La escasa referencia en las historia de los westerns a un magnífico director
Las viejas películas del oeste, los westerns, siguen triunfando y en diferentes canales de televisión son programadas casi a diario. Por eso hoy la industria estadounidense sigue rodando cintas sobre el salvaje oeste, con más realismo que la ya clásicas pero con menos glamour. Ahora se cumplen cuarenta años (11 de junio de 1979) del fallecimiento de John Wayne (Marion Robert Morrison, conocido en Hollywood como «The Duke») y con este motivo se planifican ciclos en diferentes cadenas con sus películas. Es la figura más conocida de este tipo de filmes, en los que salvo en casos muy puntuales, las mujeres son siempre personajes secundarios, con papeles marginales. Obras cuyos argumentos suelen reproducir las versiones americanas de clásicas tragedias griegas. Aunque en estos homenajes siempre se olvidan de alguno de los que dirigieron sus éxitos.
Hace unas semanas llegó a las salas de cine la película «Sin piedad» en la que Vincent D’Onofrio, como director, pretende enfrentar la dimensión de los dos personajes -el malo y el bueno- que sustentaban gran parte de la argumentación de los filmes del Oeste, la historia de William Bonney -Billy el Niño- y Pat Garret. Se inspiraba en el que se considera por los historiadores del cine como el primer western. Se cumplen ahora los cien años del comienzo de una temática que ha llenado la trayectoria del cine estadounidense.
Se produjeron filmes que confirmaban el éxito de la temática sobre la conquista de los territorios al oeste del río Mississippi como «La Diligencia», «Tambores lejanos», «Y murieron con las botas puestas», «Pasión de los fuertes», «Centauros del desierto», «Río Lobo» y «Río Bravo» que glorificaron al vaquero y la lucha contra los indios, al sheriff y al pistolero. Cincuenta años después de aquella pionera de David W. Griffith («The Massacre», 1909) llegó a las pantallas «Los indestructibles», dirigida por Andrew V. McLaglen y protagonizada por dos viejas estrellas de Hollywood, el mencionado John Wayne (The Duke) y Rock Hudson. Era el típico filme amable de temática sobre historias del avance hacia el oeste de los que serían los Estados Unidos. Una cinta como muchas de las que jalonaron la larga lista de westerns firmadas por directores como John Ford, Howard Hawks, Henry Hathaway, Raoul Walsh, Arthur Penn o Anthony Mann. Cine afable, épico y romántico que trataba como leyenda las venturas de los pioneros.
Y en décadas posteriores surgió un cine más crítico con la historia, menos complaciente con la amabilidad, las mujeres no lucían bellos vestidos y los vaqueros aparecían harapientos y tan pendencieros sheriffs como asaltadores de bancos. Sergio Leone, San Peckinpah, Clint Eastwood o John Huston rodaron «La muerte tenía un precio», «Grupo salvaje», «El jinete pálido» o «Los inadaptados» junto con «Pequeño Gran Hombre», «Dos hombres y un destino» o «El Álamo». Convivía el cine duro con el complaciente. Grandes directores con actores estrellas como Gary Cooper, James Stewart, Burt Lancaster, Marlon Brando, Henry Fonda, Richard Widmark o Willian Holden.
Pero en las recopilaciones siempre se olvidan nombres y títulos que fueron importantes en méritos y argumentos. Nombres como Ben Johnson, Lee Marvin o Charles Bronson, eternos secundarios o directores como Robert Aldrich, George Roy Hill o John Sturges.
Director de películas dispares en argumento y época, Sturges es uno de los olvidados que dirigió y produjo títulos menos amables o complacientes pero muy importantes en la historia del western. «Duelo de titanes», «Fort Bravo», «Los siete magníficos», «Tres sargentos», «La batalla de las colinas del whisky», «Joe Kid», que junto con «El último tren de Gun Hill» forman parte del western más comprometido y menos discriminatorio, sin olvidar filmes como «La gran evasión», «Estación Polar Zebra» o «Conspiración de silencio».
Publicado el viernes 14 de junio de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA (Sociedad, Cultura)
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/sociedad-opinion/2019/06/14/efemeride-john-wayne-olvido-john/2487980.html
La modificación intencionada de una cámara que muestra un paraje en tiempo real parece una gamberrada, aunque quizá pase a ser algo más legalmente. Lo señalo porque una webcam instalada en el Paseo Princesa Letizia, de Ribadesella, ha sido reiteradamente alterada, según parece, intencionadamente y refleja distorsionada la situación real de ese paisaje. El caso afecta no solamente a la compañía que la instaló, también a quien la patrocina y a quienes buscan su visión informadora (de 2,5 a 3 millones de visitas al año y 700.000 usuarios únicos), ya sea por curiosidad o por razones económicas o laborales.
Exagerar es encarecer, traspasar los límites de los razonable, viene a decir la Real Academia Española (RAE). Traigo esta referencia porque últimamente estamos sufriendo una invasión de este concepto en diversos medios de comunicación, especialmente en audiovisuales, que, opino, desvirtúan la función informativa hasta llevar a la extenuación a los receptores. O como denominan en los medios anglosajones a esta función: «pornografía emocional». Es decir, dar importancia superlativa a un suceso con atractivo morboso.
Es un encuentro beneficioso para todos. Así lo manifestamos algunos de los asistentes a la presentación ante los socios. El Centro Asturiano de Madrid (CAM) y la asociación Compromiso Asturias XXI (CAXXI), parece que con la mediación de la Federación Internacional de Centros Asturianos (FICA), han presentado en Madrid una esperanzadora colaboración. La invitación de ambas entidades ha sido tímida ya que una ha invitado como una actividad normal dentro de su repleta agenda semanal y la otra lo hacía como una reunión afterwork de su delegación madrileña.