La suerte de «La máquina de escribir»

El breve historial de una trayectoria de cincuenta años de trabajo periodístico

La sintonía del espacio era precisa y hacia las diez de la mañana la música de «La máquina de escribir», de Leroy Anderson, nos anunciaba en la nueva emisora en Oviedo de Radio Nacional de España el repaso de los textos más interesantes que publicaba la prensa asturiana del día. Aquella jornada me asaltó la taquicardia al oír la lectura completa de un artículo que días antes había enviado a «La Voz de Asturias», titulado «La oración del siglo XX», nombre del espacio que se emitía cada mediodía. Comentaba en él cómo las emisoras de la radio estatal parecían adaptarse a los nuevos tiempos y empezaban a presentar los cambios que había establecido el Concilio Vaticano II casi dos años antes. Más o menos adaptar la disciplina eclesiástica a los nuevos tiempos, promover el desarrollo de la fe católica, la renovación moral de los cristianos y buscar la interrelación con los no católicos y con otras religiones, principalmente las orientales. Era innovador en una emisora oficial en tiempos del tardofranquismo. Estábamos a dos de mayo de 1967, martes, hace ahora cincuenta años.

Variopinto año musical aquel con el lanzamiento de «Sgt. Pepperts Lonely Hearts Club Band», de los Beatles; «Their Satanic Majesties Request», de Rolling Stones; el surgimiento de The Doors, Bee Gees, Pink Floyd, Genesis y el triunfo de Sandie Shaw («Puppet on a string»). Fue también el año de «Cien años de soledad», de Gabriel García Márquez y «Los cachorros», de Mario Vargas Llosa, aunque la despedida de Azorín, de Edgar Neville, de Violeta Parra y del Che Guevara. En fin, de alegrías y penas como el primer trasplante de corazón o la guerra de los seis días. Pero fueron doce meses en los que comenzó mi suerte profesional.

Después de aquel primer texto (LA NUEVA ESPAÑA me había publicado ya una carta al director con el insólito colofón de una Nota de la Redacción para rebatir mi demanda) vinieron otros e ingresé en la Escuela Oficial de Periodismo, justo cuando nacían nuevas cabeceras periodísticas. Luego realicé prácticas de estudiante en «La Voz de Asturias», donde pasé un verano de playa en playa cubriendo el concurso de Castillos en la arena; en el diario «Madrid» cuando llegó el hombre a la Luna; en «La Voz de España» de San Sebastián donde mantuve una columna diaria de humor. Pero la suerte continuaba porque al regresar de un maravilloso viaje de fin de carrera me vinieron a buscar al mismo aeropuerto para trabajar en «Nuevo Diario».

Cuando cerró este diario -tres meses después de la muerte de Franco, un 23 de febrero, a pesar de que nos llamaban los Martín Ferrán (el director) Broadcasting por nuestra tecnología avanzada- y tras unos meses cobrando el paro, me llamaron del diario «El País» para ser el nuevo redactor de cierre. En él inauguré el primer News Service y formé parte del primer Comité de Redacción que elaboró un pionero Estatuto de la Redacción. Trabajé en él más de treinta años. La suerte seguía a mi lado ya que los diversos estamentos del periódico salieron en mi defensa cuando Paco Umbral escribió un denigrante texto acusándome erróneamente de haberle cortado un artículo y diciendo que era un ignorante que era capaz de destrozar unos «versos de Jorge Manrique». Tal fue la reacción de redacción y talleres que ese texto fue retirado y nunca se publicó. Y cuando me anunciaron mi salida del diario fundado por José Ortega y Jesús Polanco le envié un mensaje a José Manuel Vaquero, director general de Editorial Prensa Ibérica, para preguntarle si le podría enviar un artículo sobre un problema ecológico localizado en Asturias. Y Vaquero confirmó mi suerte. Me contestó al momento diciendo que le mandase ese texto y «todos los que quieras».

Bastantes han sido los sobresaltos habidos en estos cincuenta años de profesión, desde los últimos años de la dictadura, los arduos momentos periodísticos de la difícil Transición, hasta nuestros días. Son ahora otros tiempos, la labor informativa ha evolucionado mucho, pero el espíritu sigue siendo el de «La máquina de escribir».

Publicado el martes 30 de Mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/30/suerte-maquina-escribir/2112651.html

Millennials, la otra realidad

Los jóvenes que entraron en el siglo XXI siendo adolescentes son distintos

Marcelino Vaquero, «Campanal II», sigue asombrando a sus 86 años por sus hazañas deportivas. Áurea Martínez Cue, con 102, asombra por su actividad. Quizá sean excepciones que confirman la regla. Que no han tenido las urgencias de la vida moderna. Viven a un ritmo, para algunos, antiguo. Aunque están aún en tiempo de utilizar las nuevas tecnologías. Las de la inmediatez.

L@s millennials, como son conocid@s quienes cruzaron el milenio en la adolescencia, viven otro tipo de realidad. Lo quieren todo y lo quieren ya. Su ritmo es otro, las tecnologías lo hacen todo inminente. La calidad quizá se cambia por la rapidez. Los impresos languidecen porque cuesta tiempo hacerlos, no los tienes al momento. Y triunfan las redes sociales que propician las nuevas tecnologías. Imágenes, textos, documentos, música, pueden atravesar el mundo en unos instantes. Y expandirse como un virus. Se puede contemplar una concurrida calle de Nueva York en directo desde un rincón de los Picos de Europa o la selva congoleña. También una playa asturiana. Sólo se necesita una potente herramienta informática de los nuevos ingenios.

Filosofar sobre lo concreto de la situación del mundo actual en que vivimos puede ser poco práctico en un pequeño artículo de prensa. Porque surge una gran cantidad de preguntas que merece la pena estudiar en un mayor ámbito científico, en una convención de pensadores, en una conferencia de ejecutivos, economistas, políticos, filósofos, sindicalistas, estrategas, poetas, periodistas, químicos, biólogos, artistas? un Arca de Noé de muy notorios miembros de distintos campos de la intelectualidad y la ciencia. Personas que vean los problemas y avances de cada día y vislumbren y calibren el progreso de nuestra civilización. Que imaginen, contando con sus conocimientos, no sólo el futuro inmediato, sino a más lejano plazo. La velocidad actual de la vida lo reclama. Porque seguimos sin saber por qué envejecemos.

La aceleración tecnológica nos lleva a esa inmediatez que mueve hoy al mundo, a la comodidad vital, a la apetencia por el avance. Gracias a ella logramos descubrir hoy los entresijos de la corrupción, el misterio de la vida o la actividad del Universo. Pero recientemente acusamos también la fragilidad de nuestra situación. Un gran y espectacular ciberataque -aunque ha habido ya otros muchos menos llamativos y publicitados- ha puesto de relieve los graves peligros y la debilidad de este mundo ciberinmediático. El riesgo de una velocidad de avance con aún escasas medidas de prevención de fallos, ataques, previsión de adversidades. De casos que causen una catástrofe técnica y vital retroceso humano. Una nueva desaparición de los dinosaurios.

Por otra parte, y aunque sean considerados aún daños colaterales, la aplicación de esa nueva ciencia empieza a generalizar el auge del individualismo y la disminución de las relaciones personales, retraimiento del lenguaje, crecimiento del despilfarro y la falta de restauración y reparación de utensilios aprovechables. Y de momento un gran paro. Llama la atención la soledad de muchas personas concentradas en un gran recinto enfrascadas en la manipulación de smartphones -han aparecido curiosos carteles en centros de ocio con un «aquí no tenemos wifi, hablen entre ustedes»-, amigos jugando cada uno con su ciberteléfono sin integrarse en el grupo. L@s millennials han crecido fotografiando cada plato, cada documento, cada sitio -ya no toman notas-, lo pasan a la red, compran todo sin horario por internet y reciben el producto en horas. Las redes dictan el valor de los negocios y los no millennials deben adaptarse a su ritmo.

Pero ese ritmo de inminencia puede ocultar calidad, ética, dignidad, conductas que difieren de las cualidades humanas y la solidaridad que lucha contra desigualdades y diferencias.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 22 de mayo de 2017

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/22/millennials-realidad/2108461.html

 

Cincuenta años de «apartheid»

Las penurias de la población palestina desde la Guerra de los Seis Días hasta hoy

Los movimientos militares de Egipto y su exigencia a las Naciones Unidas de la retirada de sus fuerzas de interposición en el Sinaí en mayo de 1967 desembocaron en la Guerra de los Seis Días. Israel venció, en una ofensiva relámpago, a la coalición formada por la República Árabe Unida, que así llamó Gamal Abdel Nasser al territorio egipcio, Siria, Irak y Transjordania en menos de una semana entre el 5 y el 10 de junio. Así se agudizaron las penurias de la población palestina que lleva cincuenta años sufriendo el acoso judío y la apatía internacional, un auténtico «apartheid».

La impotencia de la Organización de Naciones Unidas se refleja en una de sus más tempranas decisiones, la partición del territorio palestino, bajo protectorado de Reino Unido, en dos estados, uno judío y otro árabe. Setenta años después continúan irreconciliables los dos estados pues unos pobladores consideran que fueron expulsados de su tierra para implantar en ella una ocupación de moradores foráneos; mientras, éstos, reforzados por una inmigración político-religiosa, reivindican su origen ancestral en dichos territorios como mandato divino de la Torá, su libro de la ley. Ante las razones de unos u otros, más de cuatro millones de palestinos allí establecidos huyeron o fueron desplazados a las naciones vecinas, pobladas por gentes de extracción árabe y religión musulmana. La situación se agravó al ocupar Israel desde entonces, salvo el Sinaí, varios territorios de sus contrincantes durante las batallas de junio de 1967.

Más de 85 resoluciones de la ONU para intentar resolver el conflicto han sido ignoradas por el estado judío, mostrando la incapacidad de los organismos internacionales para lograr una convivencia en paz. No han servido de nada las conversaciones de Madrid de 1991 impulsadas por Estados Unidos y la URSS, ni las de Oslo de 1993, ni los encuentros de Camp Davis auspiciados por la Casa Blanca con presencia de los presidentes. Los continuos establecimientos de colonos -unos 400.000- en territorios cisjordanos corrompen cada vez más la situación.

La realidad de quienes nacieron y viven en esos territorios ocupados lleva medio siglo deteriorándose continuamente ante la permisividad del resto del mundo. Muchas de las numerosas reconstrucciones sufragadas por la Unión Europea, por ejemplo, son objeto constante de los ataques del ejército israelí, que con la disculpa de ser refugio de terroristas destruye escuelas cuatro o cinco veces reconstruidas, edificios públicos, corrales, casas particulares, automóviles. Israel construye muros que segregan familias, calles, barrios, ciudades; controla el 60% de Cisjordania, una población de unas 750.000 personas (tierra ocupada desde 1967), fiscaliza todo el agua de esa zona y los palestinos lo han de comprar para beber, soportar toques de queda continuos, controles militares, verjas y la destrucción de campos de cultivo para que los colonos levanten nuevos asentamientos.

Datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) señalan que son un millón los habitantes en emergencia diaria, que un 80% come gracias a la aportación de la agencia, que Israel no presta atención médica, obligatoria por la legislación internacional y la Convención de Ginebra, que solamente abre los puestos de paso a las zonas árabes dos horas matinales y dos vespertinas, que no les permite la pesca y bloquea toda comida que llega del exterior. Israel, que expulsó a 13.000 drusos (cristianos árabes) del Golán ocupado, sembró de minas la zona y reemplazó unas 350 granjas por asentamientos de colonos, es el único país de la ONU que no aporta sus límites fronterizos. António Guterres, recién elegido Secretario General de Naciones Unidas, señalaba hace solamente cincuenta días: «Tomo nota con decepción y alarma de la decisión de Israel de construir un nuevo asentamiento en el territorio palestino ocupado». El primer mundo consiente este ofensivo «apartheid».

Publicado el viernes 12 de mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/12/cincuenta-anos-apartheid/2103140.html

 

Los pepos, una protección contra la violencia machista

Una posible solución para las mujeres y los hijos amenazados

La lacra social de la violencia machista lleva años sin solución. No solamente en España, donde la conocemos bien por tenerla cerca, sino en todo el mundo. Lo que quiere decir que la desigualdad persiste porque unos se creen superiores a las otras. Este insulto a la inteligencia quizá no encuentre solución por esa causa en sí misma, porque no interesa a una gran parte. Pero una simple idea puede romper ese maleficio que tanto perjudica a más de la mitad de la humanidad.

Una idea lanzada en una red social puede servir para paliar en parte el problema, al menos de momento. La solución no se logrará hasta que la igualdad sea real, hasta que la democracia social alcance a las mentes de todos. Pero creo que con esa idea la violencia puede disminuir bastante, los sufrimientos de mujeres e hijos se reducirán en gran medida. La propuesta hecha en Change.org a la presidenta de la Comunidad de Madrid es esencialmente la siguiente: Los pepos son perros protectores que son entrenados para acompañar en todo momento a mujeres que han sido víctimas de violencia de género y protegerlas así de un potencial acercamiento de sus agresores.

Ya está funcionando este procedimiento, casi de forma experimental y en precario, que en principio aleja al agresor de su víctima. Pero como es un sistema bastante nuevo apenas existe regulación, aunque está aceptado por el Ministerio del Interior, según informa la red social. El departamento ministerial autoriza, si existe una orden de alejamiento, a las mujeres amenazadas a ir acompañadas de un perro de estas características una vez que hayan superado una valoración psicológica para ello. Sin embargo, sigue habiendo problemas para que estas mujeres puedan hacer una vida normal cuando salen a la calle: no está aprobada una legislación para que estos animales acompañantes puedan entrar en lugares públicos.

En Change.org recogen firmas para conseguir que se aprueben normas que permitan que las presuntas víctimas de violencia de género puedan entrar en establecimientos como restaurantes, supermercados y otros lugares públicos en los que se impide por ahora acceder con animales. Y se solicita que, en este caso a la Comunidad de Madrid, se regule a los pepos como a los perros guía que acompañan a las personas ciegas que pueden subir a los autobuses y transportes públicos o ingresar en edificios y centros de entrada libre.

Los perros de protección son aún poco conocidos y su adiestramiento para acompañar a víctimas de violencia de género es pionero. Los beneficios de este sistema han atraído la atención en otros países y parece que ya han venido a estudiarlo de otros lugares de Europa. Cuenta el introductor de la petición en la red social, un instructor de pepos que «es increíble cómo estas mujeres pasan de no poder salir de casa por miedo a por fin sentirse libres gracias a la protección de sus Pepos».

Las mismas fuentes señalan que la regulación que permite que los perros guías accedan a lugares públicos depende de las comunidades autónomas aunque existen diversos niveles de autorización, lo que dificulta implantar una legislación única en todo el territorio nacional. Creo que debido a la peligrosidad de la violencia machista, con tan elevado número de muertes, la regulación de su funcionamiento es factible. Además, muchos de los animales encerrados en las perreras serían recuperables. Su compañía sería de 24 horas y abarataría las medidas protectoras. Según sus adiestradores los pepos son muy sociales, no son perros de ataque, juegan con niños y adultos, no atacan a otros animales y «únicamente actúan cuando se les activa la orden de protección al detectar una posible agresión».

Publicado el lunes 8 de mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/08/pepos-proteccion-violencia/2100903.html

 

Guachigres para las vacaciones

Una propuesta para solucionar un problema ante el éxito turístico de la región
Guachigres para las vacaciones

Los días de vacaciones que hemos tenido en Asturias durante que la pasada Semana Santa han demostrado que esta tierra atrae. Lleno total ya que las estadísticas señalan que la hostelería ha alcanzado el 95% de ocupación. Posiblemente hayan puesto el cartel de completo casi todos los hoteles, los apartamentos, las casas rurales o los pisos con licencia turística. Quizá el gremio no esperaba tal agradable porcentaje de pernoctaciones, incluso en el occidente. El caso es que el Principado estaba «petado».

Pero el problema persistía porque no radicaba en las camas ocupadas sino en las mesas. Si era difícil encontrar dónde dormir, era casi imposible hallar un restaurante donde comer. Al menos hacerlo de una forma confortable en una tierra que presume de tener una cocina excelente y unos platos de fama internacional. Buscar restaurante tanto a mediodía como para cenar ha sido esta santa semana un auténtico camino del Calvario. Sin una reserva hecha con bastantes días de antelación no había forma de degustar un menú de los que nos ufanamos.

Los residentes en el llamado municipio 79, quienes viven fuera de Asturias y aprovechan las vacaciones para viajar a su tierrina se encontraron con la dificultad de encontrar un lugar donde tomar un refectorio, donde en muchas ocasiones llevar a esos amigos que han venido a ver la bonanza de la que nos jactamos, a comprobar lo que anuncia nuestra propaganda. En las zonas más turísticas la dificultad superaba lo soportable. Hasta el lunes de Pascua, que ya no era fiesta en el Principado, hubo grandes colas en algunas zonas para lograr una mesa. Creo que así no se consigue ser una potencia turística, que es a lo que se pretende llegar en Asturias, un Paraíso Natural campeón entre las regiones de la franja verde.

Una comunidad con larga experiencia turística y con gran cantidad de visitantes todo el año mantiene una solución particular que, pienso, podría ser aplicable en otras zonas. Es un sistema que demuestra su eficacia ya que es de continuada tradición y cuya eficacia se ve en la atracción que ejerce sobre el visitante. Me refiero a Canarias y su fórmula del guachinche en la isla de Tenerife (bochinche en Gran Canaria). En este tipo de establecimientos se ofrece comida tradicional para acompañar los vinos cosechados en el contorno y su apertura es temporal, en principio en época de la vendimia. Claro que los locales han proliferado por toda la isla y han merecido fama por sus platos, en muchos casos de los fogones ancestrales y tradicionales, en otros, recetas personales consolidadas por su bonanza o particularidad. Y no son denostados como «pulperías en la calle, que son competencia desleal», como señaló a LA NUEVA ESPAÑA el presidente de la patronal Otea, José Luis Álvarez Almeida.

Probar la comida de un guachinche es una de las ofertas que se les hacen a los turistas cuando llegan a la isla. Un escaldón de carne, un rancho canario, unos churros de pescado o una carne de fiesta son platos bastante típicos de estos locales, además de las consabidas papas arrugás o papas negras. Son comidas que no se ofrecen normalmente en los menús de otros restaurantes. Platos diferentes como el cochino negro, el almogrote, el tumbo de las sobras del puchero o los huevos al estampido son típicos de muchos de estos refectorios que abren por temporadas de dos o tres meses o solamente ciertos días de la semana con el aliciente de un vino de la tierra.

En Asturias la sidra y su época de espichas podría ser el estímulo para acudir a degustar las verdinas, los bollos preñaos, el chosco, el emberzáu, fariñas, boroña, las cebollas rellenas, los platos de escanda, los tortos, la carne gobernada, la caldereta, el vino de Cangas, casadielles, frixuelos y muchos de los cuarenta quesos que se elaboran a lo largo de nuestra geografía. Algunos de éstos son platos distintos a la fabada, fabes con almejas, el cachopo, la ternera asturiana, los fritos de pixín o de bacalao, el chorizo a la sidra, el bonito, el bocarte y otros pescados a la espalda, los carbayones, el arroz con leche requemao, además del Cabrales, el Gamoneu, La Peral o el Afuega’el pitu. Chigres y merenderos (diríamos «guachigres») de apertura temporal, que no serían rentables todo el año, que alivien los estómagos en fechas como la Semana Santa o puentes festivos, cuando se llenan los bares y restaurantes permanentes. Un recurso que sería regulado como los guachinches tinerfeños para supervisar su calidad. Estamos en una tierra que busca y presume de ser un paraíso natural. Y comer en Asturias ya es leyenda.

Publicado el lunes 1 de mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/01/guachigres-vacaciones/2097130.html

 

Aquel kilómetro culto de mi pueblo

Desarrollo cultural del lugar que fue un emporio industrial elogiado por la Unesco

Turiellos era un pueblín, una aldea bañada por dos ríos como una pequeña Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates. El Nalón y el Candín enmarcaban una aldea verde del centro de Asturias a mediados del siglo XIX. Se cumplen ahora 160 años desde que Pedro Duro inaugurara -un año después del funcionamiento del pionero ferrocarril de Langreo- una siderurgia que llegaría a ser un emporio industrial que alcanzaría la cumbre, ser el pueblo más industrioso de España. Lo que hoy llamamos clúster, un núcleo formado por una factoría principal con otras secundarias a su alrededor y dotado de todo tipo de servicios. Las minas de carbón, un primitivo horno de coque y la carretera carbonera impulsada por Melchor Gaspar de Jovellanos habían estimulado la llegada de la industria transformadora, la química y la formativa que completaron el progreso de un rural valle verde.

La parroquia de Turiellos se extendió entonces por las praderías de La Felguera -tierra de helechos- y la población fue aumentando al tiempo que la industria siderometalúrgica crecía. Alrededor de esa explotación fueron llegando factorías químicas, eléctricas, farmacéuticas, de montaje, a la vez que se integraban en un mestizaje humano enriquecedor. En el primer tercio del siglo XX el emprendedor Pedro Duro, estableció la asistencia médica y farmacéutica, fundó casas de socorro, construyó viviendas sociales y hasta cajas de ahorro. Riojano, de cercano nacimiento al municipio burgalés de Santa María de Bujedo, donde la orden de Juan Bautista de La Salle tenía su noviciado, creó las escuelas gratuitas para los hijos de los trabajadores de su fábrica que funcionaron hasta la desaparición de esa industria en La Felguera en 1984. Dos tercios de siglo estuvieron a cargo de los hermanos de La Salle, donde estudiamos la mayoría de quienes nacimos y crecimos en Langreo.

Llegaron también los dominicos que fundaron una escuela femenina y luego se hicieron cargo del colegio San Pedro, centro masculino creado por un grupo de profesionales que pasó a llamarse Santo Tomás. Completaban el plantel educativo la Escuela de Maestría Industrial y la Academia Mercantil. Al no ser cabecera municipal no había en la parroquia felguerina, que alcanzó varias decenas de miles de habitantes, más que unas escuelas públicas y ningún instituto de enseñanza, cubierta ésta por centros privados, pero estudios de la Unesco señalaron a La Felguera en 1961 como el «kilómetro más culto de Europa».

La evolución industrial fue cambiando desde entonces el panorama fabril de la zona y se inició una decadencia que llevó a trasladar la actividad productiva a otros municipios en unos casos, a desaparecer en otros y dejar La Felguera en un recuerdo de lo que había sido. La siderometalurgia y la industria de montaje desapareció, a la vez que la enseñanza relacionada con ellas. La minería fue cerrando sus explotaciones y solamente la químico-farmacéutica resiste en Langreo con la factoría Bayer, fabricante de la aspirina para todo el mundo. Ya ni el último reducto de Duro Felguera permanece entre el Nalón y el Candín.

El pueblo se ha renovado completamente, los ríos discurren limpios y con agua transparente, la atmósfera está casi libre de humos, pero la enseñanza va desapareciendo. Los frailes de La Salle se fueron, la maestría industrial cesó, la academia Mercantil desapareció y el centro de los dominicos redujo su actividad. Ahora anuncia LA NUEVA ESPAÑA que «El colegio Santo Tomás de La Felguera cerrará sus puertas tras 87 años» de actividad de la Orden de Santo Domingo en la zona. Solamente queda una concentración educativa dominica en el pueblo en el nivel de secundaria. Y, en cuanto a formación industrial, el parque empresarial de la Ciudad Tecnológica de Valnalón. Ya pocos recuerdan la historia de aquella pequeña Mesopotamia.

Artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 3 de abril de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/04/03/kilometro-culto-pueblo/2083660.html

 

El humor le viene bien a la gastronomía

La polémica sobre el cachopo y su elaboración retrata a los grandes cocineros

Goethe, Cervantes, Unamuno, Darío, hasta a un proverbio turco se le achaca lo de «ladran luego cabalgamos». El autor, en nuestro caso, importa poco. Lo interesante es su significado. Y aunque en la discusión podemos ir de la filosofía a la gastronomía, creo conveniente que nos detengamos en el humor. Es el mejor método de desatascar una disputa, quizá sea una mediación que reconcilie a todos. Hablemos del cachopo.

En una reciente visita a Asturias le preguntaron a Ferran Adrià su opinión de este preparado que arrasa tanto en los restaurantes clásicos como en los refectorios modernos. Y quien fuera considerado el mejor cocinero del mundo lo comparó con una simple croqueta. Teniendo en cuenta la consideración que en los fogones se tiene de esos canutillos de bechamel empanados, para muchos el aprovechamiento de las sobras, la respuesta del chef de Hospitalet de Llobregat abrió la polémica. Pasó luego por un programa de humor el mierense José Ramón Andrés, a quien, siendo una eminencia culinaria en los Estados Unidos, se le preguntó si le parecía bien la opinión de Adrià al respecto. Contestó Andrés dándole la razón al que había sido su maestro y con quien aprendió en el «laboratorio» de El Bulli.

No habría pasado de una broma si no fuese porque el diario barcelonés «La Vanguardia» recogiese en sus páginas el comentario del famoso cocinero catalán de que el cachopo «no pasa de ser una croqueta». Para rematar el menú llega al Club de LA NUEVA ESPAÑA Julius (Julio Bienert), que lleva varios años mostrando sus métodos culinarios en Canal Cocina, el del huevo frito que dicen algunos, y suelta que «es un invento que no define a los asturianos porque al final no deja de ser un filete empanado?». Menos mal que al final vinieron los humoristas de «Mongolia» y demostraron que el humor lo arregla todo. Si el ovetense Edu Galán se declara del irónico comando anti-cachopo y señala que el plato está muy bien «pa fartucase» y que «ye una marranada», el argentino Darío Adanti dice ser pro-cachopo y lo compara con el universal argentino filete a la «milanesa» y añade que la receta asturiana es como la porteña «pero 2.0 porque a alguien se le ocurrió la genial idea de meterle lonchas de jamón y queso». ¿Filosofía, gastronomía, displicencia, jovialidad, gracejo, ocurrencia? Todas con buen sabor y buen apetito.

Estudiaba en el viejo caserón de la Universidad de Oviedo y pasaba a diario ante La Gran Taberna para coger el autobús, El Carbonero, que me llevaba a casa entre las dos y las tres de la tarde. En la gran pizarra exterior del desaparecido comedor destacaba siempre un plato: «Cachopo con patatas». ¡Qué hambre me entraba! Pasaron muchas décadas y la receta se fue extendiendo. De la ternera, el jamón y el queso los componentes fueron variando y hoy se puede pedir cachopo en reconocidas gastrotecas elaborado con Cabrales o Gamonéu, con cecina, de merluza, lenguado o pixín relleno de espárrago, quisquilla?

El argumento esgrimido por dichas autoridades culinarias en cuanto que es un plato poco elaborado es bastante pobre y malintencionado. José María Busca Isusi preparaba un delicioso y suave Cocido Madrileño en una olla exprés en media hora. Es fácil de elaborar, lo importante son los ingredientes. El prestigio de la ternera asturiana, tierna y jugosa, empieza a hacer estragos y las jornadas del cachopo comienzan a ser virales. En Madrid acaba de celebrarse el Mes del Cachopo, los concursos van por autonomías, se preparan excursiones para ir a comer cachopo y abundan las nuevas guías con itinerarios para degustarlos. No se lo imaginarían Olvido Fernández o Fernando Martín en el pionero Bar Pelayo, donde contaba Gracia Noriega que habían lanzado el manjar ya preparado, dicen, en fogones del siglo XVIII.

Publicado el miércoles 22 de marzo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/03/22/humor-le-viene-gastronomia/2077020.html

 

Los desesperantes partidos asturianos

La incapacidad que demuestran para alcanzar acuerdos sobre prioridades

La desesperación del personal ante los partidos políticos astures parece estar al límite. Como asturiano no entiendo la actuación de la mayoría de los políticos que conforman el Parlamento del palacio de la calle Fruela. Incapaces de alcanzar acuerdos sobre cuestiones prioritarias, los 45 diputados que se sientan en el salón de plenos de la Junta General, órgano supremo de representación del pueblo asturiano, no hacen otra cosa que decepcionar a los electores. Los elegidos, pertenecientes a las seis formaciones que componen la Cámara, con honrosas excepciones, más parecen una banda del estilo de la de Alí Babá que formaciones políticas responsables y organizadas.

Solamente con leer las informaciones que José A. Ordóñez publica en LA NUEVA ESPAÑA sobre infraestructuras se le cae a uno el alma a los pies. Y no se trata de un ciclo, de una colección de noticias fruto de una racha, de un periodo determinado en el que los parlamentarios estudien un tema concreto. No, es una ráfaga constante, casi permanente. Las infraestructuras asturianas, por ejemplo, son claramente deficientes, insuficientes e incapaces de conformar un desarrollo acorde con este siglo XXI. Y, si la mayor parte de la culpa la achacamos a los gobiernos centrales de los últimos decenios, un alto porcentaje del yerro se debe a la flaqueza y desunión de los partidos astures que no se ponen de acuerdo ni para iniciar un diálogo.

Resumo en titulares las varias páginas publicadas en 24 horas por este periódico: «Podemos y Foro dejan el pacto por las infraestructuras que lidera el Principado». «El PP, que ni siquiera se presentó a las reuniones, también rechaza una iniciativa en la que IU ve «posibilidades de acuerdo». Seguimos: «Ciudadanos se descuelga del gran pacto de infraestructuras y deja solos al Gobierno y a IU». «El documento del Principado obvia las propuestas de C’s de incluir sólo obras prioritarias y urgentes». Más: «El PP tiene pánico de defender los intereses de Asturias ante Rajoy», afirma el Principado». «El consejero de Presidencia acusa a Podemos de entregarse al «postureo y la teatralización política» por responsabilizar al Gobierno del atasco legislativo en la Junta». Meses de estudio y reuniones para este resultado.

Unas horas más tarde Ramón Argüelles, coordinador de IU en Asturias, publicaba un texto en estas páginas en el que, entre otras cosas, señalaba: «Demostremos que los representantes políticos podemos estar a la altura de aquellos a los que representamos. Unámonos por Asturias, hagamos normal en política lo que ya es normal en la calle: sentido común, interés colectivo, beneficio compartido…». Ya antes Ordóñez había escrito un comentario titulado «Incapaces de unirse ni para coger el tren» en el que decía que «Resulta difícil de comprender que las fuerzas políticas asturianas no sean capaces de ponerse de acuerdo ni a la hora de elaborar un listado con las actuaciones prioritarias en materia de infraestructuras que cualquier ciudadano mínimamente informado no tendría mayor problema en definir: conclusión de la variante de Pajares, mejora de la deteriorada red de cercanías ferroviarias, ejecución de los tramos pendientes de la autovía de Oviedo a La Espina (A-63), culminación del plan de vías de Gijón y recuperación de la autopista del mar?». No se aproximan un mínimo ni respecto a la Variante. Y no se ponen de acuerdo ni para repartir la nada.

Mientras tanto los números cantan: «Asturias, a punto de caer en el tercio de las regiones menos competitivas de la UE. El Principado figura en el puesto 174.º de los 263 territorios comunitarios, lastrado por las infraestructuras?», señala el índice de competitividad regional de la UE en cuanto a 2016. ¿Merecen los asturianos estos políticos? Manifiestamente no.

Publicado el miércoles 15 de marzo en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/03/15/desesperantes-partidos-asturianos/2073219.html

 

La carrera de las verdinas

La exquisitez de esa fabina verde, alargada, plana y pequeña que antes sólo se encontraba en comercios especializados y ahora da el salto al mercado global

Esa fabina verde, alargada, plana y pequeña conocida por verdina está dando el salto al mercado global. De forma discreta y casi repentina apareció hace unos meses en muchos mercados madrileños. Si hasta hace poco solamente se la encontraba en comercios especializados hoy la ofrecen en los puestos de mercados municipales, en supermercados generalistas y hasta en mercados ambulantes. Tienen un precio aún selectivo pero si su expansión sigue adelante y penetra en las cocinas y restaurantes se hará más asequible. Su exquisitez lo merece.

En un principio su presentación en escaparates y muchos mostradores alegraba el semblante de quienes conocían su bondad. «¡Mira, verdinas de Llanes!», exclamaba mucha gente al verlas en el mercado. «Son verdinas, ¿verdad?», preguntaban incrédulas/os muchas/os compradoras/es. Y la/el tendera/o se aprestaba a explicar lo suaves y sabrosas que eran, cómo se preparaban y hasta sus magníficas y saludables cualidades. Personalmente he oído por la calle, en el ascensor, en la sala de espera de una consulta hablar de las verdinas, de su cocinado y hasta del marisco que mejor les va. ¡Una mareína!

Madrid, caserón manchego para unos, crisol de costumbres para otros y absorbente consumidor de todas las culturas, parece que inicia camino hacia el condumio de un manjar hasta ahora desconocido para la mayoría de sus comensales. Digamos que solamente era saboreado por los madrileños que se acercaban a alguna comarca asturiana donde se cultivaba esta pequeña alubia verde y quizá un poco especial. También a algunos restaurantes con cocina astur del centro histórico madrileño. Y por supuesto, a la zona oriental del Principado donde forma parte de menús y cartas de toda casa de comidas. Claro que creo que es necesario estudiar la situación ante la gran aparición de la nueva legumbre en los mercados capitalinos porque la ciudad devora cualquier novedad que se le presente.

La cosecha llanisca, por ejemplo, ¿da para tanto? Ni por asomo. El valle llanisco de Ardisana, principal lugar de cultivo al que llegaron las verdinas de Francia -según parece traídas por los descendientes del pionero conde de la Vega del Sella- quizá tiene un clima propicio para su cultivo, bastante húmedo, pero solo 25 kilómetros cuadrados de superficie y menos de 400 habitantes. Se cultivan también en menor cantidad en otras zonas del Principado, aunque en las jornadas dedicadas a su degustación en Llanes los comensales no alcanzaron el millar en 2016.

La verdina se cultiva también en Galicia. Comarcas de Pontevedra y la coruñesa de Bergantiños, entre la capital y la Costa da Morte, la tienen en sus huertas, aunque su producción tampoco es elevada. El concello de Ponteceso es su mayor productor. Es un territorio llano y puede extender su labranza para conseguir mayor rendimiento. Creo que el área asturiana de plantación también puede crecer y aumentar su productividad. Ahí está el ejemplo del cercano y reducido concejo de Cabrales que el pasado año logró aumentar la elaboración y venta de su emblemático queso un 16%, informaba LA NUEVA ESPAÑA, y ha «multiplicado por cinco su producción en los últimos 30 años».

La oleada de la verdina asturiana en Madrid ha de ser lenta ante la escasa extensión de su cultivo. También tiene que bregar con la popularidad de su hermana mayor, la faba de la fabada, el pote de berzas (éstas hoy día reivindicadas saludablemente por científicos estudios gastronómicos) y el viral cachopo, que en esta época invernal es impresionante. Aunque en verano, la verdina, menos contundente, les puede hacer sombra. Lo que se impone ahora es competir con la «faba do marisco» que tiene sus partidarios en Galicia. En fin, comienza la carrera de las verdinas.

Publicado el miércoles 22 de febrero de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/02/22/carrera-verdinas/2061688.html

 

 

Muros reales y virtuales

Las medidas de Trump y el retroceso de la libertad ante las nuevas barreras

El muro que va a construir Donald Trump entre Estados Unidos y México es uno de los muchos que ha empezado a levantar, aunque no el único. Es el muro físico. Pero ya ha firmado la cimentación de otros varios virtuales. Quizá el más alto sea el de la prohibición de entrada en el país a las personas procedentes de Siria, Irak, Irán, Somalia, Libia, Yemen, Sudán…, bloqueada de momento por un juez. También amenaza con otro de salida. El que establece para que las grandes industrias saquen sus factorías al extranjero.

El muro de Berlín fue una de las vergüenzas más notables del pasado siglo y es una vergüenza pasada. Hoy es un recurso turístico de primer orden en una ciudad aún casi desconocida para muchos alemanes pero que cada vez atrae a más visitantes extranjeros. Pero si dejó de ser una barrera a la libertad hace ya más de un cuarto de siglo, sigue siendo un referente para lo que ocurre hoy tras el cambio de milenio. Informaciones publicadas días pasados cuantificaban en medio centenar los muros que impiden el paso a la libertad. Hay muros en Asia, en África, en la «civilizada» Europa. Son muros, reitero, contra la libertad.

Si el de la antigua y de nuevo capital alemana mantuvo la separación durante 28 años, el de Cisjordania lleva ya tres lustros dividiendo a la población palestina, partiendo tierras y pueblos. Y sigue su construcción, más de 700 kilómetros de longitud cuando la distancia más larga de norte a sur del país se aproxima a unos 425 kilómetros. Para hacernos una idea, tiene de largo el trayecto aproximado entre Laredo y Castropol. La barrera que pretende construir el nuevo presidente estadounidense seguirá una frontera entre los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de México de 3.185 kilómetros de largo. Está edificada ya una tercera parte, poco más de mil kilómetros a través de ciudades, desiertos, riberas y zonas montañosas entre ambas naciones. Es decir, Trump continuará una obra comenzada ya hace más de veinte años, iniciada por el presidente Bill Clinton en 1994. O sea, el muro prometido por el 45.º presidente norteamericano es el más espectacular de los anunciados pero quizá no sea el más duro, el más terrible de los separadores.

Porque el nuevo mandatario también ha establecido un muro virtual en puertos y aeropuertos. Un muro para impedir la entrada a EE UU (país poblado eminentemente por inmigrantes y sus descendientes) de personas originarias de -por el momento siete- países asiáticos y africanos al oriente de Europa. Un muro que no distingue entre presuntos terroristas y científicos, entre simples visitantes y empresarios con intereses en la industria estadounidense. Un muro discriminatorio en el muy pregonado paraíso de la libertad.

Otra barrera virtual la establece Trump en cuanto a las mujeres, otra respecto a los inmigrantes, otra en lo relativo a la lengua. No son muros de cemento, de ladrillo, de vallas metálicas pero pueden hacer tanto daño como las concertinas. Porque con la doctrina mostrada por el presidente las mujeres son poco más que un objeto manejable, muchos inmigrantes serán deportados, el idioma ya es materia de discriminación (al menos en la Casa Blanca). Además pueden surgir nuevos obstáculos para la libertad ya que sin haber resuelto el llamado «limbo» de la justicia respecto los presos de Guantánamo revive la amenaza de los interrogatorios bajo tortura y las cárceles secretas de la CIA.

En fin, hay muros físicos en Cisjordania para confinar a los palestinos, entre Arabia, Irak, Kuwait, en el Sahara apropiado por Marruecos, en Irlanda del Norte, en Melilla y en Ceuta, en otros diversos puntos de África, de América, en las fronteras de países de la UE para impedir el paso de refugiados. Ahora Trump instaura otros muchos virtuales. Retrocede la libertad.

Articulo publicado el viernes 10 de febrero de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/02/10/muros-reales-virtuales/2055444.html