Una estirpe barrucana

Posibles explicaciones a la longevidad de los habitantes del pueblo Barro

Son dos hermanas en el día de hoy. Son las dos últimas de una generación, de una familia que puede hacer historia. Son Áurea y Mercedes Martínez-Cué. Áurea va a cumplir 103 años y tiene una vitalidad increíble. Mercedes cumple estos días 100 -así resaltados con números- pero se queja de que casi no puede andar. Son disculpas. Son el epígono de una prole que tuvieron Rosario y Ricardo, hace, claro, más de un siglo en una aldea de Llanes que hoy es un atractivo turístico: Barro. Ramón, Gloria, Rosario, Ángeles, Daniel, Elvira, Áurea y Mercedes fueron los hijos de aquella pareja que vivía en una población que no llegaba a los cien habitantes. La familia entera era un 20% del pueblo.

Pero la razón de este texto es resaltar que Áurea y Mercedes, a pesar de los guarismos de sus edades, no son una excepción en la familia. Bueno, tampoco en entre la población porque en ella abundaron también los nonagenarios. De los ocho hijos de Rosario y Ricardo cuatro superaron el siglo. Rosario (Charo) y Ángeles vivieron 106 años. Coronaron el centenar en bastante buena forma. Y en plenitud de sus facultades mentales.

Charo pasó sus últimos tiempos con escasa movilidad pero rebosante de humor. Al preguntarle un día si mantenía un régimen o sistema de vida que justificase su longevidad respondió con un guiño sorprendente: «tomo todos los días un vasito de sangría antes de comer». Nos recordó la historia de la persona que hasta el momento ostenta el récord del mundo registrado de supervivencia. Jeanne Calment, una francesa de Arlés, población en la que Vincent van Gogh pintó muchas de sus obras más conocidas, manifestó poco antes de cumplir 122 años que habitualmente tomaba cada tarde un vasito de pernod, el popular anisete galo.

Ángeles reconoció siempre ser una presumida y aunque al llegar a la centena fue perdiendo la vista paulatinamente, sus hijas dicen que a pesar de no verse reflejada en el espejo les exigía que la mantuviesen acicalada. Pionera respecto a la mayor industria que tiene hoy día Barro, el turismo, fundó con sus hijos (Manuel, María, Pura, Pepa y Charo) unos de los primeros campings de Asturias mientras su marido, Manuel Cué, continuaba con sus labores del campo.

En una reunión informal que celebraba un grupo de vecinos hace años se barajaron dos posibles explicaciones a la longevidad de los habitantes de Barro. Una de las versiones manejadas abogaba por la abundancia de encinas que existen en el contorno parroquial, unos árboles de larga vida que, según creencia popular, «contagian» a los vecinos. Otros achacan la longevidad al agua que bebían de una fuente que abastecía el pueblo y que fue clausurada en los años cincuenta del pasado siglo por la presunta contaminación que provocó una epidemia de fiebres tifoideas que hizo peligrar la salud de los barrucanos.

Y es que en Barro recientemente hubo más centenarias -Rita Gómez, por ejemplo, vivió 104 años-; hoy día hay varios nonagenarios y hasta veteranos veraneantes como Lydie Peyrachon, Mimí, que ha cumplido 105, viene desde el centro de Francia, respiran y tomaron los aires de Cadexana, como la llamó el poeta local Celso Amieva. Una curiosa marca digna de estudio. Mientras, el equilibrio entre generaciones no ha desnivelado la balanza y la pequeña aldea mantiene su centenar de residentes.

La cima de La Llera, con la que limita Barro, es considerada como un santuario prehistórico de longevos astures. Puede ser otra razón del fenómeno. Mercedes, que cumple ahora 100 años, y Áurea, que ya ha cumplido 102, llevan camino de superar a sus hermanas mayores. Su estado físico así lo anuncia. Larga y saludable vida a estas dos epígonas de la estirpe Martínez-Cué.

Publicado el martes 4 de julio de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/07/04/estirpe-barrucana/2130213.html

La suerte de «La máquina de escribir»

El breve historial de una trayectoria de cincuenta años de trabajo periodístico

La sintonía del espacio era precisa y hacia las diez de la mañana la música de «La máquina de escribir», de Leroy Anderson, nos anunciaba en la nueva emisora en Oviedo de Radio Nacional de España el repaso de los textos más interesantes que publicaba la prensa asturiana del día. Aquella jornada me asaltó la taquicardia al oír la lectura completa de un artículo que días antes había enviado a «La Voz de Asturias», titulado «La oración del siglo XX», nombre del espacio que se emitía cada mediodía. Comentaba en él cómo las emisoras de la radio estatal parecían adaptarse a los nuevos tiempos y empezaban a presentar los cambios que había establecido el Concilio Vaticano II casi dos años antes. Más o menos adaptar la disciplina eclesiástica a los nuevos tiempos, promover el desarrollo de la fe católica, la renovación moral de los cristianos y buscar la interrelación con los no católicos y con otras religiones, principalmente las orientales. Era innovador en una emisora oficial en tiempos del tardofranquismo. Estábamos a dos de mayo de 1967, martes, hace ahora cincuenta años.

Variopinto año musical aquel con el lanzamiento de «Sgt. Pepperts Lonely Hearts Club Band», de los Beatles; «Their Satanic Majesties Request», de Rolling Stones; el surgimiento de The Doors, Bee Gees, Pink Floyd, Genesis y el triunfo de Sandie Shaw («Puppet on a string»). Fue también el año de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez y «Los cachorros», de Mario Vargas Llosa, aunque la despedida de Azorín, de Edgar Neville, de Violeta Parra y del Che Guevara. En fin, de alegrías y penas como el primer trasplante de corazón o la guerra de los seis días. Pero fueron doce meses en los que comenzó mi suerte profesional.

Después de aquel primer texto (LA NUEVA ESPAÑA me había publicado ya una carta al director con el insólito colofón de una Nota de la Redacción para rebatir mi demanda) vinieron otros e ingresé en la Escuela Oficial de Periodismo, justo cuando nacían nuevas cabeceras periodísticas. Luego realicé prácticas de estudiante en «La Voz de Asturias», donde pasé un verano de playa en playa cubriendo el concurso de Castillos en la arena; en el diario «Madrid» cuando llegó el hombre a la Luna; en «La Voz de España» de San Sebastián donde mantuve una columna diaria de humor. Pero la suerte continuaba porque al regresar de un maravilloso viaje de fin de carrera me vinieron a buscar al mismo aeropuerto para trabajar en «Nuevo Diario».

Cuando cerró este diario -tres meses después de la muerte de Franco, un 23 de febrero, a pesar de que nos llamaban los Martín Ferrán (el director) Broadcasting por nuestra tecnología avanzada- y tras unos meses cobrando el paro, me llamaron del diario «El País» para ser el nuevo redactor de cierre. En él inauguré el primer News Service y formé parte del primer Comité de Redacción que elaboró un pionero Estatuto de la Redacción. Trabajé en él más de treinta años. La suerte seguía a mi lado ya que los diversos estamentos del periódico salieron en mi defensa cuando Paco Umbral escribió un denigrante texto acusándome erróneamente de haberle cortado un artículo y diciendo que era un ignorante que era capaz de destrozar unos «versos de Jorge Manrique». Tal fue la reacción de redacción y talleres que ese texto fue retirado y nunca se publicó. Y cuando me anunciaron mi salida del diario fundado por José Ortega y Jesús Polanco le envié un mensaje a José Manuel Vaquero, director general de Editorial Prensa Ibérica, para preguntarle si le podría enviar un artículo sobre un problema ecológico localizado en Asturias. Y Vaquero confirmó mi suerte. Me contestó al momento diciendo que le mandase ese texto y «todos los que quieras».

Bastantes han sido los sobresaltos habidos en estos cincuenta años de profesión, desde los últimos años de la dictadura, los arduos momentos periodísticos de la difícil Transición, hasta nuestros días. Son ahora otros tiempos, la labor informativa ha evolucionado mucho, pero el espíritu sigue siendo el de «La máquina de escribir».

Publicado el martes 30 de Mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/30/suerte-maquina-escribir/2112651.html

Millennials, la otra realidad

Los jóvenes que entraron en el siglo XXI siendo adolescentes son distintos

Marcelino Vaquero, «Campanal II», sigue asombrando a sus 86 años por sus hazañas deportivas. Áurea Martínez Cue, con 102, asombra por su actividad. Quizá sean excepciones que confirman la regla. Que no han tenido las urgencias de la vida moderna. Viven a un ritmo, para algunos, antiguo. Aunque están aún en tiempo de utilizar las nuevas tecnologías. Las de la inmediatez.

L@s millennials, como son conocid@s quienes cruzaron el milenio en la adolescencia, viven otro tipo de realidad. Lo quieren todo y lo quieren ya. Su ritmo es otro, las tecnologías lo hacen todo inminente. La calidad quizá se cambia por la rapidez. Los impresos languidecen porque cuesta tiempo hacerlos, no los tienes al momento. Y triunfan las redes sociales que propician las nuevas tecnologías. Imágenes, textos, documentos, música, pueden atravesar el mundo en unos instantes. Y expandirse como un virus. Se puede contemplar una concurrida calle de Nueva York en directo desde un rincón de los Picos de Europa o la selva congoleña. También una playa asturiana. Sólo se necesita una potente herramienta informática de los nuevos ingenios.

Filosofar sobre lo concreto de la situación del mundo actual en que vivimos puede ser poco práctico en un pequeño artículo de prensa. Porque surge una gran cantidad de preguntas que merece la pena estudiar en un mayor ámbito científico, en una convención de pensadores, en una conferencia de ejecutivos, economistas, políticos, filósofos, sindicalistas, estrategas, poetas, periodistas, químicos, biólogos, artistas? un Arca de Noé de muy notorios miembros de distintos campos de la intelectualidad y la ciencia. Personas que vean los problemas y avances de cada día y vislumbren y calibren el progreso de nuestra civilización. Que imaginen, contando con sus conocimientos, no sólo el futuro inmediato, sino a más lejano plazo. La velocidad actual de la vida lo reclama. Porque seguimos sin saber por qué envejecemos.

La aceleración tecnológica nos lleva a esa inmediatez que mueve hoy al mundo, a la comodidad vital, a la apetencia por el avance. Gracias a ella logramos descubrir hoy los entresijos de la corrupción, el misterio de la vida o la actividad del Universo. Pero recientemente acusamos también la fragilidad de nuestra situación. Un gran y espectacular ciberataque -aunque ha habido ya otros muchos menos llamativos y publicitados- ha puesto de relieve los graves peligros y la debilidad de este mundo ciberinmediático. El riesgo de una velocidad de avance con aún escasas medidas de prevención de fallos, ataques, previsión de adversidades. De casos que causen una catástrofe técnica y vital retroceso humano. Una nueva desaparición de los dinosaurios.

Por otra parte, y aunque sean considerados aún daños colaterales, la aplicación de esa nueva ciencia empieza a generalizar el auge del individualismo y la disminución de las relaciones personales, retraimiento del lenguaje, crecimiento del despilfarro y la falta de restauración y reparación de utensilios aprovechables. Y de momento un gran paro. Llama la atención la soledad de muchas personas concentradas en un gran recinto enfrascadas en la manipulación de smartphones -han aparecido curiosos carteles en centros de ocio con un «aquí no tenemos wifi, hablen entre ustedes»-, amigos jugando cada uno con su ciberteléfono sin integrarse en el grupo. L@s millennials han crecido fotografiando cada plato, cada documento, cada sitio -ya no toman notas-, lo pasan a la red, compran todo sin horario por internet y reciben el producto en horas. Las redes dictan el valor de los negocios y los no millennials deben adaptarse a su ritmo.

Pero ese ritmo de inminencia puede ocultar calidad, ética, dignidad, conductas que difieren de las cualidades humanas y la solidaridad que lucha contra desigualdades y diferencias.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 22 de mayo de 2017

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/22/millennials-realidad/2108461.html

 

La noche perdida o más bien ganada

José Yoldi novela la actualidad desde su experiencia periodística con suspense

Tiempos estos de sentencias polémicas en que resoluciones judiciales parecen sentar desorientación en la gente. Cierto es que hoy día se habla de dos campos de la Justicia, el de los tribunales propiamente y el de las redes sociales y ciertos programas de medios de comunicación, principalmente audiovisuales. El primero es lentísimo, pero es el único legal y democrático. En el segundo, sin ninguna cobertura jurídica y aleatorio, intervienen intereses particulares y hasta «trolls» que dan su opinión amparándose en el anonimato. En esas estamos cuando sale de imprenta una novela que entra en este terreno judicial y lo descifra: . Intentaré explicarme.

Tiempos estos de sentencias polémicas en que resoluciones judiciales parecen sentar desorientación en la gente. Cierto es que hoy día se habla de dos campos de la Justicia, el de los tribunales propiamente y el de las redes sociales y ciertos programas de medios de comunicación, principalmente audiovisuales. El primero es lentísimo, pero es el único legal y democrático. En el segundo, sin ninguna cobertura jurídica y aleatorio, intervienen intereses particulares y hasta «trolls» que dan su opinión amparándose en el anonimato. En esas estamos cuando sale de imprenta una novela que entra en este terreno judicial y lo descifra: La noche perdida. Intentaré explicarme.

Paz y Txetxo van de la mano. Ella joven e inquieta, el maduro y travieso. Paz es la álter ego de papel de Txetxo. Paz Guerra es la protagonista, como en la anterior, de esta segunda incursión en la novela de José Yoldi, o sea, Txetxo. El autor les dice a sus amigos que saben a quién representa la heroína de sus aventuras, pero no, en realidad es él en femenino.

Yoldi ya demostró destreza narrativa en Peor habría sido tener que trabajar, racimo de curiosas y divertidas anécdotas profesionales en las que participó en su trayectoria como periodista. Especializado en temas jurídicos y terrorismo, este donostiarra protagonizó numerosas situaciones dignas de contar a sus nietos pero que él resumió en un libro para solaz de lectores con sentido del humor. Publicó también El último recurso en el que cabían significativos artículos publicados en las páginas de «El País», donde trabajó casi tres décadas. Aunque quizá la situación más chocante que ha vivido profesionalmente fue la de ser despedido de su trabajo meses antes de recibir el galardón Víctor de la Serna, que la Asociación de la Prensa de Madrid otorga al periodista más destacado del año.

Tanto en La noche perdida como en su primera novela, El enigma Kungsholm, las historias giran en torno a la judicatura, el periodismo y la policía. En ambas Yoldi relata en capítulos cortos y ágiles intrigas unos sucesos que atraen al lector, escritos con estilo periodístico, lo que le anima a seguir leyendo y leyendo. En la presentación de la obra, en la que el autor estaba escoltado por dos jueces, alguien recomendó ponerse cómodo a la hora de comenzar su lectura porque era un libro para leer de un tirón. La soltura del relato, puro traslado de la viveza real del autor, empuja a seguir leyendo sin parar.

El otro atractivo del suspense y misterio que refleja el libro puede estar en la actualidad, ya que llega a las librerías en tiempos de polémicas sentencias, además del uso de un lenguaje vivo de los personajes que hace comprensibles las expresiones técnicas de la jerga jurídica. Para algún presunto lector -por utilizar términos habituales en el lenguaje leguleyo- la trama que describe el relato puede recordarle más de un caso real ocurrido en nuestro entorno, reseñado en gran parte por los medios de comunicación. Pero la novela no acaba con el final del enredo central del relato pues Yoldi ayuda al lector a comprender las zonas quizá más oscuras de los dictámenes de los tribunales, las doctrinas finales de muchos veredictos.

El relato desborda el tema policial y judicial y muestra muchos rincones del humor y la ironía que sacan al lenguaje de tecnicismos y términos jurídicos. Por eso, y como señalaba el editor, es fácil de leer y engancha y habrá quien lo pueda leer de un tirón. Tal parece que el mismo Txetxo Yoldi te está contando su aventura matinal en la Audiencia. Pienso que con la narración que nos hace en sus páginas la noche no está tan perdida.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el jueves 20 de abril de 2017 en el Suplemento CULTURA

http://suscriptor.lne.es/suscriptor/cultura/2017/04/20/noche-perdida-o-ganada/2091232.html

 

La carrera de las verdinas

La exquisitez de esa fabina verde, alargada, plana y pequeña que antes sólo se encontraba en comercios especializados y ahora da el salto al mercado global

Esa fabina verde, alargada, plana y pequeña conocida por verdina está dando el salto al mercado global. De forma discreta y casi repentina apareció hace unos meses en muchos mercados madrileños. Si hasta hace poco solamente se la encontraba en comercios especializados hoy la ofrecen en los puestos de mercados municipales, en supermercados generalistas y hasta en mercados ambulantes. Tienen un precio aún selectivo pero si su expansión sigue adelante y penetra en las cocinas y restaurantes se hará más asequible. Su exquisitez lo merece.

En un principio su presentación en escaparates y muchos mostradores alegraba el semblante de quienes conocían su bondad. «¡Mira, verdinas de Llanes!», exclamaba mucha gente al verlas en el mercado. «Son verdinas, ¿verdad?», preguntaban incrédulas/os muchas/os compradoras/es. Y la/el tendera/o se aprestaba a explicar lo suaves y sabrosas que eran, cómo se preparaban y hasta sus magníficas y saludables cualidades. Personalmente he oído por la calle, en el ascensor, en la sala de espera de una consulta hablar de las verdinas, de su cocinado y hasta del marisco que mejor les va. ¡Una mareína!

Madrid, caserón manchego para unos, crisol de costumbres para otros y absorbente consumidor de todas las culturas, parece que inicia camino hacia el condumio de un manjar hasta ahora desconocido para la mayoría de sus comensales. Digamos que solamente era saboreado por los madrileños que se acercaban a alguna comarca asturiana donde se cultivaba esta pequeña alubia verde y quizá un poco especial. También a algunos restaurantes con cocina astur del centro histórico madrileño. Y por supuesto, a la zona oriental del Principado donde forma parte de menús y cartas de toda casa de comidas. Claro que creo que es necesario estudiar la situación ante la gran aparición de la nueva legumbre en los mercados capitalinos porque la ciudad devora cualquier novedad que se le presente.

La cosecha llanisca, por ejemplo, ¿da para tanto? Ni por asomo. El valle llanisco de Ardisana, principal lugar de cultivo al que llegaron las verdinas de Francia -según parece traídas por los descendientes del pionero conde de la Vega del Sella- quizá tiene un clima propicio para su cultivo, bastante húmedo, pero solo 25 kilómetros cuadrados de superficie y menos de 400 habitantes. Se cultivan también en menor cantidad en otras zonas del Principado, aunque en las jornadas dedicadas a su degustación en Llanes los comensales no alcanzaron el millar en 2016.

La verdina se cultiva también en Galicia. Comarcas de Pontevedra y la coruñesa de Bergantiños, entre la capital y la Costa da Morte, la tienen en sus huertas, aunque su producción tampoco es elevada. El concello de Ponteceso es su mayor productor. Es un territorio llano y puede extender su labranza para conseguir mayor rendimiento. Creo que el área asturiana de plantación también puede crecer y aumentar su productividad. Ahí está el ejemplo del cercano y reducido concejo de Cabrales que el pasado año logró aumentar la elaboración y venta de su emblemático queso un 16%, informaba LA NUEVA ESPAÑA, y ha «multiplicado por cinco su producción en los últimos 30 años».

La oleada de la verdina asturiana en Madrid ha de ser lenta ante la escasa extensión de su cultivo. También tiene que bregar con la popularidad de su hermana mayor, la faba de la fabada, el pote de berzas (éstas hoy día reivindicadas saludablemente por científicos estudios gastronómicos) y el viral cachopo, que en esta época invernal es impresionante. Aunque en verano, la verdina, menos contundente, les puede hacer sombra. Lo que se impone ahora es competir con la «faba do marisco» que tiene sus partidarios en Galicia. En fin, comienza la carrera de las verdinas.

Publicado el miércoles 22 de febrero de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/02/22/carrera-verdinas/2061688.html

 

 

La OCAS que nos muestra por el mundo

Una orquesta que lleva Asturias a todas partes con su espontaneidad

Un tambor, una guitarra, una tiorba dan inicio a sus actuaciones espontáneas. Que suelen ser espectáculos que contagian alegría, ganas de vivir. Hablo de la Orquesta de Cámara de Siero. Un grupo de gente que empieza a frecuentar las páginas de los periódicos no solo por su música sino también por sus comportamientos e intervenciones solidarios. Su proyecto «Vínculos» corre por las redes sociales sembrando admiración.

Esta treintena de jóvenes que realiza conciertos fuera de los auditorios y palacios y que se hace popular por su acrónimo (Orquesta de Cámara de Siero, OCAS) va llevando el nombre de Asturias por el mundo. Comenzó su fama en las redes cuando, con ocasión de un viaje a las islas griegas, regresaban a España y montaron un flashmob en el aeropuerto cretense de Heraklion. La gente que se aburre en las salas de espera de todo aeropuerto parece que acogió la interpretación espontánea de «Zorba el griego», la famosa canción del maestro Mikis Theodorakis, con sorpresa admirativa y el vídeo de aquella actuación se hizo viral. Recibió medio millón de visualizaciones en Youtube.

Pero ese creo que fue el comienzo. La orquesta sierense sigue su periplo solidario por el mundo y hace unos días LA NUEVA ESPAÑA destacaba la noticia de que otra de sus actuaciones espontáneas alcanzaba récords en las redes: «Un flashmob de la Orquesta de Cámara de Siero (OCAS) grabado en el Aeropuerto Internacional de las Américas (República Dominicana) ha superado, en apenas 24 horas, los dos millones de visualizaciones vía internet», señalaba el diario. La/os jóvenes música/os con sede en la Pola habían interpretado una canción de Juan Luis Guerra, el popular cantautor dominicano, «La Bilirrubina», y este, tiempo después, al enterarse de la grabación la lanzó en su web lo que expandió la actuación de los de Siero por el globo virtual. Regresaba esta alegre chavalería de una gira solidaria por el país caribeño, dentro de su programa «Vínculos».

Y es que para la OCAS los aeropuertos, las plazas públicas y centros comerciales o populares eventos feriales de todo tipo son y han sido escenario de sus actuaciones. Ha hecho conciertos en África, Europa, en América. En un viaje a Nicaragua, tras sus 43 conciertos programados en tres semanas, dice su director, Manuel Paz, se fueron a tocar al basurero de La Chureca, en Managua, donde vivieron «uno de los momentos más impresionantes». Realizaron también 23 conciertos la pasada Navidad en Establecimiento Residenciales de Asturias.

Ahora están preparando el programa de sus actuaciones para este año y las más próximas son seis conciertos didácticos en marzo en Oviedo. Pero no tienen completada su temporada. La mayor parte de la misma suele concretarse en el verano. Supongo que su calendario dependerá principalmente de la disponibilidad de sus componentes, de sus músicos. Y supongo que la financiación de sus giras dependerá de las aportaciones de sus patrocinadores. Pues bien, desde estas líneas, escritas por un entusiasta de los flashmob, les propongo a los responsables del turismo del Principado un intercambio de favores: las consejerías implicadas en la promoción del turismo, las encargadas de atraer y promover la llegada de visitantes a nuestra región, aportarían una partida presupuestaria a la orquesta y ésta, en sus funciones espontáneas, repartirían folletos invitando a visitar el Paraíso Natural. Igualmente podrían interpretar el atractivo himno de Asturias igual que cantan «Oh sole mio», «Zorba», el «Bolero» de Ravel o una pieza de Beethoven. Aprovecharían así, diría Manuel Paz, «el poder de la música y su capacidad de comunicación». Porque, si te inyectan ese «suero de colores» para la bilirrubina, que canta Juan Luis Guerra, te invadirá «un amor que contamina».

Publicado el lunes 6 de febrero de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/02/06/ocas-muestra-mundo/2053215.html

 

Lo que el Feve se llevó

Los problemas ferroviarios de la orográficamente accidentada Asturias
El tren salió de Atocha, en San Sebastián, en su hora y haciendo el recorrido con su velocidad y paradas habituales. Pero al iniciar la cuesta de Orio fue perdiendo velocidad hasta detenerse en plena rampa. Tras un minuto parado comenzó a retroceder hasta volver al llano. Javier Aguirresarobe, periodista y cineasta, y este firmante viajábamos hasta Éibar, su localidad natal, para celebrar el final de nuestras prácticas veraniegas en un diario donostiarra. Era el primero de octubre de 1970. Es decir, hace cerca de cincuenta años. Extrañados por el comportamiento del convoy preguntamos a otros pasajeros cuál era la razón de la marcha atrás. «La máquina no tiene fuerza para subir la cuesta y ha retrocedido para coger carrerilla», contestaron otros viajeros.

Ir de La Felguera a Gijón, unos 35 kilómetros, era una aventura de más de una hora viajando en tren. Digamos que a mitad de recorrido se encontraba el plano de San Pedro, con un 12% de pendiente y más de 90 metros de desnivel, que las locomotoras no podían superar tirando de los vagones. Lo eludía mediante una polea clásica: tenía doble vía y los vagones cargados de carbón bajaban mientras hacían subir los vacíos o menos pesados de viajeros. El sistema duró hasta 1963. El ferrocarril, inaugurado por la reina María Cristina en 1852, era un emblema de ingeniería pero también una joya «prehistórica». La carretera Carbonera, que enlazaba Langreo, San Martín del Rey Aurelio y Laviana con Gijón también lo era y recorrerla mareante.

Recorrer un centenar de kilómetros para viajar de Oviedo o desde los valles mineros hasta Llanes o Luarca, por ejemplo, en trenes de Económicos de Asturias o del Vasco-Asturiano era echar el día, llenarse de carbonilla, ir en compañía de animales de corral embutidos en cestas que iban al mercado y parar en apeaderos donde nunca pisarías. Cuatro horas de trayecto en los que los críos nos desesperábamos de aburrimiento y los mayores dormitaban o gritaban para entenderse ante el tracatrá del tren.

Parecen tiempos superados, olvidados salvo por los «carrozas» que hace tiempo peinamos canas. Pero no. Los problemas ferroviarios de la orográficamente accidentada Asturias siguen sin resolver. Gobierne quien gobierne no alcanza el aprobado sino el suspenso más absoluto. Viajar por los ferrocarriles asturianos es un castigo. Recorrer el trayecto Oviedo-Llanes, de unos 110 kilómetros, representa hoy dos horas de lento y sinuoso desplazamiento por vías que recuerdan la subida a Orio o el plano de La Florida-San Pedro de hace 50 años.

Al mismo tiempo soportamos los clamorosos retrasos-abandonos-desidias de un AVE que ya no se recuerda cuando se comenzó a construir para que llegase al Principado. Un AVE que lleva invertidos en su construcción casi cuatro mil millones de euros y, como el cuento de la buena pipa, nunca se acaba. Y no olvidemos el eterno alzado de la autovía del Cantábrico, un cuarto de siglo. Pero eso no es todo. La provincia con mayor trazado de líneas de ferrocarril, con una impresionante red de cercanías, se muere por el abandono de la Administración. Si hace ocho años la web de Feve se ufanaba anunciando la modernización de la red -«La apuesta de Feve por la calidad y la seguridad queda patente en las inversiones que efectúa la empresa?» en Asturias-, hoy la red ferroviaria asturiana se muere. Un reciente titular de LA NUEVA ESPAÑA definía la situación en esta pluviosa tierra: «Feve, en estado terminal: la lluvia deja sin trenes la línea de Gijón a El Berrón». Mientras en el país de la Mercedes, BMW, Audi los cercanías son el más popular sistema de transporte y Holanda se mueve en trenes con energía eólica, aquí sufrimos su agonía, digna de una cinta de suspense.

José Antonio Quirós, gran documentalista cinematográfico, director asturiano de esa curiosa película de un viaje, «Pídele cuentas al rey», y Javier Aguirresarobe, cargado de goyas, director de fotografía con los mejores directores del cine español y mundial, con casa en Asturias, quien también iluminó otra película de un tenebroso viaje, «The Road», ahora inmerso en la superproducción «Thor», de la saga de Marvel, filme de la marca Walt Disney, hoy podrían rodar el negro final del tren, algo como «Pánico en el túnel», previsible como «Al filo de lo imposible» o premonitorio con nuestros cercanías: «Lo que el Feve se llevó».

Artículo publicado el sábado 28 de enero de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/01/28/feve-llevo/2048434.html

 

Un Ángel que da de cenar

Restaurantes que con los beneficios del día ofrecen por la noche menús a desfavorecidos, la última iniciativa del presidente de Mensajeros de la Paz

El mierense Ángel García es dios. Si dios está en todas partes, el padre Ángel es dios. El cura de la corbata roja no para. Es la imagen más real, la representación viviente de las ONG, la suya una de las más universales de las organizaciones más sensibles a los percances humanos. Mensajeros de la Paz y su presidente aparecen casi inmediatamente en cualquier punto del Planeta donde se produzca una catástrofe, son omnipresentes en toda urgencia humanitaria, en cualquier sitio donde las personas sufran injusticias, persecución, violencia.

Ahora el Ángel de La Rebollada, Mieres, que dentro de unas semanas cumplirá 80 años, abre los Robin Hood, restaurantes solidarios. Uno en el centro de Madrid. Otro con hotel en Llanera. Pronto algunos más por la geografía española. Lo hace con chefs interesantes que se han ofrecido a colaborar con este cura de la sonrisa permanente. El madrileño es un pequeño local como otros muchos de ese centro neurálgico e histórico de la capital que tiene célebres gastrónomos por sus lares. Durante el día es un restaurante de pago para quien quiera degustar buenos menús. Algunos propuestos por cocineros de prestigio que ya sirven esos platos en sus establecimientos. Por la noche ofrece cenas a los que no pueden pagar a mediodía ni cenar en su casa porque no tienen pasta para comer un simple plato de pasta, quizá la comida universal más barata. Gratuitamente podrán degustar platos similares, selectos, menús que nunca habrían probado o hace tiempo que no tenían posibilidad de hacerlo.

Hay más voluntarios entre los profesionales del gremio para abrir nuevos restaurantes y hasta donantes como los del hotel de Llanera. En los que los beneficios de la mañana se invertirán en las cenas de los desheredados. Y es que son muchas las personas que acuden cada día, por ejemplo, a la madrileña iglesia de San Antón, de la que es párroco este cura de la cuenca del Caudal, para recibir un bocadillo o una sopa caliente.

El nombre del restaurante alude a la célebre leyenda inglesa de Robin de Locksley, según el manuscrito «Sloane» existente en el Museo Británico y que contiene un escrito anónimo que relata la vida de Robin Hood. Pero si el héroe inglés, cuentan las narraciones míticas alrededor del personaje, robaba a los ricos para dárselo a los pobres, el del padre Ángel no. Sin robos a los ricos, sin flechas ni Sherwood, con solidaridad, como indica su epígrafe de Mensajeros de la Paz. Lo que gana por el día lo invierte en la noche. De los otros posibles establecimientos que parece animado a abrir no ha trascendido nombre alguno, aunque seguro que tendrá una denominación solidaria. Un título que signifique compartir, insiste su promotor.

Esta es la última idea de una persona que inventa a diario iniciativas para luchar contra las desigualdades, las injusticias, las catástrofes, las furias de la Naturaleza, la violencia de las guerras y persecuciones. La última acción -bueno siempre se dice la «penúltima»- de un misionero que predica con el ejemplo por todo el mundo, que trata con papas, reyes, presidentes, magnates, famosos, artistas, «celebritis», ricos y todos aquellos que puedan hacer algo por los sufridores de cualquier parte del Planeta. Que busca ayuda de derechas, de izquierdas, de centro, de norte y de sur, de políticos, religiosos, de todo estamento.

Pasó la Navidad, tiempo en el que nos sentimos solidarios. Por tanto, tiempo de solidarizarnos con sus proyectos, con contribuciones para ayudar a los desheredados de la Tierra. Tiempo de contribuir a desarrollar su obra. Como santa Teresa, él ahora anda igualmente entre pucheros. Es hora de cooperar con el cura de la corbata roja y -con el frío, de la bufanda roja-. Él dice, siempre sonriendo, que no es un santo. Claro, es un Ángel.

P.D.: Fabada y ragú, postre y bebida por 11 euros. Un ejemplo barato de ser solidario. Recomiendo reservar en el 914258841.

Publicado el jueves 12 de enero de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/01/12/angel-da-cenar/2040387.html

Caleao

Aplauso a la idea de atraer a teletrabajadores como pastores a tiempo parcial

Disfruté bastante en Caleao cuando era poco más que un guaje. Un verano de hace ya unas cuantas décadas estuve unos días allí, en un campamento que organizaba una parroquia avilesina. Creo que era del barrio de Llaranes. Estaba a la orilla del río y en él lo pasamos muy bien un centenar de chavales de entre diez y quince años. Al menos ese es mi recuerdo. Iba de subjefe de la expedición un primo mayor y al enterarse de que había una plaza vacante solicitó a la parroquia cubrirla conmigo, aunque yo vivía en La Felguera, lejos de la feligresía de Avilés. La expedición fue una aventura desde el principio ya que viajamos hasta el campamento en la plataforma descubierta superior de un viejo autobús que hacía el recorrido entre árboles, montes y el río.

Recuerdo los días en aquella majada montañera, en una docena de elementales tiendas de campaña, al lado de un Nalón recién nacido, con excursiones por senderos entre bosques y con noches de fuegos y canciones solidarios. Y tardes de baño en las frías aguas de manantial y de rudimentaria pesca de truchas con el único aparejo de un tenedor. Naturaleza pura.

Caleao puede haber cambiado, crecido, haber alterado la tranquilidad de una aldea rural de mediados del siglo XX. Quizá tenga poco que ver con el Caleao de aquellos días de acampada que disfrutamos un centenar de muchachos. Pero supongo que sigue siendo el pueblo tranquilo que desea tener vida y progreso, dar aliento a unos vecinos en estos tiempos de abandono de los núcleos rurales. Leo en LA NUEVA ESPAÑA que «Caleao busca atraer a teletrabajadores que hagan de pastores a tiempo parcial». La iniciativa, que lleva bastante tiempo en estudio por parte de expertos y paisanos de la localidad del concejo de Caso, intenta que montes de este entorno rural pasen a formar parte de una red de pueblos de diversas comunidades que mantienen reservas de antiguos herbívoros salvajes autóctonos y en cuya gestión participasen jóvenes locales y trabajadores a distancia.

«La idea es captar población y favorecer el desarrollo del tejido económico rural», señalaba el naturalista Benigno Varillas, el promotor, quien añadía que la modalidad ya funciona en el sevillano Aznalcázar, el cacereño Piornal y en San Cebrián de Mudá, en Palencia, donde existen reservas de antiguos animales que poblaron España y que hoy están en peligro de extinción. Hablamos del bisonte europeo, del uro, la vaca sayaguesa de Zamora, de caballos de razas como el tarpán, el pottoka, el asturcón o el przenwalski. Y hablamos de las atractivas reservas que se van creando en esas localidades y otras como Malpartida de Plasencia, en el Parque Natural de Monfragüe, en los campos aledaños a las investigaciones de Atapuerca, en Burgos, etc.

Benigno Varillas, cuya labor de divulgador naturalista ha recibido tan notables galardones como el Nacional de Medio Ambiente, del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (1989), el Ford a la Conservación (1996), el FONDENA otorgado por el Rey de España (2007), el BBVA a la Difusión del Conocimiento y Sensibilización en Conservación de la Biodiversidad (2007), todos de reconocido prestigio internacional, es el principal motor de esta reserva del bisonte europeo en Caleao. «Es un modelo que está funcionando en otras partes del mundo», dice Varillas, para quien el proyecto permitirá crear «comunidad y tejido social» y enriquecer el clúster turístico de Redes, el queso Casín, la pesca y la artesanía maderera. Asturiano del Mes, otorgado por este diario en noviembre de 2007, este periodista nacido en Tudela-Veguín ha convivido con los massai en Tanzania, con indígenas namibios, organizado reservas naturales en varias comunidades y dirigido cursos y publicaciones especializados en conducta y naturaleza de numerosas especies animales. Éxito asegurado.

Publicado el viernes 2 de noviembre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/12/02/caleao/2022356.html

Apetece, que no es poco

Quesos, legumbres, caza y pesca asturianos lucen en los manteles madrileños
 Asturias vuelve a reinar en Madrid. Llega el otoño que es una de las estaciones con mayor raigambre gastronómica. Es época de cosecha, época de caza, época del puchero con la paulatina entrada del frío. Y por tanto, uno de los momentos culinarios con más prosapia, como dirían en las historietas de Carpanta. Y la cocina astur, cada vez con mayor presencia en la capital, muestra sus cartas, sus comodines. Nuestras sopas, legumbres, caza y pesca -además de los muchos, de los sabrosos quesos-, lucen estos días en los manteles madrileños.

De las presentaciones de esos quesos a los menús del Desarme y de la caza, los restaurantes del antiguo «poblachón manchego» se llenan de comensales ávidos de buenos platos, contundentes pero suculentos y reconfortantes. Y, mientras en el Principado se suceden las ferias y certámenes de la huerta, la matanza y los curados lácteos, en Madrid sobrevienen las jornadas gastronómicas y los menús con especialidades del norte de la Cordillera Cantábrica. Es decir -y es un ejemplo-, si días pasados el restaurante Couzapín presentó a la clientela, rodeada de cámaras, el Cabrales de los 11.000 euros ganador del certamen de este año, en las próximas jornadas La Fueya, de Paco Rodríguez, aficionado a invitar con el primer salmón de la temporada, conmemorará el enésimo aniversario del Desarme con su menú clásico. Y, a medida que se vayan celebrando las ferias otoñales en Asturias, con los «alimentos del paraíso», los dos centenares de refectorios asturianos ubicados en la comunidad madrileña trasladarán esas recetas a sus mesas y las pitanzas olerán a potes, mariscos, pumaradas y postres al estilo somedano, casín, luarqués, llanisco, sellero o cualquier fogón entre Eo y Cares y a riberas de Nalón, Navia o Cabo Peñas.

Se pueblan ahora montes y veredas de cazadores del jabalí, de buscadores de setas, los llares de matanza, las paneras de maíz, frutas y verduras para secar o conservar. Entran los meses con R propicios para el marisco (ahora sin oricios, por abusones) y pescados de aguas frías. Todo parece preparado para la buena mesa y aunque en Madrid la costumbre del chigre o la taberna vespertina no es mayoritaria, sí lo es la buena pitanza, el piscolabis exquisito, una primorosa tapa o las jornadas de productos de temporada que llenan los comedores de tantos bares y restaurantes: hay uno de éstos por cada 211 madrileños.

Y la manduca astur se va extendiendo por la villa matritense en una carrera imparable, de una manera un poco sorprendente. Si hasta hace unos lustros la concentración de fogones astures se limitaba a dos o tres concretos barrios, hoy «comer en asturiano» se puede hacer en la mayor parte del área urbana. Desde Vallecas, uno de los distritos castizos de la «madrileñidad», al «Manhattan» de la Castellana o al creciente ferial noreste, sin olvidar los Austrias, el Mediodía y sobre todo el Retiro. Más la Comunidad. En todos ellos cuecen fabes.

El boca a boca hace lucir a la cocina astur, la antigua y la nueva, la clásica y la sencilla de temporada. Además de las fabadas de compangu o con mariscos, de las carnes gobernadas y los postres festivos asturianos, los restaurantes con fogón astur se distinguen por los grandes pescados frescos, la «alegría de la huerta», los frutos del beneficioso otoño que entusiasma a Joaquín Araujo, mostrados en afluencias como Agropec porque, parodiando a los Ciges y Resines, «apetece, que no es poco».

Publicado el martes 11 de octubre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA (Publicado con retraso por problemas técnicos)

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/10/11/apetece/1996191.html