Dylan sí, Dylan no

Un poeta, su música, la polémica y los bardos de «la Prospe» madrileña

Robert Allen Zimmerman, conocido mundialmente como Bob Dylan, acepta el premio Nobel 2016 de Literatura que le ha concedido la Academia Sueca. ¡Menos mal! Porque si ya era maldito para unos, ahora corría el «riesgo» de ser maldito para otros muchos. El premio «Príncipe de Asturias» de las Artes 2007 (¿o no lo es por no venir a recibirlo?) obtuvo el «Pulitzer» honorario un año después por su «profundo impacto en la música popular y en la cultura norteamericana, marcado por sus composiciones líricas de extraordinario poder poético». Pero ahora es cuestionado por buena parte del establishment. Hoy que la poesía se muestra en cuartillas pegadas en paradas de autobús, en internet, en garitos marginales, underground, fuera de la cultura oficial, paralelos, alternativos, se objeta el galardón.

«La poesía es un arma cargada de futuro» dejó escrito Gabriel Celaya. Y su obra poética fue cantada y difundida por el mundo por Paco Ibáñez, otro maldito. Pero el poeta de Hernani parece que era más querido en su barrio que el mundo oficial. Un contorno, «La Prospe» madrileña, en el que convivían Celaya y su inseparable Amparitxu, Rafael Sánchez Ferlosio, Mario Benedetti, Javier Krahe, Víctor Manuel San José, Manolo Pilares y otros bardos menos universales. Paseaban por las mismas calles, compraban en el mismo mercado, luchaban por similares ideales y aunque no coincidieran en alguna cosa convivían sin dificultad, cordialmente, sin acritud. Aunque a Ferlosio, que suele recitar a Machado o a Darío, la poesía no le «entre». Por su parte Benedetti cantó el «Buenos días, Gabriel» en estos versos: «Tres poetas en uno / semillero / de tantos más / tu ánima insumisa / se topó con la muerte en su pesquisa / y la puso a cuidar tu invernadero… fiel a tu gente / a Amparo / y a ti mismo / a pesar de tus ráfagas de triste». Poeta acoge a poeta. Autor defiende a autor.

Pero Dylan, tanto en la música como en el cine o la poesía, siempre tuvo detractores célebres. Escritores como Norman Mailer, con registros en todos los campos literarios y gran innovador del periodismo, dijo en una ocasión que si Dylan era un poeta, él era un jugador de baloncesto. Ahora otro Nobel se pronuncia de manera parecida. Para Mario Vargas Llosa «la decisión de este año de la Academia es una frivolización de la cultura». Al tiempo que añadía que «es la civilización del espectáculo, que ya llega a la institución sueca».

Es decir, en estos tiempos en que escribir poesía es quizás el mayor esfuerzo del autor, cuando los poetas se las ven y se las desean para publicar sus poemarios, cuando muchos de los nuevos rapsodas se tienen que refugiar en locales alternativos, en bares casi clandestinos, unos bellos versos, para conseguir el elogio y la gracia de un galardón han de ser publicados a través de la imprenta, de una editorial de prestigio. Si no, no merecen consideración de obra literaria. Cuando para que se conozcan sus poemas una joven madrileña ha tenido que ir pegando sus cuartillas por las paradas de autobús de la Gran Vía o refugiarse en una nocturna cantina del casco antiguo y hasta recurrir a la pintada mural de una estrecha e intransitada calle de barrio popular, la poesía para ser reconocida como tal ha de ser publicada con formato oficial.

¿Corporativismo mal entendido? ¿Desprecio por el rival? ¿Diferencia de ideas? A algunos de los que rechazan que le den el premio a Dylan solamente les ha faltado decir que además es mal músico. ¿Dirían lo mismo de la poesía que se publica en internet? La belleza lo es en cualquier formato, en cualquier soporte. «¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre / antes de que le llaméis hombre? / ¿Cuántos mares tiene que surcar / la paloma blanca / antes de poder descansar en la arena? / Sí, ¿y cuánto tiempo tienen que volar / las balas de cañón / antes de que sean prohibidas para / siempre? / La respuesta, amigo mío, / está soplando en el viento / La respuesta está soplando en el viento.» Lo canta Robert Allen Zimmerman. Bob Dylan.

Publicado el martes 15 de noviembre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/11/15/dylan-dylan/2013370.html

 

Apetece, que no es poco

Quesos, legumbres, caza y pesca asturianos lucen en los manteles madrileños
 Asturias vuelve a reinar en Madrid. Llega el otoño que es una de las estaciones con mayor raigambre gastronómica. Es época de cosecha, época de caza, época del puchero con la paulatina entrada del frío. Y por tanto, uno de los momentos culinarios con más prosapia, como dirían en las historietas de Carpanta. Y la cocina astur, cada vez con mayor presencia en la capital, muestra sus cartas, sus comodines. Nuestras sopas, legumbres, caza y pesca -además de los muchos, de los sabrosos quesos-, lucen estos días en los manteles madrileños.

De las presentaciones de esos quesos a los menús del Desarme y de la caza, los restaurantes del antiguo «poblachón manchego» se llenan de comensales ávidos de buenos platos, contundentes pero suculentos y reconfortantes. Y, mientras en el Principado se suceden las ferias y certámenes de la huerta, la matanza y los curados lácteos, en Madrid sobrevienen las jornadas gastronómicas y los menús con especialidades del norte de la Cordillera Cantábrica. Es decir -y es un ejemplo-, si días pasados el restaurante Couzapín presentó a la clientela, rodeada de cámaras, el Cabrales de los 11.000 euros ganador del certamen de este año, en las próximas jornadas La Fueya, de Paco Rodríguez, aficionado a invitar con el primer salmón de la temporada, conmemorará el enésimo aniversario del Desarme con su menú clásico. Y, a medida que se vayan celebrando las ferias otoñales en Asturias, con los «alimentos del paraíso», los dos centenares de refectorios asturianos ubicados en la comunidad madrileña trasladarán esas recetas a sus mesas y las pitanzas olerán a potes, mariscos, pumaradas y postres al estilo somedano, casín, luarqués, llanisco, sellero o cualquier fogón entre Eo y Cares y a riberas de Nalón, Navia o Cabo Peñas.

Se pueblan ahora montes y veredas de cazadores del jabalí, de buscadores de setas, los llares de matanza, las paneras de maíz, frutas y verduras para secar o conservar. Entran los meses con R propicios para el marisco (ahora sin oricios, por abusones) y pescados de aguas frías. Todo parece preparado para la buena mesa y aunque en Madrid la costumbre del chigre o la taberna vespertina no es mayoritaria, sí lo es la buena pitanza, el piscolabis exquisito, una primorosa tapa o las jornadas de productos de temporada que llenan los comedores de tantos bares y restaurantes: hay uno de éstos por cada 211 madrileños.

Y la manduca astur se va extendiendo por la villa matritense en una carrera imparable, de una manera un poco sorprendente. Si hasta hace unos lustros la concentración de fogones astures se limitaba a dos o tres concretos barrios, hoy «comer en asturiano» se puede hacer en la mayor parte del área urbana. Desde Vallecas, uno de los distritos castizos de la «madrileñidad», al «Manhattan» de la Castellana o al creciente ferial noreste, sin olvidar los Austrias, el Mediodía y sobre todo el Retiro. Más la Comunidad. En todos ellos cuecen fabes.

El boca a boca hace lucir a la cocina astur, la antigua y la nueva, la clásica y la sencilla de temporada. Además de las fabadas de compangu o con mariscos, de las carnes gobernadas y los postres festivos asturianos, los restaurantes con fogón astur se distinguen por los grandes pescados frescos, la «alegría de la huerta», los frutos del beneficioso otoño que entusiasma a Joaquín Araujo, mostrados en afluencias como Agropec porque, parodiando a los Ciges y Resines, «apetece, que no es poco».

Publicado el martes 11 de octubre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA (Publicado con retraso por problemas técnicos)

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/10/11/apetece/1996191.html

Una ruta para saborear quesos y más

Los productores con denominación de origen de España y Portugal se unen a queserías de otros países del continente para promocionar itinerarios turísticos
 Los queseros estimulan el turismo gastronómico a niveles supranacionales. Asociados en la llamada Ruta Europea del Queso, los productores con denominación de origen (D.O.) de España y Portugal se están uniendo a queserías de otros países del continente para promocionar itinerarios turísticos con el aliciente de que no solamente ofrecen paisajes o joyas artísticas y monumentales al visitante sino también unos productos gastronómicos de calidad. La asociación ya ha sido constituida pero su proceso de unión sigue en marcha. Días pasados han aprobado la constitución de un comité para gestionar su desarrollo y expansión. En su primer mapa figuran ya valores asturianos.

La idea, que surgió hace ya dos años en el municipio guipuzcoano de Idiazábal, continúa añadiendo adeptos y en cada reunión del grupo (acaba de celebrarse una en Casar, Extremadura) se suman nuevos productores de quesos con D.O. que demuestran interés por pertenecer a «la cofradía». Puede que cuando se publiquen estas líneas se cuente con algún novicio más, ya que, tras la incorporación de dos fabricantes lusos, el nuevo comité negocia con industriales franceses e italianos. De momento son nueve las comarcas integrantes de la asociación, que, según contaban este pasado verano dos representantes de la misma, los de Cabrales y Casar, conversan con queserías de otras denominaciones europeas para formar una red de nivel supranacional.

Precisamente estamos ahora en tiempos de exposiciones y ferias de productos derivados de la leche. De norte a sur se celebran estos días del comienzo de otoño muestras de diversos tipos de quesos, unas específicas de una singularidad, algunas que aglutinan todas las clases y variedades elaboradas en nuestro país. Y en Asturias la fiesta es continua, con demostraciones una tras otra de los cerca de cuarenta quesos que se fabrican en el Principado. De Oriente a Occidente, del cabrales, gamonéu, peñamellera, al xinestosu, abredo, taramundi, pasando por afuega’l pitu, la peral o casín, todos de conocido prestigio fuera de nuestro ámbito comunitario y algunos tan universales. Una jornada con productos de diverso origen se celebra ahora en la Casa de Campo madrileña con dos docenas de variopintos fabricantes. También en Cangas de Onís, en Benia y otros concejos queseros de nuestro entorno.

Los actuales ayuntamientos pertenecientes a la Ruta Europea del Queso (Cabrales, Peñamellera Alta, Casar de Cáceres, Fundão, Idiazábal, Mahón, Manzanares, Nisa y Ripoll) acaban de celebrar un encuentro en territorio cacereño dentro de la XXII Semana de la Torta del Casar. Otras reuniones del mismo tipo se han celebrado ya en distintas localidades, incluidas las habidas en Baleares y Canarias. Pretenden, además de dar a conocer la bonanza de su queso, acotar los términos locales o comarcales de la denominación de origen y luchar contra el intrusismo, establecer itinerarios gastroturísticos y vínculos de colaboración entre regiones y países, intercambiar experiencias y facilitar el desarrollo de una investigación conjunta, sensibilizar a posibles visitantes sobre el patrimonio cultural, sociológico, ambiental de cada asociado, promover su innovación tecnológica? en definitiva, dinamizar los municipios productores y su entorno, además alcanzar la calificación de Itinerario Cultural Europeo.

La promoción de los distintos quesos, las noticias sobre galardones a ellos concedidos o las subastas -recuérdense los 11.000 euros pagados por un queso cabrales este verano o los 3.800 por el gamonéu días pasados- dan un relieve a esta iniciativa que intenta inclinar y enriquecer con la ruta quesera parte del turismo de sol y playa. Los certámenes de estos productos han pasado de una fecha concreta con varias jornadas de una simple feria de exposición y venta a notables sesiones documentales, conferencias e informe de conclusiones en investigación y desarrollo. Un día se pregona, muestra, vende pero a su alrededor hay todo un compendio de celebraciones para dar a conocer el producto, no sólo a posibles compradores sino también a distribuidores, nuevos productores, otros profesionales relacionados con el entorno, con las singularidades de la zona y de sus gentes. Un ejemplo lo tenemos en Cabrales, concejo en el que confluyen varios alicientes para el visitante: un excelente queso, un paisaje espectacular punto básico de los Picos de Europa y dos rutas de peregrinaje, una vía del Camino de Santiago y otra de la ruta entre los santuarios de Covadonga y Santo Toribio de Liébana, con próximos jubileos. Es decir, que la bonanza del queso (productos de Asturias, magnos campeones como los de Reny Picot-ILAS, gamonéu, afuega’l pitu, cabrales?) forma ya parte de nuestro «rico, rico» atractivo paisaje turístico.

Publicado el miércoles 26 de octubre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/10/26/ruta-saborear-quesos/2003609.html

 

La siesta se va con el verano

La polémica entre el norte y el sur sigue pendiente desde hace siglos

El final del verano trae, normalmente, la vuelta al trabajo y a la rutina y suele llevarse, al menos para muchos, la siesta. La polémica siesta. Mala para unos, buena para otros. La disfruten o no los argumentos sobre su implantación o práctica son variados.

Contaba el Padre Isla allá por el siglo XVIII las costumbres del convento y en un capítulo de la «Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes» relataba cómo los frailes se acostaban para la siesta. Pasados casi tres siglos de la creación de la obra, a la que la chavalería estudiante solíamos añadir al fraile la chanza «y otras hierbas venenosillas que ni los burros las pacen», la siesta sigue siendo una costumbre controvertida, denostada por unos y elogiada por otros.

Coincidieron en el tiempo, días pasados, tres célebres personajes de nuestros días que elogiaron la siesta. Por un lado Joan Manuel Serrat señalaba que no se perdía la siesta de cada día. Por otro Andreu Buenafuente, trabajador eminentemente nocturno, se mostró firme partidario de la siesta mientras entrevistaba a Pau Gasol, quien decía que salvo que un partido tuviese un horario que lo impida, aprovecha un momento del día para echarse una siesta. Para cualquiera de los tres ese sueño es reparador y sería más o menos largo según las circunstancias. Vamos, que puede ser un «pigazu» o durar horas y con sábanas.

La mala fama de la siesta le viene por ser contraria al sistema de producción actual. Dormir antes o después de comer rompe el horario productivo, lo prolonga o disminuye su tiempo de trabajo real. Aunque una parte de los expertos en cuestiones laborales señala que puede ser un sistema restaurador de energías, que evita fatigas y descansa el organismo, la mayor parte los países europeos tienen un régimen laboral que no lo permite. Eso, unido a la corriente calvinista que la denigra por incompatible a la laboriosidad, coloca a la siesta en la mofa y la ridiculiza. Y la cabezada reparadora tampoco está bien vista.

Sin embargo comienzan a oírse voces que la ponen en valor, unas por razones sanitarias, otras por motivos climáticos, también por practicidad. Y así, mientras en España, Italia, Grecia y demás países del sur continental se avienen a cuestionar el dormir la siesta, especialistas ejercientes en Escandinavia llegan a recomendarla. Consideran que previene el estrés y la presión, favorece la memoria y mejora la circulación sanguínea. A la vez que ponen como ejemplo la costumbre de las escuelas infantiles y jardines de infancia donde todos los niños duermen una pequeña siesta. Y en las horas centrales del día en el caluroso sur mediterráneo no hay quien trabaje ni al sol ni a la sombra.

El caso es que la siesta es polémica desde siempre. Lope y Cervantes la mencionaron en sus obras, el citado Padre Isla la señaló guasonamente en Fray Gerundio («Dormida la meridiana, tomado un polvo, rezadas vísperas y completas y ya adelantada un poco la tarde?»), Van Gogh y Millet la incluyeron en sus obras y hasta la Academia Francesa la admite, como la meridiana, el sueño de mediodía, entre sus definiciones.

La palabra siesta ya la empleaban las reglas de la orden monástica de San Benito allá por el siglo XI para señalar el reposo y la tranquilidad en la hora sexta y son muchas las composiciones musicales pensadas para la siesta, sea del burro, del carnero, del borrego, del canónigo, del cura. Matinal o vespertina pero siesta.

Publicado en La Nueva España el sábado 24 de septiembre de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/09/24/siesta-verano/1988141.html

 

La basura y el turismo

La invasión de desperdicios que puebla nuestros senderos al final del verano

Los caminos despejados, las playas sin basura, las calles limpias y sin desperdicios. He ahí las bases del futuro de nuestro turismo. Pero estamos próximos al final del verano y la situación no parece la ideal. La naturaleza descuidada es un pecado para senderistas, avistadores, montañeros, conservacionistas, simples caminantes. Sin embargo abundan estos días los restos de un excursionismo despreocupado, descuidado, poco concienciado.

Señalaba fechas atrás Luis Mario Arce el interés creciente del turismo extranjero por la naturaleza astur, por su fauna y su flora singulares. Revelaba el experto en Naturaleza de LA NUEVA ESPAÑA que este mes, septiembre, es el más indicado para observar el hábitat de nuestros montes, de nuestros campos, de nuestra fauna, para contemplar flores, plantas, insectos? El mes de los frutos, cuando baja el calor y los extremos térmicos se aproximan. Uno de los meses que ansían los naturalistas.

Pero quienes lleguen estos días por nuestra tierra no se encontrarán con un entorno demasiado limpio. Muchos caminos están salpicados de papeles, colillas y paquetes de tabaco, envoltorios de helados, latas aplastadas de refrescos y cervezas, bolsas de golosinas, brits de lácteos y un largo etcétera. En las praderas permanecen restos de estancias furtivas. Las señalizaciones viarias están bastante deterioradas, con partes rotas, llenas de pintadas o carteles desvaídos pegados unos sobre otros. Un desastre que sufrimos los finales de temporada.

No alcanza el problema, en gran parte de nuestra zona turística, a la situación que relataba en un magnífico reportaje un gran senderista, el periodista Melchor Fernández Díaz, sobre la senda fluvial del Nalón. Se ufanaba el exdirector de este diario de ese camino que acompaña al río señero de Asturias, le encanta su trayectoria y lo que muestra, un paisaje que relata la historia de unos valles singulares. Pero se lamentaba de la invasión de basura que le atesta. De la cantidad de desperdicios que siembran su trayectoria, su recorrido a veces natural, a veces industrioso. Un río que fue negro y sucio a causa del lavado del carbón y que ha sido recuperado, por donde bajan aguas limpias, dignas de una naturaleza verde, ecológica, llena de vida.

Sostener un paisaje donde puedan contemplarse esas magníficas hortensias, bellas orquídeas, las bayas, cuernicabras, hierbas apiales, bellotas de roble, castañas, avellanas, madroños y demás delicias para el paladar de los osos, observar a éstos en su hábitat natural, o, como apunta Arce, gorriones y preciosos treparriscos, rapaces de distinta envergadura, con diversas funciones naturales, es una labor permanente para que este Paraíso Natural siga siendo paraíso y lleguen más visitantes amantes de la fauna y la flora sorprendentes. Parece que los operadores que trabajan los espacios verdes se fijan últimamente en el Principado, que cada vez son más los extranjeros, principalmente británicos, que buscan nuestros paisajes, que Somiedo y los Picos de Europa llaman con más ahínco a los amantes de nuestros parajes silvestres.

Para conseguir que ese atractivo convenza y se incremente es obligatorio respetar caminos, senderos, playas, miradores, vallas e indicadores, la naturaleza que nos da vida, que nos da fama y alegra la vista, que atrae a todo amante de la belleza. Porque la Naturaleza es fuente de riqueza pero su descuido es muy difícil de restaurar. Elijamos, basura o turismo.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 21 de septiembre de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/09/21/basura-turismo/1986490.html

 

Burka, burkini y la libertad

En contra de normas que impiden a cada uno vestir como quiera

Libertad es esa diana a la que disparan desde todos los puntos. Ese blanco al que apuntan desde cualquier parte. Precisamente porque la libertad permite a las personas hacer su voluntad mientras no restrinjan la de los demás. Bien, pues llevamos una larga temporada viendo como la libertad es asaltada cada día. Los atacantes son variados en estatus económico, político o religioso. Y la postura ante un falso burka es un ejemplo de esas agresiones. Una de las muchas campañas veraniegas.

Recurro habitualmente a la Real Academia Española porque algunas popularizaciones no reflejan el significado de los términos que se hacen comunes en los medios. Y burka, sus imitaciones y sus derivados son uno de ellos. Para la R.A.E. la palabra, de origen inglés, nombra la «vestidura femenina propia de Afganistán y otros países islámicos que oculta el cuerpo y la cabeza por completo, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos». Mientras que hiyab, de origen árabe, es el «pañuelo usado por las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza». Por lo tanto esa ropa no corresponde con el significado que se le quiere dar este verano al burka. Porque en las playas mediterráneas no se ha usado el burka sino unas prendas que permiten ver el rostro de la portadora y no ocultan sus facciones.

Respecto al «burkini» más de lo mismo. Ya sean los modelos que circulan como nuevo bañador como las vestimentas que han lucido algunas mujeres para nadar días pasados no son burkas ni sus modalidades para el baño. En las fotos publicadas con motivo de la polémica se les ve el rostro a todas las mujeres que lo visten. Y difieren muy poco de los trajes de baño usados por aquellas damas que acudían a los arenales españoles en la primera mitad del pasado siglo. Si entonces el escándalo surgía por el descoque, polemizar hoy por una prenda semejante es tergiversar el significado de su uso, atribuir una intencionalidad, lo que representa arrogarse una prerrogativa indebida.

Además, prohibir la utilización de vestidos aproximados al tradicional burka, que permitan ver la cara completa de la portadora y no sólo «una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos», como define la R.A.E., es como imponer la veda de modelos de alta costura diseñados por famosos modistos en algunas pasarelas internacionales de hoy y de lustros atrás. No hay más que acudir a las hemerotecas y a los archivos gráficos de las populares revistas del corazón. Y lo mismo ocurre con los bañadores que han dado en llamar burkini. La intencionalidad no agresiva, como el portar una bandera, no debe ser vetada ni sancionada. Nadie condenó en su día a «las del sábanu» y ese sí que era un traje de baño inconscientemente insinuante.

Los vestidos y bañadores cuyas fotos, publicadas días pasados en la prensa europea, han sido objeto de polémica no difieren prácticamente de los hábitos portados por monjas católicas, ultrarreligiosos judíos o seguidores de doctrinas que obligan a sus adictos a dejarse largas barbas o exuberantes cabelleras. Las prohibiciones decididas en varios municipios de la Costa Azul y las amenazas de veto de ayuntamientos españoles son equiparables a leyes mordaza de las que estamos tan asqueados. Mostrar la ideología no puede ser objeto de sanción. Como no es obligatorio el burkini los munícipes no pueden tomar medidas que discriminen a sus contribuyentes por motivos políticos o religiosos. Su poder democrático ha de basarse en la equidad, en la igualdad para sus residentes, en su libertad.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el viernes 26 de agosto de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/08/26/burka-burkini-libertad/1975043.html

El Camino necesita ayuda

El deficiente estado de la ruta jacobea del Norte y el Primitivo a su paso por Asturias
El Camino necesita ayuda. El Camino. Así de sencillo. Por excelencia. Porque los diferentes itinerarios de la ruta jacobea son El Camino, con mayúsculas. Así lo conocen en todo el mundo. Vienen a recorrerlo, a «andarlo», gentes de todo el planeta. Es normal ver andarines llegados de América, peregrinos asiáticos, caminantes africanos, australianos y, por supuesto, europeos de cualquier zona continental. El problema es que en muchos tramos no todos tienen iguales oportunidades de comprensión. La señalización, deficiente, provoca desviaciones y en muchos casos obliga a retroceder y rehacer la caminata.

La primera y muy importante forma de informar al viajero es el azulejo de cerámica con fondo azul y una concha de vieira de color amarillo en el centro. Es de forma cuadrada y tiene un diseño simple y fresco, esquemático y lineal, fácil de ver. Sin embargo su perfil parece que no lo entienden quienes los han de instalar en el trayecto, quienes lo pegan, lo adhieren, lo fijan a muros, columnas y distintos tipos de soportes. En un mismo kilómetro, en una misma población, se pueden observar hasta cuatro posiciones distintas con la bisagra de la concha en un sitio arriba, un poco más allá en la parte de abajo y en otras sucesivas a cualquiera de los lados sin tener en cuenta el sentido del camino. Se supone que la parte redondeada de la concha es la que sus diseñadores han resuelto como sentido de la ruta. El dibujo lo da a entender. Pero se encuentra uno con posiciones dispares para indicar un mismo sentido al caminante.

En muchas poblaciones del itinerario, al menos en los caminos que nacen o atraviesan Asturias, los municipios, las asociaciones, los amigos del Camino, se han preocupado de cuidar tanto las señales como el piso, de limpiar de maleza e imprevistos obstáculos la senda por la que han de pasar los peregrinos. Pero las señales, los indicadores, son más difíciles de reparar, de conservar, de modificar si tienen fallos o errores. En muchos casos han de pedir permisos o ayuda a las «autoridades» oficiosas de la ruta, que se ocupan de dar su opinión pero que pocas veces intervienen para más.

En este verano con el turismo en cifras récord, con gran aluvión de visitantes, con un aumento considerable de andarines y con bastantes aportaciones de los defensores del Camino, en el trayecto se encuentran gran cantidad errores y averías no reparadas, fallos achacables al abandono, a persistentes agresiones, a descuidos. Y entre los errores se cuentan, insisto, los de instalación de las conchas de cerámica. Aunque hay intentos de arreglos. Por ejemplo, en el concejo de Llanes, por donde transcurre el Camino del Norte, el de la Costa, encontramos bastantes innovaciones, aportaciones realizadas por amantes de esta senda histórica. Muestras las tenemos en las parroquias de Pría o de Barro. Pinturas alusivas al santo venerado en Compostela o placas grabadas con imágenes alusivas a los monumentos que se puede encontrar el caminante en su viaje hacia el finisterre. Ayudas que además lo embellecen.

Las informaciones que se publican estos días resaltan el incremento del turismo que llega a España, bien por los problemas de terrorismo que afectan a varios países mediterráneos, bien por los precios de la hostelería, ya sea por la situación de numerosos centros turísticos afectados por la penosa solución de la avalancha de refugiados. Es esta una excelente ocasión para potenciar la joya del Camino.

Publicado el lunes 22 de agosto de agosto en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/08/22/camino-necesita-ayuda/1973408.html

 

Los bichitos que sacan a la calle al personal

La llegada de Pokemon Go que invade los teléfonos y tabletas de todo el Planeta

Paseo por el Parque de Berlín, un bonito recinto del barrio de Ciudad Jardín, en el distrito madrileño de Chamartín. Hace un calor de más de 35 grados. Aún no se ha retirado el sol. Entre los caminos bajo los árboles y el pequeño estanque con restos del derribado Muro de la Vergüenza se encuentran decenas de niños, jóvenes y «entrados en años». Calculo que un ochenta por ciento lleva en su mano un teléfono «inteligente», un «smartphone» de reciente generación. Todos van pendientes de los bichitos. Casi nadie habla por el aparato cuya función primitiva es comunicarse a distancia. Ni tampoco con personas de su alrededor. Ha llegado la oleada de los Pokemon Go.

Estudios y literaturas varias señalaban el problema de mucha chavalería de hoy que se pasa horas y horas sentado ante el ordenador o tumbado en su cama o en un sofá de la casa manipulando un teléfono o una tableta. Se ha dicho y escrito de todo. De la tendencia al sedentarismo, a la obesidad, a la apatía para no hacer nada, no mover un dedo salvo con el ratón o el joystick? Se ha hablado del futuro de unas nuevas generaciones que entretienen su ocio o su desempleo estáticos y sin ganas de hacer nada, ni de buscar empleo, de jóvenes que solamente tienen amigos a través de internet, abandonan a la peña, a la panda para ir a recluirse en su cuarto y enchufarse a alguna red social. Y se habla hasta de los peligros que esto conlleva.

Bueno pues han llegado los bichitos activados por un fabricante japonés y la muchachada se ha lanzado a la calle, al parque, a las plazas de pueblos y ciudades, grandes y pequeñas, de Europa, América, Asia, Oceanía? Por la noche y por el día, en la madrugada fresca del invierno austral o las tardes bochornosas del verano boreal. A cualquier hora. Proliferan las «quedadas» para cazar pokemons que sobrevuelan los paisajes virtuales de los distintos aparatos electrónicos. Es más, los fabricantes atienden las solicitudes de sus seguidores y llenan de bichitos voladores las zonas de mayor afluencia de jugadores. Suelen poblar áreas con abundante vegetación, con arbolado y jardinería, junto a frecuentadas iglesias y plazas, donde surgen los animalitos que aletean a la espera de que los intenten cazar.

Para conseguir captar la aparición de los virtuales voladores los jugadores deben moverse pues las posibles víctimas de la caza están ubicados por el fabricante en virtuales sitios distintos y concretos, se localizan en coordenadas fijadas a nivel mundial. Así podrán encontrar los emplazamientos de sus objetivos, lanzarles sus dardos o pelotas e ir eliminando bichitos.

Tal es el sistema que hasta tiene un ranking a escala planetaria y ya están establecidos marcas y récords que aparecen en los medios y redes sociales. Ya es un acontecimiento mundial que provoca unos beneficios que también se acercan al récord. A los treinta días de su estreno mundial los lanzadores de Pokemon Go han conseguido unos doscientos millones de dólares en ingresos. A la vez que, según expertos en este tipo de negocios, logra el mayor éxito de la historia del teléfono móvil.

Aparte de las marcas en juego, descargas y extensiones de la fiebre virtual que representa, la diversión de la caza de bichitos virtuales ha conseguido que sedentarios chavales (y no tan chavales) dejen sus sillones, se alejen de sus ordenadores, abandonen sus tumbadas posturas y hagan ejercicio buscando a posibles animalitos juguetones. Éxito económico, plan saludable.

Artículo publicado el jueves 18 de agosto de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/08/18/bichitos-sacan-calle-personal/1971603.html

 

Flashmob y performances mal entendidos

El arte en vivo y el riesgo de estampidas como la de Platja d’Aro

La espontaneidad corre peligro. Son tales los manejos y la paranoia que nos rodea que hasta los flashmob y performances o arte en vivo empiezan a ser considerados peligrosos. Otra gran idea que nos han contaminado. Ya sea por descerebrados o por propagandistas aprovechados. Una pena. Lo de Platja d’Aro es el ejemplo más cercano.

Cuando hace unos seis años la Asociación Gayarre Amigos de la Ópera de Navarra, para celebrar el Día Europeo de la Ópera, obsequió con pequeñas piezas cantadas por «camareros» a los clientes del añejo café Iruña de Pamplona sus imágenes se hicieron virales a través de las redes sociales. Un vídeo reflejaba la espontaneidad de la actuación en un momento en el que el veterano establecimiento estaba a rebosar, la sorpresa de los clientes mayores y las sonrisas y caras alegres de los jóvenes. Mostraban la buena acogida de la sorpresiva actuación al tiempo que extendía el reconocimiento de esa musical asociación.

Tiempo más tarde otro vídeo difundido por internet dio a conocer al mundo virtual la sorpresa de los aburridos viajeros que esperaban sus vuelos en el aeropuerto de Atenas. Los componentes de la Orquesta de Cámara de Siero deleitaron a quienes pululaban por la terminal de salida del Heraklion ateniense con una música griega popular, el «Zorba el griego» de Mikis Theodorakis, incorporándose poco a poco los músicos asturianos hasta completar la composición. Y así fueron brotando flashmob realizados en cualquier parte del planeta. Un mercado de Valencia, una histórica estación ferroviaria de Francia, una célebre plaza de Bruselas, otra de Buenos Aires, emblemáticos centros de Amsterdam, de Nueva York, de Berlín? fueron apareciendo en YouTube, en Facebook, en las distintas redes de comunicación popular. Unos presentaban actuaciones musicales, otros bailes y repentinos saltos de jóvenes animosos en calles de cualquier continente. Alegría con invitación a participar a las gentes que estuviesen en el lugar. Era una forma de llevar a la calle «Fama», la exitosa serie de televisión.

La música es generalmente conocida, piezas de ópera de Verdi, o el Bolero de Ravel, los sirtakis de Theodorakis, canciones de películas famosas y hasta himnos y pasacalles populares. También se ven singulares actuaciones circenses y trucos de malabarismo en parques y paseos de distintas ciudades. Espontáneos o trabajadamente preparados, los flashmob surgen para el entretenimiento de la gente, sin ánimo lucrativo o, en algunos casos, como un atractivo sistema propagandístico subliminal. Algo para contemplar, fotografiar y admirar durante un rato. Y lo mismo ocurre con algunos performances. La periodista donostiarra Esther Ferrer, Premio Nacional de Artes Plásticas 2008 y Premio Velázquez de Artes Plásticas 2014, es una artista de la performance que ya demostró su rebeldía cuando estudiaba pero no la traslada a sus actuaciones y sólo aplica en ellas su arte.

Pero ha llegado el deterioro. Lo ocurrido hace unos días en Platja d’Aro fue más una performance que un flashmob, pero la ocurrencia de las jóvenes alemanas y su pandilla campista careció de un estudio riguroso de la situación. Localidades como ésta, Sant Feliu de Guixols y otras cercanas en lo más concurrido de la Costa Brava son las menos adecuadas para convocar una actuación de este estilo. Carreras y gritos pueden producir mucho jolgorio y diversión pero también peligrosas estampidas.

 
Publicado el sábado 13 de agosto de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/08/13/flashmob-performances-mal-entendidos/1969671.html

 

Necesitamos el tren

El deterioro ferroviario en Asturias, abandonado por desidia administrativa, toca fondo

El ferrocarril es uno de los transportes del futuro. Aunque en Asturias no lo parezca. Los trenes de alta velocidad, los coches eléctricos, la energía solar en aviones, las autopistas marítimas están a la orden del día en el mundo desarrollado. Y son los sistemas de comunicación que modernizarán el tránsito de personas y materiales en los próximos tiempos. Aunque en Asturias no lo parezca. Al menos para las autoridades estatales.

El extremo deterioro de la red ferroviaria que sufre el Principado de Asturias, las protestas por esta situación y el abandono del usuario ante el caos que se presenta en la red han hecho que los responsables de su explotación hayan viajado a nuestra comunidad para calmar los ánimos de políticos, empleados y usuarios. Parece que han atenuado parte de la rebelión pero no han propuesto una solución, ni parcial ni definitiva. Han avanzado un parche pero el recauchutado es débil, para salir del paso, muy provisional y casi inapreciable. Vamos, que no anima a retomar un tren de cercanías para acudir al trabajo, al hospital o resolver algún trámite administrativo. Y seguiremos utilizando nuestros medios privados de locomoción, paguemos nuestros impuestos o no. Nada cambia, todo permanece, para contradecir a Heráclito 25 siglos después.

Parecerá una pesada reiteración la insistencia que se lleva a cabo en los medios de comunicación pero tras muchos años de espera, después de lustros de construcción y controversia, Asturias sigue siendo una de las comunidades peor comunicadas, en el interior y con el exterior. Y es así a pesar de tener la más extensa red de ferrocarriles de cualquier otra provincia española.

En cuanto a otros sistemas de traslado la realidad es similar. Décadas se ha tardado en completar una autovía que atraviese la región, las comunicaciones aéreas sufren un déficit increíble, las marítimas son despreciadas por los responsables nacionales y europeos y si entramos en el campo de la alta velocidad no encontramos otra explicación que la de que nos están tomando el pelo. Viajar desde otras comunidades hasta Asturias representa una aventura privada, es decir, el mejor medio es el propio vehículo. Los trenes desde León siguen tardando más de dos horas para poco más de cien kilómetros, viajar en tren desde Cantabria o Galicia representa pasar la jornada en los convoyes más lentos del continente, llegar por mar es misión casi imposible y hacerlo en avión, a pesar de los nuevos convenios con las aerolíneas, es caro y con enorme incertidumbre. Una situación que nos recuerda los viajes de los años cincuenta del pasado siglo cuando para trasladarnos desde Oviedo, Gijón o las cuencas mineras a Llanes o a Luarca nos pasábamos en el tren al menos cuatro horas, con transbordos, feriantes, carbonilla y asientos de madera.

Al comparar las comunicaciones ferroviarias de nuestra comunidad con las de Alemania o Países Bajos, por ejemplo, dan ganas de llorar. Rápidos, seguros, frecuentes, cómodos, asequibles, los trenes de estos países cumplen la función primordial de servicio público para cualquier persona. Para todos, disfruten o no de vehículo propio, para quienes no pueden conducir, para los que necesitan asistencia, quienes han de realizar trámites administrativos, quienes dependen de los servicios administrativos que funcionan gracias a los impuestos.

Como particular, dicho en otras palabras y aunque sea casi un monopolio: «Nos salva el Alsa».

Publicado el miércoles 27 de julio de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/07/27/necesitamos-tren/1961770.html