Aquel kilómetro culto de mi pueblo

Desarrollo cultural del lugar que fue un emporio industrial elogiado por la Unesco

Turiellos era un pueblín, una aldea bañada por dos ríos como una pequeña Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates. El Nalón y el Candín enmarcaban una aldea verde del centro de Asturias a mediados del siglo XIX. Se cumplen ahora 160 años desde que Pedro Duro inaugurara -un año después del funcionamiento del pionero ferrocarril de Langreo- una siderurgia que llegaría a ser un emporio industrial que alcanzaría la cumbre, ser el pueblo más industrioso de España. Lo que hoy llamamos clúster, un núcleo formado por una factoría principal con otras secundarias a su alrededor y dotado de todo tipo de servicios. Las minas de carbón, un primitivo horno de coque y la carretera carbonera impulsada por Melchor Gaspar de Jovellanos habían estimulado la llegada de la industria transformadora, la química y la formativa que completaron el progreso de un rural valle verde.

La parroquia de Turiellos se extendió entonces por las praderías de La Felguera -tierra de helechos- y la población fue aumentando al tiempo que la industria siderometalúrgica crecía. Alrededor de esa explotación fueron llegando factorías químicas, eléctricas, farmacéuticas, de montaje, a la vez que se integraban en un mestizaje humano enriquecedor. En el primer tercio del siglo XX el emprendedor Pedro Duro, estableció la asistencia médica y farmacéutica, fundó casas de socorro, construyó viviendas sociales y hasta cajas de ahorro. Riojano, de cercano nacimiento al municipio burgalés de Santa María de Bujedo, donde la orden de Juan Bautista de La Salle tenía su noviciado, creó las escuelas gratuitas para los hijos de los trabajadores de su fábrica que funcionaron hasta la desaparición de esa industria en La Felguera en 1984. Dos tercios de siglo estuvieron a cargo de los hermanos de La Salle, donde estudiamos la mayoría de quienes nacimos y crecimos en Langreo.

Llegaron también los dominicos que fundaron una escuela femenina y luego se hicieron cargo del colegio San Pedro, centro masculino creado por un grupo de profesionales que pasó a llamarse Santo Tomás. Completaban el plantel educativo la Escuela de Maestría Industrial y la Academia Mercantil. Al no ser cabecera municipal no había en la parroquia felguerina, que alcanzó varias decenas de miles de habitantes, más que unas escuelas públicas y ningún instituto de enseñanza, cubierta ésta por centros privados, pero estudios de la Unesco señalaron a La Felguera en 1961 como el «kilómetro más culto de Europa».

La evolución industrial fue cambiando desde entonces el panorama fabril de la zona y se inició una decadencia que llevó a trasladar la actividad productiva a otros municipios en unos casos, a desaparecer en otros y dejar La Felguera en un recuerdo de lo que había sido. La siderometalurgia y la industria de montaje desapareció, a la vez que la enseñanza relacionada con ellas. La minería fue cerrando sus explotaciones y solamente la químico-farmacéutica resiste en Langreo con la factoría Bayer, fabricante de la aspirina para todo el mundo. Ya ni el último reducto de Duro Felguera permanece entre el Nalón y el Candín.

El pueblo se ha renovado completamente, los ríos discurren limpios y con agua transparente, la atmósfera está casi libre de humos, pero la enseñanza va desapareciendo. Los frailes de La Salle se fueron, la maestría industrial cesó, la academia Mercantil desapareció y el centro de los dominicos redujo su actividad. Ahora anuncia LA NUEVA ESPAÑA que «El colegio Santo Tomás de La Felguera cerrará sus puertas tras 87 años» de actividad de la Orden de Santo Domingo en la zona. Solamente queda una concentración educativa dominica en el pueblo en el nivel de secundaria. Y, en cuanto a formación industrial, el parque empresarial de la Ciudad Tecnológica de Valnalón. Ya pocos recuerdan la historia de aquella pequeña Mesopotamia.

Artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 3 de abril de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/04/03/kilometro-culto-pueblo/2083660.html

 

El humor le viene bien a la gastronomía

La polémica sobre el cachopo y su elaboración retrata a los grandes cocineros

Goethe, Cervantes, Unamuno, Darío, hasta a un proverbio turco se le achaca lo de «ladran luego cabalgamos». El autor, en nuestro caso, importa poco. Lo interesante es su significado. Y aunque en la discusión podemos ir de la filosofía a la gastronomía, creo conveniente que nos detengamos en el humor. Es el mejor método de desatascar una disputa, quizá sea una mediación que reconcilie a todos. Hablemos del cachopo.

En una reciente visita a Asturias le preguntaron a Ferran Adrià su opinión de este preparado que arrasa tanto en los restaurantes clásicos como en los refectorios modernos. Y quien fuera considerado el mejor cocinero del mundo lo comparó con una simple croqueta. Teniendo en cuenta la consideración que en los fogones se tiene de esos canutillos de bechamel empanados, para muchos el aprovechamiento de las sobras, la respuesta del chef de Hospitalet de Llobregat abrió la polémica. Pasó luego por un programa de humor el mierense José Ramón Andrés, a quien, siendo una eminencia culinaria en los Estados Unidos, se le preguntó si le parecía bien la opinión de Adrià al respecto. Contestó Andrés dándole la razón al que había sido su maestro y con quien aprendió en el «laboratorio» de El Bulli.

No habría pasado de una broma si no fuese porque el diario barcelonés «La Vanguardia» recogiese en sus páginas el comentario del famoso cocinero catalán de que el cachopo «no pasa de ser una croqueta». Para rematar el menú llega al Club de LA NUEVA ESPAÑA Julius (Julio Bienert), que lleva varios años mostrando sus métodos culinarios en Canal Cocina, el del huevo frito que dicen algunos, y suelta que «es un invento que no define a los asturianos porque al final no deja de ser un filete empanado?». Menos mal que al final vinieron los humoristas de «Mongolia» y demostraron que el humor lo arregla todo. Si el ovetense Edu Galán se declara del irónico comando anti-cachopo y señala que el plato está muy bien «pa fartucase» y que «ye una marranada», el argentino Darío Adanti dice ser pro-cachopo y lo compara con el universal argentino filete a la «milanesa» y añade que la receta asturiana es como la porteña «pero 2.0 porque a alguien se le ocurrió la genial idea de meterle lonchas de jamón y queso». ¿Filosofía, gastronomía, displicencia, jovialidad, gracejo, ocurrencia? Todas con buen sabor y buen apetito.

Estudiaba en el viejo caserón de la Universidad de Oviedo y pasaba a diario ante La Gran Taberna para coger el autobús, El Carbonero, que me llevaba a casa entre las dos y las tres de la tarde. En la gran pizarra exterior del desaparecido comedor destacaba siempre un plato: «Cachopo con patatas». ¡Qué hambre me entraba! Pasaron muchas décadas y la receta se fue extendiendo. De la ternera, el jamón y el queso los componentes fueron variando y hoy se puede pedir cachopo en reconocidas gastrotecas elaborado con Cabrales o Gamonéu, con cecina, de merluza, lenguado o pixín relleno de espárrago, quisquilla?

El argumento esgrimido por dichas autoridades culinarias en cuanto que es un plato poco elaborado es bastante pobre y malintencionado. José María Busca Isusi preparaba un delicioso y suave Cocido Madrileño en una olla exprés en media hora. Es fácil de elaborar, lo importante son los ingredientes. El prestigio de la ternera asturiana, tierna y jugosa, empieza a hacer estragos y las jornadas del cachopo comienzan a ser virales. En Madrid acaba de celebrarse el Mes del Cachopo, los concursos van por autonomías, se preparan excursiones para ir a comer cachopo y abundan las nuevas guías con itinerarios para degustarlos. No se lo imaginarían Olvido Fernández o Fernando Martín en el pionero Bar Pelayo, donde contaba Gracia Noriega que habían lanzado el manjar ya preparado, dicen, en fogones del siglo XVIII.

Publicado el miércoles 22 de marzo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/03/22/humor-le-viene-gastronomia/2077020.html

 

Los desesperantes partidos asturianos

La incapacidad que demuestran para alcanzar acuerdos sobre prioridades

La desesperación del personal ante los partidos políticos astures parece estar al límite. Como asturiano no entiendo la actuación de la mayoría de los políticos que conforman el Parlamento del palacio de la calle Fruela. Incapaces de alcanzar acuerdos sobre cuestiones prioritarias, los 45 diputados que se sientan en el salón de plenos de la Junta General, órgano supremo de representación del pueblo asturiano, no hacen otra cosa que decepcionar a los electores. Los elegidos, pertenecientes a las seis formaciones que componen la Cámara, con honrosas excepciones, más parecen una banda del estilo de la de Alí Babá que formaciones políticas responsables y organizadas.

Solamente con leer las informaciones que José A. Ordóñez publica en LA NUEVA ESPAÑA sobre infraestructuras se le cae a uno el alma a los pies. Y no se trata de un ciclo, de una colección de noticias fruto de una racha, de un periodo determinado en el que los parlamentarios estudien un tema concreto. No, es una ráfaga constante, casi permanente. Las infraestructuras asturianas, por ejemplo, son claramente deficientes, insuficientes e incapaces de conformar un desarrollo acorde con este siglo XXI. Y, si la mayor parte de la culpa la achacamos a los gobiernos centrales de los últimos decenios, un alto porcentaje del yerro se debe a la flaqueza y desunión de los partidos astures que no se ponen de acuerdo ni para iniciar un diálogo.

Resumo en titulares las varias páginas publicadas en 24 horas por este periódico: «Podemos y Foro dejan el pacto por las infraestructuras que lidera el Principado». «El PP, que ni siquiera se presentó a las reuniones, también rechaza una iniciativa en la que IU ve «posibilidades de acuerdo». Seguimos: «Ciudadanos se descuelga del gran pacto de infraestructuras y deja solos al Gobierno y a IU». «El documento del Principado obvia las propuestas de C’s de incluir sólo obras prioritarias y urgentes». Más: «El PP tiene pánico de defender los intereses de Asturias ante Rajoy», afirma el Principado». «El consejero de Presidencia acusa a Podemos de entregarse al «postureo y la teatralización política» por responsabilizar al Gobierno del atasco legislativo en la Junta». Meses de estudio y reuniones para este resultado.

Unas horas más tarde Ramón Argüelles, coordinador de IU en Asturias, publicaba un texto en estas páginas en el que, entre otras cosas, señalaba: «Demostremos que los representantes políticos podemos estar a la altura de aquellos a los que representamos. Unámonos por Asturias, hagamos normal en política lo que ya es normal en la calle: sentido común, interés colectivo, beneficio compartido…». Ya antes Ordóñez había escrito un comentario titulado «Incapaces de unirse ni para coger el tren» en el que decía que «Resulta difícil de comprender que las fuerzas políticas asturianas no sean capaces de ponerse de acuerdo ni a la hora de elaborar un listado con las actuaciones prioritarias en materia de infraestructuras que cualquier ciudadano mínimamente informado no tendría mayor problema en definir: conclusión de la variante de Pajares, mejora de la deteriorada red de cercanías ferroviarias, ejecución de los tramos pendientes de la autovía de Oviedo a La Espina (A-63), culminación del plan de vías de Gijón y recuperación de la autopista del mar?». No se aproximan un mínimo ni respecto a la Variante. Y no se ponen de acuerdo ni para repartir la nada.

Mientras tanto los números cantan: «Asturias, a punto de caer en el tercio de las regiones menos competitivas de la UE. El Principado figura en el puesto 174.º de los 263 territorios comunitarios, lastrado por las infraestructuras?», señala el índice de competitividad regional de la UE en cuanto a 2016. ¿Merecen los asturianos estos políticos? Manifiestamente no.

Publicado el miércoles 15 de marzo en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/03/15/desesperantes-partidos-asturianos/2073219.html

 

La carrera de las verdinas

La exquisitez de esa fabina verde, alargada, plana y pequeña que antes sólo se encontraba en comercios especializados y ahora da el salto al mercado global

Esa fabina verde, alargada, plana y pequeña conocida por verdina está dando el salto al mercado global. De forma discreta y casi repentina apareció hace unos meses en muchos mercados madrileños. Si hasta hace poco solamente se la encontraba en comercios especializados hoy la ofrecen en los puestos de mercados municipales, en supermercados generalistas y hasta en mercados ambulantes. Tienen un precio aún selectivo pero si su expansión sigue adelante y penetra en las cocinas y restaurantes se hará más asequible. Su exquisitez lo merece.

En un principio su presentación en escaparates y muchos mostradores alegraba el semblante de quienes conocían su bondad. «¡Mira, verdinas de Llanes!», exclamaba mucha gente al verlas en el mercado. «Son verdinas, ¿verdad?», preguntaban incrédulas/os muchas/os compradoras/es. Y la/el tendera/o se aprestaba a explicar lo suaves y sabrosas que eran, cómo se preparaban y hasta sus magníficas y saludables cualidades. Personalmente he oído por la calle, en el ascensor, en la sala de espera de una consulta hablar de las verdinas, de su cocinado y hasta del marisco que mejor les va. ¡Una mareína!

Madrid, caserón manchego para unos, crisol de costumbres para otros y absorbente consumidor de todas las culturas, parece que inicia camino hacia el condumio de un manjar hasta ahora desconocido para la mayoría de sus comensales. Digamos que solamente era saboreado por los madrileños que se acercaban a alguna comarca asturiana donde se cultivaba esta pequeña alubia verde y quizá un poco especial. También a algunos restaurantes con cocina astur del centro histórico madrileño. Y por supuesto, a la zona oriental del Principado donde forma parte de menús y cartas de toda casa de comidas. Claro que creo que es necesario estudiar la situación ante la gran aparición de la nueva legumbre en los mercados capitalinos porque la ciudad devora cualquier novedad que se le presente.

La cosecha llanisca, por ejemplo, ¿da para tanto? Ni por asomo. El valle llanisco de Ardisana, principal lugar de cultivo al que llegaron las verdinas de Francia -según parece traídas por los descendientes del pionero conde de la Vega del Sella- quizá tiene un clima propicio para su cultivo, bastante húmedo, pero solo 25 kilómetros cuadrados de superficie y menos de 400 habitantes. Se cultivan también en menor cantidad en otras zonas del Principado, aunque en las jornadas dedicadas a su degustación en Llanes los comensales no alcanzaron el millar en 2016.

La verdina se cultiva también en Galicia. Comarcas de Pontevedra y la coruñesa de Bergantiños, entre la capital y la Costa da Morte, la tienen en sus huertas, aunque su producción tampoco es elevada. El concello de Ponteceso es su mayor productor. Es un territorio llano y puede extender su labranza para conseguir mayor rendimiento. Creo que el área asturiana de plantación también puede crecer y aumentar su productividad. Ahí está el ejemplo del cercano y reducido concejo de Cabrales que el pasado año logró aumentar la elaboración y venta de su emblemático queso un 16%, informaba LA NUEVA ESPAÑA, y ha «multiplicado por cinco su producción en los últimos 30 años».

La oleada de la verdina asturiana en Madrid ha de ser lenta ante la escasa extensión de su cultivo. También tiene que bregar con la popularidad de su hermana mayor, la faba de la fabada, el pote de berzas (éstas hoy día reivindicadas saludablemente por científicos estudios gastronómicos) y el viral cachopo, que en esta época invernal es impresionante. Aunque en verano, la verdina, menos contundente, les puede hacer sombra. Lo que se impone ahora es competir con la «faba do marisco» que tiene sus partidarios en Galicia. En fin, comienza la carrera de las verdinas.

Publicado el miércoles 22 de febrero de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/02/22/carrera-verdinas/2061688.html

 

 

Caleao

Aplauso a la idea de atraer a teletrabajadores como pastores a tiempo parcial

Disfruté bastante en Caleao cuando era poco más que un guaje. Un verano de hace ya unas cuantas décadas estuve unos días allí, en un campamento que organizaba una parroquia avilesina. Creo que era del barrio de Llaranes. Estaba a la orilla del río y en él lo pasamos muy bien un centenar de chavales de entre diez y quince años. Al menos ese es mi recuerdo. Iba de subjefe de la expedición un primo mayor y al enterarse de que había una plaza vacante solicitó a la parroquia cubrirla conmigo, aunque yo vivía en La Felguera, lejos de la feligresía de Avilés. La expedición fue una aventura desde el principio ya que viajamos hasta el campamento en la plataforma descubierta superior de un viejo autobús que hacía el recorrido entre árboles, montes y el río.

Recuerdo los días en aquella majada montañera, en una docena de elementales tiendas de campaña, al lado de un Nalón recién nacido, con excursiones por senderos entre bosques y con noches de fuegos y canciones solidarios. Y tardes de baño en las frías aguas de manantial y de rudimentaria pesca de truchas con el único aparejo de un tenedor. Naturaleza pura.

Caleao puede haber cambiado, crecido, haber alterado la tranquilidad de una aldea rural de mediados del siglo XX. Quizá tenga poco que ver con el Caleao de aquellos días de acampada que disfrutamos un centenar de muchachos. Pero supongo que sigue siendo el pueblo tranquilo que desea tener vida y progreso, dar aliento a unos vecinos en estos tiempos de abandono de los núcleos rurales. Leo en LA NUEVA ESPAÑA que «Caleao busca atraer a teletrabajadores que hagan de pastores a tiempo parcial». La iniciativa, que lleva bastante tiempo en estudio por parte de expertos y paisanos de la localidad del concejo de Caso, intenta que montes de este entorno rural pasen a formar parte de una red de pueblos de diversas comunidades que mantienen reservas de antiguos herbívoros salvajes autóctonos y en cuya gestión participasen jóvenes locales y trabajadores a distancia.

«La idea es captar población y favorecer el desarrollo del tejido económico rural», señalaba el naturalista Benigno Varillas, el promotor, quien añadía que la modalidad ya funciona en el sevillano Aznalcázar, el cacereño Piornal y en San Cebrián de Mudá, en Palencia, donde existen reservas de antiguos animales que poblaron España y que hoy están en peligro de extinción. Hablamos del bisonte europeo, del uro, la vaca sayaguesa de Zamora, de caballos de razas como el tarpán, el pottoka, el asturcón o el przenwalski. Y hablamos de las atractivas reservas que se van creando en esas localidades y otras como Malpartida de Plasencia, en el Parque Natural de Monfragüe, en los campos aledaños a las investigaciones de Atapuerca, en Burgos, etc.

Benigno Varillas, cuya labor de divulgador naturalista ha recibido tan notables galardones como el Nacional de Medio Ambiente, del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (1989), el Ford a la Conservación (1996), el FONDENA otorgado por el Rey de España (2007), el BBVA a la Difusión del Conocimiento y Sensibilización en Conservación de la Biodiversidad (2007), todos de reconocido prestigio internacional, es el principal motor de esta reserva del bisonte europeo en Caleao. «Es un modelo que está funcionando en otras partes del mundo», dice Varillas, para quien el proyecto permitirá crear «comunidad y tejido social» y enriquecer el clúster turístico de Redes, el queso Casín, la pesca y la artesanía maderera. Asturiano del Mes, otorgado por este diario en noviembre de 2007, este periodista nacido en Tudela-Veguín ha convivido con los massai en Tanzania, con indígenas namibios, organizado reservas naturales en varias comunidades y dirigido cursos y publicaciones especializados en conducta y naturaleza de numerosas especies animales. Éxito asegurado.

Publicado el viernes 2 de noviembre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/12/02/caleao/2022356.html

Una ruta para saborear quesos y más

Los productores con denominación de origen de España y Portugal se unen a queserías de otros países del continente para promocionar itinerarios turísticos
 Los queseros estimulan el turismo gastronómico a niveles supranacionales. Asociados en la llamada Ruta Europea del Queso, los productores con denominación de origen (D.O.) de España y Portugal se están uniendo a queserías de otros países del continente para promocionar itinerarios turísticos con el aliciente de que no solamente ofrecen paisajes o joyas artísticas y monumentales al visitante sino también unos productos gastronómicos de calidad. La asociación ya ha sido constituida pero su proceso de unión sigue en marcha. Días pasados han aprobado la constitución de un comité para gestionar su desarrollo y expansión. En su primer mapa figuran ya valores asturianos.

La idea, que surgió hace ya dos años en el municipio guipuzcoano de Idiazábal, continúa añadiendo adeptos y en cada reunión del grupo (acaba de celebrarse una en Casar, Extremadura) se suman nuevos productores de quesos con D.O. que demuestran interés por pertenecer a «la cofradía». Puede que cuando se publiquen estas líneas se cuente con algún novicio más, ya que, tras la incorporación de dos fabricantes lusos, el nuevo comité negocia con industriales franceses e italianos. De momento son nueve las comarcas integrantes de la asociación, que, según contaban este pasado verano dos representantes de la misma, los de Cabrales y Casar, conversan con queserías de otras denominaciones europeas para formar una red de nivel supranacional.

Precisamente estamos ahora en tiempos de exposiciones y ferias de productos derivados de la leche. De norte a sur se celebran estos días del comienzo de otoño muestras de diversos tipos de quesos, unas específicas de una singularidad, algunas que aglutinan todas las clases y variedades elaboradas en nuestro país. Y en Asturias la fiesta es continua, con demostraciones una tras otra de los cerca de cuarenta quesos que se fabrican en el Principado. De Oriente a Occidente, del cabrales, gamonéu, peñamellera, al xinestosu, abredo, taramundi, pasando por afuega’l pitu, la peral o casín, todos de conocido prestigio fuera de nuestro ámbito comunitario y algunos tan universales. Una jornada con productos de diverso origen se celebra ahora en la Casa de Campo madrileña con dos docenas de variopintos fabricantes. También en Cangas de Onís, en Benia y otros concejos queseros de nuestro entorno.

Los actuales ayuntamientos pertenecientes a la Ruta Europea del Queso (Cabrales, Peñamellera Alta, Casar de Cáceres, Fundão, Idiazábal, Mahón, Manzanares, Nisa y Ripoll) acaban de celebrar un encuentro en territorio cacereño dentro de la XXII Semana de la Torta del Casar. Otras reuniones del mismo tipo se han celebrado ya en distintas localidades, incluidas las habidas en Baleares y Canarias. Pretenden, además de dar a conocer la bonanza de su queso, acotar los términos locales o comarcales de la denominación de origen y luchar contra el intrusismo, establecer itinerarios gastroturísticos y vínculos de colaboración entre regiones y países, intercambiar experiencias y facilitar el desarrollo de una investigación conjunta, sensibilizar a posibles visitantes sobre el patrimonio cultural, sociológico, ambiental de cada asociado, promover su innovación tecnológica? en definitiva, dinamizar los municipios productores y su entorno, además alcanzar la calificación de Itinerario Cultural Europeo.

La promoción de los distintos quesos, las noticias sobre galardones a ellos concedidos o las subastas -recuérdense los 11.000 euros pagados por un queso cabrales este verano o los 3.800 por el gamonéu días pasados- dan un relieve a esta iniciativa que intenta inclinar y enriquecer con la ruta quesera parte del turismo de sol y playa. Los certámenes de estos productos han pasado de una fecha concreta con varias jornadas de una simple feria de exposición y venta a notables sesiones documentales, conferencias e informe de conclusiones en investigación y desarrollo. Un día se pregona, muestra, vende pero a su alrededor hay todo un compendio de celebraciones para dar a conocer el producto, no sólo a posibles compradores sino también a distribuidores, nuevos productores, otros profesionales relacionados con el entorno, con las singularidades de la zona y de sus gentes. Un ejemplo lo tenemos en Cabrales, concejo en el que confluyen varios alicientes para el visitante: un excelente queso, un paisaje espectacular punto básico de los Picos de Europa y dos rutas de peregrinaje, una vía del Camino de Santiago y otra de la ruta entre los santuarios de Covadonga y Santo Toribio de Liébana, con próximos jubileos. Es decir, que la bonanza del queso (productos de Asturias, magnos campeones como los de Reny Picot-ILAS, gamonéu, afuega’l pitu, cabrales?) forma ya parte de nuestro «rico, rico» atractivo paisaje turístico.

Publicado el miércoles 26 de octubre de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/10/26/ruta-saborear-quesos/2003609.html

 

La basura y el turismo

La invasión de desperdicios que puebla nuestros senderos al final del verano

Los caminos despejados, las playas sin basura, las calles limpias y sin desperdicios. He ahí las bases del futuro de nuestro turismo. Pero estamos próximos al final del verano y la situación no parece la ideal. La naturaleza descuidada es un pecado para senderistas, avistadores, montañeros, conservacionistas, simples caminantes. Sin embargo abundan estos días los restos de un excursionismo despreocupado, descuidado, poco concienciado.

Señalaba fechas atrás Luis Mario Arce el interés creciente del turismo extranjero por la naturaleza astur, por su fauna y su flora singulares. Revelaba el experto en Naturaleza de LA NUEVA ESPAÑA que este mes, septiembre, es el más indicado para observar el hábitat de nuestros montes, de nuestros campos, de nuestra fauna, para contemplar flores, plantas, insectos? El mes de los frutos, cuando baja el calor y los extremos térmicos se aproximan. Uno de los meses que ansían los naturalistas.

Pero quienes lleguen estos días por nuestra tierra no se encontrarán con un entorno demasiado limpio. Muchos caminos están salpicados de papeles, colillas y paquetes de tabaco, envoltorios de helados, latas aplastadas de refrescos y cervezas, bolsas de golosinas, brits de lácteos y un largo etcétera. En las praderas permanecen restos de estancias furtivas. Las señalizaciones viarias están bastante deterioradas, con partes rotas, llenas de pintadas o carteles desvaídos pegados unos sobre otros. Un desastre que sufrimos los finales de temporada.

No alcanza el problema, en gran parte de nuestra zona turística, a la situación que relataba en un magnífico reportaje un gran senderista, el periodista Melchor Fernández Díaz, sobre la senda fluvial del Nalón. Se ufanaba el exdirector de este diario de ese camino que acompaña al río señero de Asturias, le encanta su trayectoria y lo que muestra, un paisaje que relata la historia de unos valles singulares. Pero se lamentaba de la invasión de basura que le atesta. De la cantidad de desperdicios que siembran su trayectoria, su recorrido a veces natural, a veces industrioso. Un río que fue negro y sucio a causa del lavado del carbón y que ha sido recuperado, por donde bajan aguas limpias, dignas de una naturaleza verde, ecológica, llena de vida.

Sostener un paisaje donde puedan contemplarse esas magníficas hortensias, bellas orquídeas, las bayas, cuernicabras, hierbas apiales, bellotas de roble, castañas, avellanas, madroños y demás delicias para el paladar de los osos, observar a éstos en su hábitat natural, o, como apunta Arce, gorriones y preciosos treparriscos, rapaces de distinta envergadura, con diversas funciones naturales, es una labor permanente para que este Paraíso Natural siga siendo paraíso y lleguen más visitantes amantes de la fauna y la flora sorprendentes. Parece que los operadores que trabajan los espacios verdes se fijan últimamente en el Principado, que cada vez son más los extranjeros, principalmente británicos, que buscan nuestros paisajes, que Somiedo y los Picos de Europa llaman con más ahínco a los amantes de nuestros parajes silvestres.

Para conseguir que ese atractivo convenza y se incremente es obligatorio respetar caminos, senderos, playas, miradores, vallas e indicadores, la naturaleza que nos da vida, que nos da fama y alegra la vista, que atrae a todo amante de la belleza. Porque la Naturaleza es fuente de riqueza pero su descuido es muy difícil de restaurar. Elijamos, basura o turismo.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 21 de septiembre de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/09/21/basura-turismo/1986490.html

 

La Fiesta de Asturias en Madrid

Pregón pronunciado el Día de Asturias en Madrid con motivo del día de Covadonga

Dentro de dos semanas se cumplirán 135 años de aquella pionera reunión de amigos que se llamó Centro de Asturianos. Era la primera asociación regional constituida en Madrid y la segunda de estas características en el mundo. Solamente existía el precedente del Centro Gallego de La Habana. Hoy el Centro Asturiano de Madrid es el decano mundial pues el famoso centro cubano ya ha desaparecido. Personalmente cuando felicito a algún amigo por su aniversario siempre le digo: “que cumplas muchos cumples” y suelo añadir la tradicional coletilla “y que los disfrutes con salud”. Por tanto, de la misma manera espero que esta asociación de amigos de Asturias saboree espléndidos y largos años de existencia en el incierto futuro.

Tanto en el corazón de Madrid como en esta preciosa Quinta tenemos un hogar para gozar de la amistad, de la cultura, de la diversión y hasta de la gastronomía. Pertenecemos a un club privilegiado en el que casi a diario se celebra un acto con alguna de estas actividades. Con mayor o menor implicación podemos disfrutar de recitales de poesía, acudir a conciertos musicales, asistir a conferencias, presentaciones de libros, homenajes, jornadas de integración social, jornadas gastronómicas, lúdicas, folclóricas, deportivas… ¡Que más queremos en este tiempo de prisas, conflictos, desigualdades, precariedad!

Cuando llegué por primera vez a la Puerta del Sol hace ahora unos cincuenta años era un muchacho perdido en una gran ciudad, ignorante de la vorágine diaria de una vida compleja, llena de dificultades para sobrevivir. Acostumbrado a vivir en un pueblo, activo e industrial, pero un pueblo casi cien veces más pequeño que Madrid, la capital me quedaba enorme, difícil, inabarcable, complicada… vamos, para desanimarse. Venía a estudiar y a prepararme para ser periodista pero al principio “el cielo se me caía encima”, que decían Astérix y Obélix. Entonces me refugié en el Centro Asturiano, en la vieja sede de la calle Arenal, en cuyos salones leía la prensa, repasaba las informaciones y tomaba minuciosos apuntes de la jornada mundial. Así aprendí, poco a poco, a vivir en Madrid.

El centro fue siempre, no solamente un punto de encuentro sino también un lugar de cohesión, de creación de iniciativas, de fomento de amistades. Se le ha acusado de nostálgico, de fomentador de la añoranza, de la morriña, pero esa es una visión peyorativa de una asociación en la que he visto mucha concurrencia de primeros directivos de grandes empresas, de famosos artistas, de emprendedores que han hecho una Asturias más universal. Ejemplo de lo que digo lo tenemos cerca. No hay más que fijarse en nuestro presidente del Consejo Superior, Francisco Rodríguez. Y una de las formas más hermosas de universalizar la tierrina es oficiar fiestas como esta, divertirse celebrando nuestra asturianía, nuestra ilusión por llevar el nombre de Asturias por el mundo. Porque asturiano no es solamente un origen, es una marca indeleble que llevamos toda la vida, aquí o en las lejanas antípodas.

Bastantes de nosotros acabamos de volver de unas increíbles vacaciones en el Principado, colmadas de sol y de fiestas. Julio y agosto están repletos de romerías y festejos repartidos por toda la geografía astur. Pero ya estamos en Madrid, ya es septiembre. Claro que podemos aprovechar ahora aquí y celebrar en la Quinta muchos de los festejos septembrinos como los del Portal de Villaviciosa, la Guía de Llanes, el Certamen de la Avellana piloñés, el San Mateo de Oviedo, los de la Virgen del Acebo en Cangas del Narcea y en Somiedo, los de Corvera, los del Avellano en Pola de Allande o los de La Blanca en Barcia o en Nueva de Llanes. Cada uno que cierre los ojos y sueñe con las fiestas de su pueblo.

Aquí hoy venimos a celebrar el día de la Santina, “la reina de nuestra montaña” que pregona su himno al tiempo que señala que “brilla en la altura más bella que el sol”. Venimos a proclamar que somos asturianos, asturianos y universales, a festejar el Día de Asturias con familiares y amigos, a divertirnos, a llamar a la convivencia astur a esos cincuenta mil residentes en la comunidad madrileña que somos originarios de la tierra de universales como Jovellanos, de la tierra de Campoamor, de Clarín, de Pérez de Ayala, de Casona, de Riego, de Severo Ochoa, Grande Covián, Margarita Salas, García de la Concha, de ese cura de la corbata roja que es un Ángel, de Víctor Manuel, de Hevia, Melendi, de la saga de los Vaquero, de Carreño Miranda, Piñole, de Bauluz, de Pepín Fernández y Ramón Areces, de Campanal y Quini y Abelardo y Villa, Mata, Cazorla, de los Entrerríos, Fernando Alonso, Manuel Busto, de José Andrés, de Cosme, Rutilio, de aquellos Posada Herrera, Pidal, Rodríguez Sampedro, Melquiades Álvarez y demás fundadores y potenciadores de este veterano y honorífico club… de enamorados de Asturias como Gustavo Bueno, Emilio Alarcos, Gaspar Llamazares, Pedro Duro, Álvaro Delgado, López Otín y tantos otros… a extender el nombre del Principado a lo ancho y largo del Planeta.

Así que disfrutemos, divirtámonos y proclamemos a todos los vientos, gritemos Viva Asturias, Puxa Asturies, aúpa los asturianos y los amigos de Asturias.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 19 de septiembre de 2016

http://www.lne.es/asturias/2016/09/19/pregon-dia-asturias-madrid/1985698.html

 

 

Cabrales, la capital del queso

Pregón del Certamen 2016. Tres maravillas universales: Cabrales, Urriellu y Cares

Cabraliegos y amigos del Cabrales: Vengo de quemar en la hoguera las Bruxas de Barro, una fiesta ancestral, y llego con la intención de proclamar, en esta otra gran fiesta, mi admiración por una de las delicias de esta tierra, el queso. Y es que en este concejo quizá no tengáis brujas pero tenéis magia. Tenéis el Urriellu, el Cares y el Cabrales, tres maravillas universales.

Presumían en una ocasión Pedro Páramo y Aquilino Alejos de que los cabraliegos erais los más ricos de Asturias. Lo que no dijeron es que también debéis de ser los más sanos, criados conviviendo a diario con el Penicillium. Ese hongo que convierte al concejo de Cabrales en lugar universal, en capital de la gastronomía, en santuario de la exquisitez.

Venir a estos parajes tiene un punto de misterio. Sobre todo si te acercas en invierno, tiempo de brumas, de lluvias y escasa luz del sol, cuando los días son cortos; si lo haces en verano porque los colores son intensos, el verde de los montes tapados por los árboles, el naranja de los atardeceres, el azul del cielo que ilumina los picos grises que recortan el paisaje. Vengas cuando vengas te das cuenta que el acceso es especial. Alcanza uno el centro de Cabrales por diversos caminos espectaculares. Puedes llegar por un camino tan fantástico como la “Garganta divina”, o por las singulares Estazadas, hasta puedes hacerlo en funicular bajando de las crestas más portentosas del país. Cualquiera de los caminos tiene su encanto. Muchos lo descubrimos hace tiempo. Unos atraídos por el espectáculo de su horizonte, la belleza de este paisaje singular, otros por su tranquilidad, algunos por la famosa y rica fauna  de sus ríos… los más, una considerable mayoría, por la bonanza de su célebre queso.

Untar Cabrales era “el rito de una secreta religión”, decía hace años Carlos Carnicero en esta tribuna.  Eran otros tiempos y hoy esta “santa pócima maravillosa” ya superó el traumático y legendario “paso del Pajares” y desde hace décadas es uno de los manjares más conocidos del mundo gastronómico. Es como la poción mágica que preparaba el druida Panorámix para los bravos galos en la aldea de Astérix. El Penicillium pone en valor a los cabraliegos.

Hablando de tiempos pasados. Hace unos sesenta años cada verano organizábamos una pequeña excursión desde Barro para saborear  los manjares que nacían en el entorno de los Picos de Europa. Subíamos por la carretera del río Las Cabras, atravesábamos Las Estazadas, recorríamos la ribera del Cares y nos mareábamos curveando por el desfiladero de La Hermida para llegar a los campos de la Liébana. En Potes comprábamos garbanzos, chacina, hogazas de pan “bregao” y orujo. Y a la vuelta nos proveíamos de  Cabrales en Arenas. Así descubrí dos de las maravillas de esta tierra: el queso y el Urriellu. Porque antes de volver a Barro nos parábamos en el Pozo de la Oración a probar el manjar cabraliego y deleitarnos con la visión del pico más representativo de la montaña astur que a esas horas se solía teñir con tonos anaranjados.

Años más tarde, hace unos cincuenta, conocí la tercera maravilla de esta tierra: el desfiladero del Cares. La ruta más espectacular, la “garganta divina”, esa maravilla de la Naturaleza que hace más emblemático este municipio. Y, por supuesto, animado por uno de los mejores conocedores de la montaña astur, un histórico montañero, Chema Argüelles, siempre he presumido de haber completado la senda cuando era un chaval con ganas de ver mundo.

Como habréis observado yo no hablo sobre la elaboración del queso, de su composición, de sus leyendas blancas y negras. Cómo voy a explicaros a los cabraliegos, a los amantes del Cabrales, a los amigos de esta tierra verde, hermosa, cómo es vuestro sublime manjar. No, he venido a proclamar la bonanza del queso madurado en las cuevas bajo estos riscos, donde el Penicillium trabaja desde la Prehistoria, miles de años antes de que Alexander Fleming descubriese su valor antibiótico y salvase a millones de pacientes de enfermedades consideradas incurables. Vengo a gritar al mundo que estamos en la mayor mancha quesera del Europa, Asturias, donde se producen unos cuarenta tipos de quesos, blancos, roxos, secos, grasos, frescos, ahumados, picones, azules… quesos que besan los paladares de los buenos comensales. Vengo a vocear al mundo que estamos en la capital del más natural de los quesos artesanos, en la capital de la región más quesera de Europa. Que el Cabrales es un “producto diferenciador”, como proclamó aquí Emilio Serrano, de gran calidad, un referente internacional que hemos de anunciar por todo el Planeta. Que puede servir de aperitivo, ser un componente singular de imaginativos platos o magnífico postre de una inolvidable pitanza. El primero de la mesa o el colofón de un menú con fabes, o con cachopu, con salmón, y por supuesto sidra, con frisuelos o con arroz con leche. Con todos o con cualquiera de ellos. Un queso suave, cremoso,  agradable, todo un sublime epílogo de cualquier banquete, de inolvidables celebraciones.

Espero que para que prosiga la tradición de este queso aparezcan nuevos artesanos, cabraliegos de las nuevas generaciones que sin romper el ancestral sistema de elaboración y apoyados en las nuevas tecnologías, difundan la bondad del Cabrales, su categoría, su expansión por los mercados del mundo. Que festejar algo con Cabrales sea un lugar común en el planeta de la gastronomía.

Tengo que ser breve. Tengo que terminar porque estáis todos esperando con la vista puesta en la cosecha de este año, naguando con la saliva ya en los labios, para probar el manjar que concursa este verano. Será bueno, excelente, como siempre. Porque con el Urriellu, el Cares y el Cabrales levantamos catedrales.

Por eso elevo la voz, hoy día de san Agustín, santo que da fuerza a las mareas y espero que también al queso, para gritar ¡VIVA EL QUESU CABRALES y VIVAN LOS CABRALIEGOS!

Pronunciado el domingo 28 de agosto de 2016 en la apertura del XLVI Certamen del Queso de Cabrales

Un extracto fue publicado el martes 30 de agosto de 2016 en las páginas de Verano de LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/verano/2016/08/30/tres-maravillas-universales-cabrales-urriellu/1976737.html

Necesitamos el tren

El deterioro ferroviario en Asturias, abandonado por desidia administrativa, toca fondo

El ferrocarril es uno de los transportes del futuro. Aunque en Asturias no lo parezca. Los trenes de alta velocidad, los coches eléctricos, la energía solar en aviones, las autopistas marítimas están a la orden del día en el mundo desarrollado. Y son los sistemas de comunicación que modernizarán el tránsito de personas y materiales en los próximos tiempos. Aunque en Asturias no lo parezca. Al menos para las autoridades estatales.

El extremo deterioro de la red ferroviaria que sufre el Principado de Asturias, las protestas por esta situación y el abandono del usuario ante el caos que se presenta en la red han hecho que los responsables de su explotación hayan viajado a nuestra comunidad para calmar los ánimos de políticos, empleados y usuarios. Parece que han atenuado parte de la rebelión pero no han propuesto una solución, ni parcial ni definitiva. Han avanzado un parche pero el recauchutado es débil, para salir del paso, muy provisional y casi inapreciable. Vamos, que no anima a retomar un tren de cercanías para acudir al trabajo, al hospital o resolver algún trámite administrativo. Y seguiremos utilizando nuestros medios privados de locomoción, paguemos nuestros impuestos o no. Nada cambia, todo permanece, para contradecir a Heráclito 25 siglos después.

Parecerá una pesada reiteración la insistencia que se lleva a cabo en los medios de comunicación pero tras muchos años de espera, después de lustros de construcción y controversia, Asturias sigue siendo una de las comunidades peor comunicadas, en el interior y con el exterior. Y es así a pesar de tener la más extensa red de ferrocarriles de cualquier otra provincia española.

En cuanto a otros sistemas de traslado la realidad es similar. Décadas se ha tardado en completar una autovía que atraviese la región, las comunicaciones aéreas sufren un déficit increíble, las marítimas son despreciadas por los responsables nacionales y europeos y si entramos en el campo de la alta velocidad no encontramos otra explicación que la de que nos están tomando el pelo. Viajar desde otras comunidades hasta Asturias representa una aventura privada, es decir, el mejor medio es el propio vehículo. Los trenes desde León siguen tardando más de dos horas para poco más de cien kilómetros, viajar en tren desde Cantabria o Galicia representa pasar la jornada en los convoyes más lentos del continente, llegar por mar es misión casi imposible y hacerlo en avión, a pesar de los nuevos convenios con las aerolíneas, es caro y con enorme incertidumbre. Una situación que nos recuerda los viajes de los años cincuenta del pasado siglo cuando para trasladarnos desde Oviedo, Gijón o las cuencas mineras a Llanes o a Luarca nos pasábamos en el tren al menos cuatro horas, con transbordos, feriantes, carbonilla y asientos de madera.

Al comparar las comunicaciones ferroviarias de nuestra comunidad con las de Alemania o Países Bajos, por ejemplo, dan ganas de llorar. Rápidos, seguros, frecuentes, cómodos, asequibles, los trenes de estos países cumplen la función primordial de servicio público para cualquier persona. Para todos, disfruten o no de vehículo propio, para quienes no pueden conducir, para los que necesitan asistencia, quienes han de realizar trámites administrativos, quienes dependen de los servicios administrativos que funcionan gracias a los impuestos.

Como particular, dicho en otras palabras y aunque sea casi un monopolio: «Nos salva el Alsa».

Publicado el miércoles 27 de julio de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/07/27/necesitamos-tren/1961770.html