Un relato humano sobre el principal sorteo español
Uno de los anuncios de la lotería de Navidad que llevamos viendo desde hace ya bastantes días en televisión y cines ha conmovido a mucha gente. A unos les ha hecho incluso llorar, según confesión propia. A otros les ha inspirado para parodiar ciertas fibras comunes de los españoles en esta época de crisis y son muchos los spots de humor que hemos podido contemplar en diferentes programas y en internet. En fin, digamos que todo el mundo habla del anuncio. Los actores se están haciendo famosos y parece que ya la gente los para y los saluda por la calle. Todo un éxito.
Desconozco si la composición del corto está inspirada en un caso concreto, si el equipo del vídeo ha vivido algo similar, si le ha pasado un asunto igual a alguna persona del ente de las loterías. Personalmente conozco un caso real ocurrido ya hace tiempo. Lo cuento. Se aproximaban las Navidades del año 1982. En un departamento de la sede de la Compañía Telefónica en Sevilla unos empleados se habían desplazado por motivos de trabajo a las Islas Canarias y antes de regresar habían adquirido unos décimos de lotería para repartir entre los compañeros. Al volver a las oficinas sevillanas contaron lo que habían disfrutado en las llamadas Islas Afortunadas mientras distribuyeron los décimos o participaciones a los demás.
El día 22 de diciembre, mientras nevaba en algunas zonas del Norte, en el sur andaluz hacía un buen día. Comenzó el gran sorteo y, de repente, comenzó un sonoro alboroto en aquel edificio cercano al recinto de la famosa Feria de Abril. Había «caído» el Gordo en un número llegado de las islas. Uno de los trabajadores abrió el cajón de su mesa, sacó unos décimos y se los entregó a compañeros que por alguna circunstancia no estaban en su puesto el día del reparto o no llevaban el dinero correspondiente al precio de su participación. La costumbre dice que la lotería se paga siempre antes del sorteo. Pero siempre hay excepciones.
Años más tarde algunos de esos empleados de Telefónica fueron desplazados a otras provincias de Andalucía. En Málaga volvió a ocurrir un caso parecido entre compañeros que habían protagonizado la anécdota sevillana. Por motivos familiares uno de ellos estuvo sin trabajar durante unos días. En una ocasión se encontró con otro de «los sevillanos» y éste le dijo «toma, te lo he guardado porque no estabas el día que la distribuyeron». Era, otra vez, un décimo premiado con el Gordo.
La historia que tanto conmueve ahora es real y creo que hay publicados otros relatos de esta índole. Y hasta el director del vídeo que estos días se repite en todos los canales se emociona cuando se le comenta el éxito alcanzado. Dice el madrileño Santiago Ahuanojinou Zannou, nacido en el barrio de Carabanchel de padre inmigrante y madre aragonesa, que desde que le pasaron el guión «era consciente de que la historia que tenía entre manos era muy interesante y está basada en muchos hechos reales».
En una entrevista difundida días atrás en el programa nocturno «Gente despierta», de Radio Nacional de España (RNE), Santiago Zannou, que se considera personalmente como un mestizo de barrio, señalaba que se está demostrando que «somos más los buenos que los malos, no tengo ninguna duda al respecto». Lo que parece claro es que, aunque estos días están llenos de momentos «tiernos» y, a veces, también empalagosos, también son días en que la realidad supera a la ficción.
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