La política exterior de Obama en territorios donde los combates no cesan
«Sólo hay dinero para bombas en un país que únicamente puede progresar con la paz». Son palabras de un médico vietnamita pronunciadas hace medio siglo. Las recogía el langreano Pedro Mario Herrero en una de las crónicas enviadas desde Saigón para un periódico ya desaparecido y recopiladas luego por la editorial Ciencia Nueva. Cinco décadas después pueden ser ahora pronunciadas también en otro escenario donde los combates no cesan desde hace ya decenas de años. Del lejano Oriente al Oriente próximo, de Vietnam a Irak, o Siria, o Afganistán.
El último bienio de ejercicio posible de cada presidente suele tener consecuencias en la política de Estados Unidos. La obligada marcha de la Casa Blanca parece dar fuerzas al mandatario saliente para realizar una política más agresiva, quizá la que no se atrevió a practicar en los seis años anteriores. Barack Obama está a punto de comenzar el que será su postrero tramo presidencial, tiene su parlamento mayoritariamente opositor pero muchos problemas sin resolver. Y un salto (¿huida?) hacia adelante puede representar cierto peligro. Por ejemplo, en el mencionado Oriente. De momento, ha legalizado de golpe, provisionalmente, a cinco millones de inmigrantes sin papeles.
Pero el actual presidente demócrata no ha sabido corregir la pésima política llevada a cabo en la zona por sus antecesores republicanos y cada vez se complica más la situación en esos territorios que están perdiendo límites y fronteras en aras de la confusión político-religiosa. Si a ello añadimos la radicalización de las facciones islamistas que luchan entre sí por el poder el escenario entre el río Éufrates y el río Tigris puede llegar a presentar una guerra más sangrienta y duradera que la que enterró a más de un millón de personas en el delta del río Mekong. Cerca de 60.000 fueron jóvenes norteamericanos.
Si hace unos cincuenta años el presidente John Kennedy comenzó enviando a la llamada Indochina (Vietnam, Camboya, Laos) a cientos de soldados para proteger sus embajadas y otros cientos de asesores para los ejércitos que luchaban contra el comunismo, el también demócrata Obama envía ahora unos cientos de soldados y otros cientos de asesores con una misión parecida. Después de los soldados protectores y de los asesores los militares estadounidenses fueron llegando al sureste asiático por miles hasta alcanzar el medio millón. En el conflicto actual tras los asesores siguieron los primeros bombardeos protectores y la situación de violencia parece in crescendo ya que los islamistas radicales siguen avanzando entre los dos ríos bíblicos.
Aunque las similitudes históricas son grandes -ambos territorios fueron colonias europeas siglos atrás, sufrieron sangrientas guerras por la posesión de sus tierras y sus habitantes lucharon contra la diversa ocupación extranjera?- podrían ser diferentes sus conclusiones. Obama tiene la oportunidad de no aumentar el contingente y buscar otras formas de remediar el conflicto. La tendencia actual de distintos países europeos a reconocer como estado a Palestina o las negociaciones con el régimen iraní pueden ayudar a la distensión. El radicalismo del autodenominado Califato del Estado Islámico o Daish parece tener más adeptos individuales en Occidente que en su tierra de origen, donde sufren su retrógrada interpretación de la sharia. Los acuerdos comerciales firmados por EE UU con las potencias rusa y asiáticas podrían evitar el grito vietnamita de «lucharemos durante mil años».
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA del sábado 6 de diciembre de 2014
http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/12/06/ultimo-tramo-presidencial/1682296.html