2015, el año interino

Las consecuencias de la sucesión de elecciones

El presente será un año interino completamente. La política, la economía, la vida social en general estarán pendientes de los resultados y los acontecimientos electorales. No importa que sean en los municipios, en las comunidades autónomas o en la representación nacional. Unos y otros se entrelazan y dependen recíprocamente. Cada formación, partido o agrupación de electores funcionará según lo que decidan las urnas, ya sea en alianzas, coaliciones o colaboraciones y acuerdos puntuales para la gobernanza en los diversos ámbitos de actuación. Porque en estos próximos diez meses se celebrarán comicios primero en Andalucía, semanas después en la mayoría de las comunidades y en todos los municipios, meses más tarde en Cataluña y antes del final del año se celebrarán las elecciones al Congreso y al Senado. Todo esto si no se le ocurre al presidente del Gobierno o a algún otro presidente autonómico con capacidad para hacerlo el programar algún cambio electoral de última hora.

Es decir, un desfile intermitente ante las urnas para decidir posibles permutas en los gobiernos de los distintos niveles. Y ante la incertidumbre de los resultados, interinidad. Habrá casos en los que prime la urgencia para decidir antes de que se pueda perder el poder, pero en la mayoría de los casos, en la medida en que se acerque la fecha de las votaciones, las decisiones serán cada vez más provisionales y, por tanto, se implantará la interinidad. Interinidad que muchas veces se prorrogará sin previsible fecha de caducidad.

Posiblemente esta provisionalidad se dilate después de las distintas elecciones por la polarización ideológica de los componentes que consigan representación en cada entidad elegida, en cada Corporación local, regional o nacional. Lo cual puede ser una rémora para el funcionamiento de las instituciones o un acicate para negociar consensos y acuerdos que alejen a los elegidos de mayorías absolutas que no contemplen beneficios para las minorías.

La democracia española, aunque ya consolidada a pesar de que algunas opiniones lo pongan en duda, está sin embargo poco acostumbrada a las coaliciones, acuerdos electorales y apoyos de sostenibilidad para la gobernabilidad. Al menos en altos niveles, situaciones que se producen en las más clásicas políticas del planeta. Solamente en el terreno municipal los compromisos son frecuentes. Y la previsible polarización que auguran los últimos sondeos sociológicos puede que venga bien para lograr esa dinámica que hace que los ejecutivos puedan estar compuestos por muy diversas sensibilidades.

De momento muchos dirigentes se manifiestan contrarios a alcanzar acuerdos pre y poselectorales. Aunque la cercanía del poder suele llevar a impensables componendas. Los ataques al oponente que aparece como una opción atractiva están al orden del día. Y el miedo a perder la representatividad lleva a muchas formaciones a la ambigüedad, al programa inconcreto o poco definido. Al tiempo que algunas coincidencias doctrinales hacen que el único distintivo entre diversas formaciones sea la contundencia en su invocación. La gran manifestación del 31 de enero en la Puerta del Sol madrileña es un buen ejemplo. Así, la interinidad lentifica la definición programática y paraliza la divulgación de posibles acuerdos poselectorales, por lo que la situación provisional permanecerá durante la mayor parte de este 2015, un largo periodo incierto, un año interino.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 9 de febrero de 2015

http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/02/09/2015-ano-interino/1710574.html

 

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