Curiosidades para distraer el paseo (recopilado 2019)

Ocurrencias y carteles que adornan establecimientos, señales de tráfico, paredes de edificios desocupados y muros de obras de las ciudades (Recopilado Agosto)
Curiosidades para distraer el paseo

 Las caminatas están a la orden del día. Todo el mundo camina. Por la calle, por el campo, el monte o la playa. Ya no se pasea, se camina, se anda. «Hago cinco o seis kilómetros al día», se oye por la calle o en cualquier conversación. Si no corres o andas todos los días un puñado de kilómetros no eres nada. Miles de pasos. Esos que miden los relojes digitales inteligentes que ya tiene «cualquiera». Vamos que están a punto de desaparecer los que en tiempos se conocían por «tontódromos», donde la gente iba a pasear, se saludaba a los amigos y conocidos y hasta se ligaba, o se «tonteaba». Calles, parques, plazas, zonas urbanas donde se podían contemplar escaparates, jardines, kioscos o puestos callejeros, carrillos o mercadillos. Se va deprisa, caminando rápido, contando pasos, controlando el tiempo. Ya no se pasea, está hasta mal visto.

Solamente se pasea al perro y, en muchos casos, por obligación. O a la mascota. Porque ya no solamente se tienen perros en los pisos. Si antes estos eran los guardianes de la casa hoy ya muchos no hacen esa labor. En casos hay que resguardarlos de posibles intrusos. Son para enseñar y hay que pasearlos. En fin, se pasea a la mascota, sea un cerdito («Mortadelo» llamaban a uno en mi barrio pero cuando se hizo cerdo ya no lo aguantaron en casa), un hurón, un gato, un pato, un zorrito. En las aldeas y zonas rurales estos animales iban a su aire, «paseaban» solos. En las ciudades y pueblos grandes no, han de salir controlados, atados, a estirar las patas. Y por supuesto, para hacer sus necesidades, que por ordenanza municipal, han de recoger sus dueños: un poco de ejercicio.

El paseo, además, empieza a ser peligroso. Se ha de ir sorteando obstáculos y se alivia una/o al llegar a destino tras librar a patinadores, a patinetes eléctricos, circulando a bastante velocidad, o atravesados en las aceras, aparcados en medio de cualquier lugar, a ciclistas que no cumplen con la obligación de circular por la calzada, a los llamados hoverboard, a los segway one self-balancing y esos mismos con asiento, a tablas con ruedas o skates, a scooter de inválidos y cada día a una novedad. Y ya no es llamativo pasear pues los escaparates son casi universales, las marcas internacionales han desplazado a las tiendas tradicionales y son pocas las mercancías exclusivas dignas de contemplar. Y en ocasiones llega a ser aburrido, monótono, sin alicientes. Por eso empieza a ser solo para disfrute de algunos turistas, de los visitantes, de los jubilados. O de los parados.

Antaño, en los diarios locales, donde el ambiente vecinal era conocido por todo el barrio, se publicaba habitualmente una sección del «paseante». En algunos medios se complementaba el espacio del cotilleo con el de novedades urbanísticas y pequeños sucesos. Javier Erostarbe, director de un diario vespertino en San Sebastián, abría la sección local con un artículo cotidiano sobre su paseo matinal. Nuestro compañero, el polifacético Juan Cruz, mantiene una columna titulada «Testigo de calle» en la prensa canaria. Alfonso Vázquez se conoce todos los rincones malagueños.

Un aliciente para pasear es ir curioseando ocurrencias y carteles o letreros manuscritos que adornan establecimientos, señales de tráfico, paredes de edificios desocupados o muros de obras. Descartadas las pintadas y graffiti embadurnantes y feístas, invasores de toda persiana de garaje o establecimiento urbanos, se pueden encontrar avisos estrafalarios, figuras curiosas, sofisterías, faltas ortográficas monumentales y hasta versos amorosos o sentencias populares.

Sin emular a Erostarbe, Cruz o Vázquez se puede una/o distraer contemplando un árbol vestido con tapetes de punto, de colores variados y hechos a mano, o con camisetas; avisos como el de un establecimiento que reza «se compra oro, pago más», un balcón que luce un cartelón que señala que «el descanso es un derecho, el ‘botellón’ no» o el reclamo de un buffet: «no dejes para mañana lo que puedas comer hoy». Tableros como uno que dice «Divorcios de mutuo acuerdo 195 euros». Existen curiosos letreros en los sitios más inesperados. Y no me refiero a casos como el de la empinada llegada al monumental Machu Pichu donde uno «estratégico» proclama que «Después de las comidas, lávese los dientes», o el de una larga e impresionante carretera australiana donde una señal anuncia «Supermarket a 300 kms.». Más cerca. Una pizarra a la entrada de un bar malagueño advierte: «Prohibida la entrada a toda persona en pijama o bata».

Publicado el martes 6 de agosto de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA y otros diarios de EPI

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/08/06/curiosidades-distraer-paseo/2512202.html

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