Necesitamos el tren

El deterioro ferroviario en Asturias, abandonado por desidia administrativa, toca fondo

El ferrocarril es uno de los transportes del futuro. Aunque en Asturias no lo parezca. Los trenes de alta velocidad, los coches eléctricos, la energía solar en aviones, las autopistas marítimas están a la orden del día en el mundo desarrollado. Y son los sistemas de comunicación que modernizarán el tránsito de personas y materiales en los próximos tiempos. Aunque en Asturias no lo parezca. Al menos para las autoridades estatales.

El extremo deterioro de la red ferroviaria que sufre el Principado de Asturias, las protestas por esta situación y el abandono del usuario ante el caos que se presenta en la red han hecho que los responsables de su explotación hayan viajado a nuestra comunidad para calmar los ánimos de políticos, empleados y usuarios. Parece que han atenuado parte de la rebelión pero no han propuesto una solución, ni parcial ni definitiva. Han avanzado un parche pero el recauchutado es débil, para salir del paso, muy provisional y casi inapreciable. Vamos, que no anima a retomar un tren de cercanías para acudir al trabajo, al hospital o resolver algún trámite administrativo. Y seguiremos utilizando nuestros medios privados de locomoción, paguemos nuestros impuestos o no. Nada cambia, todo permanece, para contradecir a Heráclito 25 siglos después.

Parecerá una pesada reiteración la insistencia que se lleva a cabo en los medios de comunicación pero tras muchos años de espera, después de lustros de construcción y controversia, Asturias sigue siendo una de las comunidades peor comunicadas, en el interior y con el exterior. Y es así a pesar de tener la más extensa red de ferrocarriles de cualquier otra provincia española.

En cuanto a otros sistemas de traslado la realidad es similar. Décadas se ha tardado en completar una autovía que atraviese la región, las comunicaciones aéreas sufren un déficit increíble, las marítimas son despreciadas por los responsables nacionales y europeos y si entramos en el campo de la alta velocidad no encontramos otra explicación que la de que nos están tomando el pelo. Viajar desde otras comunidades hasta Asturias representa una aventura privada, es decir, el mejor medio es el propio vehículo. Los trenes desde León siguen tardando más de dos horas para poco más de cien kilómetros, viajar en tren desde Cantabria o Galicia representa pasar la jornada en los convoyes más lentos del continente, llegar por mar es misión casi imposible y hacerlo en avión, a pesar de los nuevos convenios con las aerolíneas, es caro y con enorme incertidumbre. Una situación que nos recuerda los viajes de los años cincuenta del pasado siglo cuando para trasladarnos desde Oviedo, Gijón o las cuencas mineras a Llanes o a Luarca nos pasábamos en el tren al menos cuatro horas, con transbordos, feriantes, carbonilla y asientos de madera.

Al comparar las comunicaciones ferroviarias de nuestra comunidad con las de Alemania o Países Bajos, por ejemplo, dan ganas de llorar. Rápidos, seguros, frecuentes, cómodos, asequibles, los trenes de estos países cumplen la función primordial de servicio público para cualquier persona. Para todos, disfruten o no de vehículo propio, para quienes no pueden conducir, para los que necesitan asistencia, quienes han de realizar trámites administrativos, quienes dependen de los servicios administrativos que funcionan gracias a los impuestos.

Como particular, dicho en otras palabras y aunque sea casi un monopolio: «Nos salva el Alsa».

Publicado el miércoles 27 de julio de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/07/27/necesitamos-tren/1961770.html

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