Las comparaciones parecen menos odiosas cuando las utiliza un diplomático. O eso cree él. El exembajador israelí en España, Shlomo Ben-Ami, también exministro de Relaciones Exteriores, presentaba una comparación no válida en su artículo publicado en El País hace unos días titulado “Reaparece el antisemitismo”. El hoy vicepresidente del Toledo International Center for Peace se asombra de la repercusión mundial de la reciente masacre perpetrada por Israel sobre la población de Gaza para señalar luego que “A los israelíes les cuesta entender por qué cinco millones de refugiados y 200.000 muertos en Siria tienen mucha menos gravitación en la conciencia occidental que los 2.000 palestinos asesinados en Gaza”. Lo asombroso es que no haya magnificado los setenta muertos entre la población judía, la mayoría militares, frente a la inmensa mayoría de civiles de la encerrada franja palestina, con ataques a centros de refugiados de organismos internacionales ocupados casi al completo por niños y mujeres. Y no recuerde los millones de refugiados palestinos con la implantación del Estado de Israel. Además, olvida este diplomático que el régimen que gobierna Siria es una dictadura hereditaria y sanguinaria mientras él mismo presume de lo democrático que es Israel. Por último, y entre otras cosas, señala Ben-Ami que el conflicto israelí-palestino (es decir, entre dos pueblos semitas) es una guerra de imágenes. (?).