles de muchas poblaciones se han convertido en verdaderos trenes de terrazas enlazadas por tableros y pizarras llamativas, belicosas entre sí, con camareros que te abordan a cada paso para que te sientes en sus mesas, te ofrecen pinchos gratis para animarte a consumir en su figón? ley de supervivencia comercial.
Claro que si los carteles llegan a anunciarte «la oportunidad de tu vida», «no volverás a ver nada igual», «si no aprovechas hoy, dile adiós para siempre» o tonterías como «Si no me llevas hoy ¡me voy!» o «Mañana ya no estaré» puedes considerar que el comerciante agudiza su imaginación para atraerte. Llegar al dos por uno de antiguas temporadas de Al Pelayo, Botas o los almacenes de los Pepín Areces o Pepín Fernández hacía tiempo que no se veía. Pero hemos alcanzado a entidades que no imaginaríamos nunca que cruzasen la línea de las ofertas por las características de los productos que comercializan. Y hasta las farmacias anuncian ahora en sus escaparates también rebajas. Cumplen el dicho popular del «hay de todo como en botica».Publicado el 21 de julio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/opinion/2013/07/21/ofertas-botica/1445061.html

Nuestra polémica fauna salvaje

Por una mayor agilidad en el pago de desperfectos a ganaderos y campesinos

 Controlar, pagar, conservar, difundir, fomentar son algunas de las palabras que participan en la polémica permanente que rodea a la fauna salvaje asturiana y cuyas controversias llegan con frecuencia a los diarios. Osos, lobos, jabalíes, corzos y hasta tejones son protagonistas de la distinta mirada del ganadero, campesino, ecologista, conservacionista, naturalista, político, hostelero y hasta del conductor. A unos les sobran y a otros les faltan muchos de estos animales. Las reclamaciones están a la orden del día. Mientras, estudiosos del espacio natural reclaman la vuelta de especies ya desaparecidas en nuestro entorno.

Una región como Asturias, eminentemente verde con un 73% de superficie forestal, con personalidad propia, con un atractivo turístico determinado y la necesidad de crear y fomentar una industria no contaminante ha de tener en cuenta todo ese vocabulario que enumeraba al comienzo. Lo que representa tener un presupuesto adecuado. Por eso el pago de desperfectos por parte de la Administración ha de ser rápido y con ajuste a los problemas causados. No consiste en abonar piezas muertas y huertas laceradas sino que sería necesaria una evaluación rápida con valoración del quebranto en el que queda el perjudicado. Un equipo de técnicos valoraría los destrozos causados in situ y la Administración indemnizaría al perjudicado.
La materialización de esta conducta oficial comportaría una conservación eficaz de la fauna, conllevaría un control de la misma lo que contribuiría a difundir una eficiente política naturalista y, como consecuencia de todo ello, fomentaría la llegada de visitantes, de observadores y hasta el estudio de dicha fauna. Por supuesto, este comportamiento naturalista eficaz rebajaría el vigor de la polémica y hasta la haría desaparecer ante la evaporación de los problemas. Realmente creo que es una paz económica y productiva. Formar e implantar un grupo de técnicos no significa un nuevo cuento de la lechera y resulta mucho más barato y eficaz que rodearse de dudosos asesores.
El Gobierno del Principado acaba de abonar una buena parte de los desperfectos producidos por la fauna salvaje a ganaderos y campesinos durante el año pasado. Tarde y poco para unos, eficaz para otros (Una canguesa denuncia que los lobos le mataron 4 novillas y 4 xatos desde 2011 y no le pagan). Fácil de remediar pues el abono rápido y bien evaluado resulta beneficioso para todos. No se abandonarían campo y montaña, lo que hace desaparecer especies, y la convivencia mejoraría, señala Roberto Hartasánchez, fundador del FAPAS (Fondo para la Protección de Animales Salvajes) con unos planes de medio ambiente que perduren porque, hasta ahora, «el que llega cambia lo anterior y eso, en la naturaleza, carece de sentido».
La recuperación de la cadena biológica se basa en una labor de amplio conocimiento del entorno natural en el que habitan las especies y no sólo en estudios teóricos. Esa es la fuerza de los proyectos de Benigno Varillas, el premiado «practologista» cuyas propuestas siempre se basan en trabajos sobre el terreno -pasa largas temporadas conviviendo con los colectivos estudiados para comprender sus vivencias-. La reimplantación de bisontes, tarpanes, uros, quebrantahuesos y otros «limpiadores» (trabaja en la instalación de un parque temático con estos animales vivos en el entorno de Atapuerca) es su soñado proyecto a realizar en los municipios menos explotados y más naturales de Asturias.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 24 de julio de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/07/24/polemica-fauna-salvaje/1446345.html

Resiliencia

La capacidad humana de asumir situaciones límite

Resiliencia. Conozco la palabra desde hace poco tiempo, perdón por mi ignorancia. Al principio la puse en el rincón de las reservas porque me parecía algo marginal, un término nuevo utilizado por especialistas, quizá un “palabro” de frikis… Pero últimamente la vengo oyendo con frecuencia y la curiosidad me ha llevado a ver si tenía más significados del que suponía. Recurrí primero al diccionario de la Real Academia para comprobar su inclusión en la lengua española. Aparecieron dos significados, uno recientemente incorporado (“Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”). Posiblemente sea la adaptación del término mecánico (“Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”) al vocabulario de la Psicología.

Insatisfecho con esta definición que no cuadraba del todo con las lecturas, conversaciones y frases oídas hasta ahora, comencé una búsqueda para que me informase de su empleo en los medios. El campo, entonces, se abrió en un abanico que abarcaba diversas direcciones: ingeniería, ecología, psicología, sociología, derecho y alguna más. Hasta se menciona como capacidad de los emprendedores, tan de actualidad. Sin embargo, no encontré ninguna relación política, económica, social específica. Existe un Instituto Español de Resiliencia y en su información básica relaciona su actividad con deporte, educación, empresa… Creo que le falta una característica que en estos días tenemos griegos, portugueses, irlandeses, chipriotas, italianos, españoles y supongo que muchos contribuyentes de la Europa del este. La capacidad política de resistir y sobreponerse.

El llamado estado de bienestar quizá sea un estadio psicológico dependiente no solamente de la comodidad pues impulsa a la necesidad de comprar, a la urgencia por la superación económica, a la necedad de las apariencias. La educación, la calidad social, la sostenibilidad parecían, hasta hace poco, casi secundarias. Pero cuando se extendió la crisis, se expandió el desempleo, se desplomó la concesión de créditos, se ejecutaron las cláusulas abusivas de las hipotecas el mundo idílico, la bonanza de la globalización se desinfló. Y llegaron las penurias. Entonces se empezaron a sorprender especialistas de la psicología y de la sociología ante la capacidad de resistencia de personas sin características especiales, sin aficiones extremas, no simpatizantes del riesgo. Y se especuló con la continencia ante las injusticias, los recortes a la cultura, la sanidad, la enseñanza, la desesperanza de quienes perdían trabajo, vivienda, becas, calidad de vida. Creo que fue entonces cuando tomó fuerza la noción, el concepto de resiliencia.

Mis escasas fuentes político-económicas me impiden saber si la percepción de esa idea era ya conocida por los economistas y los políticos actuales, los que, según los sondeos oficiales, soportamos con estoicidad, o la acaban de incorporar a su argumentación. El caso es que la resiliencia, la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas” parece extenderse, con más o menos sobresaltos, por el Sur y el Este de Europa. Y puede que pronto alcance al Norte, al Oeste… continentales. Porque, según el profesor Paul Krugman “los responsables políticos, tanto aquí [EE.UU.] como en Europa, parecen ser presa de algo similar a la complacencia y el fatalismo, la sensación de que ni se puede ni se debe hacer nada. Podríamos llamarlo el gran desdén”.

Artículo publicado el martes 25 de junio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA