Notable aumento de las exportaciones agrarias desde el Principado de Asturias
Señalaba María José Iglesias en las páginas de Campo y Mar el espectacular aumento de las ventas de productos agrarios asturianos, sobre todo en Madrid. Resaltaba tres de ellos, la ternera, la leche y otros productos lácteos. Personalmente tenía comprobada la venta de esa tierna carne y de varios derivados lácteos, bien en su marca o en la lista blanca de populares establecimientos. Pero desde hace un tiempo se pueden comprar en muchos mercados de la capital española otros variados frutos de la huerta astur.
Degustador de nueces a diario y en lo posible durante todo el año, procuro consumirlas con genuino sabor a nuez, descartando las importadas californianas, limpias, casi iguales y muy bien presentadas exteriormente pero a menudo insípidas. Busco producto nacional, con sabor, aunque en tiempo de escasez admito frutos europeos o suramericanos, bastante parecidos a los españoles por su gusto más intenso. Pero, como buscador de la buena nuez, he probado las cosechadas en Extremadura, Castilla-La Mancha y recientemente de Valladolid. Sin embargo, desde hace una temporada, he encontrado las nueces más sabrosas, unas asturianas de cuyo origen no acaban de precisarme sus vendedores. Es una nuez a primera vista fea, grande y bastante negra exteriormente que comparada con las de otros sacos adyacentes de las producidas en distintos campos no parece apetecible. Pero la curiosidad al ver el cartelito de «asturianas», y a buen precio, era una tentación, tenía que probarlas. Y realmente me parecen estupendas. De momento las mejores. Carnosas y sabrosas. Lástima que solo he logrado saber que proceden del Occidente, «por la zona de Cangas del Narcea».
También proliferan ahora por los mercados madrileños las etiquetas de kiwi asturiano. Parecían desaparecidos ante la llegada de frutos andaluces, principalmente de las provincias bañadas por el mar de Alborán mediterráneo. Y por supuesto por los importados de Nueva Zelanda. Los que se venden procedentes de Asturias son más verdes interiormente y con sabor más fuerte. Supongo que las ventas dependerán de los gustos. Quizá les convendría a los productores y distribuidores repartir pequeños trípticos contando la curiosa historia de la producción asturiana de un fruto llegado de tan lejos y sus variedades.
Si las verdinas llevan un tiempo vendiéndose en los mercados de Madrid, la ternera asturiana se consolida, además del avance de las avellanas, principalmente piloñesas. Lo que parece que sabe poca gente es que se han puesto de moda las ortiguillas de mar, la anémona común de mar, que en Andalucía son muy apreciadas, sobre todo en Cádiz, costa atlántica que bate bajo la superficie del agua. Los gaditanos las comen fritas, en una especie de tempura que logra que se conserve bien su sabor a mar. Este animal marino, que parece un vegetal porque surge de una estelada cepa agarrada a la roca a la manera del percebe, resiste poco tiempo fuera del agua salada, pero los restaurantes al oeste de Tarifa han conseguido un plato sabroso que aparece ya en la mayoría de las cartas.
Algunos restauradores de origen gaditano en Madrid los están incorporando a sus mesas y su publicidad las está popularizando. Pues bien, es tal la expansión de la ortiguilla frita que el Atlántico andaluz no da abasto para tanta ración y los distribuidores han recurrido a los pedreros astures para conseguirla. Parece que la calidad del batiente Cantábrico es muy buena y, según fuentes informadas, la falta de este fruto marino en el sur está completado con la anemonia sulcata o anémona común astur. Solo falta que se publicite su procedencia para ver que es otro producto asturiano. Al igual que las ostras del Eo, el fino molusco que los ostreros asturianos llegan a exportar a restauradores de fama europea.
De fabes, con almejas y mariscos, así como de la fabada y su compango asturiano, por supuesto, no hace falta predicar. Ya son universales.
Publicado el sábado 28 de marzo de 2020 en LA NUEVA ESPAÑA
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2020/03/28/huerta-asturiana-triunfa-fuera/2617975.html

Celebramos estos días los treinta años de la caída del Muro de Berlín, aquella demostración de que el llamado «socialismo real» no era tal. Paseo con frecuencia por el madrileño Parque de Berlín -vivo a unos trescientos metros- y contemplo de vez en cuando las tres planchas traídas de sus restos desde la capital alemana, no sé si para decorar el estanque o para recordarnos a los vecinos de Chamartín su horrible significado. Han pasado tres décadas, se han levantado otros muros en el mundo, todos para separar a las personas y demostrar la insolidaridad humana de muchas ideologías.
Un barrio salmantino, el Oeste, puede ser ejemplo del éxito contra los garabatos callejeros. Y el Ayuntamiento (Concello) de Vigo ha lanzado un programa para que los centros escolares fomenten el amor al buen arte que decore las calles de la ciudad. En poblaciones de Asturias, en Málaga y muchos otros puntos del país se celebran concursos de grafiteros y parece que muchas corporaciones han iniciado cruzadas contra el feismo realizado con los pulverizadores. Quizá así se logre desterrar de persianas, cierres metálicos, portones, muros, fachadas y muchos espacios públicos el garabatismo que afea las calles de villas y ciudades de España.
«Soy la cocinera de mis nietas», comentaba con una amiga una exfuncionaria al salir del mercado. La jubilación le coincidió con el nacimiento de sus nietas y tuvo que seguir trabajando aunque con cambio de labor. También a la puerta de los mercados se oyen frases como esta: «Es que ahora soy experto en bolsa». La pronuncian profesionales retirados que hoy les toca ir a la compra. Pero estas conversaciones se producen a diario y en ellas se habla de muchas otras tareas y ocupaciones de las personas que han pasado a cobrar una pensión. Una remuneración por haber cotizado al erario público durante su vida laboral, generalmente considerada escasa y que es motivo de una larga polémica.
El placer de comer corre peligro. No nos dejan comer a gusto. El ruido que están haciendo los dietistas o nutricionistas (perjudicados muchas veces por intrusos sin título o exoteristas) apoyándose en informes contra la comida rápida, preelaborada, empaquetada o basura está contaminando la buena cocina. Decálogos dudosamente científicos y parciales, informes vegetarianos y un lenguaje ambiguo que iguala vegetarianismo con teorías negativistas invaden redes sociales y determinados medios de comunicación. Dicen que comemos peligrosamente. Y eso que vivimos en el segundo país con gentes más longevas del planeta. Abogo por continuar siendo climariano (no confundir con «climaterians», según nominación inglesa), es decir, por consumir productos de la tierra y alimentos naturales y cosechados con métodos no intensivos y estacionarios.
Eugenio Rodríguez es un pastor leonés que pastorea su rebaño de unas docenas de ovejas. Contaba hace años a la Cadena Ser, en la que colaboraba los fines de semana, que se las vio algunas veces con el lobo y su hijo se enfrentó en una ocasión con cinco ejemplares. Que él haya contado, siempre salió airoso. Y explica que le acompañan dos perras de raza carea o pastor leonés. «Ellas solas van guardando» el rebaño «sin tenerlas que decir nada?». Eugenio también tiene una pareja de mastines. «Hacemos un equipo inseparable».