La labor mediadora del diplomático malagueño Bernardino León Gross
Es posible que ahora consiga algo en Libia. Bernardino León Gross, el hábil diplomático malagueño del que el ministro Miguel Ángel Moratinos disfrutaba como negociador, «apagafuegos» y otros apelativos peliculeros, lo intenta. Y tras la cumbre europea de jefes de Estado y de Gobierno y las mesas recién celebradas en Argelia y Marruecos la situación puede mejorar. León mostró su optimismo tras esas mesas que reunieron a las distintas facciones que se enfrentan en el amplio territorio libio, donde hasta ahora era difícil encontrar interlocutor, negociador, hasta diríamos, encontrar un país. Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, le nombró el verano pasado representante especial y cabeza de la Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (Umsmil), puesto que antes había ejercido para la Unión Europea y como representante de ésta para el Sur del Mediterráneo.
En el Consejo celebrado días pasados en Bruselas se decidió aumentar su cooperación para luchar contra el terrorismo islamista en África mediterránea, sobre todo tras el atentado en Túnez y ante la situación de Libia. La canciller Merkel expresó su preocupación ya que «la influencia del EI crece en Libia», y señaló que si no se soluciona este conflicto la Unión Europea «tiene un gran problema». En este sentido Barcelona acogerá una cumbre de la UE y los países del norte de África sobre yihadismo e inmigración. Los líderes europeos hablaron de medidas de apoyo si se llega a formar un gobierno de unidad nacional -por ahora muy difícil- y tan pronto como se logre la UE dice estar preparada para contribuir a la seguridad de la zona, según manifestó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.
Libia es un país extenso -unas tres veces y media la de España- que limita al Norte con el mar Mediterráneo y en el continente africano con Egipto, Sudán, Chad, Níger, Argelia y Túnez. Sus seis millones de habitantes pueblan solamente las ciudades del Norte cercanas a la costa, con zonas de vegas verdes, ya que el resto es desierto, poco habitado por tribus nómadas beréberes. Su establecimiento como estado libre se remonta a mediados del siglo pasado ya que, a pesar de su larga trayectoria histórica, siempre fue una tierra en disputa por egipcios, cartagineses, griegos, romanos, árabes, turcos e italianos a lo largo de los siglos. Tras las «primaveras árabes» del Sur del Mediterráneo, la caída de Gadafi supuso la desbandada libia, que prácticamente permanecía atada por las sogas del megalómano dictador. Las mismas milicias que lo derrocaron y asesinaron, con apoyo occidental, eran bandas incontroladas de viejos «cabecillas», antiguos seguidores suyos caídos en desgracia, corruptos sediciosos perdedores de las prebendas del tirano. El caos se apoderó así del extenso dominio entre Argelia y Egipto.
Y las luchas, secuestros, matanzas entre facciones son diarias desde la muerte del iluminado caudillo. Dos semanas atrás aviones bajo mando del Gobierno tácitamente reconocido internacionalmente, con sede en Tobruk, bombardearon el aeropuerto de Mitiga, en la capital Trípoli, controlada por una milicia disidente. Y eso que ambos bandos habían aceptado sentarse a negociar gracias al esfuerzo de Bernardino León. Estas reuniones continuaban las iniciadas en Ginebra y en un oasis libio entre partidarios del Gobierno salido de las últimas elecciones y los seguidores del Gobierno constituido por el anterior Parlamento, que cuenta con el apoyo de diversas milicias islamistas, coaligadas bajo el nombre de Amanecer Libio.
El Gobierno de Abdullah al-Thinni ha prohibido la entrada de palestinos, sirios y sudaneses, como presuntos yihadistas, para evitar que intenten implantar otro «estado islámico» que enlace con los integristas de Mali y los agresivos nigerianos de Boko Haram. Libia corre ese peligro y el de su desestructuración como país como ocurre en territorios como Eritrea o Somalia.
Publicado el 25 de Marzo de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/03/25/libia-peligro-islamico-cercano/1732352.html