«Putoflipo con mi crush» (recopilado 2019)

El nuevo lenguaje con el que se mueven los centennials (Recopilación Septiembre)
"Putoflipo con mi crush"Las muletillas del lenguaje, en muchos casos, llegan al diccionario de la Academia. Normalmente son objeto de polémica. Algunas son flor de un día porque el huracán de una moda amaina por su esencia misma de pasajera. La implantación de una palabra, un vocablo, una acepción antes era lenta y solamente entraba a formar parte de las páginas del libro recopilatorio académico cuando ya llevaba mucho tiempo en boca del personal. La globalización y el tránsito de migrantes aceleraron las incorporaciones en los últimos años. La extensión del idioma de Cervantes por el mundo de los negocios, las artes, los viajes, ha contribuido a popularizar muchas innovaciones.

Claro que esa velocidad actual en el empleo de nuevas expresiones ya es tal que empieza a separar a generaciones contiguas. De padres a hijos, de maestros a alumnos, de primogénitos a benjamines. Porque «crack», «cunde», «boquerón», «loco», «mórtimer»… ya no son lo que eran. También varía la construcción de frases, abundando los apócopes y los acrónimos. La tendencia es hablar menos, chatear y ahorrar en signos, en gastos, en todo. Expresión de los tiempos. En otros hubo la moda derivada del lenguaje carcelario/cuartelero/legionario y abundó cierta literatura con su uso. Ahora el chateo lleva a otros modos, simplificando, nacionalizando y localizando extranjerismos en muchos casos de nueva tecnología. Además influye también la falta de vocabulario del hablante y, según algunos estudios, el gregarismo o manifestación de pertenencia a grupo, clan, moda obliga a un uso particular.

«Cunde poga. En plan, Ros es mi crush.¡De una!». Lo que viene a significar que «Ros (Rosa, Rosendo, Rozalén?) me encanta». Cunde poga es «me gusta mucho» y crush viene a ser «flechazo». El resto de la frase son muletillas como antes se repetía vale, tío, la verdad? Normalmente los nuevos términos son una especie de calificativos para señalar predilección o desafección, a favor o en contra. Y muchos cambian de significado, a veces a todo lo contrario. «Un huevo» ahora es lo contrario a lo que representaba antes. Si un crack era el mejor en su categoría hoy puede ser un pringado, un matado, un parguela, el que no llega. Y pimpín es, según el tono o sesgo de la conversación, el/la bocazas, enterado/a, corto/a, desgraciado/a, para un/a centennials. Igual ocurre con rayar o rayarse, que dependiendo de la frase puede apuntar a enojo o trastorno. Y así tocho es ahora grandioso cuando antes era un ladrillo.

Aunque lo más común en el lenguaje de los nacidos este siglo es un prefijo que antes era peyorativo y ahora encabeza muchas palabras, las enfatiza: «Putoflipo», «Me putoatrae», «Me putoasquea». Marca así la diferencia con millennials, vejestorios y demás generaciones. En tiempos hubo un juego infantil que consistía en poner una sílaba pegada delante de cada palabra para que no te entendiesen «los otros». También funciona ahora la concentración, ya sea por apócopes, acrónimos o siglas. Malro o buenro se emplean como mal rollo o buen rollo; LMAO es el acrónimo de «laughing my ass off» que correspondería a «me parto el culo»; random sería presuntamente un anglicismo para ahorrar términos como accidental, aleatorio, casual, fortuito, extraño y algún otro vocablo; en fin, el lenguaje centennials se va llenando de palabras nuevas y si los millennials, vejestorios y demás no nos actualizamos a menudo nos quedaremos a dos velas. Si no los conoce ya, entreténgase buscando expresiones como shippear, carpetear, lol, to, parejas goals, stalkear, hater, troll, jai, jari, holi, miérder, pro, popu, pos, rata y un largo etcétera. Porque si no le dará cringe. Utilice «en plan» al comenzar cada intervención porque si no se le notarán las «carencias», muéstrese como un «tiburón» (masculino y femenino) porque sino le considerarán un «crack»… Y así veinticuatro siete.

Publicado el sábado 21 de septiembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA y diarios de la EPI

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/09/21/putoflipo-crush/2532597.html

Gamonéu, una reivindicación (recopilado 2019)

Un magnífico queso azul y suave, reconocido entre los gourmets pero difícil de encontrar fuera del Principado de Asturias (Recopilación Septiembre)
Pepe era el capitán de los asturianos. Trotamundos y enviado especial a cualquier zona en conflicto, Pepe Comas regresaba a la redacción e invitaba siempre a queso. Claro que cuando llegaba de Cangas la invitación era a gamonéu. Compañeros de redacción preguntaban a menudo cuál era, qué clase de queso era aquella delicia que estábamos saboreando. “El mejor del mundo”, señalábamos alguno de los asturianos. Y Pepe lo “exportaba” por sus ocasionales o fijas corresponsalías.

“El cabrales no hace falta ofrecerlo, se vende solo”. Eso se les oye a los vendedores de quesos asturianos. “El gamonéu hay que ofrecerlo”. Para quienes visitan Asturias y quieren llevar una buena evocación gastronómica a la vuelta han de anunciarles el queso de los concejos de Onís. Es necesario señalarles que es mantecoso, más suave, quizá menos azul… pero deja un buen recuerdo en el paladar. Pienso que esto se puede corregir. Es un producto con Denominación de Origen y debe ser potenciado por el Principado.

El hecho de ser Asturias la mayor mancha quesera de Europa no se ha de quedar en una frase publicitaria, en una propaganda en sí; ha de ser algo más, un acicate para trabajar un sector industrial sin más. Si se subvenciona a la implantación de foráneas industrias metalúrgica, eléctrica, de la construcción, manufacturera y de las nuevas tecnologías, en muchos casos con un futuro incierto o con un futuro corto –como demuestran los continuos cierres de los últimos tiempos–, con mayor fuerza se ha de hacer con nuestra industria autóctona, con prestigio fuera de nuestras fronteras, que ponen nuestros (perdón por la apropiación) productos “en el mapa”.

No me refiero solamente a ayuda económica. La aportación pública puede ser para la creación de nuevas queserías, aumento de la ganadería, medidas de seguridad para ésta, incremento de la mano de obra y más tecnología especializada, apertura de mercados, publicidad y a cualquiera de las diferentes necesidades del sector.

La industria quesera sufre una serie de limitaciones que son difíciles de superar sin ayudas institucionales. Bien por su propia idiosincrasia, sus cualidades propias, diferenciadas que la hacen única (modo de secado, maduración, materia prima, características del terreno…). Bien por la precariedad de su primaria producción o de su arranque.

El hecho de ser Asturias la mayor mancha quesera de Europa no se ha de quedar en una frase publicitaria; ha de ser algo más, un acicate para trabajar. Si se subvenciona a industrias foráneas, con mayor fuerza se ha de hacer con nuestra industria autóctona

El gamonéu es un queso premiado, reconocido entre el gremio de los productores, entre los gourmets, pero aún poco conocido del gran público, del consumidor, de los establecimientos expendedores, de los mercados del queso. Fuera de Asturias es muy difícil encontrarlo en tiendas especializadas y casi imposible en colmados y supermercados. Para colmo se le puede nombrar gamonéu, gamonedo o gamoneo y su nombre de origen viene de un pequeño pueblo mayormente desconocido hasta para los asturianos. El hecho de poseer la etiqueta de Denominación de Origen la concede un gran prestigio entre los expertos pero no lo hace más popular entre los consumidores. Pienso que sería bueno inscribirlo en certámenes internacionales como el World Cheese Awards, que se celebra ahora en Bérgamo, Italia. Es una plataforma planetaria cuyos galardones extienden su fama por el mundo, son noticia en los medios de comunicación y popularizan los productos que a él se presentan. Lo saben muchas premiadas queserías españolas.

Por otra parte, la difusión de un concurso como el celebrado en el vecino municipio de Cabrales, con subasta y pregón, completarían su popularidad. La presentación, invitación, degustación a los medios del queso ganador representa una publicidad incomparable para el pujador que consiga llevárselo en la subasta y un gran renombre para el queso. Lo dice quien pregonó recientemente el certamen cabraliego, recomendó hacer escuela para propagar por los mercados esta delicia gastronómica y la continuación de unas queserías que lancen sus exquisiteces al universo gourmet. Su presentación en Madrid consiguió una barata publicidad, buenos espacios en la mayoría de los medios de comunicación y hasta insólitos récords.

Publicado el viernes 13 de septiembre en LA NUEVA ESPAÑA y recogido por el Museo Etnográfico de la lechería

https://afondo.lne.es/opinion/gamoneu-una-reivindicacion.html

Un buen y curioso verano asturiano (recopilado 2019)

Canto a las posibilidades turísticas del Paraíso Natural (Recopilación Septiembre)

Despedíamos el mes de agosto, casi despedíamos el verano, en la playa y lo hacíamos a la antigua. Aparecíamos por el arenal de Barro algunos de los más antiguos veraneantes. Sin habernos puesto de acuerdo, nos encontramos al borde del agua personas que hace más de sesenta años frecuentábamos la arena entre Sorraos (la que conocíamos como la playa de «les monjes») y el Xiglu, aquellos adolescentes de familias como los Díaz Alegría, los Coto, los Cué, los Elordi, los Granda? ahora ya en los setenta. Aquellos jóvenes que hoy siguen pasando su verano en Barro junto a sus hijos y descendientes.

Porque Barro sigue siendo un pueblo pequeño, bastante bien librado de las especulaciones edificadoras, a pesar de que las distintas corporaciones municipales de Llanes se empeñan en considerarlo como un ente urbano, quizá para aumentar la recaudación. Salvado como gran parte del litoral astur, una de las costas menos deterioradas de la geografía española. Y una de las costas más hermosas de nuestra península. Porque, conocedor de los diferentes tramos marítimos, incluidos los insulares, considero que las playas más bellas del país, que atrae turistas de todos los continentes, se encuentran en Asturias, junto a las de la isla de Menorca. Tienen entre ellas pocas diferencias en cuanto a belleza y solamente alguna en cuanto al agua que las baña.

Un verano como el que declina, y llevamos unos cuantos con esta bonanza, las temperaturas del agua en nuestras playas es muy buena para el baño, comparada con las otras cosas. Consultadas fuentes estudiosas de las aguas marítimas durante el mes de agosto, las temperaturas en las aguas costeras baleares superaba dos grados a las del Cantábrico y aquellas eran más claras y cristalinas que éstas, pero tanto unas como otras disfrutaban de muy buena salud. La mayor diferencia quizá fuera la bravura de sus mareas, vivas en las costas del norte y suaves o calmas en la isla balear. Pero con playas bellas, con escaso acoso urbanístico y tranquilidad ambiental, a diferencia con el resto de las costas peninsulares e insulares.

Para completar la bonanza del veraneo asturiano es necesario resaltar la cercanía de la costa a una monumentalidad natural, con una cordillera Cantábrica llena de alicientes: los Picos de Europa por el Oriente y la fauna salvaje por el Occidente. Si, como este verano, sin apenas lluvias, no mucho sol pero con temperaturas constantes y agradables, la temporada estival suele ser de las más suaves de toda la península. ¡Y qué poco se explota turísticamente esta cualidad! Lástima del deterioro de la infraestructura ferroviaria que impide una buena intercomunicación entre nuestras comarcas interiores y costeras. Esperemos que las administraciones se interesen por proclamar y exportar las cualidades del Paraíso Natural al mundo exterior.

Finalmente la gastronomía y la singularidad de algunos festejos, en algunos casos celebrados al alimón, ponen el broche de oro a quien acuda a disfrutar de unas buenas vacaciones por el Principado. Quizá por eso muchas gentes siguen bañándose en las mismas playas, quizá por eso vuelvan a los lugares en las que disfrutaron en su juventud. Todo tiempo pasado fue anterior, que dicen los bromistas, pero la preservación de un paisaje liberado del acoso urbanizador, de una costa sin aglomeraciones de construcciones invasoras, hacen muy atractivas la costa asturiana y nuestra mágica montaña.

Publicado el viernes 6 de septiembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/09/06/buen-curioso-verano-asturiano/2525435.html

Sobre patinetes, mascotas y normas (recopilado 2019)

La impunidad de los insolidarios no se combate con más circulares sino haciendo cumplir las existentes con más agentes de tráfico (Recopilación Septiembre)

La circulación de patinetes, bicicletas y otros vehículos de movilidad personal está levantando protestas en gran parte de las poblaciones. Los aparcamientos de forma caótica, su abandono en medio de aceras, su carrera por las zonas peatonales, su presumible alta velocidad son algunas de las causas de las protestas. ¿Faltan normas para regular su circulación, han de ser comunes o cada municipio ha de aprobar las suyas? ¿Y las de aparcamiento?

Las normas son para cumplirlas. Para eso las aprueban consistorios y gobiernos. Son fruto de la democracia y facilitan la convivencia entre vecinos. Nos las «imponen», las promulgan para favorecer, ayudar a la coexistencia entre cercanos, compañeros de calle, de barrio. Pero ¿quién hace cumplirlas? ¿Se multa al infractor, se cobran las multas?

Los ayuntamientos, como responsables de la política local, municipal, la cercana, velan por la convivencia de sus residentes. Pero muchas veces se ven desbordados por la misma vida de la calle. O apuntan a objetivos no urgentes y se olvidan de otros necesarios pero menos «populares». Parece que los criterios van «por barrios».

Las normas más necesarias en cuestión de convivencia son las de los nuevos vehículos de desplazamiento personal, los que facilitan la movilidad por la ciudad. Y también su aparcamiento. Pero en muchas corporaciones no acaban de aprobar normas para su circulación. Unas esperan (se disculpan con) otras de organismos de mayor rango. Algunos ayuntamientos no las consideran urgentes; otros no las ven necesarias. Mientras tanto las dificultades del peatón son cada vez mayores para pasear, andar por las aceras. Unas veces porque los ciclistas, patinadores, skaters… circulan por la acera en vez de ir por la calzada. Otras porque no aparcan sus vehículos, los «tiran» donde se acaba su saldo, donde está su destino, donde les da la gana (mejor no mencionar «salidas»). He ahí un punto ciego legal.

Otro dato respecto a circulación de vehículos y su aparcamiento: muchas poblaciones han implantado zonas verdes, zonas de aparcamiento limitado o regulado. Son normas para cobrar una cuota por ocupación temporal pero adolecen de coordinación intermunicipal y son distintos los colores de la pintura que marca los límites para cada vehículo, lo que confunde a los conductores visitantes o no residentes habituales. Además, en algunas localidades los colores que distinguen permisos o prohibiciones son tan parecidos y no reflectantes que no se distinguen por la noche.

También son reguladas las normas de paseo de mascotas. Normalmente han de ir atados por la calle, sus dueños han de recoger sus excrementos sólidos. ¿Y los líquidos? Hay poblaciones donde se riega con frecuencia, en otras llueve lo suficiente para eliminar residuos menores. Pero en muchas ni llueve ni se riega lo suficiente como para eliminar pises y otros residuos olorosos.

Las soluciones para la mayoría de los inconvenientes mencionados (grafittis incluidos) pasaría por una mayor presencia de miembros de la policía municipal, local, de movilidad. Pero el personal de vigilancia es lo que más escasea. Solo los municipios grandes, con zonas de aparcamiento vigilado, destinan presupuesto para empleados de movilidad, pues es una fuente de recaudación económica. Pasear por aceras para vigilar que por zonas peatonales no circulen ciclistas y distintos tipos de vehículos patinadores no da dinero. Una sanción a dueño/a de perro que levanta la pata en cada esquina es difícil de cumplimentar, muy laboriosa de argumentar.

Es decir, hacer cumplir las normas callejeras municipales no es rentable o cuesta dinero, necesita una parafernalia complicada y una Administración ágil y bien equipada. Solamente una organización autoritaria que enfoque su recaudación por ese camino puede imponer un orden en la circulación callejera. Por eso la impunidad de los insolidarios que circulan en vehículos de movilidad personal no se combate con más normas, dictando más circulares. Lo necesario es el aumento de personal que haga cumplir las normas ya existentes.

Publicado el martes 3 de septiembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA, Levante y La Opinión A Coruña

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/09/03/patinetes-mascotas-normas/2524145.html

Curiosidades para distraer el paseo (recopilado 2019)

Ocurrencias y carteles que adornan establecimientos, señales de tráfico, paredes de edificios desocupados y muros de obras de las ciudades (Recopilado Agosto)
Curiosidades para distraer el paseo

 Las caminatas están a la orden del día. Todo el mundo camina. Por la calle, por el campo, el monte o la playa. Ya no se pasea, se camina, se anda. «Hago cinco o seis kilómetros al día», se oye por la calle o en cualquier conversación. Si no corres o andas todos los días un puñado de kilómetros no eres nada. Miles de pasos. Esos que miden los relojes digitales inteligentes que ya tiene «cualquiera». Vamos que están a punto de desaparecer los que en tiempos se conocían por «tontódromos», donde la gente iba a pasear, se saludaba a los amigos y conocidos y hasta se ligaba, o se «tonteaba». Calles, parques, plazas, zonas urbanas donde se podían contemplar escaparates, jardines, kioscos o puestos callejeros, carrillos o mercadillos. Se va deprisa, caminando rápido, contando pasos, controlando el tiempo. Ya no se pasea, está hasta mal visto.

Solamente se pasea al perro y, en muchos casos, por obligación. O a la mascota. Porque ya no solamente se tienen perros en los pisos. Si antes estos eran los guardianes de la casa hoy ya muchos no hacen esa labor. En casos hay que resguardarlos de posibles intrusos. Son para enseñar y hay que pasearlos. En fin, se pasea a la mascota, sea un cerdito («Mortadelo» llamaban a uno en mi barrio pero cuando se hizo cerdo ya no lo aguantaron en casa), un hurón, un gato, un pato, un zorrito. En las aldeas y zonas rurales estos animales iban a su aire, «paseaban» solos. En las ciudades y pueblos grandes no, han de salir controlados, atados, a estirar las patas. Y por supuesto, para hacer sus necesidades, que por ordenanza municipal, han de recoger sus dueños: un poco de ejercicio.

El paseo, además, empieza a ser peligroso. Se ha de ir sorteando obstáculos y se alivia una/o al llegar a destino tras librar a patinadores, a patinetes eléctricos, circulando a bastante velocidad, o atravesados en las aceras, aparcados en medio de cualquier lugar, a ciclistas que no cumplen con la obligación de circular por la calzada, a los llamados hoverboard, a los segway one self-balancing y esos mismos con asiento, a tablas con ruedas o skates, a scooter de inválidos y cada día a una novedad. Y ya no es llamativo pasear pues los escaparates son casi universales, las marcas internacionales han desplazado a las tiendas tradicionales y son pocas las mercancías exclusivas dignas de contemplar. Y en ocasiones llega a ser aburrido, monótono, sin alicientes. Por eso empieza a ser solo para disfrute de algunos turistas, de los visitantes, de los jubilados. O de los parados.

Antaño, en los diarios locales, donde el ambiente vecinal era conocido por todo el barrio, se publicaba habitualmente una sección del «paseante». En algunos medios se complementaba el espacio del cotilleo con el de novedades urbanísticas y pequeños sucesos. Javier Erostarbe, director de un diario vespertino en San Sebastián, abría la sección local con un artículo cotidiano sobre su paseo matinal. Nuestro compañero, el polifacético Juan Cruz, mantiene una columna titulada «Testigo de calle» en la prensa canaria. Alfonso Vázquez se conoce todos los rincones malagueños.

Un aliciente para pasear es ir curioseando ocurrencias y carteles o letreros manuscritos que adornan establecimientos, señales de tráfico, paredes de edificios desocupados o muros de obras. Descartadas las pintadas y graffiti embadurnantes y feístas, invasores de toda persiana de garaje o establecimiento urbanos, se pueden encontrar avisos estrafalarios, figuras curiosas, sofisterías, faltas ortográficas monumentales y hasta versos amorosos o sentencias populares.

Sin emular a Erostarbe, Cruz o Vázquez se puede una/o distraer contemplando un árbol vestido con tapetes de punto, de colores variados y hechos a mano, o con camisetas; avisos como el de un establecimiento que reza «se compra oro, pago más», un balcón que luce un cartelón que señala que «el descanso es un derecho, el ‘botellón’ no» o el reclamo de un buffet: «no dejes para mañana lo que puedas comer hoy». Tableros como uno que dice «Divorcios de mutuo acuerdo 195 euros». Existen curiosos letreros en los sitios más inesperados. Y no me refiero a casos como el de la empinada llegada al monumental Machu Pichu donde uno «estratégico» proclama que «Después de las comidas, lávese los dientes», o el de una larga e impresionante carretera australiana donde una señal anuncia «Supermarket a 300 kms.». Más cerca. Una pizarra a la entrada de un bar malagueño advierte: «Prohibida la entrada a toda persona en pijama o bata».

Publicado el martes 6 de agosto de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA y otros diarios de EPI

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/08/06/curiosidades-distraer-paseo/2512202.html

Aquel día estaba en la Luna

Pudiera ser uno de los pocos periodistas, si no el único, que no presenció en directo el acontecimiento de la llegada del hombre a la Luna en Julio de 1969

Aquel día estaba en la Luna

Puedo ser el único periodista que no haya presenciado en directo la llegada del hombre a la Luna aquel 21 de Julio de 1969. Bueno, en realidad aquel verano era becario -estudiante de Periodismo en prácticas se decía entonces- en el diario «Madrid». Fue éste uno de los pocos periódicos que informó del hecho esa misma mañana. Tituló en primera página «La Luna ya es del hombre». Salió el periódico impreso horas antes de lo acostumbrado -era un diario de edición vespertina- y llegaría a los kioscos al mismo tiempo que los habituales matinales, que habían tenido que cerrar su edición horas antes para llegar a los lectores de toda España. Solamente los diarios vespertinos «Informaciones», «El Alcázar» y «Pueblo» en Madrid, «El Noticiero Universal» y «La Prensa», en Barcelona, habían podido hacer una edición especial pues en aquellos momentos sus tiradas solamente llegaban a la venta en el día en las ciudades de impresión y sus alrededores. Si el diario de los sindicatos (verticales), «Pueblo», informaba a los lectores de «Un paisaje cruel, un cementerio de peñas, un mar de gravilla: eso es lo que hay», el del Opus Dei, «El Alcázar», titulaba «El hombre pisó la Luna. A las 3.56, Armstrong puso el pie izquierdo en el Mar de la Tranquilidad ¿Qué hace la nave soviética?». Sin estridencias «Informaciones» decía «que «Toda la Tierra mira a la Luna». Menos el que esto suscribe.

Diariamente entraba a trabajar a las siete de la mañana, atravesaba un Madrid dormido, con calles vacías, en una motocicleta en la que circulaba como un Ángel Nieto por calzadas sin coches, sin guardias, a velocidad libre. El 21 de julio de 1969 llegué al «Madrid» a la hora habitual. Si normalmente trabajaba la primera hora solo, sin compañeros en cualquiera de las secciones de Redacción, mi sorpresa fue encontrarme a la mayoría de los redactores charlando, con algún desayuno en la mesa, distendidos ya tras dar por terminada su labor. Antonio Sánchez-Gijón, jefe de Internacional; Alberto Míguez, jefe de Cultura; y Manolo Pizán, compañero de la sección de información del extranjero, conversaban amigablemente sobre el acontecimiento de la jornada. Me miraron con asombro y alguno de ellos me dijo aquello de «¿A qué vienes?».

No teníamos un espejo para ver de qué color me iba poniendo. «¿Habéis trabajado toda la noche?», pregunté ingenuamente. «¿Nadie te avisó de que hoy veníamos por la noche?», señaló mi jefe con una burlona sonrisa que me retrataba como un ingenuo becario/novato/inocente. Debí de poner cara de lunático (aunque fuese el único que no había visto la Luna aquella noche) y añadí la coartada más ingenua que creo que no esperaban: «Precisamente me fui a dormir temprano para llegar fresco a trabajar pensando que hoy sería un día muy importante para que el periódico saliera bien y pronto». La carcajada sonó hasta en la rotativa, varios pisos más abajo en aquel caserón de la esquina de General Pardiñas con Maldonado, cuya voladura controlada inmortalizó la fotografía del principiante Javier Aguirresarobe. Quizá la oyeron los trabajadores de talleres porque al rato subieron a decirle a Sánchez-Gijón que alguien tenía que bajar a cortar en las galeradas unas parrafadas que sobraban.

Por supuesto fue el becario quien bajó a ajustar las páginas de Internacional que informaban del acontecimiento que unos veinte millones de españoles habían contemplado a través de unos tres millones de televisores en blanco y negro. Los astronautas Neil Armstrong, primero, Edwin Aldrin, después, pisaron la superficie lunar mientras Michael Collins permanecía a los mandos del módulo «Apolo XI», protagonizando el considerado mayor acontecimiento científico del siglo XX, visto en Estados Unidos con «fervor patriótico» ante la carrera espacial que se disputaba con la Unión Soviética, cuyo cohete de lanzamiento acababa de explotar en una prueba previa.

En fin, repito, quizá sea quien esto firma el único informador -aquel día parece que yo estaba en la Luna- que no vio en directo la llegada del hombre a la Luna, hecho que llevó a un diario español a señalar que «El Papa [Pablo VI] ha contemplado la obra de Dios por medio de la mirilla del progreso».

Publicado en La Nueva España (La Opinión de Málaga) el domingo 14 de julio de 2019

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/07/14/dia-luna/2502290.html

Negocien un futuro más natural

Quienes formen el nuevo Gobierno han de implicarse en Medio Ambiente

El novato Gobierno de Pedro Sánchez ya tenía un Ministerio de Transición Ecológica cuando un numeroso grupo de personalidades y organizaciones defensoras del Medio Ambiente,  “funcionarios públicos; miembros de entidades conservacionistas subvencionadas; ganaderos y pastores, empresario que tenemos o hemos tenido contratos con la Administración Pública, proponemos que se nos recorte” en gasto ambiental. Si vivimos tiempos de paradojas políticas y sociales ésta superaba a cualquier otra: los ecologistas, los conservacionistas, no pedían dinero ni prestaciones a los gobernantes, solicitaban menos gasto medioambiental y un gran ahorro.

En una carta abierta al presidente del Ejecutivo planteaban “reducir a la mitad el presupuesto que se destina a la conservación de la naturaleza” con lo que contribuían a reducir el déficit, como exigía a España la Comisión Europea, y facilitar así “el recorte de 10.000 millones de euros anuales que habría que realizar en 2019 y 2020”. La propuesta la realizaron el pasado verano y en otoño, diversas organizaciones y un buen número de personalidades defensoras del Medio Ambiente, presentaron en Bruselas y en Berlín los documentos en los que basaban sus argumentos. Requerían “que la gestión del medio natural deje de ser monopolio de la Administración Pública y que ésta facilite el acceso a la política de conservación al sector social interesado en proteger y producir fauna amenazada”. 

Ha pasado nueve meses desde la inusual proposición; han pasado tres meses desde que los españoles hemos votado en una elecciones generales, se supone que tres meses de negociación entre partidos para la formación de un nuevo Gobierno. Si en otoño los partidos Socialista y Unidos Podemos incluyeron en sus conversaciones la imprescindible cuestión ambiental ( Coherencia de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, Energía en manos de las personas, Protección de la biodiversidad, y Gestión de recursos naturales) esta primavera el silencio sobre estas cuestiones llenaba los espacios informativos sobre lo que se negocia para la formación de un nuevo Gobierno. Y creo que los españoles no nos merecemos esto.

Mientras en otros países europeos las políticas verdes, las que defienden la Naturaleza -Dinamarca, Alemania, Francia…- ganan terreno en los parlamentos y cogobiernan o conforman un poder que condiciona la gestión política de importantes ejecutivos, nacionales y regionales, en España los distintos grupos ecologistas son reacios a la acción política y solamente Equo, formando parte de Unidos Podemos, tiene representante en el Parlamento. Quizá por eso el Medio Ambiente casi no figura en las deliberaciones partidarias. Una prueba de ello la señalaba Greenpeace en su análisis de los dos debates televisivos de la campaña electoral del mes de abril cuando contabilizó solamente medio minuto de mención, por parte del presidente en funciones, Pedro Sánchez, de medidas medioambientales mientras los demás candidatos no dijeron nada. Y fueron unas cuatro horas de controversia ante las cámaras. Si, realmente el cambio climático y la Naturaleza figuran en algunos programas, pero con letra pequeña o escondidos/diluidos en apartados que abarcan otras materias que los tapan.

Así pues, en este interregno antes del debate de investidura, los partidos deberían contrastar programas y dentro de ellos el futuro del Medio Ambiente para la legislatura que comienza. Remar hacia un futuro que nos permita respirar, beber y comer sanamente y no ciar contra corriente, deshacer lo hecho, como sucede en el municipio de Madrid con la reversión de Madrid Central, que conseguía en tres meses reducir más del cuarenta por ciento (40%) la contaminación que respiran los residentes madrileños. Y la amenaza de multa advertida por la Unión Europea recaerá en todos los españoles ya que la sanción es para el Estado no para la ciudad o la corporación infractora.

En estas semanas de reflexión, de negociación, de contraste de los programas de cada partido, ante el debate de investidura las formaciones políticas deberían tomar en cuenta la propuesta ecológica, hecha por expertos, por medioambientadores con práctica participación en trabajos medioambientales, y recoger su ofrecimiento que “permitirá recolonizar el campo no rentable en España”, dicen en su documento, recuperar esa “España vaciada”. Lo proponen con empleo de trabajadores autónomos “sometidos a la supervisión y control del Estado”, con brigadas ajenas a ideologías, profesionales naturalistas y partidarios de una vida más verde y sana.

Publicado el lunes 8 de Julio de 2019 en Infolibre.es

https://www.infolibre.es/noticias/club_infolibre/librepensadores/2019/07/08/negocien_futuro_mas_natural_96732_1043.html

El peligro del humor

En contra de la decisión de suprimir las viñetas tomada por “The New York Times”

“Los dioses me pusieron sobre vuestra ciudad como un tábano sobre un caballo: para picarle y mantenerlo despierto”, atribuyen a Sócrates estudiosos de su filosofía. No sé si en su tiempo la frase se refería al humor o a su sentido crítico. Samuel Taylor Coleridge, el crítico y poeta británico, afirmaba que “no hay mente que pueda considerarse bien organizada si le falta sentido del humor”. Acudo a tan dispares autores para explicar mi discrepancia con la decisión de suprimir las viñetas críticas y humorísticas tomada por el prestigioso diario “The New York Times”. Un dibujo en el que el presidente Donald Trump llevaba atado un perro con la cara de Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí en funciones, realizado por el dibujante portugués Antonio Moreira Antunes, publicado en la revista lusa “Expresso” y reproducido el primero de abril por el diario neoyorkino ha sido la causa esgrimida para tomar tan drástica medida. En un comunicado publicado por el responsable de sus páginas de opinión, James Bennet califica al dibujo como antisemita y anuncia que a partir del próximo 1 de julio dejarán de publicar viñetas, al tiempo que agradece el trabajo de Patrick Chappatte y Heng Kim Song pero que ya no publicarán más dibujos en sus páginas.

“Tradicionalmente se mata al mensajero aunque te mate de risa”, decía el humorista catalán Carles Romeu cuando comentábamos este hecho. Personalmente recordaba en mi tesis de final de carrera sobre el humor político en la prensa española en los oscuros tiempos del franquismo que “cuando murió John Leech, caricaturista británico, el primer ministro Disraeli, víctima de su aguda pluma, le concedió una pensión oficial a su viuda”. La realidad  hoy es otra. Decía Javier Cuervo días pasados en estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA que “al retirar las caricaturas, ‘The New York Times’ amputa una parte de su periodismo”. La decisión del diario norteamericano le da la razón al crítico José Monleón cuando hace medio siglo hablaba de “humor domesticado” mientras Chumy Chúmez definía el chiste como “un reflejo de la vida”.

Citando a Coleridge, “en política lo que comienza con miedo suele terminar con insensatez”. Larga vida a Mortiner, Pablo García, Montecruz…

Cuando le preguntaron al humorista catalán Tisner (Aveli Artis-Gener) qué era la política contestó que según su enciclopedia es el “Arte de gobernar y dar leyes para mantener la tranquilidad y seguridad públicas, y conservar el orden y buenas costumbres”. Parece difícil encajar tal definición en estos días en Estados Unidos pero da la impresión de que el diario de la Octava Avenida “ha perdido la venia”, que diría Julio Cebrián. Al menos, parte de su credibilidad. O como señalaría Cesc (Francisco Vila), el humorista de la poesía sin palabras, ha perdido “lirismo”.

En fin, he trabajado en diarios amenazados, he escrito artículos sobre atentados ideológicos a la prensa. No hubo renuncia alguna a restringir informaciones. En el dibujo calificado de “antisemita” (no antijudío o antisionista) de Moreira Antunes no veo peligro de amenaza, ya que como recordaba Cuervo semitas son también los palestinos. Quizá todo sea una mera disculpa. Pero vuelvo a Coleridge: “En política lo que comienza con miedo suele terminar con insensatez”. Larga vida a Mortiner, Pablo García, Montecruz…

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA y otros diarios de Prensa Ibérica el viernes 21 de junio de 2019

https://afondo.lne.es/opinion/el-peligro-del-humor.html

 

La efeméride de John Wayne y el olvido de John Sturges

La escasa referencia en las historia de los westerns a un magnífico director

Las viejas películas del oeste, los westerns, siguen triunfando y en diferentes canales de televisión son programadas casi a diario. Por eso hoy la industria estadounidense sigue rodando cintas sobre el salvaje oeste, con más realismo que la ya clásicas pero con menos glamour. Ahora se cumplen cuarenta años (11 de junio de 1979) del fallecimiento de John Wayne (Marion Robert Morrison, conocido en Hollywood como «The Duke») y con este motivo se planifican ciclos en diferentes cadenas con sus películas. Es la figura más conocida de este tipo de filmes, en los que salvo en casos muy puntuales, las mujeres son siempre personajes secundarios, con papeles marginales. Obras cuyos argumentos suelen reproducir las versiones americanas de clásicas tragedias griegas. Aunque en estos homenajes siempre se olvidan de alguno de los que dirigieron sus éxitos.

Hace unas semanas llegó a las salas de cine la película «Sin piedad» en la que Vincent D’Onofrio, como director, pretende enfrentar la dimensión de los dos personajes -el malo y el bueno- que sustentaban gran parte de la argumentación de los filmes del Oeste, la historia de William Bonney -Billy el Niño- y Pat Garret. Se inspiraba en el que se considera por los historiadores del cine como el primer western. Se cumplen ahora los cien años del comienzo de una temática que ha llenado la trayectoria del cine estadounidense.

Se produjeron filmes que confirmaban el éxito de la temática sobre la conquista de los territorios al oeste del río Mississippi como «La Diligencia», «Tambores lejanos», «Y murieron con las botas puestas», «Pasión de los fuertes», «Centauros del desierto», «Río Lobo» y «Río Bravo» que glorificaron al vaquero y la lucha contra los indios, al sheriff y al pistolero. Cincuenta años después de aquella pionera de David W. Griffith («The Massacre», 1909) llegó a las pantallas «Los indestructibles», dirigida por Andrew V. McLaglen y protagonizada por dos viejas estrellas de Hollywood, el mencionado John Wayne (The Duke) y Rock Hudson. Era el típico filme amable de temática sobre historias del avance hacia el oeste de los que serían los Estados Unidos. Una cinta como muchas de las que jalonaron la larga lista de westerns firmadas por directores como John Ford, Howard Hawks, Henry Hathaway, Raoul Walsh, Arthur Penn o Anthony Mann. Cine afable, épico y romántico que trataba como leyenda las venturas de los pioneros.

Y en décadas posteriores surgió un cine más crítico con la historia, menos complaciente con la amabilidad, las mujeres no lucían bellos vestidos y los vaqueros aparecían harapientos y tan pendencieros sheriffs como asaltadores de bancos. Sergio Leone, San Peckinpah, Clint Eastwood o John Huston rodaron «La muerte tenía un precio», «Grupo salvaje», «El jinete pálido» o «Los inadaptados» junto con «Pequeño Gran Hombre», «Dos hombres y un destino» o «El Álamo». Convivía el cine duro con el complaciente. Grandes directores con actores estrellas como Gary Cooper, James Stewart, Burt Lancaster, Marlon Brando, Henry Fonda, Richard Widmark o Willian Holden.

Pero en las recopilaciones siempre se olvidan nombres y títulos que fueron importantes en méritos y argumentos. Nombres como Ben Johnson, Lee Marvin o Charles Bronson, eternos secundarios o directores como Robert Aldrich, George Roy Hill o John Sturges.

Director de películas dispares en argumento y época, Sturges es uno de los olvidados que dirigió y produjo títulos menos amables o complacientes pero muy importantes en la historia del western. «Duelo de titanes», «Fort Bravo», «Los siete magníficos», «Tres sargentos», «La batalla de las colinas del whisky», «Joe Kid», que junto con «El último tren de Gun Hill» forman parte del western más comprometido y menos discriminatorio, sin olvidar filmes como «La gran evasión», «Estación Polar Zebra» o «Conspiración de silencio».

Publicado el viernes 14 de junio de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA (Sociedad, Cultura)

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Áurea, 105 primaveras

Breve despedida a una centenaria de una estirpe llena de vitalidad

Disfrutaste, Áurea, de 105 primaveras. Una frase con que te describía cuando le contaba a la gente tu vitalidad tras cumplir el siglo era ésta: «Corría más que yo». Áurea Martínez-Cué, con sus 104 años cumplidos el pasado invierno, era el paradigma de la actividad.

Pequeña, nerviosa, habladora, se preocupaba por su pueblo, Barro, al que siempre reivindicaba ante los medios. «Fernandín, a ver si escribes algo que nos están destruyendo El Bau», «Pon algo en el periódicu sobre la fiesta de san Roque», «Cuenta lo guapa que es la verbena de las Bruxas», me decía cada vez que nos veíamos.

No paraba. Con sus 104 años, iba y venía a/de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de Barro para preparar las flores, ropajes y demás cosas para misas, bautizos, comuniones o funerales. Y sobre todo para la fiesta de San Roque. Era la animadora de la danza prima, de que las aldeanas que iban a la procesión del santo peregrino luciesen sus galas.

Áurea pertenecía a una estirpe de longevas, era la tercera de las cuatro sobrevivientes al siglo, tras su hermana Charo, que vivió 106 años, y su hermana Ángeles, que presumió hasta los 108. ¡Qué familia dejaron Rosario y Ricardo! Porque aún queda otra centenaria en la familia Martínez-Cué, Mercedes, a punto de cumplir los 102.

Que en paz descanses, Áurea. ¡Larga vida, Mercedes!

Publicado el jueves 13 de junio de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA

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