Expresiones que aparecen y desaparecen del vocabulario de tiendas de alimentación y restaurantes
Fernando Granda Famoso es el poeta ovetense Fernando Beltrán por su faceta industrial de dar nombre a empresas y servicios. Es fundador del estudio «El Nombre de las Cosas», preside la Fundación Aula de las Metáforas, aunque personalmente desconozco si es el autor o inspirador de alguna o muchas de las palabras que últimamente encontramos en los nuevos colmados, supermercados y establecimientos para gourmets.
Si menciono en primer lugar la sabrosa pata de ave, ya sea pollo, pavo, pato, oca u otras delicias gastronómicas, es porque me parece el caso más extraño de cambio de denominación. Sobre todo teniendo en cuenta que no muda por un extranjerismo, por un vocablo de otro idioma más hablado o más fácil de pronunciar o recordar, por una palabra integrante de una expresión más universal, de un plato emblemático. Creo que lo hace por un falso cultismo, cercano al horterismo.
Como muslo para nombrar zanca existen otras varias expresiones menos llamativas. Los argumentos sobre ellas serían similares a los expuestos. Por eso quisiera referirme a otras que inundan las estanterías y las cámaras de las tiendas de alimentación, principalmente, además de nuevos restaurantes y chiringuitos callejeros. La mayoría se emplean (¿se inventan?) para nombrar sucedáneos, imitaciones o variedades menos valoradas que un producto original. Un ejemplo llamativo son las diversas formas de presentar lo que conocemos como surimi, esa masa elaborada con carne de pescado y que según la forma en que se presente puede imitar a las angulas (gulas, guinas, anguriñas?), las gambas, cigalas y hasta pequeños bogavantes (bocas de mar, tronquitos, muslitos de mar, varitas, rollitos?), aunque algunos productores han optado por algo más correcto como «palitos con sabor a? cangrejo, langosta?».
También se venden chanquitos, caprichos, delicias y demás, elaborados con el mismo surimi, la pasta inventada por los japoneses hace más de mil años y recientemente trabajada con métodos industriales. Claro que para atraer al comprador, para conquistar a los niños, siempre más reacios a consumir pescado por su sabor o la dificultad para comérselo, para evitar problemas de atraganto o separación de diminutas espinas, para facilitar la masticación de ancianos, los nombres eufemísticos están alcanzando cotas insospechadas. Y un mismo pescado, por ejemplo, según sea presentado con una u otra forma, sin variación de componentes y elaboración culinaria, puede acoger una buena gama de variadas calificativos: medallones, corazones, porciones, supremas, rodetes o cachetes de merluza, de lenguado, de panga, de tilapia? Los calamares fritos o rabas se pueden llamar hoy delicias, anillas o argollas con o a la gabardina -como antes las exquisitas gambas- y los empanados para los peques reciben nombres como surfers, peskitos o san marinos.
El refinamiento nominal no termina ahí y para mencionar cualquier espalda de animal marino se habla de lomo, a la zona magra del pez se le llama solomillo, mientras a alguna otra parte de un pescado que confieso desconocer pero que debe de ser asombrosamente rica y quizá brillante y dorada (¿evocación de la crisis?) ahora la denominan lingote.Publicado el jueves 8 de agosto de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA
http://www.lne.es/opinion/2013/08/08/eufemismos-comemos/1452991.html