La quimérica Rotonda

La necesidad de glorietas para distribuir el tráfico en varios cruces de Llanes

Diez años han pasado desde que fue presupuestada pero sigue sin ser construida. La rotonda que programó el Gobierno del Principado en el año 2008 para salvar la confluencia de las vías AS-263 con la LLN-11 y la LLN-8 (entre La Cábila, en Celoriu, el Acebu de Balmori-Barru, y la entrada hacia Porrúa) tenía concedida una dotación de 900.000 euros para su construcción. La carretera (LLN-11) fue bien reformada años después, en posterior legislatura, añadiéndole una acera que alivia el paso de peatones ya que forma parte del Camino del Norte, en la Ruta Jacobea, pero el peligroso cruce ni se tocó. Está al borde de una curva que oculta la circulación en un sentido de la vía principal. El riesgo sigue existiendo, aumenta en los muchos días de niebla que proliferan en esta época del año y sobre todo en los meses estivales, cuando se multiplica el tránsito con la llegada del turismo. Salir de Barru continúa siendo bastante comprometido.

El Gobierno de Vicente Álvarez Areces aprobó la construcción de una rotonda en el punto de coordenadas 43o25′ Norte con 4o 49′ Oeste, aproximadamente en el kilómetro 23,200 de la mencionada AS-263. Informaron del hecho los diarios asturianos, principalmente LA NUEVA ESPAÑA en páginas de la edición del Oriente.

Unos tres años después de que finalizase su mandato sin haberse iniciado la obra llegó a la presidencia Francisco Álvarez-Cascos. El nuevo Gabinete autonómico anuló la construcción de la rotonda y el peligro permaneció hasta nuestros días. En el mismo término parroquial de Celoriu y dentro del kilómetro 23 de la misma carretera existe otra confluencia de vías -la LLN-9 desemboca en la AS-263-, donde unos metros antes existe un semáforo para cruzarla a voluntad de los viandantes que apenas influye en el tránsito que proviene de occidente. Tiene la característica añadida de que la incorporación de la vía local a la provincial es una corta pero pronunciada pendiente que hace más difícil la entrada de los vehículos que salen de Celoriu hacia Llanes. Necesitaría otra rotonda o el traslado del semáforo hasta el cruce para evitar el riesgo de accidente. Es decir, segundo peligro para los coches que intentan entrar en la carretera provincial, antigua carretera nacional. También aquí es necesaria una rotonda.

Si tenemos en cuenta que los pueblos de las parroquias de Barru y Celoriu son el cogollo de la atractiva costa de Llanes, imán del turismo de la zona, la construcción de unas rotondas que apenas necesitan una gran obra es esencial. Y completamente necesaria.

No sólo facilitan el acceso a esos lugares y sucesivas playas, sino que evitan los frecuentes accidentes que se producen en ambas confluencias viales. Coincide este segundo cruce además con una parada de autobús interurbano que dificulta la visión de los automóviles que se incorporan a la antigua carretera general.

La reivindicación de estas rotondas no es una cuestión nueva ya que entre Posada y Llanes existen tres buenas distribuidoras del tránsito de vehículos, dos para acceder a los dos sentidos de la autovía E-70 o A-8, en las cercanías de El Acebu, y otra para incorporarse a la circunvalación de la villa antes de que la AS-263 se bifurque.

Además, la entrada a Barru por la LLN-10, desde Balmori, tiene la dificultad del alto de La Rotella, en las estribaciones de La Llera, donde varios camiones han quedado atrapados los últimos meses en sus empinadas curvas, teniendo que ser restados por grúas especiales. Y es oportuna ya que el presupuesto para el próximo año aún no ha sido aprobado en la Junta del Principado.

Publicado el jueves 6 de diciembre de 2018 en las páginas de Oriente de LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/suscriptor/oriente-opinion/2018/12/06/quimerica-rotonda/2392217.html

Por qué pagamos tan cara la energía

 Un país gran receptor de sol y seguimos con la luz más cara de Europa

Estamos los españoles entre enfadados y sorprendidos cada vez que hablamos del precio de la luz. Y nuestro asombro aumenta en cuanto alguien se refiere a las fuentes energéticas. Es frase muy común esa de que el recibo de la luz no lo entiende ni el ministro de Industria. Y es tan antigua que pasan los ministros y el recibo sigue ininteligible para el consumidor. He escrito sobre la urgente necesidad de buscar el sol, el viento, el agua, para lograr una energía saludable, barata, sostenible, abundante y no contaminante. Mientras, el profesor Jesús Arango explicaba en las páginas de LA NUEVA ESPAÑA la política energética seguida por la rica Alemania, sus pequeñas deficiencias y sus factibles éxitos. Las comparaciones demuestran nuestro fracaso, por eso pedimos que nos expliquen de una vez por qué en España no se sigue una política similar. Y Luis Gancedo apunta al mercado de bonos de CO2 y los «brokers». ¿Por qué pagamos tan cara la luz?

Al tiempo que sufrimos la carestía eléctrica un muchacho de Ponferrada, Diego Cuevas, explicaba en un popular programa de televisión que hace unos años viajó becado por la Junta de Castilla y León a Nueva York. Este joven es hoy un ejecutivo que dirige las operaciones en Estados Unidos de una empresa que fabrica vidrio fotovoltaico, cristal que genera electricidad para los edificios, «algo muy innovador» señalaba él mismo, y «ya» es un «ahorro que tenemos todos en nuestra factura eléctrica». Mostraba luego una pieza de suelo fotovoltaico también: «vas a poder caminar sobre él a la vez que generas electricidad? es decir, la transición energética es real, está ocurriendo?», decía. O sea, un leonés de la capital del Bierzo, donde luce el sol muchas horas al día muchos días al año, dirige una industria que hace que la luz sea más barata. Pero en Estados Unidos.

Lamentablemente en España, adonde llegan cada año muchos millones de turistas en busca del astro rey, la luz es cada vez más cara. Si bien las compañías manifiestan que gran parte de esa energía ya es producida por el sol, el viento y el agua, en el enrevesado recibo sigue la luz sin reducir su precio. Dicen que su dependencia de los caros combustibles fósiles la reducen progresivamente. Y la publicidad de esas empresas remarca que cada día son más ecológic s recursos energéticos propuestas por la Unión Europea.

Comparaba recientemente en estas páginas el profesor Jesús Arango la renovación de las fuentes energéticas entre Alemania y España. Animaba el exconsejero a intensificar la instalación de energías renovables para realizar una sustitución avanzada del carbón como fuente de energía. Porque esperar a que cierren las centrales que funcionan con combustible fósil sería fatal. Señala el profesor que debe abordarse con urgencia un estudio de la estrategia más conveniente a seguir por el Principado de Asturias y ponerla en marcha. Por su parte el Gobierno de Pedro Sánchez ha de abordar ya los cambios de normativa para que los españoles podamos disfrutar sin las actuales restricciones de los beneficios de las energías naturales. ¿Por qué Alemania tiene una energía más barata que España si depende en una cuarta parte del carbón, tiene planificado prescindir de la nuclear en los próximos cuatro años y, por supuesto, recibe mucha menos luz solar que el suelo hispano?

Además, en plena polémica sobre la venta de vehículos diésel, veo necesario estudiar presupuestos, comprobar las cuentas que marcan al automóvil eléctrico como demasiado caro respecto a los que funcionan con combustibles fósiles. Como se argumentaba antes respecto al precio de los vehículos diésel se puede razonar hoy sobre la bonanza de los eléctricos. Animo al ejecutivo de Javier Fernández a implicarse fuertemente en el tema. El eléctrico al inicio cuesta más, escasean las fuentes de carga y, de momento, tiene una autonomía limitada. Esa carestía se recupera instalando cargadores en los garajes, inversión que compensa ya que las cargas eléctricas son muy baratas si las comparamos con las del gasoil o la gasolina. Y las nuevas baterías permiten ya hacer viajes largos, cada vez tienen más autonomía.

Publicado el 14 de agosto de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/08/15/pagamos-cara-energia/2333428.html

Una respuesta judicial

La decisión de la Justicia alemana sobre la extradición a España de Puigdemont

«Una dura derrota para España» era el título de una información en la que se decía que «El Estado español ha sufrido en la Justicia alemana una de sus mayores derrotas judiciales y políticas» desde el estallido de la crisis independentista en Cataluña, «que abrió la peor crisis institucional de las últimas décadas» en nuestro país. Párrafos más delante de esta primera afirmación se decía que «el tribunal alemán de Schleswig-Holstein desautorizó ahora al Supremo español». Finalmente el comentario señalaba que «la medida del tribunal alemán demuestra que la estrategia española sufrió un nuevo revés internacional que la vuelve cada vez más insostenible». Tales contundentes aseveraciones las firmaba Pablo Sanguinetti, corresponsal de la Deutsche Presse Agentur (DPA) y fueron publicadas en los medios españoles.

Derrota, desautoriza, demuestra y otros términos empleados por el periodista no parecen acordes con la labor de la Justicia, las competencias de la misma, la democrática separación de poderes y el contraste de las fuentes. No mencionaba el comentario la versión oficial del «derrotado» Estado español ni la del tribunal «desautorizado» aunque sí alegaba que la medida del tribunal alemán «demuestra» el revés de la Justicia hispana. Y para abundar en la versión de parte, Sanguinetti, redactor de la gran agencia alemana, recogía una frase del abogado de Carles Puigdemont en España, Gonzalo Boye, en la que proclama que «El Tribunal Supremo español debe plantearse ahora si tenemos una justicia europea o no».

Personalmente pienso que las medidas cautelares que ha impuesto el magistrado que instruye el proceso en cuanto a la crisis independentista abierta en Cataluña sobre los acusados entran dentro de la legislación vigente pero parecen excesivas. Evocan una situación que invita a comparar con otros casos, presumiblemente tan graves en los que no se aplican posturas tan drásticas. Pero como lego en leyes solamente expreso una opinión propia sin justificación escolástica alguna.

Quienes sí parecen conocer la legislación comparada son los mencionado Sanguinetti y Boye cuando señalan que un tribunal -de menor rango en niveles europeos- ha «desautorizado» al Tribunal Supremo de todo un Estado soberano dentro de la Unión Europea. Quienes hablan de «derrota» del Estado español cuando existe separación de poderes en una sociedad democrática homologada por el posiblemente más democrático de los entes políticos mundiales: la Unión Europea. Quienes dicen que la medida del tribunal alemán «demuestra» el revés sufrido por la estrategia española a nivel internacional, manifiestan que ello la «vuelve cada vez más insostenible». Ante esto, el abogado aconseja al más alto tribunal español que debe planearse si «tenemos una justicia europea o no». Aunque los jueces alemanes no habían de juzgar el caso y solamente debían estudiar si corresponde o no entregar el huido a la audiencia española, el corresponsal de la ¿prestigiosa? DPA emplea el término «demuestra» y no utiliza «considera»; en vez de no atiende determina «desautoriza», a la vez que duda si son democráticos los tribunales españoles.

No cuestiona ninguno de ellos, informador o letrado, si realmente existe una unión europea de la Justicia, si existe reciprocidad entre los tribunales de los estados miembros. Cabe preguntarse, como se hacía días pasados Luis M. Alonso en estas páginas de LA NUEVA ESPAÑA, «para que sirve una euroorden». Él mismo se respondía: «Sin un principio de confianza mutua entre los sistemas jurídicos de los estados miembros, la Unión Europea pierde su razón de ser».

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 7 de agosto de 2018

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/08/07/respuesta-judicial/2329574.html

Siervos y esclavos del siglo XXI

La precariedad laboral y económica ya llega a todas partes en España

Unas cuarenta mil personas duermen en la calle en España, según el Ministerio del Interior. Trabajadores de la industria cárnica no disfrutan de vacaciones, no tienen Seguridad Social ni ningún otro derecho laboral, además de tener que aportar sus instrumentos de trabajo, relató un programa de televisión. Becarios en diversas profesiones trabajan gratis, algunos en condiciones tan precarias como se acusa en países del llamado Tercer Mundo. Las fuerzas policiales liberan cada año en España a cientos de mujeres obligadas a prostituirse. «Unos 27.000 jóvenes [asturianos] con estudios superiores viven en situación de «pobreza laboral» pese al inicio de la recuperación», destacaba una información de LA NUEVA ESPAÑA días pasados.

Son ejemplos de lo que la Real Academia define como «sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación» en una acepción de «esclavitud». Mientras el término siervo se refiere a «persona completamente sometida a alguien o algo, o entregada a su servicio». Y estamos en Europa, la zona más civilizada del Planeta y en el siglo XXI. Y es que en el marco de la publicitada recuperación de la crisis los casos de precariedad laboral y económica se multiplican. Una empresa que utiliza «ciclomensajeros» ha anunciado que éstos también deberán contribuir a financiar «con un precio simbólico» su plataforma tecnológica. Y no es la única que aprovecha la «salida» de la crisis pues, según una denuncia de la Unión General de Trabajadores (UGT), otra de las compañías que se sirve de los repartidores ciclomotorizados se reserva un 10% de los 20 céntimos por kilómetro recorrido que abona a sus mensajeros, que no cobran el 21% del IVA de ese trabajo, han de pagar autónomos y 90 euros por la mochila para el transporte.

La medida anunciada es el nuevo paso que han de dar los nuevos siervos a quienes les cobrarán unos cuatro euros mensuales (alguna empresa de reparto ya cobra esta cuota) por prestar el servicio. Es decir, han de pagar por trabajar. O lo que es lo mismo, que quien trabaje para estas compañías ha de poner todo el material necesario para desempeñar su labor.

Si nos referimos a los becarios la situación es parecida. No han de aportar el material de trabajo en la mayoría de los casos, pero en algunos de ellos la dignidad está en juego. Si hace unos meses se conocía la situación de los aprendices de un estrellado restaurante cuyo propietario es conocido por su participación en programas televisivos, no es mejor el escenario en el que se mueven otros becarios de otro importante centro gastronómico. Jornadas laborales de diez o doce horas, residencia en un sótano con literas y servicios insuficientes, manutención impropia de una cocina de prestigio para la que trabajan?

Además, con motivo del 8-M, la jornada de denuncia de la realidad de las mujeres, se evidenciaron otras profundidades del estado laboral de nuestro país, caso de las «kellys», limpiadoras de hostelería, la discriminación de las estibadoras, la precariedad de los vigilantes de seguridad, trabajadores de la construcción, camareros, teleoperadores, jornaleros del campo (publicaciones alemanas mencionaban hace unos días a estos como «los nuevos esclavos de Europa»). El Papa Francisco, en el prólogo de «Poder y dinero», de Michele Zanzuchi, habla de «las nuevas formas de esclavitud», de «nuevas precariedades y esclavitudes», siervos…

Cada vez que algún miembro del Gobierno menciona la creación de miles de puestos de trabajo calla que en su mayoría desaparecen en días y no alcanzan el salario mínimo. Todo esto sin entrar en el tema de los inmigrantes que huyen de la miseria, las guerras y las persecuciones. La desaparición histórica de la esclavitud no representó la supresión de la condición de siervo.

Publicado el martes 26 de junio de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/06/26/siervos-esclavos-siglo-xxi/2308871.html

Los roles de Puigdemont

El expresident de la Generalitat ejerce de actor, mago, monarca, caudillo y dictador

Los célebres «Inventos del TBO» alcanzan a la política. Bueno, ya las publicaciones de humor como «DDT» hicieron famosa la sección «Diálogos para besugos», que representaba muy bien a los políticos de la época, allá por mediados de la dictadura franquista. Nos lo recordaba Josep Maria Ruiz Simón hace unos días en el diario «La Vanguardia»: decía el filósofo que «Si lo que Puigdemont pretende hacer es una República independiente construyendo una monarquía absoluta desde el exilio, sería un invento realmente colosal, digno del profesor Franz de Copenhague». El enredo del pretendiente gerundense parece digno del imaginario inventor del antiguo tebeo.

Andan buscando los comentaristas un título, un papel, un rol para atribuir al ex president de la Generalitat de Catalunya. Se barajan distintas y variadas opciones: monarca, presidente de república, caudillo, mago, dictador, actor? Puede que sea alguna de ellas o varias a la vez. Dejemos al lector que otorgue el cargo que mejor le parezca, según la obstinación del personaje, su actuación ante el estado actual de Cataluña, la actitud de sus seguidores, el proceder de los demás políticos de esa comunidad, la táctica de su formación, la conducta de sus correligionarios, la posición de los distintos partidos políticos del Estado?

Actúa Carles Puigdemont como un monarca absoluto, dirigiendo la política catalana desde la larga distancia, como un rey gobernando desde otro país -como hiciera algún inefable «mandatario» africano de funesto recuerdo-, exigiendo reuniones en su castillo lejano o en sus pabellones de caza bruselense o berlinés. Sería de esperar que, de gobernar en el futuro, no se comporte como el monarca que ha sido históricamente considerado como el peor de los que ejercieron en el Reino de España, Fernando VII, tristemente apodado como «el Deseado».

Se proclama Carles Puigdemont como presidente de la república sin haber sido investido, huido de la justicia tras haberla proclamado sólo momentáneamente, una república independiente virtual que duró solamente unos ocho segundos, tras los cuales el mismo president la dejó en suspenso.

Su actitud actual es la de un caudillo al que sus adeptos siguen a ciegas sin meditar sobre la situación en la que se encuentra la comunidad a la que pretende gobernar. No atiende a las peticiones de sus colegas de otras formaciones para que se forme un gobierno que cumpla la legalidad y gobierne realmente. Y la tenacidad de su caudillaje no admite su práctica sustitución.

Tiene Puigdemont los poderes de un mago, de un ilusionista, de ese encantador que consigue que le sigan sin apreciar que su éxito no es real sino solamente una apariencia. Y logra hacer de su estancia en otro país todo un espectáculo.

Además, parece un gran actor. Y encarna perfectamente como tal. Porque ni gobierna ni deja gobernar, como en la obra del «Fénix de la Ingenios». Sería «El perro del hortelano», esa comedia palatina de Lope de Vega, publicada dentro de la titulada «Oncena parte de las comedias de Lope Félix de Vega Carpio» en el imperial Madrid de Felipe III, de hace precisamente cuatro siglos, en 1618.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA  el lunes 11 de Junio de 2018

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/06/11/roles-puigdemont/2301110.html

Germaña y los/las legionarios/as

Cómo la política depende de un juez alemán y unos «cantores» del PP

Vivimos en Germaña o en Deutschpaña. La afirmación se hace porque vivimos en un país que depende de un fiscal y tres jueces del tribunal de una ciudad cuya existencia es casi desconocida para la gran mayoría de los más de 46 millones de españoles. Un juzgado alemán que decide una cuestión, la extradición o no de Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña, sobre la que gira desde hace meses (o quizá años) la política de España. O de Germaña o Deutschpaña. Es decir, un Estado en el que gobierna el Tribunal Constitucional, la sección en la que delega la mayoría de sus decisiones un Gobierno minoritario y al que no se atreven a cuestionar quienes forman una mayoría, partidos que dicen -cada uno por su lado- pero no hacen.

Un Gobierno en el que sus componentes nos recuerdan que el fantasma de la dictadura no ha desaparecido. Véase el espectáculo dado por cuatro de sus miembros más notorios y representativos cantando en Málaga una canción elogiosa de la guerra. La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal; el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido; el ministro de Justicia, Rafael Catalá y el ministro de Educación, Cultura y Deporte y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo participaron en un espectáculo mediático/religioso, que teatraliza la visión de un cuerpo militar fundado por el dictador para elogiar el ardor guerrero en un Estado aconfesional. Y no desprecio la labor actual de la Legión -en la que cumplí el obligatorio servicio militar-, participante en muchas labores de paz en diferentes conflictos bélicos en el mundo actual, sino el significado de unos regimientos fundados para el combate ciego por unos fanáticos que contribuyeron al sometimiento dictatorial a todo un pueblo durante casi cuatro décadas. Un hecho lamentable. Si lastimosa fue la interpretación de su himno nacional de la cantante Marta Sánchez en un teatro madrileño, la actuación de los ministros en Málaga el pasado Jueves Santo alcanza cotas inigualables.

Mientras tanto soportamos una oposición en la que priman las ocurrencias, que no se junta ni para comprar el pan, que vive para el minuto (digo «para» y no «al» minuto) y parece olvidarse de ese futuro que nos prepara este Gobierno salpicado por la corrupción del partido que lo sustenta. Una oposición que se manifiesta a base de tuit, que se exterioriza al minuto sin una mínima reflexión, sin una exigua investigación, soltando en muchos casos la primera ocurrencia, pensando más en su posible conveniencia que en la de sus posibles gobernados. Y, además, demostrando que las promesas electorales sólo son promesas.

Los hechos son para sentir vergüenza ajena. Para huir del país y evitar contagio mental pernicioso. Los ministros cantores se atreven a entonar «El novio de la muerte» sin conocer los entresijos de las banderas legionarias. Y corearían también el «Himno de la Legión» sin haber estado sometidos ni unas horas a su régimen y anticuada disciplina. La impresión es que acudieron al desfile procesionario del Cristo de la Buena Muerte -antes de Mena- malagueño para cumplir con una consigna partidaria.

¿Les parece apropiado cuatro ministros entonando una canción de cuartel que mitifica la muerte al paso de un Cristo durante la Semana Santa?, se preguntaba en su columna diaria de LA NUEVA ESPAÑA Luis M. Alonso. Ha sido una muestra de casposidad cañí, señala él mismo. Personalmente opino que es una vuelta al nacionalcatolicismo, apropiación y menosprecio a unos soldados cuyas condiciones de vida jamás soportaría uno de esos cuatro cantores. Y lo dice alguien que fue vigilado hasta en las letrinas cuando hizo la «mili» en el Tercio, realizó más de cien guardias en garitos fronterizos y sobrevivió a los caprichos de unos oficiales que no perdonaron mis informaciones como periodista. Lo pasé muy mal, pero lo cortés no quita lo valiente.

Publicado el martes 10 de abril de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/04/10/germana-loslas-legionariosas/2266962.html

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¡Es la democracia, hombre!

Las multitudinarias manifestaciones en toda España de este 8 de marzo definieron una cosa: qué es la democracia. Se ha hablado de feminismo, machismo, precariedad, techo de cristal, brecha salarial, huelga femenina, elitista, japonesa? cada una/o la ha calificado a su manera. Pero apenas he oído/leído que fuese una huelga reivindicativa de democracia. Este término se suele utilizar para hablar de discriminación étnica, religiosa, sexual, política, racial, económica? se habla de países, regímenes, situaciones, derechos, pero no se dice que democracia significa esencialmente dignidad e igualdad de todas las personas. Es decir, a la hora de derechos de las personas no hay roles: todos tenemos los mismos derechos. Las manifestaciones de este día piden democracia.

 Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el jueves 15 de marzo de 2018
 http://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2018/03/15/democracia-hombre/2253755.html

Broncas y mofas con premio

Las insólitas comparecencias de investigados en el Congreso y en los tribunales

Broncas y cachondeo en las comparecencias parlamentarias y en los tribunales. Este es el panorama al que estamos asistiendo ¿sorprendentemente? casi cada día. Empecemos por las deplorables y consentidas reprimendas de los investigados a los investigadores. Ejemplos tenemos variados y televisados.

Casi nos habíamos olvidado de las comparecencias de la familia Pujol en el Parlament cuando llegó Rodrigo Rato al Congreso de los Diputados. Y es que ya aguantamos todo en el mundo de la política. Si Jordi Pujol riñó a los parlamentarios catalanes cuando fue convocado, tras varias burladas citaciones, a comparecer ante los representantes de los ciudadanos y contribuyentes de Cataluña para responder sobre su presunto fraude fiscal prolongado, no fue menos la reprimenda que el expresidente de Bankia les lanzó a los comisionados de los partidos en su investigación sobre la Administración central y la salida a bolsa de la antigua Caja Madrid.

El ex president de la Generalitat, que durante más de dos décadas recibió el trato de Molt Honorable, no solo se negó a responder a unas cuantas preguntas sino que empleó una actitud desafiante ante los parlamentarios catalanes. También utilizaron un tono despectivo y nada correcto su mujer Marta Ferrusola y los hijos de ambos que fueron llamados para aclarar sus presuntos escamoteos a la hacienda de la comunidad.

Y días pasados, en el turno de su comparecencia convocada por el Congreso al exvicepresidente del Gobierno con José María Aznar, Rodrigo Rato Figaredo, no solamente éste utilizó un tono despectivo con los distintos representantes de los partidos sino que en algún caso abroncó a los diputados, despreció sus preguntas y hasta pidió que se disculpase a alguno de los interrogadores. En ambos casos los investigados emplearon conductas inadmisibles en unas cámaras que representan al pueblo soberano.

Respecto a las vistas judiciales ha habido hechos parecidos y bochornosos en varios procesos. Desde malas contestaciones a dudosos comportamientos durante los interrogatorios. Y, aunque en ciertas tertulias se tomó casi a broma alguna situación curiosa, no dejó de ser bastante anómalo que un investigado pida levantarse para buscar un refresco o tome a cachondeo el tono de ciertas respuestas. Recordemos las comparecencias de varios de los implicados en el caso de las «tarjetas black» de Caja Madrid-Bankia con respuestas malhumoradas y destempladas hacia las preguntas de la fiscalía o de diferentes letrados.

El caso más reciente sobre comportamiento de los encausados es el de la vista pública de la trama Gürtel en la Comunidad Valenciana. Tras una década de investigación sobre la presunta corrupción en las gestiones económica y electoral del Partido Popular, el acusado Francisco Correa reprendía al aparato policial y judicial por denominar el caso como «Gürtel», nombre que no le gusta porque él es Correa, en castellano y no en alemán. Luego bromeaba con el tribunal para que le permita levantarse a recoger una cocacola que le guarda su abogado defensor. Y siguiendo con la broma, solicitó también con cierta rechifla al presidente de la sala que le permitiera ir al servicio porque «con tanta cocacola» no resistía las ganas de orinar. Para mayor burla, el acusado Correa le corrigió a la fiscal que le interroga diciéndole que debía cambiar la pregunta porque así le respondería con más detalles sobre la materia en cuestión. Y tras Correa llegó Álvaro Pérez, «El Bigotes», en el mismo plan.

Para colmo, se negocian rebajas penales si los acusados «descubren» presuntos delitos cometidos que la investigación no alcanzó a detectar. ¡Reírse o abroncar tiene premio!

Pubicado el jueves 8 de febrero de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2018/02/08/broncas-mofas-premio/2235481.html

Una llamada a la razón

Contra el boicot a los productos catalanes tras el intento independentista

Ya son miles las empresas que han decidido marcharse de Cataluña. Estos terribles titulares que a diario anuncian los medios de comunicación traen una alegría para unos y una tristeza para otros. Lástima que esto ocurra. No solamente significa un fracaso colectivo que abunda en la separación de personas sino que agudiza el conflicto, hace crecer el odio y enfatiza el rencor entre partidarios de uno y otro bando, entre seguidores de ambas tendencias e ideologías. En realidad es malo, lo peor para todos. ¿Queremos la separación de Cataluña o que se quede en España? Un poco de coherencia.

El encono entre contribuyentes está animando a muchos compradores a rechazar la adquisición de productos del opuesto, a no comprar bienes creados o elaborados por el contrario sin pararse en si es bueno o malo el género. Lo que puede llevar a la ruina a productores no implicados en el conflicto, generalmente a las pequeñas y medianas empresas que no intervienen en el contencioso. A quienes producen efectos inocuos respecto a la polémica. Y entre ellos a productores que piensan igual que el posible comprador o no interfieren nada en la situación política.

Porque boicotear un producto catalán, como hay muchas propuestas, puede significar arruinar a un colega, penalizar a un correligionario, un compañero que nada tiene que ver con la situación creada. Alguien que está de tu lado y sufre por el acoso de un contrario ideológico. Y es que el conflicto de Cataluña lo generan unos políticos que poco defienden a la gente de a pie.

¿Queremos que Cataluña sea España? No podemos pretender que permanezca dentro del Estado español si le boicoteamos, si pedimos su ruina. Las llamadas a secundar el rechazo son el mayor signo antidemocrático, la forma más perversa de expulsión. Con esos métodos no se defiende la legalidad ni la legitimidad de una ley. Se promueve hostilidad y rebeldía hacia la legislación y se empuja a la ilegalidad.

Josep Borrell, catalán antiindependentista, exministro socialista, expresidente del Parlamento Europeo y demoledor desmontador de las teorías económicas que ensalzan los beneficios de una Cataluña independiente, teorías que predican los partidarios de una república fuera de España, ha propuesto detener ese boicoteo que perjudica tanto a soberanistas como a partidarios de la españolidad catalana. «Hay que reconstruir el afecto, si no nos sentimos parte del mismo colectivo humano es imposible apelar a constituciones, leyes y normas, hemos roto la pequeña convivencia», señaló en un programa de televisión.

Ingeniero aeronáutico, máster en Investigación Operativa por la Universidad de Stanford (California) y en Economía de la Energía por el Instituto Francés del Petróleo en París, doctor en Ciencias Económicas por la Complutense y catedrático en excedencia de Matemáticas Empresariales, este experto en presupuestos y hacienda vaticina «un crack económico que a algunos parece no importarles», que afectará igual o tanto a Cataluña como a España, y pide que se «empiecen a construir y tender puentes, que demuestren que se quieren». Borrell, que califica como «catastrófica la gestión de la crisis en Cataluña que ha hecho el Partido Popular» y abomina de la política del Govern que «reclama democracia con una mano y violan sus propias leyes con la otra», reclama la búsqueda de la concordia para atraer a Cataluña al conjunto de España, desterrar los reproches a los catalanes. Defiende el acercamiento de ambas tendencias pues una mitad de los catalanes no desea la separación, quieren ser españoles, convivir con sus paisanos sin discriminarse por las ideas. Las pequeñas empresas son el tejido aglutinador de la convivencia. Su desaparición será la ruina social, de todos.

(N.B. La deriva independentista catalana también está generando ya en reductos de la derecha un nuevo rechazo al estado de las autonomías que puede engendrar una tendencia al retroceso centralista y fuerte resistencia a las propuestas federalistas).

Publicado el viernes 10 de noviembre de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/11/10/llamada-razon/2191140.html

Cincuenta años de «apartheid»

Las penurias de la población palestina desde la Guerra de los Seis Días hasta hoy

Los movimientos militares de Egipto y su exigencia a las Naciones Unidas de la retirada de sus fuerzas de interposición en el Sinaí en mayo de 1967 desembocaron en la Guerra de los Seis Días. Israel venció, en una ofensiva relámpago, a la coalición formada por la República Árabe Unida, que así llamó Gamal Abdel Nasser al territorio egipcio, Siria, Irak y Transjordania en menos de una semana entre el 5 y el 10 de junio. Así se agudizaron las penurias de la población palestina que lleva cincuenta años sufriendo el acoso judío y la apatía internacional, un auténtico «apartheid».

La impotencia de la Organización de Naciones Unidas se refleja en una de sus más tempranas decisiones, la partición del territorio palestino, bajo protectorado de Reino Unido, en dos estados, uno judío y otro árabe. Setenta años después continúan irreconciliables los dos estados pues unos pobladores consideran que fueron expulsados de su tierra para implantar en ella una ocupación de moradores foráneos; mientras, éstos, reforzados por una inmigración político-religiosa, reivindican su origen ancestral en dichos territorios como mandato divino de la Torá, su libro de la ley. Ante las razones de unos u otros, más de cuatro millones de palestinos allí establecidos huyeron o fueron desplazados a las naciones vecinas, pobladas por gentes de extracción árabe y religión musulmana. La situación se agravó al ocupar Israel desde entonces, salvo el Sinaí, varios territorios de sus contrincantes durante las batallas de junio de 1967.

Más de 85 resoluciones de la ONU para intentar resolver el conflicto han sido ignoradas por el estado judío, mostrando la incapacidad de los organismos internacionales para lograr una convivencia en paz. No han servido de nada las conversaciones de Madrid de 1991 impulsadas por Estados Unidos y la URSS, ni las de Oslo de 1993, ni los encuentros de Camp Davis auspiciados por la Casa Blanca con presencia de los presidentes. Los continuos establecimientos de colonos -unos 400.000- en territorios cisjordanos corrompen cada vez más la situación.

La realidad de quienes nacieron y viven en esos territorios ocupados lleva medio siglo deteriorándose continuamente ante la permisividad del resto del mundo. Muchas de las numerosas reconstrucciones sufragadas por la Unión Europea, por ejemplo, son objeto constante de los ataques del ejército israelí, que con la disculpa de ser refugio de terroristas destruye escuelas cuatro o cinco veces reconstruidas, edificios públicos, corrales, casas particulares, automóviles. Israel construye muros que segregan familias, calles, barrios, ciudades; controla el 60% de Cisjordania, una población de unas 750.000 personas (tierra ocupada desde 1967), fiscaliza todo el agua de esa zona y los palestinos lo han de comprar para beber, soportar toques de queda continuos, controles militares, verjas y la destrucción de campos de cultivo para que los colonos levanten nuevos asentamientos.

Datos de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) señalan que son un millón los habitantes en emergencia diaria, que un 80% come gracias a la aportación de la agencia, que Israel no presta atención médica, obligatoria por la legislación internacional y la Convención de Ginebra, que solamente abre los puestos de paso a las zonas árabes dos horas matinales y dos vespertinas, que no les permite la pesca y bloquea toda comida que llega del exterior. Israel, que expulsó a 13.000 drusos (cristianos árabes) del Golán ocupado, sembró de minas la zona y reemplazó unas 350 granjas por asentamientos de colonos, es el único país de la ONU que no aporta sus límites fronterizos. António Guterres, recién elegido Secretario General de Naciones Unidas, señalaba hace solamente cincuenta días: «Tomo nota con decepción y alarma de la decisión de Israel de construir un nuevo asentamiento en el territorio palestino ocupado». El primer mundo consiente este ofensivo «apartheid».

Publicado el viernes 12 de mayo de 2017 en LA NUEVA ESPAÑA

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