Las campanas al vuelo cuando toque

La intención a dos años vista es una ilusión falsa

Las encuestas mediada la legislatura solamente sirven para que el Ejecutivo valore su pérdida temporal de confianza por parte del personal votante. Pero para poco más. Siempre existe la tentación de los medios a extrapolar los resultados, las intenciones o las respuestas en los sondeos para las diversas elecciones que se celebran en el Estado. Sin embargo es necesario tener en cuenta el ámbito de cada uno de los comicios para marcar tendencias, intenciones y direcciones del voto.

Señalar ahora que el partido en el Gobierno perderá muchos votos en las elecciones europeas porque así lo manifiesta la intención del electorado en la encuesta del mes es confundir la situación porque queramos o no el encuestado responde afectado por su estado político-económico nacional pero distinto en cuanto a su visión en Europa. Y lo mismo podríamos decir si la próxima llamada a las urnas fuese para elegir representantes autonómicos o locales. Está superdemostrado y la realidad se agudiza en algunos territorios con fuerzas políticas de ámbito especial.

Que los socialistas superen hoy en intención de voto a la derecha de Rajoy puede significar tanto que los votantes miren hacia Europa como una tabla de salvación contra la política española como que la derecha hispana se esté repartiendo entre los populares y sus huidos hacia más derecha. Para mucho votante Bruselas está lejos mientras la Moncloa se encuentra casi frente a casa. Le afecta mucho más esta cercanía que lo que decidan en la Unión Europea. Por eso la posible euforia de los ganadores de este sondeo deberían guardarla para cuando se acerquen los comicios de las generales, allá para finales del año que viene al menos. Hasta entonces hemos de pasar por las urnas europeas, autonómicas y municipales. El circuito puede hacer cambiar las intenciones de los electores, que en casi dos años pueden asumir nuevas tendencias por edades y situaciones puntuales.

Las campanas al vuelo cuando toque.

De PP a BB

Los líos en que se enreda el Partido Popular. El colmo de Málaga y Asturias

La formación es ya una banda. El Partido Popular ya no parece un partido. O si es un partido está partido, valga la redundancia.  Si a nivel nacional demuestra que hay tendencias casi irreconciliables, que solamente se mantienen unidos porque el poder une más que separa, a nivel autonómico y local ya es una banda. Una de las pruebas de lo que digo es que donde no tiene poder cada uno va por donde le da la gana. Tenemos el ejemplo de Asturias, donde ya hace años que demostró su desvarío, su desunión cuando parecía que lo tenía «chupao» para gobernar. Que si yo debo ser el candidato, que si la dirección dice que no, que dimite, pues dimite. Vamos que la banda del Cascos se fue, arruinó al partido y el previsible poder, el previsible gobierno autonómico se fue al garete. Hoy la derecha asturiana está partida en dos casi mitad por mitad, aunque una de esas mitades ya lleva tiempo peleándose y está desintegrándose poco a poco, rompiéndose municipio a municipio.

En niveles nacionales está la rivalidad entre Rajoy y Aznar y Aguirre. Se pelean en público. Los ministros del Gobierno se contradicen entre ellos y luchan entre sí debido a la aprobación de algunas leyes. Las leyes promovida por Ruiz-Gallardón las detienen otros ministros mientras Montoro no despeja otras normas de distintos ministerios, Wert siembra la polémica entre otros departamentos y así están poco a poco. Algunos ministros no entiende que Rajoy mantenga a Ana Mato. En fin, lo más parecido a una banda, repito.

A niveles autonómicos siguen los líos en Madrid, en Andalucía y ahora en Asturias. Si el delegado del Gobierno y antigua cabeza visible del partido dice que la formación debería llegar a algún acuerdo para aprobar el presupuesto regional para 2014, ya que cumple los requisitos de déficit y ajustes impuestos por la política del Gobierno, la presidenta del partido en el Principado se niega a cualquier acuerdo. Prefiere prorrogar los pasados, que ya estaban prorrogados tras la dimisión de Cascos, que los había elaborado en solitario. Es decir, le importa muy poco el personal gobernado y admite reprorrogar los presupuestos casquistas, su anterior amor político y ahora enemigo acérrimo.  Y eso después de destronar a las cúpulas del partido en algunos municipios importantes como el de Gijón. La banda sigue, pues.

En otros sitios sigue en el mismo plan. En Andalucía ni siquiera saben quién gobierna en el partido a nivel autonómico pues aunque hay un presidente es cuestionado desde distintas provincias y en el parlamento regional está medio desautorizado. El colmo ya del desastre que demuestra el PP lo encontramos en el Ayuntamiento de Málaga. En e municipio gobierna el Partido Popular con mayoría absoluta desde hace tiempo. Su alcalde es una de las mayores personalidades del partido en la autonomía. Bueno, pues ha llegado al colmo de los colmos. En un pleno bastante reciente los populares votaron en contra de nueve propuestas que resultaron ser nueve puntos de su programa electoral.

Es decir, el Partido Popular, el PP, se está convirtiendo en el BB, una Banda Bananera.

Una herida en la libertad

Pretende el Gobierno de Rajoy acabar con las manifestaciones y protestas

Las manifestaciones se celebraban el 30 de abril, porque el Primero de Mayo las leyes franquistas prohibían cualquier mínima concentración. Y salíamos a la calle la víspera para mostrar nuestro rechazo a la represión y nuestra situación atlética, puesto que era una de las jornadas que más corríamos delante de los grises. En los campus y los aledaños de las fábricas los «saltos» eran también frecuentes. Han pasado unos cuarenta años y el Gobierno del Partido Popular parece añorar aquellas jornadas de la dictadura. El borrador de la ley de Seguridad Ciudadana que acaba de aprobar el Consejo de Ministros así lo anuncia.

No importan la moderación habida en la Transición, tomada como modelo en medio mundo, la moderación de una Constitución que permite que los españoles disfrutemos del periodo más largo de tranquilidad política en nuestra historia, la moderación que demostramos mientras nos aplican recortes, ajustes, copagos, degradación de servicios públicos universales y ejemplares en sanidad, educación, dependencia, derechos sociales… Les parece poco, y ante tanta moderación se atreven a moderarnos la libertad. Es decir, a recortarnos, a ajustarnos, a degradarnos los derechos democráticos que tanto nos ha costado conseguir. Las leyes promovidas por los ministros Wert, Ruiz-Gallardón, las dejaciones y recortes al bienestar promovidos por las ministras Mato y Báñez se van a quedar cortas, en mantillas, con la ley que presenta el ministro Fernández.

El titular de Interior no sólo quiere dejar en manos de la Policía y la Guardia Civil, sin intervención de los jueces, la decisión de limitar nuestros derechos y libertades, sino que intenta mutilarnos hasta los sentimientos. La inconstitucional «ley Corcuera», la de la patada en la puerta, parece angelical al lado de lo que pretenden Mariano Rajoy y su ministro del Interior. Hasta la repetida frase de Fraga («La calle es mía») suena ingenua. Los ejemplos son claros. Lo primero para Fernández es desterrar las mareas, la blanca en defensa de la sanidad pública, la verde (educación), la morada (derechos de la mujer), la naranja (servicios sociales), la multicolor (homosexuales), en fin, todo tipo de manifestaciones y protestas, pues las multas previstas alcanzarían los 600.000 euros al mínimo incidente no considerado pacífico por las fuerzas del orden. Los escraches, difundir imágenes de policías de servicio, rodear las sedes parlamentarias o los tribunales nacionales o autonómicos serán considerados faltas muy graves penalizadas con más de medio millón de euros. Las graves, como ir encapuchado o insultar a un policía en una protesta, pueden alcanzar los 30.000 euros.

Además, al no actuar un tribunal y pasar la acción a la vía administrativa, ejecutiva y rápida, el Estado no tiene que exponer la culpabilidad del sancionado, sino éste demostrar su inocencia. Esto es consecuencia de la despenalización como delito y pasar a falta muchas acciones en las que hoy actúa el juez. Por tanto, si se aprueba la ley tal como se presentó, no se niegue usted a identificarse ante un agente, ni interrumpa a un candidato electoral, no «ofenda» a su comunidad ni a España, no escriba cosas que inciten a alterar la seguridad, porque le puede caer un multazo de 30.000 euros. Faltas estas, indefinidas intencionadamente, mezcladas con otras no relacionadas con la seguridad (putas, botellón…) para disimular sus restricciones democráticas. Volveríamos a los tiempos de «El Chafardero Indomable» del repórter Tribulete, a la mordaza informativa.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 9 de diciembre de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/12/09/herida-libertad/1512019.html

Política «ecocómica»

La espantosa comicidad de algunas frases pronunciadas por distintos ministros
Es una expresión que triunfa en algunos círculos y entre las leyendas urbanas porque no se conoce su origen. Apunta a un error tipográfico o a un desliz al mencionar términos de economía. El caso es que se comienza a emplear para analizar la situación de la política del Gobierno o la de sus ministros. Porque no se refiere la expresión a la economía exclusivamente, con ella se amplía el ámbito a otros campos de la política, de las decisiones gubernamentales.

Quizá el origen de política «ecocómica» se emplease para insinuar las risas del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, al decir en el Congreso que «los salarios no están bajando, están moderando su subida», al describir el final de la recesión mientras días antes el balance era de 31 parados menos, cuando pronunció aquellas frases de que «hoy se nos pone como ejemplo» y «España empieza a verse como una de las economías más competitivas del mundo». Sin olvidarnos de otras como «si el IVA se pagara más, no habría que subirlo tanto» o «no sé a lo que llaman grandes fortunas», en fin, la de «no hay ninguna amnistía fiscal». Y anunció en la cadena Ser una desgravación fiscal al cine así: «lo voy hacer yo, me voy a dar ese placer» (sic).

Pero las risas «ecocómicas» no son sólo del ministro de Hacienda. También se ríe mucho el ministro de Economía. «En España se está perdiendo el miedo a perder el empleo», señaló hace unos días Luis de Guindos. Ha pronunciado otras muchas frases con gran comicidad. Veamos: «Bankia es más segura que hace quince días»; «nunca he visto un billete de 500 euros, ni sé como son», o «los ministros de Economía somos gente rara». Mientras, el 28% de los hogares españoles viven de una pensión, según fuentes solventes. No hace falta seguir.

A mucha gente no le parecerán cómicos algunos de los responsables de otros departamentos ministeriales pero su comicidad es innegable. José Ignacio Wert, que acaba de jugar a quita y pon con las becas Erasmus, ha pronunciado frases como estas: «La fuga de cerebros nunca puede considerarse un fenómeno negativo» o «soy como un toro bravo, me crezco con el castigo». Ya antes de ser elegido ministro por Mariano Rajoy dijo que «la comunidad educativa no puede ser una comunidad democrática, porque el proceso educativo no es democrático». Hasta él se asombra de su verborrea y ha llegado a decir que «a veces me sorprendo de las frases que he llegado a pronunciar». En fin, ya ni a cargos y militantes de su partido le hacen gracia sus ocurrencias ni su ley y ha tenido que aplazar tramos de su aplicación.

Similares problemas tiene el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, con sus leyes y sus retorcidas frases para no nombrar ciertos conceptos que rechaza la gente y otro tanto le ocurre a la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, para quien emigrar en busca de trabajo se llama «movilidad exterior» de los jóvenes en paro. Y para qué hablar de Miguel Arias Cañete, quien tenía tanta prisa en coger mando que dijo aquello de «hay que pasar por encima de los requisitos estrictamente legales» para acortar la transmisión de poderes de un Gobierno a otro. O de Ana Pastor, que le encanta jugar al escondite con las infraestructuras de Asturias… Solamente nos falta alguien al frente de un ministerio con un estrafalario traje, la cara pintada, un bombín de colores en la cabeza y una pelota como nariz.

Artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA  el jueves 28 de noviembre de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/11/28/politica-ecocomica/1506610.html

Payasadas a monto(ro)nes

El barullo de la Moncloa es tal que el presidente, la vicepresidenta y los ministros se desdicen unos a otros

Sufrimos un ministro tan curioso que hasta la prensa más adicta publica informaciones recopilando sus errores y hasta en algún caso se habla de payasadas. Bueno, digo un ministro como puedo decir unos cuantos. Montoro, Wert, Soria, Guindos y alguno más, que son los que Rajoy ha puesto de escudo para esconder sus comparecencias. Y hasta la subjefa dice cosas que luego sus acólitos tienen que desmentir o matizar. Y si hacemos una incursión por el partido que sostiene al Gobierno la cosa alcanza cotas circenses (Cospedal, González Pons, Rafael Hernando, Martínez Pujalte…). Claro que lo del ministro de Hacienda ya supera todo lo superable. Y lo dice en el Congreso de los Diputados, en los foros económicos más sonoros, cuando declara en la calle… vamos, en cuanto le ponen una alcachofa (micrófono) delante suelta sus frases, unas declaraciones que harían las delicias de Martes y Trece, Gaby, Fofó y Miliki o los Hermanos Tonnetti.

Copio de la prensa diaria. «España está en condiciones de dar lecciones a Europa y el mundo», dicho hace un mes. «No hay ninguna amnistía fiscal», cuando el escándalo Bárcenas estaba en su apogeo.  «Los salarios de los españoles no bajan, simplemente moderan su subida», manifestó esta semana en el palacio donde debaten los representantes de los contribuyentes. Claro que este fin de semana salió Rajoy en su defensa, dijo que Montoro es un gran ministro y  añadió que los sueldos «están subiendo moderadamente» para aquellos trabajadores sujetos a convenio. Bueno, es tal el cúmulo de sandeces que dice que hasta él mismo tiene que salir a rectificarlas. Por ejemplo, después de señalar que los cineastas no pagan impuestos, que el cine español cae en picado porque es malo, ha tenido que «matizar» y en una nota oficial del Ministerio Montoro ha reiterado el apoyo del Gobierno a la industria del cine «como uno de los sectores de la economía española que genera riqueza tanto económica como cultural».

Y si el catedrático Montoro (en su Universidad deben de estar muertos de vergüenza) dice payasadas así (sin olvidar otras como «No sé a lo que llaman grandes fortunas», «Si el IVA se pagara más no habría que subirlo tanto»), no dicen menos el ministro Soria que no entiende el recibo de la luz, el ministro De Guindos, campeón de los eufemismos para hablar del paro, los impuestos o cualquier término que quiera ocultar al contribuyente o el ínclito Wert que se inventa citas para rebatir argumentos.

Claro que puede que las payasadas las suelten para que se hable de ellas y no de cosas más importantes como Bárcenas, gürtel, las nuevas leyes… Quizá el circo de la Moncloa se acerque al viejo eslogan del «mayor espectáculo del mundo» de todos los circos pero creo que logra distraer al personal de las preocupaciones que sufre. La pobreza extrema ha duplicado el número de las personas que la sufren desde que estalló la crisis y un cuarto de los menores de 15 años la soportan en España mientras el paro sigue aumentando aunque haya meses en que baja por cuestiones de estacionalidad. Así las cosas, el desastre continúa. Para muestra el botón del último Consejo de Ministros, tras el que la Vicepresidenta habla de fraude al paro y da una enorme cifra y minutos después el ministerio del ramo emite una rectificación. En fin, que son como el Circo del Terror que recorre estos días diversas ciudades de España.

La sexta trampa

La Sexta, el canal de televisión que parece tener los programas más a la izquierda, tiene un problema. Pertenece a Antena 3 o su nuevo nombre A3media o algo así. Y ¿a quien pertenece ésta? Pues al editor Lara. Y Lara dejó a entender hace unos meses que La Sexta sigue esa política izquierdosa como válvula de escape, porque también hay un mercado en la izquierda que compra, libros, enseres, víveres y otras muchas cosas que vende la publicidad. Y La Sexta tiene bastantes ingresos de la publicidad. Posiblemente pierda dinero, bastante dinero pero lo recupera en poder. Y el poder es lo que da fuerza a Lara, a los partidos, a los empresarios, a todo el mundo. Sin poder no eres nada en este mundo gobernado por las finanzas.

Bien, aclarado esto, veamos la trampa. La Sexta tiene un programa los sábados que parece muy progre, en el que debaten periodistas y allegados tanto de derecha como de izquierda. Se reivindica como el programa que da voz a todos, no sectario, no declarado puramente de derecha. No ridiculiza a los canales extremadamente derechistas como el del Wyoming. Debate la actualidad y da cancha a especialistas independientes o de izquierda. Pero con eso no basta. En los debates hay dos filas de tertulianos o debatidores, a un lado los representantes de la derecha y a otro los representantes de la izquierda. Son periodistas que trabajan en los distintos medios que parecen representar a ambos lados del espectro político. Pero la imagen es falsa. Primero porque hay representantes de la muy derecha por no decir extrema y no los hay de la muy izquierda ni la extrema. Los de derecha trabajan en periódicos y tienen sus apoyos documentales; los de izquierda son casi siempre independientes o de medios minoritarios, con una situación más precaria para documentarse. Pero encima hay otra trampa más sutil. Hay un moderador en los debates pero quien lleva la voz cantante es el permanente representante de la empresa periodística de Lara: el director de La Razón, Francisco Maruenda, quien corta y rasga cuando habla alguno de la fila de la izquierda. Nunca deja terminar la argumentación del contrario. Siempre presume de tener la razón, descalifica al contrario y termina siempre «ganando». Es el representante del dueño y ya está. La imparcialidad parece pero no existe. Esa es la trampa.

Con trajes pero en pelota

Ya nos habíamos olvidado de los trajes de Camps cuando nos enteramos que la Generalitat valenciana no tiene ni para ropa interior. El gobierno de la Comunidad Valenciana, del gürteliano Partido Popular, que ha sacado 20 millones de euros con la venta de una Terra Mítica que costó 400, ahora vende la Ciudad de las Artes, el aeropuerto de Castellón, la Ciudad de la Luz de Alicante y la Radio Televisión Valenciana. Liquidación total. Ya es invierno en el Corte Valenciano. El presidente Fabra busca comparador para todo y espera no tener que pagar una indemnización por el fallo del gran premio de automovilismo  que se inventaron Camps y la alcaldesa amiga de Urdangarín y que se supone que cobraría el forrado jefe de la Fórmula 1, la del campeonato de constructores que no de pilotos (ya que por buen y arriesgado conductor que seas si no tienes un coche que carbure no hay modo de ganar una carrera), y que sería de un buen porrón de millones también.

Como se observa, la gran oferta atractiva valenciana, que era pública y que le costó al contribuyente valenciano un pastón, será casi regalada a algunos capitalistas privados que se encontrarán con más de un chollo, de una ganga que ya tiene la propaganda hecha y que dará beneficios estilo Gürtel. Todo un panorama. Pero mucho me temo que seguirán ganando los mismos en las próximas elecciones. ¡Qué pena!

Un destrozo ético

Un mundo es legal cuando cumple con las leyes establecidas. Un mundo es ético no solamente cuando cumple con las leyes sino que además respeta una mínima moral. Y unos derechos mínimos también. El presidente del Tribunal Constitucional parece ser que no ha cometido ninguna ilegalidad militando en un partido cuando ya era miembro del tribunal pero si ha cometido una falta de ética. Y si un tribunal como este, el máximo, no cumple con la ética, apaga y vamos. Recurren los partidos al Tribunal Constitucional con bastante frecuencia. Son ellos los que lo nutren y los que examinan a sus componentes. Y luego salen a la luz estas cosas. Ni siquiera han tenido la vergüenza en su partido de pedirle que se inhiba en los casos que ha presentado la formación sus recursos ni en los casos en que la misma ha presentado recurso contra la obra de otra formación enfrentada. Y para colmo, en muchos casos (¿o en todos?) el presidente tiene voto de calidad, es decir, en caso de empate en los debates su voto vale el doble. El hecho de que el TC haya rechazado los recursos presentados por los partidos catalanes ante la animadversión de De los Cobos a las reivindicaciones de algunas formaciones de Cataluña ha sido calificado por profesores universitarios, intelectuales y autoridades de destrozo, catástrofe y otros adjetivos más fuertes. Todo un índice del panorama político en que vivimos.

Canción de Gibraltar

El culebrón del verano

Los veranos británicos hubo un tiempo que proporcionaban la «noticia» recurrente de la aparición del monstruo del lago Ness. Cuando la calma informativa arreciaba los diarios publicaban reportajes sobre la presunta aparición de Nessie en las aguas tenebrosas del lago escocés, normalmente con nocturnidad, surgiendo de las profundidades aprovechando un breve claro de luna y ante la mirada de algún crédulo y descuidado turista. Los veranos hispanos disfrutaron también de un culebrón recurrente al que acudían los gobiernos de turno. La «cuestión» de Gibraltar. Digamos que a la par que la canción del verano, que casi siempre la ganaba el mismo, surgía también la canción de Gibraltar.

A costa del Peñón ha habido de todo, desde conatos de guerra a persecución de delincuentes, desde medidas de restricción sanitaria a causas de presuntas enfermedades de los monos a riñas por cuestiones protocolarias de banderas. En los años inmediatos posteriores al Tratado de Utrecht las refriegas militares y diplomáticas menudearon porque dependían bastante de las alianzas y enfrentamientos entre las potencias europeas del momento. Ya pasados casi dos centurias se produjeron algunos desplantes por ambas partes pero más simbólicos que reales, aunque en ellos estuvo implicada la realeza. Pero ya no hubo ruido ni movimiento de tropas.
En tiempos de la dictadura Gibraltar tomó cierto relieve como sistema de distracción política cuando los problemas internos alcanzaban cotas de conflicto. Fue tan asiduo el recurso de la colonia británica que parecía la única ocupación de algunos ministerios y a un alto funcionario se le llegó a conocer con humor como ministro del Asunto Exterior. Se cerró la verja construida en 1900, se bloqueó la entrada a la bahía, se impidió el aterrizaje de aviones en un aeropuerto construido en tiempo de conflictos mayores al contencioso bilateral, en fin, hubo provocaciones por las dos partes. Y en ambas se fomentó el patrioterismo. Patrioterismo más suave pero que continúa.
Siempre ha habido opiniones a favor y en contra de la discusión y de la utilización del Peñón con fines de estrategia política interna. La derecha defendiendo las presiones contra el gobierno gibraltareño y el Reino Unido. La izquierda rechazando esas presiones o aminorando su fuerza. Los argumentos han variado según el motivo de los conflictos puntuales, ya sea por una visita real, la reparación de un buque militar, desigualdades fiscales o litigios pesqueros. Y durante la ola descolonizadora de la década de los sesenta del pasado siglo la Organización de Naciones Unidas instó a iniciar el proceso con Gibraltar y otras colonias residuales de países del Viejo Continente. Se celebró alguna reunión y manifestaciones pero la cosa no pasó a mayores, la situación siguió igual. ¡La fuerza de Naciones Unidas!
Ahora, mientras algunos partidos políticos españoles y británicos hablan de extender el conflicto a la Unión Europea y hasta volver a la ONU, surgen voces que reclaman cambiar la música de la canción. Desconozco si la letra es nueva o vieja pues en trescientos años de diferencias ha habido mucho baile. Pero se oyen opiniones parecidas a las que tratan de la legalización o no de las drogas para solucionar el terrible problema del mortal narcotráfico. Es decir, retirar la verja y la aduana, integrar en la zona Schengen la población gibraltareña y aplicar la democracia, todos con los mismos derechos, las mismas obligaciones como ciudadanos de una Europa fiscal, política y social unitaria.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 23 de agpstp de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/08/23/cancion-gibraltar/1459384.html

De Mona Lisa a San Antolín

Florencia y Llanes, dos formas de tratar
el tesoro cultural

Los despropósitos pueden ser extremos. Unos por defecto y otros por exceso, pero despropósitos de todas formas. Contemplo estos días en los medios de comunicación la coincidencia de dos disparates que tropezamos en el mundo de la cultura. Mientras aquí cerca luchamos por la restauración de una joya del románico en Italia no encuentran otra forma de gastar dinero que buscando los huesos de una posible modelo que posó hace cinco centurias para Leonardo da Vinci.
Parecerá un sacrilegio (elijo esta palabra porque ambos casos tienen relación con antiguos recintos sagrados) pero comparo los casos porque si en Florencia dilapidan el erario público por encontrar algo que parece superfluo en sentido artístico en Llanes ninguna de las arcas públicas se interesa por un monumento en peligro de desaparecer. Quizá sean dos formas de tratar el tesoro cultural. La búsqueda ahora de la modelo italiana no aporta nada a la gran pintura universal. La restauración del monasterio de San Antolín de Bedón es un bien cultural y aportaría mucho a la riqueza arquitectónica, cultural y turística de una comarca que vive en gran parte de su atractivo ancestral.
La recuperación de un edificio como el construido junto a la desembocadura del río Bedón hace más de ocho siglos, presuntamente para monasterio de la orden benedictina, declarado Monumento Nacional un año emblemático para la historia de España (Boletín Oficial del Estado de 4 de junio de 1931) y hace unos lustros destacado como bien de interés cultural, parece una acción esencial si tenemos en cuenta su estado actual, abandonado, asaltado por vagabundos, descuideros y gamberros, con pernoctaciones furtivas, encendido de hogueras y amontonamiento de malezas.
Una ruina, seudorrestaurada hace unos años que disimuló el deterioro del edificio románico, es lo que queda de un antiguo monasterio del siglo XII, posiblemente construido sobre otro primitivo una o dos centurias antes y que Jovellanos sitúa «por era 1.070». Ni la Administración estatal, ni la autonómica ni la local hacen nada por su restauración. O lo que es más grave, rechazan realizar la obra con disculpas burocráticas, crematísticas y desinterés cultural. Todo son palabras huecas, inconcretas y sin respaldo económico que se desentienden del clamor popular por su rehabilitación.
Contemporáneamente a esta indolencia asturiana en la localidad toscana, que fue capital de la Italia de la unificación en el siglo XIX y cuatro centurias antes cuna del Renacimiento, se interesan por el origen de una sonrisa universal. Silvano Vinceti, presidente de una asociación cultural privada, busca los restos de Lisa Gherardini, esposa del rico comerciante Francesco del Giocondo, que se supone posó para Leonardo da Vinci. El dispositivo investigador ha exhumado en una iglesia florentina los restos óseos de descendientes directos de la familia del Giocondo. Intenta confrontar datos genéticos para confirmar la personalidad de la modelo que sonríe en la pintura conocida como «Mona Lisa» o «La Gioconda». Resolverá así el misterio «que atormenta a los estudiosos desde hace lustros», dice Vinceti. «Se me escapa por completo la utilidad de todo esto», sentencia Claudio Strinati, un reconocido historiador del arte. Como se observa, dos simultáneos disparates artísticos.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 14 de agosto de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/08/14/mona-lisa-san-antolin/1455548.html