Hackers y esos inquietantes adelantos

La seguridad y los avances tecnológicos

Un/a hacker es un personaje inquietante para el gran público. Unos lo consideran héroe; otros, peligroso pirata y delincuente. Ahora resulta que los hackers son respetables profesionales que realizan faenas legales. Al menos en el mundo laboral su trabajo lo es hasta que quebrantan las leyes, como ocurre en cualquier función. Viene esto a colación porque recientemente se han publicado diferentes noticias que reivindican esta tesis ya que la palabra y la acción no son punibles de por sí aunque lo parezcan.

El significado de la palabra en castellano tiene diversas acepciones, aunque la más común es la que se aplica en informática para señalar a quien «entra sin permiso» en un sitio, sea una web, un sistema operativo, una red, etcétera. La connotación peyorativa que generalmente se le atribuye es porque la traducción al castellano puede expresar manipulación, habilidad, mañosidad e intromisión en la privacidad, entre otras cosas. Si juntamos la falta de autorización con el sentido de manipulación desembocamos en el alcance perverso de la palabra. Pero no todo hacker es avieso. Los departamentos policiales de cualquier país encargados de perseguir los delitos informáticos no lo son.

Un especulativo reportaje publicado los pasados días en «The New York Times» comenzaba así: «En Suecia, un hombre asegura que pagará hasta 2.000 dólares a quien entre en la página web de su casero. Una mujer de California ofrece 500 a quien piratee las cuentas de Facebook y Gmail de su novio para comprobar si éste la engaña». El portal NeighborhodHacker.com, dedicado a estos menesteres, se define asimismo como una compañía de «piratas éticos certificados», que trabaja para proteger «los datos y contraseñas» y «la seguridad de los hijos» de sus clientes, según el diario norteamericano. Y la legalidad de esta y otras muchas empresas informáticas que aparecen en internet resulta compleja de establecer por la dificultad de la radicación de sus sedes, las desiguales legislaciones en los países en los que actúan y los diferentes trabajos que realizan.

Acaba de publicar LA NUEVA ESPAÑA una información en la que se señalaba que una niña británica de sólo 7 años «ha demostrado que cualquiera puede hackear una wifi pública». Betsy Davis, se indicaba, «necesitó tan sólo 10 minutos y 54 segundos para romper la seguridad de una red inalámbrica». Parece que participaba en un reto proyectado por una empresa de seguridad y la niña, aficionada a las nuevas tecnologías, lo superó con rapidez y sin despeinarse. La compañía quería mostrar el riesgo que supone acceder a redes wifi públicas sin la adecuada seguridad, afirmaba la reseña. La jovencísima hacker contaba en el vídeo que acompañaba la noticia que solamente tuvo que copiar en un buscador de la red un programa que explicaba la forma de entrar en la web y aplicarlo.

No nos han de extrañar estas cosas ya que los avances tecnológicos pueden tener ranuras que no preservan totalmente la seguridad mientras que no se haya experimentado largamente con el invento. Joaquín Rábago detallaba en un artículo («Un televisor que es todo oídos») en estas páginas cómo un televisor, de los llamados «inteligentes», capta órdenes verbales, las envía, sin usar el mando a distancia y a través de internet, a un servidor que devuelve una respuesta inmediata al aparato. El peligro es que ese electrodoméstico puede captar conversaciones privadas que no sean precisamente para cambiar de canal.

Publicado el viernes 27 de febrero de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/02/27/hackers-inquietantes-adelantos/1719453.html

 

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