Elena Lupiáñez y José Comas, dos personas que se fueron entre el cariño de sus compañeros
Son dos símbolos de la amistad. Son dos historias después de su adiós. Son dos recuerdos permanentes. Han pasado veinte y seis años y llegados el 21 y el 22 de marzo de cada uno, respectivamente, aparecen las pequeñas esquelas recordando a Elena Lupiáñez y José Comas. Son dos personas, dos colegas que se fueron entre el cariño de los demás compañeros.
Todos los años en los aniversarios de su fallecimiento José Luis Casaus le cuenta a Elena, brevemente y a su manera, lo que han hecho sus dos hijos en los últimos doce meses. «Elenita: Me consta que tus hijos Boris y Yuri están en trato con Mr. Guinness para que dé fe de mi liderazgo en la confección de zumos de naranja y desayunos contundentes; cuatro y el mío, cinco. La casa ha devenido, pues, en una instalación de amor. Cupido, certero y Venus, abundante». La familia aumenta pero sigue su trayectoria vital.
Ya el año pasado la esquela le relataba los acontecimientos: «Gentes zurdas como tú, firmes y sin desmayar, nos asomaron a los logros laborales y sociales. Hoy, la infame reforma laboral y unos cuantos borrones siniestros en el BOE sitúan a la generación de tus hijos Boris y Yuri en la inaplazable tesitura de cegar el chat autista y cambiar camisetas por camisas de manga larga para arremangarse, pelear, sufrir y tratar de volver a la decencia; eso o rebozarse en las entinas». Cada 21 de marzo su reseñita. Los progresos en inglés, los estudios, los espagueti favoritos, el terror de los trenes de Atocha, sus lecturas, el mileurismo y los móviles? El escritor José Luis Casaus, su esposo, le cuenta la vida familiar. Elena Lupiáñez falleció de un tumor a los cuarenta años. Activa sindicalista, era licenciada en Ciencias Política y Sociología y viva participante en una tertulia filosófica.
Ana Lorite recuerda a José Comas cada 22 de marzo desde 2008 con su esquela-mensaje. Pepe era un veterano periodista nacido en Cangas de Onís, inquieto física e intelectualmente, amante del fútbol y la política. Fue un corresponsal que trabajó en el norte de Europa y en el norte y el sur de América. Falleció a los 63 años de un linfoma No Hogkin en Berlín. «Batallas hubo a orillas del mar / que rebota ciego y desordenado?», le dice en su reciente esquela con versos de Álvaro Mutis.
Pepín (yo era Fernandín para unas amistades comunes) era tan experto en crónicas y análisis, amigo de tertulias, que cuando los médicos le diagnosticaron su grave enfermedad comenzó a relatar su experiencia personal enviando a los amigos su día a día doliente. Seguía enviando los reportajes y artículos que le pedíamos pero, a la vez, remitía a sus compañeros -el «cuerpo místico»- la evolución de su enfermedad con estilo de un enviado especial, lo que fue reunido en las «Crónicas del linfoma».
Comas era un hombre estudioso, práctico, amante de su tierra, futbolero, que solía aprovechar los partidos que el Sporting debía jugar en Madrid para venir desde Buenos Aires, desde México o desde Berlín y realizar cualquier gestión administrativa. O para recoger alguno de los importantes premios que recibió en su trayectoria informativa. Licenciado en Derecho, consiguió una beca para realizar el doctorado en la Universidad de Konstanz pero la inclinación periodística del que había sido ya declarado «Príncipe del Colegio» en sus tiempos escolares le convirtió, desde el sur de Alemania, en uno de los más activos y analíticos corresponsales de prensa.
Publicado el 4 de abril de 2014 en LA NUEVA ESPAÑA
http://www.lne.es/opinion/2014/04/04/elenita-pepe/1566551.html