Las Bruxas, una fiesta de interés cultural

La necesidad de proteger y ayudar a un evento ancestral, curioso y simbólico

Una fiesta original, ancestral, distinta, atractiva para la gente, a la vez que divertida. Así es la Quema de las Bruxas. La verbena en la que se reparten escobazos a diestro y siniestro sin distinción de estatus o posición. Se celebra en Barru (Llanes) todos los veranos el sábado siguiente a San Roque, en la villa, y víspera de San Roque, en Barru. Es conocida popularmente y tiene todos los ingredientes mencionados. Solo le falta ayuda e interés oficial.

Si el pueblo tiene un padrón de un centenar de habitantes, a la Quema de las Bruxas acuden muchos centenares, unos a contemplar la fiesta y otros a participar activamente. Sobre todo la gente joven y los niños. Quizá por ello perdura año tras año a pesar del decaimiento de muchos festejos «de prau». Tiene tintes de carnaval de verano, escaramuza nocturna, simulación de batalla rural, de aquelarre y rito mitológico.

De origen no acreditado, el festejo consiste en el encendido de una hoguera mientras unas «bruxas» se concentran a su alrededor. Se pronuncia un conjuro y en la oscuridad de la noche esas bruxas se lanzan a dar escobazos a los asistentes. Se han señalado algunas teorías sobre su naturaleza y procedencia, su posible origen, pero las dudas sobre su fundamento no le han importado mucho a la gente que asiste cada año a celebrarla. Lo más probable es que surgiese de un singular aquelarre celebrado en tiempos que se fue conmemorando luego año tras año.

Lo importante ahora es que es una fiesta diferente a las demás, que cada año atrae a más gente y que merece la pena protegerla, por curiosa, por antigua, por simbólica. Razones por las que creo que merece que se la promocione y ayude -social y económicamente- desde el Principado, se la considere de interés cultural, de interés turístico, de interés público.

Publicado el lunes 2 de abril de 2018 en las páginas de Oriente de LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oriente-opinion/2018/04/02/bruxas-fiesta-interes-cultural/2262614.html

Barru y sus circunstancias

En su defensa frente a las incorrecciones que recortan su historia y sus límites

La parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Barro pertenece al municipio de Llanes y es una de las 934 en las que está dividida la provincia eclesiástica y archidiócesis de Oviedo. Abarca las poblaciones de Barro (Barru), Niembro (Niembru) y Balmori (Valmori); se encuentra en el arciprestazgo de Llanes, vicaría de Gijón-Oriente. Con unas 475 viviendas, tiene una población aproximada de 470 habitantes, de los cuales una quinta parte residen en el lugar de Barru, con unas treinta residencias habitadas todo el año y algo más de 150 habitadas temporalmente. Hasta aquí las estadísticas.

Sin embargo, leo frecuentemente que se denomina a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Dolores de Barro como la iglesia de Niembro, a la necrópolis adjunta a ella como el cementerio de Niembro, a la ría que forma el Calabres al recorrer este término parroquial como la ensenada de Niembro, al camping de Troenzo y la playa de ese nombre como pertenecientes a la parroquia de Celorio, y hasta la linde del barrio de El Acebo, perteneciente a Balmori, pero con algún edificio con habitaciones en Barro. Es decir, por el camino que llevan algunas informaciones, casi nada pertenece a Barro, solo un grupito de casas sin importancia que a veces aparece en los medios de comunicación por el caso de un hotel ordenado derribar por una considerada polémica sentencia judicial.

¡Pobres barrucanos! Poco a poco se van quedando sin patrimonio, sin paisaje, sin barrios… No nací en Barru, pero me considero barrucano. No estoy empadronado en Barru, no resido en Barru. A efectos oficiales solamente pago facturas, tasas e impuestos por tener una vivienda en Barru. Llegué por primera vez al pueblo en 1947 y desde entonces soy de Barru, defiendo esta preciosa aldea y la seguiré defendiendo. Sin menospreciar los afanes y derechos que cada uno tiene ni desdeñar las ambiciones de cada, defiendo esta pequeña aldea, curiosa por su belleza y su geografía. Intento que el Ayuntamiento la atienda como cualquier otro pueblo del municipio. Y busco que se le considere en todos los campos, sobre todo porque es un emblema turístico de Asturias y de Llanes. Lucho porque sus pocos habitantes no sean ninguneados.

Cada vez que observo las inexactitudes que se cuentan al mencionar hechos ocurridos en Barru advierto que se le están usurpando derechos y propiedades al pueblo. Cuando se nombra la ensenada del Bau (o Vau), la iglesia o los límites del pueblo parece que se habla sin una contrastada documentación. En fin, se ignoran datos certificados en el Instituto Geográfico y Estadístico, mediciones y registros catastrales, documentos históricos, circunstancias que llevan a errores de bulto pero que día a día recortan la pequeña historia de esta aldea.

Por eso pienso que cuando se mencione a Barru es preciso conocer sus datos, sus límites, sus lugares y los nombres de los mismos, sus gentes y la pequeña historia de esas gentes. Saber dónde está el Muñón la Aguilera, la Punta Ladrona, la piedra El Celleru, el Picu Hoz (o Joz) y hasta la Portilla de Pozabal, por ejemplo. Saber que su playa es conocida por La Arena y que el reciente nombre de Miracielos es el de la alta mar que hay Cantábrico adentro frente a su costa; que Troenzo pertenece una parte a Celorio y otra a Barru; que el límite entre Barru y Niembru no es el puente sobre el río Calabres. Por otro lado, saber, por ejemplo, no dónde fue inscrito al nacer José María Álvarez Posadas -el poeta Celso Amieva-, sino realmente dónde nació, así como que fue enterrado en Barru, en su iglesia.

En fin, conocer lo que en tiempos se llamó Villaescusa, hoy uno de sus barrios, lo que se llamó Mar Menor, la Bárcena, Llubeces y otros puntos, denominaciones que se datan ya en documentos de la Edad Media, es algo con lo que se debe contar a la hora de describir acontecimientos actuales de un pueblo que el poeta llamó Cadexana, que como don Quijote tenía su musa allí mismo (la Niria de sus versos), y que, como señalaba uno de sus habitantes emblemáticos, Jesús Villar (alcalde, cartero, panadero…), Barru limita al norte con el Cantábrico y al sur con las «aguas vertientes de Cabrales». Dicho queda.

Publicado el Jueves (Santo) 29 de marzo de 2018 en las páginas de Oriente de LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oriente-opinion/2018/03/29/barru-circunstancias/2261187.html

De «Muelle» al feísmo

El grafiti, que convivió con pintadas reivindicativas, en peligro de ser antiestético
 Corrían los años ochenta del pasado siglo. En distintos muros de un barrio del oeste de Madrid comenzaron a aparecer unos rótulos con la apariencia de una firma. Al principio eran trazos hechos con grueso rotulador. Luego fueron creciendo y pasaron a ser hechos con pulverizador, spray. Eran simples, sin aparente mensaje. Se trataba de una palabra y una rúbrica: «Muelle» sobre una espiral parecida a un sacacorchos. Comenzaron apareciendo en paredes desconchadas, edificios abandonados, fincas marginales. Pero fueron proliferando y se extendieron por la ciudad. La firma se fue estilizando, pasó a ser casi decorativa y un dibujo bastante perfeccionado. Y «Muelle» se hizo popular. Pronto tuvo sus imitadores. El autor era desconocido. Más tarde se hizo pública su identidad, Juan Carlos Argüello, un muchacho del barrio de Campamento al que le encantaba la música. Falleció muy joven pero su nombre permanece entre madrileños y grafiteros. Lo llevan unos jardines de su barrio, se celebran certámenes con él, algunas de sus obras son conservadas en paredes y rincones de la capital, una exposición, «Letras Liberadas: propaganda, cultura y artes gráficas en el Madrid de las Transición» lo recuerda.

Tras ese pionero trazado de Argüello, que se extendió a otras ciudades españolas, vinieron otros artistas callejeros y la belleza de algunas de esas pintadas logró un reconocimiento que hace que se le considere un arte. O, al menos, una modalidad de técnica pictórica. Y al igual que proliferan los concursos de pintura rápida, certámenes de pintura al aire libre, son muchas las convocatorias para grafiteros, se ofrecen fachadas, extensas pareces y muros para estos decoradores dotados con botes que pulverizan variados pigmentos que decoran ciudades de todo el mundo, Nueva York, Londres, París, Amsterdam…

Claro que no todo han sido beneplácitos halagos para esta modalidad de expresión artística. Hubo un tiempo que la proliferación de pintadas invadía de tal modo y reiteradamente las paredes, persianas y cierres de algunos barrios de Málaga que los comerciantes de la popular calle Carretería acordaron la paz mutua: los dueños de las tiendas permitieron que dibujasen en sus cierres temas relacionados con su mercancía a cambio de que los grafiteros respetasen los muros de la zona y no repintasen las fachadas casi cada noche. Fue un pacto que luego se amplió a otros ámbitos del municipio y la zona aledaña del cauce del río Guadalmedina hoy está decorada con grafitis más o menos artísticos. Hubo casos parecidos en la solemne Viena y el siniestro muro de Berlín sirvió a mucho artista callejero para plasmar su condena a la represión del gobierno del Este.

Oviedo, Gijón y otras ciudades celebran competiciones de artistas callejeros y se ha dado un caso curioso publicado por LA NUEVA ESPAÑA. Un grafitero dejó pegadas unas láminas en muros del entorno de la catedral y el Museo de Bellas Artes de Asturias. Paisajes urbanos, una marina, flores, algún retrato. Las obras llamaron la atención del canónigo archivero del Cabildo, quien publicó un artículo admirando las pintadas que «ofrecen un trasfondo artístico» con «cierto aspecto misterioso». De esa colección, realizada por un joven llamado Israel Sastre, se pasó a programar actuaciones, ya no tan clandestinas, como el Festival de Intervención Mural de Oviedo, el Parees Fest, que reúne a artistas de amplio ámbito con miradas más allá de un arte local.

Pero el color y la imagen del grafiti, que convivió con las pintadas reivindicativas contra la represión política y económica y perdió gran prestigio con las dianas y amenazas de grupos terroristas y fascistas, corren ahora el peligro de la vulgaridad, el feísmo y la carencia de arte. Manchas burdas, torpes, sin ingenio ni genio. Manchones que carcomen muros, desdicen el arte, pervierten la filosofía de «Muelle» y contradicen la gracia, por ejemplo, de la ingenua pintada plasmada junto a la bella plaza del manchego San Carlos del Valle que decía: «Mozas, ligar más».

Publicado el jueves 15 de febrero de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2018/02/15/muelle-feismo/2238966.html

Los nuevos y decepcionantes plazos del AVE

Cada ministro/a ha dado unos plazos de construcción que nunca se cumplen

Es tal el ansia por ver funcionar la Alta Velocidad que ya nos creemos cualquier promesa, la haga quien la haga. Aunque cada vez que un/a titular del Ministerio, que ha cambiado tanto de nombre como ministros ha tenido (Obras Públicas, Transportes, Comunicaciones, Urbanismo, Industria, Energía, Fomento?), se refería a nuestra comunicación ferroviaria con el resto de España daba y da datos nuevos y contradictorios con la ocasión anterior. Se cansa uno de leer y escuchar cómo se promete un modelo, se promete una fecha, se promete un trayecto y poco tiempo después se desdice, se incumple, se cambia. Y de la ilusión se pasa a la descreencia, se vuelve uno escéptico y ya no se fía del/la ministro/a del Gobierno que sea. Es más, reniega de la visita de cualquier titular del departamento encargado de construir una vía de comunicación que sirva para derrotar al aislamiento histórico del Principado de Asturias.

Quienes por razones laborales, familiares o circunstanciales residimos allende la Cordillera Cantábrica vemos frustradas nuestras ilusiones cada vez que un/a ministro/a del ramo se acerca por Oviedo, Gijón, Pajares, Vegadeo o Ribadedeva para visitar unas obras, inaugurar un tramo de autovía o anunciar una innovación. Al principio recibíamos el hecho con ilusión, llenos de esperanza, nos fijábamos en los datos aportados por su autoridad. Pronto recibíamos el jarro de agua de unas fechas más lejanas, de nuevas dificultades, de cambios en la construcción, en las reparaciones del deficiente planeamiento, de retrasos de todo tipo.

Y cada vez que se mencionaba (y se menciona hoy día tras tres lustros de obras) el ancho y sistema de vías, tipo de railes y las variedades técnicas del trazado nos invadía y nos invade el desánimo, la desilusión. El colmo llegaba cuando se informó de que el trazado entre León y La Robla estaba prácticamente terminado mientras en Asturias se exigía por parte del partido de quien fuera ministro (asturiano) de Fomento un modelo de vías que retrasaría años la terminación del trazado, impediría el paso de algunos trenes, desterraría el transporte de mercancías y hasta peligraban los presupuestos para finalizar las obras. La incredulidad de lo que ocurría año tras año, ministro/a tras ministro/a llevaba a popularizar la frase de «no sé si lo verán nuestros nietos».

Mientras tanto han ido apareciendo informaciones sobre la Alta Velocidad que se construye en otras comunidades, se dan fechas más próximas de funcionamiento en trazados posteriores a la Variante; se instruyen procesos por presunta corrupción en trayectos y obras ferroviarias; se elaboran ciertos dosieres que desaconsejan el desarrollo del AVE; se intenta desacreditar este transporte por su carestía; se señala que su implantación llevará los negocios a Madrid en vez de traerlos a la periferia.

En fin, lo último que tenemos es que, según el ministro actual, el AVE que ahora hace el trayecto Madrid-León (288 kilómetros de recorrido ferroviario) en una hora y 56 minutos, tardará una hora y 46 minutos más en llegar hasta Gijón, 104 kilómetros, poco más que la tercera parte del tramo anterior. Quizá parezca excesivo nuestro escepticismo ante estos datos (dificultades orográficas, presupuestos de crisis, etc.) pero el AVE a Sevilla y Málaga atraviesa parte de Sierra Morena, tiene más kilómetros de recorrido y tarda una hora menos. De todas formas, alienta el optimismo de «técnicos» y de la Plataforma Tecnológica Túneles de Pajares que califica de «fenomenales» y correctos los tiempos anunciados por Íñigo de la Serna, aunque la «última» fecha fijada para la interminable obra y «completo» funcionamiento esté fijada aún para dentro de dos años y medio.

Publicado el sábado 27 de enero de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2018/01/27/nuevos-decepcionantes-plazos-ave/2229277.html

La solidaridad extremeña y el tren asturiano

La reiterada reivindicación en favor de un ferrocarril moderno y rápido

Es un ejemplo de solidaridad el que han dado las formaciones políticas, empresariales y sindicales extremeñas uniéndose en sus reivindicaciones respecto al ferrocarril. Quizá su precariedad en las infraestructuras de comunicación sea más acuciante que la de Asturias pero demuestran aunándose su progreso, su fuerza y su solidaridad con el contribuyente ante el abandono que sufren sus comunicaciones. En Asturias ocurre lo contrario. Los partidos asturianos van cada uno por su lado. Así están la Variante, las estaciones de Gijón, las cercanías, la autopista del mar…

La gravedad del asunto está en que la situación en el Principado es la contraria a la extremeña. Mientras la comunidad que configuran Cáceres y Badajoz carece de una infraestructura ferroviaria y la escasa red existente es totalmente anticuada, en nuestra comunidad la infraestructura existe y el problema radica en su avanzado abandono. Y si en la primera se plasma una falta de voluntad política para adecuarla a nuestros días, en nuestra tierra la voluntad política apunta al deseo de desterrar su uso, hacerla desaparecer e inutilizarla.

Por muchas visitas que los ministros del ramo han hecho y siguen haciendo, con promesas renovadas y repetidas, la puesta en marcha de las mismas no se materializa nunca. Siempre hay pegas, algún recurso, falta de presupuesto o una simple marcha atrás. Así es desde el principio del presente periodo democrático. Recordemos el cierre de la línea de la Ruta de la Plata, realizado por el Gobierno de Felipe González, con Mercè Sala como presidente de Renfe. El eje ferroviario que unía el Norte y el Sur de la Península (Gijón-Avilés con Cádiz-Huelva) puede que no fuera rentable para la Hacienda estatal pero era un servicio esencial para mercancías y muchos miles de contribuyentes. Mientras tanto comenzaba a funcionar el AVE entre la Sevilla natal del Presidente y Madrid, con presupuesto astronómico y dudosamente rentable. Un argumento reversible pues ambas líneas eran servicios importantes para gran número de ciudadanos. ¿A algún ministro se le ocurriría cerrar el super subvencionado metro madrileño tan tremendamente deficitario?

El victimismo político, el nacionalismo económico, el egoísmo insolidario parece que se acentúan en un país donde las responsabilidades de los políticos acaban cuando dejan el cargo. Todo a lo más que llegan es a pedir perdón. Para contar los ejemplos de dimisión por presunto fallo no se necesita una calculadora electrónica y es suficiente con la cuenta de la vieja. Se ve claro acudiendo al modelo de los casos de corrupción.

Las comunicaciones en el Principado son un desastre: la autovía del Cantábrico tardó casi tres décadas en construirse; la Variante ferroviaria bajo la cordillera, con miles de millones invertidos, sigue sin funcionar; la red de cercanías, que hace unos años se iba a renovar totalmente según los políticos de turno y tiene la más extensa infraestructura de todas las provincias españolas, está a punto de fenecer; la autopista del mar ha desaparecido por intereses económicos sospechosos; el aeropuerto sufre continuos problemas de programación de vuelos. Mientras tanto los políticos no se ponen de acuerdo ni para celebrar una primera reunión exploratoria, discuten sobre el ancho de las vías como si lo hiciesen sobre el sexo de los ángeles cuando los técnicos dicen que con «la traviesa polivalente se puede sustituir un ancho de vía por otro de manera sencilla», según afirma Vicente Luque, presidente de la Plataforma Tecnológica de los Túneles de Pajares.

Cuenta el periodista Joaquín Estefanía una significativa «anécdota». Durante la manifestación antiterrorista celebrada en Barcelona, a la que acudió el Rey, el lendakari Urcullu le comentó a otro presidente autonómico su presumible compromiso con el Gobierno para aprobar los Presupuestos Generales de 2018. Ante las apremiantes necesidades de financiación de la mayoría de los gobiernos regionales ese otro presidente le señaló los apuros económicos que su gabinete pasaba para cubrir las necesidades de su comunidad. El mandatario vasco contestó así: «Si nosotros le pedimos al Gobierno que nos pongan un puente colgante entre San Sebastián y Bilbao, nos lo ponen». Clarísimo.

Publicado el lunes 11 de diciembre de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/12/11/solidaridad-extremena-tren-asturiano/2206845.html

De nuestra literatura culinaria asturiana

Recuedo de las viejas recetas ante la actualización de la Academia de Gastronomía

Descubrí la caldereta de marisco y pescado siendo un estudiante becario de Periodismo –en prácticas, se decía entonces– en el verano de 1968. Para mí fue un acontecimiento más en un año de gran trascendencia informativa (Mayo francés, Primavera de Praga, matanza de Tlatelolco…). Es el mejor recuerdo de aquel concurso de castillos en la arena que organizaba por las playas de la Península un conocido refresco del mercado internacional en colaboración con distintos diarios españoles. La disfruté invitado en un singular restaurante de Tapia de Casariego. Desde aquel almuerzo invoco y pregono este manjar cada vez que puedo presumir de la cocina asturiana.

Si la gastronomía del Principado tiene como bandera la fabulosa fabada y se vanagloria del pote, las cebollas rellenas, la tortilla de merluza, el besugo a la espalda, la carne gobernada y, más recientemente, del cachopo, el plato más moderno –aunque sea muy veterano en los fogones marineros– considero que es la caldereta por su saludable composición de productos de la mar y la huerta. Sin embargo, aunque figura en guías culinarias y algún destacado tratado de cenadores exquisitos, no se la nombra y se encuentra frecuentemente casi perdida en índices secundarios.

La probable revisión de la lista de platos de origen astur o consolidados en la tierrina que componen el vademécum, GAS, de la Academia de la Gastronomía de Asturias, que comentaba días pasados Luis M. Alonso en este suplemento de LA NUEVA ESPAÑA, sería una estupenda ocasión para reivindicar recetas que figuraban tiempo ha en publicaciones emblemáticas sobre nuestra cocina. Algunas de estas imposibles o muy difíciles de encontrar, al menos fuera de Asturias, allá donde creo que es fundamental difundir la buena gastronomía astur. Me refiero a ediciones como «La cocina práctica», de Manuel María Puga y Parga, libro conocido como «El Picadillo», como señala el inefable Juan Cueto; o «Ramillete del ama de casa», popularmente «El Nieves», más tarde otro referido como «El Carmen» y ya más recientemente «El arte de cocinar», de María Luisa García, «El María Luisa», libro que fuera mi manual culinario de cabecera.

Respeto la autoridad de doctores en la materia, como el presidente de la Academia de la Gastronomía de Asturias, Eduardo Méndez Riestra, premio Fomento de la Cocina Asturiana y autor del celebrado «Diccionario de cocina y gastronomía de Asturias»; saludo la magistratura de tantos maestros de la cocina del Principado, desde los Morán hasta el joven michelin Ricardo González; busco los menús más clásicos de nuestro repertorio allá donde vaya a comer, festejo los magníficos festivales gastronómicos que tienen lugar a lo largo y ancho de Asturias cada año (la fabada, el pote, los nabos, los puerros, el marisco, la harina, etc.) y sigo reivindicando recetas que, si no nacieron en Asturias, se elaboraban hace tanto tiempo en la región que merecen un reconocimiento asturiano.

Reivindico así el arroz con salchichas rojas, los fréjoles con tomate, los arbejos con patatines, los hombrinos fritos, los garbanzos en ensalada, el picadillo con tortos o boroña, los fritos de pixín o los frisuelos y las casadielles, así en «es». Platos quizá muy locales, rápidos, algunos como alternativa a los elaborados a fuego lento y muy de temporada. Y los recuerdo porque el arroz absorbe la grasa y el pimentón de las salchichas dándole una sabrosa textura, a los fréjoles el tomate les aporta un sabor especial, las patatas agradecen el aroma del guisante, unos garbanzos guisados y emplatados con tomate rallado y lechuga aliñada forman una sugestiva ensalada templada. En fin, los fritos de pixín brillan ahora en la carta de los restaurantes asturianos que ya abundan por todo el país y deberíamos resaltar el nombre de los hombrinos, de tradición marinera, que perdieron su nombre por otros apelativos externos, «invasores».

Reivindiquemos el rollo de bonito, la sopa de fégado, la tortilla de cebolla, los fogones que busca Ana Paz Paredes por rincones de esa Asturias felizmente renovada aunque menos conocida.

Publicado el viernes 8 de diciembre de 2017 en el suplemento La Vida Buena de LA NUEVA ESPAÑA

De nuestra literatura culinaria asturiana

http://www.lne.es/vida-buena/2017/12/08/literatura-culinaria-asturiana/2205810.html

El bosque, nuestro futuro

Una reflexión tras los devastadores incendios del noroeste de la Península

Una máquina perfecta. Así definía el bosque el presidente del Instituto Forestal Europeo (EFI), el barcelonés Marc Palahí, residente en el país de los bosques, Finlandia, un día después de apagarse los incendios en decenas de miles de hectáreas de Galicia, Portugal y Asturias. Lo declaraba en un programa de Radio Nacional de España. Comentando los desastres ecológicos ocasionados por los impresionantes, tristes y nefastos fuegos, que ocasionaron decenas de muertos, Palahí anunció una cumbre internacional a celebrar el próximo mes de diciembre a la que han confirmado su asistencia importantes banqueros, directores de empresas en materia de biotecnología, políticos y especialistas en temas de naturaleza, tecnología sostenible y prevención de incendios.

La interesante reunión estudiará métodos para generar riqueza en zonas rurales, sistemas para gestionar mejor la producción del campo, las salidas que propone la tecnología nueva y los beneficios que comporta la obtención de la biomasa que reduce el riesgo de incendios. El congreso se interesará en profundizar en los proyectos actualmente en marcha sobre la explotación de la masa forestal europea donde hoy por hoy se calcula que existen unos 160 millones de hectáreas de bosque.

El EFI tiene como proyecto la progresiva sustitución de la energía producida por materias fósiles por una energía de origen biológico. Intenta luchar contra la despoblación de las zonas rurales, en gran parte por estar mal gestionadas, implantando un sistema de bioeconomía que haga sostenible la producción en todos los ámbitos. Permutar utensilios no renovables como el cemento, el petróleo, el acero, el poliéster, el plástico y otros derivados de los fósiles por materiales de origen biológico. Materiales renovables que reduzcan las emisiones de dióxido de carbono, el CO2, el llamado gas invernadero, y que lo capturen. La biotecnología hoy puede trasformar las fibras forestales en productos robustos, desde bienes textiles a sustancias más resistentes que el acero con las que se pueden construir ya rascacielos, automóviles, aviones y otras variadas máquinas, todo con biomateriales procedentes de la fibra de madera.

Además, según datos mencionados por Marc Palahí, los arbolados europeos captan ya el 10% de todas las emisiones de CO2 producidas en el continente: «Todos los bosques de Europa absorben el dióxido de carbono que las industrias del cemento y del acero emiten anualmente». Señala el Instituto Forestal Europeo que en los últimos treinta años, con la continua gran despoblación de las zonas rurales, ha aumentado bastante la superficie forestal no gestionada y el futuro está en revalorizar esos macizos arbóreos dándoles una viabilidad económica a través de una industria forestal potente, desde una bioeconomía que remplace la economía basada en materiales fósiles al tiempo que se soluciona el problema de los incendios forestales.

En España le superficie forestal ha aumentado un 30% en los últimos 25 años. Galicia, Asturias, Soria suman casi tanta como Portugal, que es rico en zonas boscosas. La diferencia está en la gestión y cuidado de ese patrimonio. En Finlandia, con estrictas leyes forestales, un 15% de los fineses posee su bosque y lo mima. Los sorianos se ufanan de su gestión y velan por su riqueza forestal. Portugal, por el contrario, apenas registra la propiedad de sus bosques. Así, la gestión y los recursos contra incendios es radicalmente distinta en cada paraje. Los recientes fuegos en Asturias y Galicia han promovido la solidaridad que puede traducirse en un mayor enfoque protector hacia el árbol.

Por otra parte, si la tecnología digital destina menos masa forestal para papel, ese capital maderero irá a la fabricación de biomateriales que son renovables, que se uniría con las energías solar, eólica, mareomotriz, geotérmica… El presidente del EFI dice que el organismo busca un cambio de paradigma económico para alcanzar un futuro sostenible para próximas generaciones. Por eso la gestión forestal jugará un papel transformador de este cambio de paradigma y mudará la economía cimentada en materiales fósiles por una de naturaleza biológica que sea motor de crecimiento económico, que pueda prosperar dentro de las fronteras sostenibles de este agotado Planeta.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el sábado 18 de noviembre de 2017

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/11/18/bosque-futuro/2195241.html

El campo, un ámbito maltratado

Los campesinos han de tener los mismos servicios y derechos que los «urbanitas»

El campo asturiano ha estado relegado durante tanto tiempo que cuando alguien sobresale por quedarse a trabajar en su pueblo es noticia en los periódicos. Una tras otra, todas las semanas se publican en LA NUEVA ESPAÑA relatos de jóvenes asturianos que, con gran preparación y estudios, prefieren no salir de Asturias o volver a ella para emprender una nueva industria, una iniciativa realizable desde su tierra natal. La gran mayoría reivindica implantarse en su aldea, en el campo, fuera de las villas o ciudades, de las concentraciones urbanas. Una decisión hoy demasiado dura. Falta todo tipo de servicios.

«Me quedo en el pueblo» ya es una subsección clásica de este periódico. Cada jueves, en las páginas de Campo y mar, se publican informaciones sobre ganadería, agricultura, mercados o industria alimentaria. Pienso que quienes, por cuestiones laborales, digo como ejemplo, viven-vivimos en pueblos y ciudades «urbanas» pasamos estas noticias con rapidez, sin apenas leerlas. Sin darle importancia al sector primario.

Quizá esta actitud provenga de que en un pasado bastante reciente la representación de Asturias era una imagen de zona industrial y minera. Al menos allende la cordillera primaba la idea de una región no verde sino negra y conflictiva, además de lluviosa y poco atractiva para el visitante. Quienes salíamos fuera por estudios o por trabajo debíamos luchar contra la rémora de tener que desmentir esa idea despectiva de una tierra oscura, poco recomendable, refutar la maldad de esa imagen triste y belicosa (huelgas mineras, Revolución del 34?), al tiempo que luchar contra la broma de gente introvertida y con un lenguaje «gracioso». La cantinela del acento de los serenos, la sidrina, la pesada fabada y el mal tiempo permanente, todo con retintín.

Lo que hoy exporta el Principado pretende acabar con todo lo expuesto en el párrafo anterior. Un paraíso natural, una tierra verde y hermosa, unas gentes extrovertidas, amables, agradables y acogedoras. Una región atractiva, llena de recursos naturales, alegre y pacífica, con una excelente gastronomía. No hay duda de que ahí está el futuro, cuyo presente comienza a despegar.

Pero para consolidar esa pretensión es necesaria la materialización de una voluntad política y empresarial que alimente el motor del vehículo que nos dé de comer. Es decir, poner a producir el campo, como señalaba un reciente editorial de este diario. Salvar la zona rural, potenciando su producción, dotando a los ganaderos y agricultores de las comodidades de las que disfrutan los «urbanitas». Servicios y tecnologías actuales han de alcanzar a los rincones donde el trabajo es sufrido, sin apenas tiempo de descanso, duro y «sin domingos» como es el del campo, el del agricultor que ha de vigilar su huerta, el del ganadero pendiente de sus bestias. Deben procurarle bienestar.

La leche, el queso, la sidra, les fabes, la ternera asturiana no saben de calendario, pero quienes trabajan en su elaboración, atienden su manutención, velan por su ordeño, su elaboración, su crecimiento y cuidado son humanos. Personas que aspiran a tener las mismas comodidades, similares servicios y ratos de ocio, idénticas vacaciones y derechos laborales que obreros, técnicos, profesionales, funcionarios y demás trabajadores de la ciudad. Tanto legislativo como ejecutivo comunitarios deben proteger, promocionar, establecer una legislación que iguale a todos los contribuyentes en cánones y oportunidades. Vivir y trabajar en el campo no puede significar más sacrificio que el propio de su naturaleza, de su esencia, de su complejidad. Servir al sustento, la satisfacción y el placer a los demás debe tener todos los derechos y deberes que cualquier otra profesión.

Si la promoción de los atractivos de Asturias -según el vídeo institucional- enfatiza que el Principado es el refugio antiestrés, del disfrute, contra la rutina, un lugar para ser libre, para la aventura y sentirse vivo, ese paraíso lo deben disfrutar también los asturianos, tanto de la ciudad como del campo. La legislación y la implantación de esa igualdad es obligación de la Junta y el Gobierno astures. O el campo se despoblará (Asturias es líder en el número de pueblos sin ningún habitante). Expertos como el profesor y exconsejero Jesús Arango o el pionero naturalista Benigno Varillas pueden aportar sus trabajos para demostrar las posibilidades y necesidades para desarrollar una satisfactoria vida en el campo. Así es la democracia.

Artículo publicado el miércoles 19 de julio de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/07/19/campo-ambito-maltratado/2137454.html

Florece la poesía astur

Las dificultades de los poetas para dar a conocer sus poemarios hoy día

Tetrástrofo monorrimo, retruécano, endecasílabo, alejandrino? No, la poesía actual es distinta, ya no emplea rima ni cadencia ni ritmo. Alguien ha dicho que ha trasformado los versos en simples líneas, breves o largas o no alineadas, dependiendo del ánimo del autor. Olvidados ya Quevedo, Góngora, Rosalía, Espronceda, Bécquer, que nos ayudaron a entender la poética, las estrofas ahora no se atienen a antiguas reglas griegas o latinas, tampoco de la poesía española clásica, ni al conceptismo, al culteranismo ni al romanticismo. Simplemente a sentimientos. Brotan.

Esta primavera que ya deja paso al verano, es decir, cuando la Naturaleza despierta y hace florecer las plantas, para muchas especies también época de celo, tiempo de crecimiento de los días, creo que vamos teniendo buena cosecha poética. Xuan Bello, Fernando Beltrán, Javier García Cellino, Enrique Serrano? son poetas astures que han presentado en pocos días poemarios nuevos. «Yo no escribo para matar el tiempo / ni para revivirlo / escribo para que me viva y me reviva», versaba Octavio Paz, según recordaba Javier García Cellino al presentar «Entrevuelos» de Enrique Serrano. A su vez «la poesía de José Elgarresta es una queja contra la condición humana y surge como una necesidad de encontrar respuestas», señala Victoria Díaz-Corralejo en el prólogo («Un grito en la oscuridad») del poemario «En el corazón del aire», presentado días atrás por el veterano poeta madrileño. Brotes, instantes, soplos, luces fuera de la prosa del momento.

Sin embargo, en tiempo de concesión del Nobel a Bob Dylan, de la facilidad de edición que presenta el libro electrónico, la poesía no camina por un sendero de rosas. Ejemplos ha habido en recientes fechas. Xuan Bello vuelve a los versos tras dos décadas recorriendo otros tramos de la literatura, llega cargado de galardones, distinciones y reconocimientos, pero la presentación de «El llibru nuevu» en la Biblioteca de Asturias, en Oviedo, fue un acto minoritario. Fernando Beltrán, poeta también muy conocido fuera del ámbito literario como «nombrador de empresas» o «naming», presentó «Hotel Vivir» en un ambiente entre amigos. «La poesía es para mí como una pulmonía incurable», dijo en una ocasión como símbolo de resistencia pero su hábitat parece estar en otro sitio.

Javier García Cellino, un premiado colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, ha viajado a Madrid a presentar su última obra y contribuir a proclamar la de su amigo y paisano Enrique Serrano en una pequeña discoteca. «Famélica legión», el poemario de Cellino «es un acto de sinceridad» en el que «parte de los poemas establecen un diálogo con grandes obras pictóricas de la historia del arte», señala en su prólogo Ana Martín Puigpelat. Y es que el poeta felguerino se interesa en su obra por aquellos artistas que han demostrado una postura ética que se «ha traducido en un desgarramiento interior». «En las manos del frío está la poesía / que nos trasciende», dice en unos de sus versos.

Enrique Serrano es más concreto. Antiguo marino, centra su poesía en el mar, la naturaleza, el amor. «El hombre y el mar se escriben bajo tierra. / La tierra también», marca en un momento para finalizar con un «No me importa lo que la vida piense de mí, / siempre seré su amigo». Son leves poemarios estos de Serrano, quizá más etéreos que los de Algarresta, «escritos con la cabeza, firmados con el corazón para ser expresión del hombre», dice en su dedicatoria. «Leo a los poetas antiguos: / son pavesas en un incendio / o teas arrojadas a un pozo para ver su fondo; / nuestra voz es un chisporroteo / que se apaga en la eternidad?», señala este veterano que, en malos tiempos para la lírica, cumple ahora cuarenta años con la poesía.

Publicado el jueves 22 de junio de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/06/22/florece-poesia-astur/2124642.html

Guachigres para las vacaciones

Una propuesta para solucionar un problema ante el éxito turístico de la región
Guachigres para las vacaciones

Los días de vacaciones que hemos tenido en Asturias durante que la pasada Semana Santa han demostrado que esta tierra atrae. Lleno total ya que las estadísticas señalan que la hostelería ha alcanzado el 95% de ocupación. Posiblemente hayan puesto el cartel de completo casi todos los hoteles, los apartamentos, las casas rurales o los pisos con licencia turística. Quizá el gremio no esperaba tal agradable porcentaje de pernoctaciones, incluso en el occidente. El caso es que el Principado estaba «petado».

Pero el problema persistía porque no radicaba en las camas ocupadas sino en las mesas. Si era difícil encontrar dónde dormir, era casi imposible hallar un restaurante donde comer. Al menos hacerlo de una forma confortable en una tierra que presume de tener una cocina excelente y unos platos de fama internacional. Buscar restaurante tanto a mediodía como para cenar ha sido esta santa semana un auténtico camino del Calvario. Sin una reserva hecha con bastantes días de antelación no había forma de degustar un menú de los que nos ufanamos.

Los residentes en el llamado municipio 79, quienes viven fuera de Asturias y aprovechan las vacaciones para viajar a su tierrina se encontraron con la dificultad de encontrar un lugar donde tomar un refectorio, donde en muchas ocasiones llevar a esos amigos que han venido a ver la bonanza de la que nos jactamos, a comprobar lo que anuncia nuestra propaganda. En las zonas más turísticas la dificultad superaba lo soportable. Hasta el lunes de Pascua, que ya no era fiesta en el Principado, hubo grandes colas en algunas zonas para lograr una mesa. Creo que así no se consigue ser una potencia turística, que es a lo que se pretende llegar en Asturias, un Paraíso Natural campeón entre las regiones de la franja verde.

Una comunidad con larga experiencia turística y con gran cantidad de visitantes todo el año mantiene una solución particular que, pienso, podría ser aplicable en otras zonas. Es un sistema que demuestra su eficacia ya que es de continuada tradición y cuya eficacia se ve en la atracción que ejerce sobre el visitante. Me refiero a Canarias y su fórmula del guachinche en la isla de Tenerife (bochinche en Gran Canaria). En este tipo de establecimientos se ofrece comida tradicional para acompañar los vinos cosechados en el contorno y su apertura es temporal, en principio en época de la vendimia. Claro que los locales han proliferado por toda la isla y han merecido fama por sus platos, en muchos casos de los fogones ancestrales y tradicionales, en otros, recetas personales consolidadas por su bonanza o particularidad. Y no son denostados como «pulperías en la calle, que son competencia desleal», como señaló a LA NUEVA ESPAÑA el presidente de la patronal Otea, José Luis Álvarez Almeida.

Probar la comida de un guachinche es una de las ofertas que se les hacen a los turistas cuando llegan a la isla. Un escaldón de carne, un rancho canario, unos churros de pescado o una carne de fiesta son platos bastante típicos de estos locales, además de las consabidas papas arrugás o papas negras. Son comidas que no se ofrecen normalmente en los menús de otros restaurantes. Platos diferentes como el cochino negro, el almogrote, el tumbo de las sobras del puchero o los huevos al estampido son típicos de muchos de estos refectorios que abren por temporadas de dos o tres meses o solamente ciertos días de la semana con el aliciente de un vino de la tierra.

En Asturias la sidra y su época de espichas podría ser el estímulo para acudir a degustar las verdinas, los bollos preñaos, el chosco, el emberzáu, fariñas, boroña, las cebollas rellenas, los platos de escanda, los tortos, la carne gobernada, la caldereta, el vino de Cangas, casadielles, frixuelos y muchos de los cuarenta quesos que se elaboran a lo largo de nuestra geografía. Algunos de éstos son platos distintos a la fabada, fabes con almejas, el cachopo, la ternera asturiana, los fritos de pixín o de bacalao, el chorizo a la sidra, el bonito, el bocarte y otros pescados a la espalda, los carbayones, el arroz con leche requemao, además del Cabrales, el Gamoneu, La Peral o el Afuega’el pitu. Chigres y merenderos (diríamos «guachigres») de apertura temporal, que no serían rentables todo el año, que alivien los estómagos en fechas como la Semana Santa o puentes festivos, cuando se llenan los bares y restaurantes permanentes. Un recurso que sería regulado como los guachinches tinerfeños para supervisar su calidad. Estamos en una tierra que busca y presume de ser un paraíso natural. Y comer en Asturias ya es leyenda.

Publicado el lunes 1 de mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/05/01/guachigres-vacaciones/2097130.html