Tunicia añora su primavera

El escaso cambio político en el país en el décimo aniversario de la revolución árabe

Las contradicciones sobreviven en el país socialmente más moderno de África. Túnez, la Tunicia entre Argelia y el territorio que un tiempo fue el estado de Libia, conmemora el décimo aniversario de la Primavera Árabe entre la represión de las manifestaciones de adolescentes y los cambios de Gobierno: nueve jefes de Gabinete se han sucedido en estos diez años. La última crisis ha tenido lugar a mediados de este reciente enero con el cambio de doce ministros, siendo la tercera modificación de Gobierno en unos doce meses, con cuatro ministros de Sanidad desde el comienzo de la pandemia.

En un país de once millones y medio de habitantes, con casi seis mil muertos a causa de la pandemia, con crisis gubernativa casi permanente y el persistente incumplimiento de las promesas de la llamada Primavera Árabe de hace ahora diez años, los dirigentes de los más importantes partidos siguen manifestando que no saben el porqué de las manifestaciones. En ellas participan jóvenes de entre 15 y 25 años, nivel de edad con más de un 35% de desempleo. Pero las reclamaciones son claras: “el pueblo quiere que caiga el régimen”, gritaban los jóvenes el sábado 30 mientras el Gobierno desplegaba el Ejército por las principales poblaciones del país.

Tras las concentraciones de protesta, con miles de participantes, la policía ha detenido a más de mil personas. Fuentes que analizan políticamente la situación inciden en el recuerdo de la humillación y la impotencia que se conoce como “hogra”, que inició las primeras protestas de 2011 y que hace unos días, el 14 de enero, se rememoró cuando fue apaleado por la policía un pastor que pasó con su rebaño de ovejas delante del edificio del Ayuntamiento de Siliana, al noroeste del país.

Los participantes en las manifestaciones, que se han extendido por todo el Estado, son jóvenes sin afiliación política o sindical, mayoritariamente sin formación, también estudiantes de liceos y grupos de ultras deportivos, que generalmente van en babuchas. Informaciones de la agencia France Press y de medios de locales recogen sus reivindicaciones que van en el sentido del abandono económico, la miseria en los barrios y contra la corrupción. El grito que se oye en las calles es “trabajo, libertad y dignidad”.

El país es socialmente quizá el más adelantado del continente africano. Desde su independencia de Francia en 1956, en Túnez las mujeres gozan de una libertad que aún hoy no existe en otros países árabes. Por la Ley Electoral en Túnez, las mujeres deben ocupar el 50% de las candidaturas de los partidos. Lo que no quiere decir que la condición femenina no sufra legalmente porque no están castigados los llamados crímenes de honor, tampoco la violación dentro del matrimonio es delito y la Constitución no persigue a los hombres que se casen con la mujer que han secuestrado ni el tráfico de mujeres para la explotación sexual.

Habib Bourguiba, primer presidente de Túnez, abolió la poligamia, estableció el derecho de las mujeres a divorciarse y a la educación. Al asumir el poder empujó a los padres a enviar a sus hijas al colegio, y llegó a calificar el velo islámico como “ese trapo sucio”. Pero en los 65 años transcurridos desde la independencia las cosas han cambiado poco o han ido a peor. La democracia ha retrocedido, los gobernantes se han fortalecido con un poder casi omnímodo y la corrupción ha alcanzado altas cotas. Desde los enfrentamientos del pasado 14 de enero son cerca de 1.500 los jóvenes detenidos. En los últimos meses más de 13.000 huyeron por mar hacia Italia, muchos otros lo hacen desde hace tiempo hacia otras zonas de Europa a través de Argelia –parece que varios cientos de tunecinos permanecen bloqueados en Melilla desde hace casi dos años– y el abandono escolar alcanza decenas de miles de estudiantes… Datos así revelan que el único país que vio triunfar la primavera de 2011 no ha avanzado ni en política democrática ni en política social. Un dicho popular señala que “si no hay evolución viene la revolución”. Y Tunicia añora su primavera.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el sábado 6 de febrero de 2021

https://www.lne.es/opinion/2021/02/06/tunicia-anora-primavera-34145288.html

La ardilla y el wi-fi (recopilado 2019)

Decepcionantes conclusiones de la Cumbre del Clima (Recopilación diciembre)
La ardilla y el wi-fi

Hubo un tiempo en que una ardilla podía atravesar España -o Iberia o Hispania?- de rama en rama sin necesidad de bajar al suelo, dice una tradición/leyenda/fábula oral. Es un modo imaginativo de decir que en tiempo fue nuestro país un inmenso vergel entre Gibraltar y los Pirineos. El inefable Félix Rodríguez de la Fuente señalaba también en uno de sus capítulos de «El hombre y la Tierra» que «En tiempos históricos España fue un paraíso forestal. Un águila imperial, la reina de las aves de nuestros bosques, hubiera podido sobrevolar la península Ibérica sin dejar de sobrevolar un infinito manto verde. Hubiera viajado sobre pinares, sobre encinares, robledales, sobre bosques de coníferas, mediterráneos o caducifolios». Hoy día se extiende la idea de todo lo contrario, de que el país es un erial, seco, árido, en peligro de desertización? aunque fuentes del Ministerio de Agricultura, en años recientes, desmentían esa versión.

Ignoro lo que es realmente cierto, si tienen razón unos u otros. Lo que debemos hacer es aprovechar la coyuntura y convertirla en estructura. Celebrada la Cumbre sobre el Clima en España, la COP25, no parece haberse resuelto gran cosa, desde un punto de vista optimista, Pero nos anima a promover una política -en el sentido histórico de pública más que de política- de tendencia naturalista. Mirar hacia un futuro práctico de recomposición de la actual situación, anómala, de nuestra tierra.

Por una parte, aprovechar las posibilidades de ganadería extensiva. Por otra, reciclar los terrenos abandonados. Es decir, en los territorios en que es factible la proliferación de una ganadería natural, con bovinos, ovinos y caprinos desarrollados al aire libre, en el campo, sin apenas estabulación, promover su expansión, su permanencia y promover su futuro. Expandir la España verde que tanta falta nos hace. Rebatir la mentirosa culpa que les hacen a las vacas del lanzamiento a la atmósfera de gas metano cuando esto lo han hecho los bovinos desde que el mundo es mundo y que según todos los estudios es una porción mínima de la contaminación peligrosa que sufrimos. Y luchar contra la ganadería intensiva de granjas e industrias de porcino y aves que no solamente maltratan a los animales sino también a las personas que han de acogerse a sus trabajos en ellas, en la mayoría de los casos en condiciones infrahumanas, como demostraron varios programas audiovisuales.

Por otra, aprovechar también los huecos que van quedando en terrenos menos productivos y que van siendo abandonados por su escasa rentabilidad. Llenarlos de naturaleza o de productividad sana, sostenible, no agresiva con el planeta y llena de un futuro sostenible. Viajamos por muchas zonas del país y vemos campos no explotados donde antes contemplábamos rebaños, manadas, recuas, piaras, vacadas? campos no aprovechados, la mayoría sin cultivar. Ejemplos los tenemos en todo el territorio nacional. Soluciones hay.

Miguel Ángel Ortega, por ejemplo, ha plantado con su cuadrilla más de 20.000 árboles en Villamanrique de Tajo, en Madrid, una tierra árida donde ya no crecía apenas nada y está logrando evitar que se seque el suelo. Domingo Jiménez Beltrán, quien fuera durante veinte años director de la Agencia Europea del Medio Ambiente, trabaja hoy en Murcia plantando una vegetación que se retroalimenta. Señala que debemos adecuar la tierra al potencial de cada territorio y darle los usos adecuados para aumentar ese potencial, no para destruirlo (Fuentes del Ministerio de Agricultura cifran en 1.033.806 las hectáreas abandonadas para el cultivo en 2016 en España). Debemos superar los errores de antaño -talar bosques para cosechar hierbas que alimenten un ganado que ya no existe, por ejemplo- y proporcionar a la tierra un producto que beneficie tanto al suelo como al humano, que eviten miles de incendios de vegetación abandonada: 19.400 hubo en 1989, año de inundaciones en Andalucía. Árboles, los más adecuados a cada tipo de tierra, que además de la riqueza de su madera, son el pulmón de la naturaleza y antídoto contra los gases nocivos. Mirar hacia la ardilla, al águila imperial que mencionaba Rodríguez de la Fuente o a los árboles adecuados de Jiménez Beltrán. Llenar de bosques un país que está amenazado por el avance de la desertización.

Y donde no sea posible plantar un bosque, plantar paneles solares o torres eólicas, que produzcan energía y destierren la carbonización, la nuclearización, la generación de contaminantes nocivos. Tengamos en cuenta que Alemania está plagada de paneles solares, en campos y ciudades -con la mitad de sol que España-, y nuestro país recibe muchos más rayos solares que cualquiera de los países nórdicos. Hemos de ganar la batalla de la energía sostenible, más barata y menos peligrosa. Eso facilitará el desarrollo de las nuevas tecnologías, nos favorecerá la generalización del wi-fi.

Publicado el martes 17 de diciembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA y varios diarios de la EPI

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/12/17/ardilla-wi-fi/2572782.html

A los treinta años del Muro (recopilado 2019)

La situación no es tan ideal como se preveía entonces (Recopilación noviembre)

A los treinta años del MuroCelebramos estos días los treinta años de la caída del Muro de Berlín, aquella demostración de que el llamado «socialismo real» no era tal. Paseo con frecuencia por el madrileño Parque de Berlín -vivo a unos trescientos metros- y contemplo de vez en cuando las tres planchas traídas de sus restos desde la capital alemana, no sé si para decorar el estanque o para recordarnos a los vecinos de Chamartín su horrible significado. Han pasado tres décadas, se han levantado otros muros en el mundo, todos para separar a las personas y demostrar la insolidaridad humana de muchas ideologías.

Hoy se recuerdan aquellos días de noviembre de 1989. Días de liberación para millones de personas que permanecían oprimidas por dictadores defensores de unas ideas mientras practicaban las contrarias, que predicaban la liberación de la opresión mientras ellos practicaban la tiranía. Millones de personas no solamente de Berlín sino de cinco landers alemanes, de países como Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania? Aquellos días en que se fue descomponiendo todo un imperio de terror. Primero con el triunfo de un gobierno de Solidaridad en Polonia, luego con la apertura de una frontera húngara hacia Austria o la caída del dictador Honecker en la parte alemana del Este? en fin, la endeble apertura de la perestroika y la glásnost iniciadas por Mijail Gorbachov en la Unión Soviética.

Luego vinieron semanas de incertidumbre. De los primeros berlineses orientales que viajaron al oeste para comprobar la vida en libertad al derrocamiento de la terrible familia de Nicolae Ceaucescu en Rumanía. Todo se fue precipitando en los países que habían estado décadas encerrados tras el Telón de Acero, el gran muro levantado por la URSS para «protegerlos» de Occidente. Los cambios se fueron produciendo y menos de un año después de que el portavoz del Partido Socialista Unificado de la República Democrática Alemana anunciase sorpresivamente que los berlineses orientales podrían viajar a Occidente el canciller Helmut Kohl declaró la unificación de las dos partes de Alemania.

Treinta años después de estos sucesivos acontecimientos la situación no es tan ideal como se podía prever. Sigue habiendo una gran división cultural y comercial entre aquellas dos partes en que estuvo dividida Europa. Ya solo quedan algunos restos del Muro para recordatorio de su nefasta existencia, hoy obligada visita turística marcada por una línea de adoquines que dibujan el largo recorrido de la gran tapia separadora. Pero, como señala Rosa María Artal en un libro colectivo publicado por antiguos compañeros de redacción, sustituyó «el socialismo por el gobierno de las corporaciones y las empresas», es decir, los grandes depredadores, especuladores, hoy archimillonarios. Llegaron recesiones «no previstas» en profundidad y duración. La calidad de vida no alcanza lo esperado y se mantienen las diferencias entre estados. Los jóvenes bien formados de Sajonia y Alta Sajonia, de Brandemburgo, Mecklenburgo-Pomerania y Turingia huyeron al oeste mientras el desarrollo de esos cinco landers orientales sigue siendo deficiente.

La canciller Angela Merkel, nacida en la parte oriental, reconocía hace un mes que «la unidad nacional de Alemania se ha completado, pero la unidad de los alemanes aún no se ha logrado. La mayoría de los alemanes del Este se sienten ciudadanos de segunda». La altivez de los wessies considera una carga a los ossies. Una gran parte de los millennials occidentales todavía no han visitado Berlín, «una ciudad del Este». Si hoy los alemanes pagan de su sueldo un pequeño impuesto para apoyar la recuperación de la igualdad entre ambas partes, el «injerto falla» según algunas fuentes porque no crecen igual Oriente y Occidente. En cuanto a cuestiones políticas el gran crecimiento de la extrema derecha se produce en los landers orientales, con amenazas y episodios violentos en Dresde y otras ciudades. Un crecimiento que aparece también en países vecinos como se observa en Polonia, Hungría, Bulgaria -hoy integrados por conveniencia políticoeconómica en una culturalmente confusa Unión Europea-. Según estudios de la etnógrafa Kristen Ghodsee, profesora en la Universidad de Pensilvania, especializada en la Bulgaria postcomunista, los pensionistas se ven obligados a elegir entre medicamentos, calefacción o comer, no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas mientras en la capital, Sofía, abundan el lujo, los gourmets, los turistas o los supermercados llenos de quesos de todo el mundo. Y los analistas expertos en Europa del Este vaticinan que hará falta otra década para lograr un equilibrio entre ambas partes.

Publicado el sábado 9 de noviembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/11/09/treinta-anos-muro/2555371.html

El día de Europa y los jóvenes españoles

Reivindicación de la jornada ante la escasa participación en los comicios europeos
El día de Europa y los jóvenes españoles

 El 9 de Mayo de 1950 podríamos decir que comenzó a formarse la nueva Europa. Para conmemorar el evento la actual Unión Europea consagra este día de cada año como el Día de Europa. Además ahora se celebran los cuarenta años de la elecciones al Parlamento comunitario. Una gran preocupación de los organismos comunitarios se centra en el escaso voto juvenil.

Hacía cinco años del final de la destructiva Segunda Guerra Mundial, que dejó a las naciones del Viejo Continente en la ruina humana y económica. Los gobiernos de sus países con régimen democrático buscaban una solución a los antagonismos que originaron los conflictos bélicos pasados y la recuperación de los europeos ante la pujanza de dos grandes potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. «La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. La contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas?», señalaba el ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, en una declaración el 9 de mayo de 1950 en la que proponía la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA, originariamente formada por Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) en la que sus miembros pondrían en común su producción de carbón y acero. Se consideraba que con la fusión de sus intereses económicos se ayudaba a mejorar el nivel de vida lo que constituiría un paso hacia una Europa más solidaria, más unida, a la vez que desterraría la reproducción de nuevas hostilidades destructivas.

La Semana de Europa que ahora culmina venía estos días a conmemorar los cuarenta años de la elecciones europeas y al mismo tiempo a animar a sus habitantes a acudir a las urnas el próximo domingo 26. María Andrés, directora de la Oficina del Parlamento Europeo en Madrid remarcaba al abrir una exposición de carteles electorales que «Europa es un proyecto voluntario, un proyecto que suma mucho más que la suma de sus 28 miembros; con un tanto por ciento de PIB de todos su estados miembros y un conjunto de tratados, sale un proyecto que ha conseguido asegurar el estado de bienestar y garantizar las libertades y los derechos de quinientos millones de ciudadanos».

Reconocía Andrés que se han cometidos errores en el seno de la unión y puntualizaba que «el error fundamental es esa dificultad por superar el enfoque nacional» y debemos conseguir preservar «la solidaridad que estaba en nuestro proyecto. La UE debe liderar con el ejemplo, debe de ser un modelo de libertad y bienestar y nunca traicionar con las políticas poco solidarias» que han aflorado en los últimos tiempos. La directora de la oficina europea pronosticaba que «el próximo día 26 no será un juego de derechas e izquierdas, será un juego de democracia» contra nacionalismos, populismos y eurofobia. «Sabemos que los que quieren destruir Europa, quienes quieren entrar con fuerza en las instituciones europeas para traicionarlas desde dentro, ahora están inmovilizados?» y habló de un grado de optimismo hoy día por la sensación que tiene el ciudadano de que Europa «ha sido beneficiosa para su país», según un 68% de los encuestados, un 75% en el caso de los españoles. Sin embargo, en las pasadas elecciones de 2014 tan solo un 43% con derecho a voto acudió a las urnas. Más preocupante es el caso de los jóvenes con una 27% de quienes tenían entre 18 y 24 años.

La Semana de Europa, en la que se han celebrado conciertos, conferencias, concursos y numerosas actividades en diversas ciudades del país, culmina con el Día de Europa en el que se anima a los jóvenes a votar mientras se iza la bandera azul con estrellas en la Plaza de la Villa madrileña. Un nuevo 9 de mayo, casi setenta años después de la propuesta realizada por Robert Schuman, para celebrar la paz y la unidad del continente.

Publicado el miércoles 8 de Mayo de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA y varios periódicos de la EPI.

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/05/08/dia-europa-jovenes-espanoles/2468576.html

Mon, el quinto de la saga

La historia de cinco registradores de la propiedad, tres tíos y dos sobrinos

Mon ya es el quinto de la familia. Una saga singular. No encuentro algo similar en todo el mapa. Cinco son registradores de la propiedad, tres de ellos son hermanos y los otros dos, también hermanos entre sí, son sus sobrinos. Los tíos ya tienen plaza y ejercen desde hace tiempo. Los sobrinos acaban de aprobar la oposición, uno con 27 años y otro con 26. Casi baten la marca que ostenta el gallego expresidente del Gobierno. Los cinco son murcianos, sino de nacimiento al menos de corazón.

Mon y José Miguel Coll Rodríguez son hijos de Firma Rodríguez y Ramón Ángel Coll, sobrinos de Pepe, Leonor y Carlos Rodríguez, y nietos del que fuera primer presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (entre 1989 y 1996), José Rodríguez Jiménez. Tres hijos de este juez ya jubilado tienen plaza de registrador, dos nietos acaban de aprobar la difícil oposición. El mayor a la segunda convocatoria, el segundo en su primera comparecencia ante los tribunales. ¡Menuda estirpe!

Ramón Andrés y José Miguel tienen un hermano pequeño que está a punto de terminar la carrera de Derecho. Cuando le preguntan a éste, Carlos, si seguirá los pasos de sus hermanos y de sus tíos contesta que ya tendrá tiempo de pensárselo, que de momento está estudiando y no decidirá su camino hasta que no acabe la carrera. Es joven y tiene todavía bastante tiempo para deliberar y pronunciarse.

José Miguel, Mon y Carlos nacieron en Almería donde su madre ejerce la medicina mientras su padre es empleado de banca. Cursaron sus estudios en Murcia y los ya nuevos registradores se han preparado en la academia donde ejercen o ejercieron de profesores sus tíos. Un centro de estudios también con una característica muy particular: es gratuito.

Para aprobar las cuatro pruebas en las que consiste la oposición Mon dice que estudió diez horas diarias, cinco por la mañana y cinco por la tarde, se levantaba poco después de las seis de la mañana e hincaba los codos hasta casi el anochecer. Según las estadísticas, la media de tiempo de preparación para estas oposiciones oscila entre siete y ocho años y son muy pocos los que aprueban en su primera convocatoria. Mon lo ha conseguido, ha sido el último en la lista de aprobados pero lo ha logrado en su primera comparecencia y acaba de cumplir veintiséis años; su hermano José Miguel, que le lleva un año, ha sacado la primera plaza en su segunda convocatoria. En unas semanas recibirán el título y, tras un corto cursillo, tomarán posesión a mediados de 2019 de alguna de las plazas de registrador que han salido a concurso.

La academia de Murcia donde se han preparado estos jóvenes hermanos es una de las pocas gratuitas que existen en España: Comenzó a enseñar en los años setenta del pasado siglo y actualmente trabajan en ella altruistamente doce profesores que tutelan a unos cuarenta licenciados en Derecho. Según fuentes de esta academia, cada año suelen aprobar la oposición cinco o seis de sus alumnos, lo que la convierte en una de las más prestigiosas de España.

Unos setecientos opositores parece que se presentaron a la primera prueba celebrada a finales del invierno pasado. Tenían que hablar durante dieciocho minutos. Pero, como asegura algún profesor de la academia murciana, quienes empiezan su preparación son muchos y antes del año de estudio ya se ha retirado la mitad. En la selección suele ocurrir algo parecido. Ante la dureza de las pruebas muchos estudiantes se presentan para tantear su nivel de preparación y conocer el sistema. Pronto se redujeron este año a medida que se celebraba cada examen. Llegaron al final unos cuarenta. Y a la saga familiar se sumó Mon.

Publicado el viernes 28 de diciembre de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/12/28/mon-quinto-saga/2403081.html

La paradoja de Madrid Central, el sistema P+R y la Unión Europea

La puesta en marcha de la lucha contra la contaminación y algún paliativo

Una artificial polémica se ha levantado con la puesta en marcha de «Madrid Central», el área propuesta por el Ayuntamiento de la capital para empezar a luchar efectivamente contra las contaminaciones de gases, ruidos y especulaciones frente al medio ambiente. La mayoría está contra el deterioro que sufre el centro de la ciudad y la oposición a la implantación de las restricciones es principalmente política.

Tenía que llegar pero el establecimiento del área «Madrid Central» implantado por el Ayuntamiento que preside la magistrada Manuel Carmena ha descubierto una paradoja: quienes más se oponen a la medida que limita o restringe el tránsito de vehículos por el centro de la capital son personas de los municipios adyacentes. Por supuesto que la oposición representada en el consistorio ha rechazado la medida pero en esta época de ruido político entra dentro de la normalidad. Sin embargo, quienes residen en municipios periféricos a la gran urbe son los que más protestan. Los razonamientos son variados y algunos no parecen precisamente argumentos razonados.

Vecinos de poblaciones con conexión directa con el centro de Madrid a través del servicio metropolitano, el metro, de ferrocarriles de cercanías, y hasta de la alta velocidad española, el AVE, han sido quienes más rápido han manifestado el perjuicio que les causa no poder llegar al centro de la ciudad en vehículo privado. Mientras tanto los residentes en los barrios madrileños aprueban mayoritariamente la mejora y sólo los partidos de la oposición han salido a declarar su postura en contra. A pesar de que la iniciativa madrileña es muy inferior en restricciones a las de la mayoría de las capitales europeas y que Madrid no es la primera ciudad española en establecer esta medida ambiental.

La concejala responsable de su implantación, Inés Sabanés, señalaba a los medios informativos que «Madrid Central es fruto de tres años de trabajos durante los que hemos contado con los mejores expertos y la colaboración de la Universidad. Alberto Ruiz-Gallardón aprobó en 2006 -siendo alcalde- la implantación de una medida similar para 2010 y todavía estamos esperando». Según la delegada de Movilidad y Sostenibilidad del municipio madrileño, su departamento se ha reunido varias veces ya con los «hombres de verde» de la UE a los que el consistorio debe dar cuenta cada dos meses de la implantación de las medidas. «Cuando accedimos al gobierno municipal ya estaba abierto un procedimiento de infracción contra España por la contaminación de Madrid y Barcelona. La UE rechazó los planes que presentó Ana Botella entre 2013 y 2015 porque no solucionaban nada», dijo Sabanés. Con esta iniciativa y los planes similares del municipio de Barcelona, «España ha conseguido una moratoria que le permite liberarse de una posible demanda ante los tribunales comunitarios» ya que está sometida a un control estricto para reducir la contaminación un 23% en 2020.

Además, como publicaba días pasados LA NUEVA ESPAÑA, en el anteproyecto de ley que redacta el Ministerio para la Transición Ecológica para combatir el cambio climático se dispone que «todos los municipios de más de 50.000 habitantes deberán establecer zonas de bajas emisiones no más tarde de 2023», lo que significará que entran en esa obligación Oviedo, Gijón, Avilés y el extenso municipio de Siero.

Quienes se oponen a las medidas tomadas en Madrid no tienen en cuenta la alta contaminación ni los atascos en la circulación viaria y centran sus argumentos en la dificultad para acceder a oficinas y centros administrativos regionales (el Gobierno de la Comunidad ha recurrido a los tribunales). Y Madrid es una ciudad con muchos y diferentes sistemas de movilidad: la cruzan trece líneas de metro, de las que siete tienen más de treinta estaciones en la almendra Madrid Central, donde hay 23 aparcamientos con 4.767 plazas y otras 9.570 están previstas; más de doscientas líneas municipales diurnas de autobús y 27 nocturnas, además de 395 paradas de taxi en sus veinte distritos y siete líneas de ferrocarril de cercanías con alguna estación en el centro y una del AVE. Es decir, de récord.

Un estamento que emite su queja es el de los hoteleros, otro el del comercio. En España ciudades como Vitoria, Málaga o Pontevedra han resuelto hace años el problema. Grandes urbes europeas hace tiempo que han establecido medidas restrictivas, algunas caras para el ciudadano, como Londres, que cobra más de 12 euros por entrar en el centro. Soluciones hay muchas. Por ejemplo, el tranvía del que disponen quienes llegan a la capital vasca para acceder al casco antiguo desde el aparcamiento disuasorio. Numerosas ciudades europeas -Barcelona entre ellas- utilizan el sistema Park and Ride (P+R), es decir, aparcamiento y transporte público barato o gratis al centro desde las afueras, donde proliferan ya muchos centros comerciales y hoteleros (https://www.lne.es/opinion/2010/11/01/pr-buen-sistema-transporte-urbano/988407.html). Los precios son políticos, muy baratos y completamente disuasorios, antiestrés, antiatascos, anticontaminación, verdes y sostenibles para arcas municipales. Una buena red de transporte público es esencial. Otro método es el que utilizan en Málaga, por ejemplo. Las mercancías se acercan a destino en el casco peatonal, pleno de comercios con buenas ventas, por medio de triciclos y vehículos eléctricos, sin ruidos, sin polución ni problemas de aparcamiento. Asturias, donde las alarmas medioambientales y el escaso reciclaje han saltado en sus grandes núcleos urbanos, debe estar preparada.

Publicado el jueves 13 de diciembre de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/12/13/paradoja-madrid-central-sistema-pr/2395761.html

Una respuesta judicial

La decisión de la Justicia alemana sobre la extradición a España de Puigdemont

«Una dura derrota para España» era el título de una información en la que se decía que «El Estado español ha sufrido en la Justicia alemana una de sus mayores derrotas judiciales y políticas» desde el estallido de la crisis independentista en Cataluña, «que abrió la peor crisis institucional de las últimas décadas» en nuestro país. Párrafos más delante de esta primera afirmación se decía que «el tribunal alemán de Schleswig-Holstein desautorizó ahora al Supremo español». Finalmente el comentario señalaba que «la medida del tribunal alemán demuestra que la estrategia española sufrió un nuevo revés internacional que la vuelve cada vez más insostenible». Tales contundentes aseveraciones las firmaba Pablo Sanguinetti, corresponsal de la Deutsche Presse Agentur (DPA) y fueron publicadas en los medios españoles.

Derrota, desautoriza, demuestra y otros términos empleados por el periodista no parecen acordes con la labor de la Justicia, las competencias de la misma, la democrática separación de poderes y el contraste de las fuentes. No mencionaba el comentario la versión oficial del «derrotado» Estado español ni la del tribunal «desautorizado» aunque sí alegaba que la medida del tribunal alemán «demuestra» el revés de la Justicia hispana. Y para abundar en la versión de parte, Sanguinetti, redactor de la gran agencia alemana, recogía una frase del abogado de Carles Puigdemont en España, Gonzalo Boye, en la que proclama que «El Tribunal Supremo español debe plantearse ahora si tenemos una justicia europea o no».

Personalmente pienso que las medidas cautelares que ha impuesto el magistrado que instruye el proceso en cuanto a la crisis independentista abierta en Cataluña sobre los acusados entran dentro de la legislación vigente pero parecen excesivas. Evocan una situación que invita a comparar con otros casos, presumiblemente tan graves en los que no se aplican posturas tan drásticas. Pero como lego en leyes solamente expreso una opinión propia sin justificación escolástica alguna.

Quienes sí parecen conocer la legislación comparada son los mencionado Sanguinetti y Boye cuando señalan que un tribunal -de menor rango en niveles europeos- ha «desautorizado» al Tribunal Supremo de todo un Estado soberano dentro de la Unión Europea. Quienes hablan de «derrota» del Estado español cuando existe separación de poderes en una sociedad democrática homologada por el posiblemente más democrático de los entes políticos mundiales: la Unión Europea. Quienes dicen que la medida del tribunal alemán «demuestra» el revés sufrido por la estrategia española a nivel internacional, manifiestan que ello la «vuelve cada vez más insostenible». Ante esto, el abogado aconseja al más alto tribunal español que debe planearse si «tenemos una justicia europea o no». Aunque los jueces alemanes no habían de juzgar el caso y solamente debían estudiar si corresponde o no entregar el huido a la audiencia española, el corresponsal de la ¿prestigiosa? DPA emplea el término «demuestra» y no utiliza «considera»; en vez de no atiende determina «desautoriza», a la vez que duda si son democráticos los tribunales españoles.

No cuestiona ninguno de ellos, informador o letrado, si realmente existe una unión europea de la Justicia, si existe reciprocidad entre los tribunales de los estados miembros. Cabe preguntarse, como se hacía días pasados Luis M. Alonso en estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA, «para que sirve una euroorden». Él mismo se respondía: «Sin un principio de confianza mutua entre los sistemas jurídicos de los estados miembros, la Unión Europea pierde su razón de ser».

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 7 de agosto de 2018

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/08/07/respuesta-judicial/2329574.html

Buscar el sol

El Norte, considerado por error no adecuado para recoger energía fotovoltaica

La Unión Europea pide cerrar minas e industria dependiente del carbón. Las compañías eléctricas anuncian el cierre de centrales que funcionen con carbón. El Gobierno español se inclina por estas opciones y se dispone a cumplir con el propósito europeo. Los fabricantes de automóviles se encaminan a eliminar la fabricación de vehículos con motores que utilicen carburantes fósiles. El Ejecutivo de Pedro Sánchez ya habla de la eliminación del «impuesto al sol». ¿A qué esperamos para cambiar la producción hullera por la eléctrica solar? Busquemos el sol.

La Selva Negra alemana, joya de gran belleza paisajística, naturaleza viva, mantenedora de costumbres ancestrales y una de las regiones más ricas de Europa, está plagada de paneles solares. Tejados y granjas, por todas partes aparecen placas que recogen los rayos solares y no estropean el paisaje natural ni las características de las edificaciones. Y es una región con muchas menos horas de sol que las que recibe la cornisa cantábrica.

España era en 2008 uno de los países con más potencia fotovoltaica instalada. Éramos los primeros en investigación, en desarrollo y aprovechamiento de la energía solar. El futuro era prometedor en un territorio que ya vivía del sol con kilómetros y kilómetros de costa llena de visitantes en busca de los rayos del astro rey. Las instalaciones para transformar esta energía gratuita, renovable y no contaminante en luz y calor batían récords en los primeros años del presente siglo. Pero los intereses político/comerciales pararon su crecimiento y pasamos de los primeros a los últimos puestos del ranking. No alcanzo, personalmente, a entender el galimatías legislativo que ha hecho que la situación cambiase tan radicalmente. Porque las regiones del norte de España son consideradas erróneamente poco adecuadas para aprovechar la energía fotovoltaica pero reciben más radiación anual que la media aprovechada por Alemania, que es líder en la promoción de la energía solar. Con diferencia respecto a naciones del norte de Europa, España es la que mayor radiación solar recibe de la Unión Europea. Busquemos más sol.

Sin apenas recursos energéticos propios, parece cada vez más necesario el aprovechamiento del abundante y gratuito sol para remplazar instalaciones contaminantes por renovables, cuando los avances tecnológicos las hacen cada vez más viables, más rentables y cuyo coste se ha reducido considerablemente respecto a los primeros montajes. Precisamente la empresa propietaria de las centrales que cerrarán en pocos meses en los municipios de Langreo (Asturias) y Velilla (Palencia) fue quien inauguró la primera planta piloto fotovoltaica en San Agustín de Guadalix (Madrid) en 1984. ¿Por qué no quiere nuestro sol?

Comunidades como el Principado de Asturias, que después de largo tiempo aportando industria y materia prima energética a todo un país, soportó seguidas reconversiones que despojaron de recursos a toda una región, corre actualmente el riesgo de ser despojada de otra de sus riquezas, el carbón, hoy denigrado por contaminante pero que abasteció de energía durante casi dos siglos a los demás. Un carbón que aporta un 8% de la energía en España mientras que en Alemania o Polonia llega a alcanzar hasta un 40%.

Con fecha de caducidad de extracción de carbón y cierre de centrales que lo utilizan, Asturias necesita de manera imprescindible y rápida la implantación de industria fotovoltaica. Quejarse sirve de poco sin procurar, pública o privadamente, instalar parques de renovables. Las dieciocho jornadas de travesía de 1984 de 250 trabajadores, la «Marcha de Hierro», entre Asturias y Madrid no lograron sacar a la región de la tabla baja nacional. China, la más contaminada del mundo, se está dando prisa: instala hasta paneles flotantes. Es imprescindible buscar el sol.

Publicado el viernes 6 de julio de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/07/06/buscar-sol/2314026.html

Oviedo se parece a Groningen

Historia de dos ciudades universitarias a partir de la visita de un premio Nobel

Era la primera vez que oíamos su nombre y desconocíamos su existencia hasta que una beca Erasmus nos lo mostró. Hoy le hemos cogido cariño. Hace unos días nos hizo ilusión saber por LA NUEVA ESPAÑA que un ilustre premio Nobel de Química, Bernard Lucas Feringa, doctorado en y profesor de la Groningen University llegaba a Oviedo para participar en el simposio homenaje al fallecido catedrático José Barluenga, celebrado en la Escuela de Odontología. Groningen (lease Jroninguen; en castellano Groninga) es una población del norte de los Países Bajos. Ciudad de la Liga Hanseática, fue posesión española a mediados del siglo XVI (herencia borgoñona de Carlos I). «Groningen no es Harvard, es una ciudad como Oviedo, y tiene un premio Nobel», manifestó este investigador de risueño semblante al ser entrevistado por Eduardo García. El prestigio académico de sus universidades resalta su importancia.

Viene a cuento la mención a las universidades de Oviedo y de Groningen porque, conocidas ambas instituciones y sin intentar compararlas, podríamos encontrar ciertas similitudes aunque las distancien muchos kilómetros. Las dos ciudades tienen un número parecido de habitantes. Unos 220.000 tiene Oviedo mientras la holandesa casi 20.000 menos. Pero si en la capital asturiana radica un centro universitario donde estudian 20.000 jóvenes, en Groningen son dos las instituciones docentes en las que cursan su carrera cerca de 60.000.

La estatal Groningen University fue fundada en 1614, es una de las mayores y más antiguas de Holanda, tiene diez facultades, 58 titulaciones y supera el centenar de máster. En sus primeros tiempos más de la mitad de sus estudiantes procedían del extranjero. En ella se preparan cada año unos 28.000 estudiantes. La Hanze University of Applies Sciences cuenta con un número similar de alumnos, en su mayoría provenientes de muy diferentes países del mundo, y es reconocida como una de las más prestigiosas en ciencias aplicadas, impartiendo en holandés e inglés sus programas internacionales. Ostentar algún título de los otorgados por este especializado centro ha dado trabajo recientemente a numerosos estudiantes españoles.

La Universidad de Oviedo fue fundada pocos años antes de la de Groningen, en 1608, es pública, tiene once facultades y seis escuelas y en ellas estudian 25.000 alumnos. Otorga unos setenta títulos, de los cuales medio centenar son títulos propios y ha sido una de las primeras universidades españolas en obtener el sello de Campus de Excelencia Internacional. Cada curso recibe algo más de un millar de estudiantes extranjeros.

En cuanto a las ciudades en sí, hay diferencias vitales, pero la proporción de ambas es bastante pareja. Si Oviedo parece haber sido fundada en 761, fundamentos arqueológicos la datan muchos años antes. Las primeras reseñas históricas de Groningen se refieren a 1040, aunque de la iglesia más antigua allí construida se habla del 800 y restos arqueológicos de la zona señalan establecimientos de unos 4.000 años a. c. Entre sus edificios los más emblemáticos destacan la Martinitoren, de 97 metros de altura, torre gótica de finales de siglo XV -en los Países Bajos los altos campanarios avisaban de las avenidas del mar-; el Groninger Museum, postmodernista de finales del siglo XX, un conjunto de volúmenes con algún precedente al Guggenheim bilbaíno o las casas de colores del paseo marítimo. Oviedo cuenta con los monumentales prerrománicos construidos en el siglo IX por los monarcas del Reino de Asturias, la catedral de torre única gótica de San Salvador, del siglo XVI, o el singular Palacio de Congresos. La capital del Principado es una ciudad en cuesta, sin mar y a una altitud de 231 metros sobre el nivel del mar. La ciudad holandesa donde investiga y explica la catálisis homogénea, la de oxidación y la estereoquímica que la ha valido el Nobel al doctor Feringa, es una población llena de bicicletas, llana, atravesada por canales navegables, puentes levadizos, mucha nieve en invierno, a una altitud de 7 metros sobre el nivel del mar. Es una de las poblaciones holandesas en tierra no ganada al mar, con el considerado bar más grande de Europa, «De Drie Gazusters», y con una estación de ferrocarril idéntica a la que se ve desde la calle Uría.

Publicado el lunes 27 de noviembre de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/11/27/oviedo-parece-groningen/2200062.html

El bosque, nuestro futuro

Una reflexión tras los devastadores incendios del noroeste de la Península

Una máquina perfecta. Así definía el bosque el presidente del Instituto Forestal Europeo (EFI), el barcelonés Marc Palahí, residente en el país de los bosques, Finlandia, un día después de apagarse los incendios en decenas de miles de hectáreas de Galicia, Portugal y Asturias. Lo declaraba en un programa de Radio Nacional de España. Comentando los desastres ecológicos ocasionados por los impresionantes, tristes y nefastos fuegos, que ocasionaron decenas de muertos, Palahí anunció una cumbre internacional a celebrar el próximo mes de diciembre a la que han confirmado su asistencia importantes banqueros, directores de empresas en materia de biotecnología, políticos y especialistas en temas de naturaleza, tecnología sostenible y prevención de incendios.

La interesante reunión estudiará métodos para generar riqueza en zonas rurales, sistemas para gestionar mejor la producción del campo, las salidas que propone la tecnología nueva y los beneficios que comporta la obtención de la biomasa que reduce el riesgo de incendios. El congreso se interesará en profundizar en los proyectos actualmente en marcha sobre la explotación de la masa forestal europea donde hoy por hoy se calcula que existen unos 160 millones de hectáreas de bosque.

El EFI tiene como proyecto la progresiva sustitución de la energía producida por materias fósiles por una energía de origen biológico. Intenta luchar contra la despoblación de las zonas rurales, en gran parte por estar mal gestionadas, implantando un sistema de bioeconomía que haga sostenible la producción en todos los ámbitos. Permutar utensilios no renovables como el cemento, el petróleo, el acero, el poliéster, el plástico y otros derivados de los fósiles por materiales de origen biológico. Materiales renovables que reduzcan las emisiones de dióxido de carbono, el CO2, el llamado gas invernadero, y que lo capturen. La biotecnología hoy puede trasformar las fibras forestales en productos robustos, desde bienes textiles a sustancias más resistentes que el acero con las que se pueden construir ya rascacielos, automóviles, aviones y otras variadas máquinas, todo con biomateriales procedentes de la fibra de madera.

Además, según datos mencionados por Marc Palahí, los arbolados europeos captan ya el 10% de todas las emisiones de CO2 producidas en el continente: «Todos los bosques de Europa absorben el dióxido de carbono que las industrias del cemento y del acero emiten anualmente». Señala el Instituto Forestal Europeo que en los últimos treinta años, con la continua gran despoblación de las zonas rurales, ha aumentado bastante la superficie forestal no gestionada y el futuro está en revalorizar esos macizos arbóreos dándoles una viabilidad económica a través de una industria forestal potente, desde una bioeconomía que remplace la economía basada en materiales fósiles al tiempo que se soluciona el problema de los incendios forestales.

En España le superficie forestal ha aumentado un 30% en los últimos 25 años. Galicia, Asturias, Soria suman casi tanta como Portugal, que es rico en zonas boscosas. La diferencia está en la gestión y cuidado de ese patrimonio. En Finlandia, con estrictas leyes forestales, un 15% de los fineses posee su bosque y lo mima. Los sorianos se ufanan de su gestión y velan por su riqueza forestal. Portugal, por el contrario, apenas registra la propiedad de sus bosques. Así, la gestión y los recursos contra incendios es radicalmente distinta en cada paraje. Los recientes fuegos en Asturias y Galicia han promovido la solidaridad que puede traducirse en un mayor enfoque protector hacia el árbol.

Por otra parte, si la tecnología digital destina menos masa forestal para papel, ese capital maderero irá a la fabricación de biomateriales que son renovables, que se uniría con las energías solar, eólica, mareomotriz, geotérmica… El presidente del EFI dice que el organismo busca un cambio de paradigma económico para alcanzar un futuro sostenible para próximas generaciones. Por eso la gestión forestal jugará un papel transformador de este cambio de paradigma y mudará la economía cimentada en materiales fósiles por una de naturaleza biológica que sea motor de crecimiento económico, que pueda prosperar dentro de las fronteras sostenibles de este agotado Planeta.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el sábado 18 de noviembre de 2017

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/11/18/bosque-futuro/2195241.html