La división que hacen los ajustes

Disminuye la clase media mientras crece la pobreza y unos pocos se acercan a la opulencia.

La crisis que afecta a Europa está dividiendo a la población en dos partes cada vez más diferenciadas, más distantes, más separadas. Y si el efecto se produce en niveles continentales se agudiza cuando nos fijamos en países como España y la zona mediterránea. Me refiero al nivel de renta, a la diferencia entre la economía de unos y otros contribuyentes. Está disminuyendo la clase media a un ritmo desolador, a tal velocidad que hay economistas que predicen su desaparición. La alta burguesía se nutre de directivos que cobran cada vez más grandes y blindados contratos; la baja aumenta con los llegados de la media y se acerca a la pobreza, sin trabajo, sin recursos, ¿sin esperanza?

Los dictados de la economía implantada por Bruselas, que se rige por los dictados implantados por Berlín, que a su vez sigue los dictados de Frankfort, son tan rígidos que han cegado la salida de los créditos de los bancos, cuyos accionistas han ganado mucho dinero en los años de la abundancia, y los solicitantes de créditos, empresarios pequeños y medianos, han ido cerrando sus empresas. Los empleos van desapareciendo con tal cadencia que el número de parados alcanzó los seis millones, multiplicándose por tres en el lustro crítico que ya se cumple.

Ahora la población camina hacia la pobreza mientras unos pocos se acercan a la opulencia. La distancia es cada vez mayor y si los más van hacia la miseria los menos alcanzan el lujo. Las consecuencias se van palpando en la ideología, que podría acabar enconando las posturas, distanciando las actitudes y fagocitando el centro, para muchos equilibrante, aunque no comprometido, inhibido ideológicamente.

[pullquote align=»right»] Si continúan imponiendo una estrategia de recortes, que siguen otros muchos gobernantes, la radicalización terminará plasmándose en las urnas[/pullquote]

Así ya se habla de disidentes, de movimientos radicales tanto en el centro-derecha como en el centro-izquierda. Desaparecería entonces el bipartidismo y surgiría una polarización que podría generar el brote de nuevas ideas, que enriquecería la política. No creo que piensen así la canciller Angela Merkel -“La eurozona debe estar lista para ceder soberanía”, ha dicho- y los banqueros alemanes pero si continúan imponiendo una estrategia de recortes, que siguen otros muchos gobernantes, la radicalización terminará plasmándose en las urnas. Se especula ya en algunos mentideros con las intenciones de Esperanza Aguirre en la derecha y en los discrepantes en el socialismo mientras se mira a partidos más ideologizados o emergentes antibipartidismo.

Si el príncipe Felipe, en el reciente foro hispano-alemán celebrado en Madrid, advertía sobre las actitudes insolidarias “que a la postre se traducen en resultados estériles e incluso contraproducentes”, un gurú de la economía mundial actual, el Nobel Paul Krugman, en un artículo : “La depresión del Excel” – (Pincha aquí para leerlo ), refutaba la política de recortes aludiendo a un error de los propulsores de esa política y rechazaba el “deseo de los legisladores, políticos y expertos de todo el mundo occidental de dar la espalda a los parados y, en cambio, usar la crisis económica como excusa para reducir drásticamente los programas sociales”.

La radicalización de posturas en esta materia nos lleva a preguntarnos quién puede gobernar una población dividida en dos partes tan desiguales, antagónicas, cada día más irreconciliables. Un ejemplo vivo es Italia. El desmoronamiento soviético no  significó la liberación de los oprimidos si no el enriquecimiento de la camarilla cercana al antiguo poder que ya gozaba de grandes  privilegios. El mantenimiento de las restricciones impuestas desde el epicentro económico europeo devolverá el dinero invertido a la banca pero penalizará al sufrido contribuyente. Abrirá mayores distancias y radicalizará al perdedor hasta llevarle a unas, más o menos moderadas, ideas revolucionarias.

 

Este artículo ha sido publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles día 15 de Mayo de 2013.

http://www.lne.es/opinion/2013/05/15/division-ajustes/1412572.html

Ahora juegan al escondite

De las ruedas de prensa sin preguntas a las reuniones políticas a hurtadillas

Fernando Granda

La moda reciente era convocar falsas conferencias de prensa. Falsas porque no se permite preguntar a los representantes de la prensa, a los enviados de los medios de comunicación. Simplemente se lee un comunicado o se realiza una aparente declaración, porque normalmente también es leída, y asunto terminado. Por supuesto a estas pseudoconferencias no acude el máximo dignatario del organismo comunicante sino un delegado del mismo que ya en sí rebaja el interés del encuentro.

Después llegó la declaración a través de monitor. El declarante se encuentra en otra sala y se expresa a su antojo sin tener delante a los convocados, ni contemplar sus gestos y unos aspectos que puedan delatar ánimo o desánimo por la perorata del único que habla. Además el monitor puede mostrar una declaración en directo o un vídeo grabado y editado que no mantenga errores, titubeos o muecas inoportunas. Y los periodistas así, de meros oyentes, apuntando frases y recogiendo datos que luego no podrán corroborar si han tenido algún problema de recepción.

Se comentaba en algunos medios que ya no se podía llegar a más y se discutía en las redacciones y entre los corresponsales y enviados a la convocatoria la disposición o no a acudir a estos actos a los que partidos u organismos políticos y económicos, principalmente, invitaban. Se habló de plante y se llevaron a cabo algunos para demostrar que los reporteros no eran simples correveydiles. En uno de ellos los corresponsales y enviados a Nueva York para informar de la comparecencia de la ministra de Sanidad, Ana Mato, en una conferencia en la sede de las Naciones Unidas, rechazaron recibir un comunicado en lugar de la comparecencia de la ministra.

En fin, tras este y algún otro episodio similar parecía que la situación iba a tomar otras características, ciertos políticos daban a entender que comprendían el problema y se intuía una vuelta, quizá atenuada, a la conferencia de prensa. Pero entonces fueron espaciándose las comparecencias públicas de los políticos y si el río suena «agua llevará, déjala correr» pero pocos salían a la palestra a dar explicaciones. Y así los líderes políticos y sus segundos apenas hablan ante los periodistas. Especialmente los miembros del Gobierno y del partido que lo sostiene.

Sin embargo no termina ahí el juego. Ahora practican el juego del escondite. El escondite español, sin descartar el inglés. Los mandatarios de distintos partidos, gobernantes y opositores, se encuentran en secreto, se reúnen a hurtadillas, se congregan sigilosamente para que no se entere el personal gobernado. Y parece que negocian con quienes públicamente no lo harían. Y claro, aquí ya ni hay declaraciones, ni comunicados ni nada. Solamente se descubren los encuentros por presunto desliz de algún ayudante o por el interés de cierto testigo incomodado o ávido de salir en los papeles. Es, pues, una nueva versión del infantil juego del escondite. En él participan dirigentes de PP, PSOE, PSC, CiU, PNV y quizá algunos más no dados a conocer.

Y señalo el escondite español porque parece que cuando se descubre uno de estos encuentros secretos se para el juego. Aunque pudiera ser que el juego que practiquen sea el conocido como «inglés», en el que los jugadores pueden ser descubiertos, entonces vuelven al puesto anterior, pero seguirán moviéndose mientras el «guardián», el que se queda, no los descubra.

Artículo publicado por LA NUEVA ESPAÑA el jueves 25 de abril de 2013

 

Mas y Menos

Al presidente de la Comunidad de Madrid le empiezan a conocer por un mote gracioso. El señor Menos. Dicen que son las malas compañías. Se ha unido a su colega Artur Mas en algunas reivindicaciones de poder autonómico y le ha imitado en la implantación de numerosos recortes sociales. Pero él, el señor González, no se ha elevado con algo como el independentismo o la deriva soberanista que llaman los que no quieren oír hablar de independencia. Por tanto si Mas va a más, González va a menos. Y así, cuando se reúnen para pedir algo a las instancias superiores, como la gente ya está un poco cansada de sus peticiones y sus recortes les llaman Mas y Menos. Pronto serán tan famosos como Tip y Coll (que aunque era de Cuenca lucía apellido catalano-balear) o Martes y Trece. También son conocidos como Mas o Menos.

Bueno, estamos a la espera de comentarios sobre este personaje que ha pedido restricciones a la información, que los periodistas no puedan preguntar sobre ciertas cosas. En fin, no sé si se parece más a Pancho Villa y sus grandes mostachos o a un tristemente iluminado que llevaba un bigotito muy pequeño y ridículo. Cuidado que el peligro es enorme y evidente.