Bombardeos y muros de la civilización occidental

Los últimos ejemplos del cruel desprecio a las personas por la Unión Europea
La civilización es el estadio de progreso material, social, cultural y político propio de las sociedades más avanzadas, según define la Real Academia Española. Triste enunciación de una realidad. Después de siglos y siglos de existencia da la impresión de que cada vez estamos menos civilizados, nuestro progreso social y cultural es pura farsa, lo que volviendo a la RAE significa obra dramática desarreglada y grotesca. Es decir, seguimos matando, denigrando, despreciando cruelmente a las personas, a nuestra propia naturaleza. Dos de los ejemplos más actuales son los bombardeos a hospitales en el Oriente Próximo y el brutal trato a los refugiados que huyen de esas ruines guerras.

El pasado día 27 de abril fue bombardeado en Alepo, la casi destruida segunda ciudad siria, un hospital apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF) en el que murieron decenas de personas. Todo un símbolo de nuestra descivilización porque esta agresión mezquina ha de sumarse a otras muchas realizadas en Siria, donde en 2015 nada menos que «63 centros médicos apoyados por MSF sufrieron 94 ataques», que se dice pronto, mientras en Yemen «las estructuras sanitarias han recibido 130 ataques». Sin olvidar la destrucción el pasado octubre del hospital que la ONG atendía en la localidad afgana de Kunduz. Para hacernos una idea, el promedio fue el bombardeo de una instalación médica apoyada por dicha organización humanitaria «cada semana en Siria durante 2015 y las primeras seis semanas de 2016». A esas destrucciones se añaden otras realizadas en países de África.

En el Consejo de Seguridad de la ONU ha sido presentada una resolución que debe «garantizar que hospitales, pacientes y civiles en zonas de guerra no sean blanco de ataques». Claro que las resoluciones de Naciones Unidas suelen ser humo de pajas -solamente hay que fijarse en cuántas ha cumplido, por ejemplo, Israel respecto a la situación en Palestina- porque generalmente no se consuman. Y las intervenciones de su secretario general, Ban Ki-moon, son meras súplicas. Su última acción fue declararse «preocupado» ante el Parlamento austriaco por la adopción en Europa de unas políticas «cada vez más restrictivas» respecto a los refugiados. Lo mismo ocurre con la «grave preocupación» manifestada por la Comisión Europea sobre las medidas que pondrá en práctica el Gobierno de Austria. Medidas similares a las adoptadas ya por otros gobiernos de la Unión Europea.

Se condenó durante largos años el denostado Muro de Berlín, afortunadamente ya caído y hoy objeto de visitas turísticas. Pero permanecen otros muros parejos como el que separa las fincas usurpadas por Israel a poblaciones palestinas. Y se proyectan otros muchos. Además de los miles de kilómetros, en parte ya levantados, que proyecta Donald Trump en el sur de Estados Unidos. O los numerosos alzados en los límites de los territorios de los países europeos para impedir el paso de los huidos de las guerras y las atrocidades perpetradas en Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Eritrea, Somalia, Sudán del Sur, Libia? Bloques de cemento, altas alambradas, muchas de ellas con cuchillas o las famosas concertinas de las vallas de Melilla, recorren ya largas fronteras entre Hungría, Serbia, Macedonia, Bulgaria, Albania, Grecia? «una lección de geografía» política, como calificó Boyko Borissov, primer ministro búlgaro, cuando recorría junto al premier británico, David Cameron, entre alabanzas de éste, el muro entre Bulgaria y Turquía en Losovo.

Publicado en LA NUEVA ESSPAÑA el miércoles 11 de Mayo de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/05/11/bombardeos-muros-civilizacion-occidental/1924965.html

 

Sirios, iraquíes, personas

La inhumana y antidemocrática decisión de la UE ante la llegada de refugiados

Sirios, iraquíes, iraníes, gente que huye, gente sin trabajo, sin cultura, incivilizados? Pues no, la marabunta de refugiados que llegan ahora a Europa la forman personas, lo que ya es una categoría, civilizadas, con educación, con cultura, con profesión, que disfrutaban de un nivel de vida aceptable. Pero la guerra, el racismo, la discriminación, la política, la religión se han cruzado en su vida, en su camino personal y se lo han arruinado. «No hay Norte, Sur, Este ni Oeste. Solo hay intereses», dice una cabeza que emerge del agua en un dibujo de Andrés Rábago, El Roto.

Siria no disfrutaba de un régimen democrático. El Irak de Sadam Hussein tampoco. Ni Libia, la Persia del Sha o el Irán de los ayatolás. Eran, son, dictaduras de distinta radicalidad y distinto nivel económico. Sin embargo eran países bastante civilizados, con una cultura histórica, escolarizados, educación cualificada, una tecnología floreciente? El escaso equilibrio político-religioso mantenía una paz débil que permitía un desarrollo más o menos llevadero. Hoy Irak, Siria, Libia, junto con Afganistán, Eritrea, Somalia, Etiopía, Yemen son territorios más que países, no tienen estructura de Estado. Son campo de guerrillas, grupos armados, piratería, mafias de la droga, trata de personas y contrabando de armas o materias primas. Otra y peor dictadura, lo contrario al Edén de los cuentos y leyendas, de la fantasía de «Las mil y una noches». Por eso sus habitantes huyen.

Por qué Europa rechaza ahora a sus huidos, los refugiados que llegan de estos países invadidos por el feroz enfrentamiento religioso-político-económico. Porque ni chiíes ni suníes, ni creyentes animistas o étnicos, se enfrentan solamente por razones religiosas. Las posiciones políticas son consecuencia de la consecución de poder, lo que significa riqueza económica e influencia en su ámbito, su entorno, en su pueblo. Una influencia histórica o no pero que da dominio y autoridad a unos sobre otros, otorga poder a unos y lo quita a otros. La Unión Europea, en principio, los acogía, capitaneada por Angela Merkel, con los brazos abiertos. Pero la xenofobia de ciertos partidos, algunos en el gobierno, ha transformado la bienvenida en rechazo obsceno, en nacionalismo racista, en derrota económica. A pesar de que esta Europa envejecida necesita savia y mano de obra nuevas.

No es posible aseverar que todo quien llega de la terrible persecución político-religioso-económica del Próximo Oriente sea un/a intelectual, una personalidad, una eminencia, un/a experto/a en importantes campos de la ciencia, la tecnología, la industria, una celebridad de las artes e humanidades. No. En esta gran avalancha lo natural, lo normal es que haya gentes de todo rango, de todas clases. No huyen de los conflictos solamente los directivos, los poderosos. Lo hacen los pacíficos, las personas, los pobres y los ricos. Los que aman la vida. Traerán problemas unos y traerán provecho otros. «De todo hay en la viña del señor», dicen algunos libros «sagrados» y el dicho popular.

Las últimas decisiones de los dirigentes de la Unión Europea –«one-in, one-out»– demuestran las barbaridades que derivan del poder económico. Expresan gran egoísmo, escasez de ideas, de liderato, de espíritu democrático, una falta de humanidad. No han aportado ninguna solución a los conflictos eternos de la zona. Sólo bombas, odio, injusticia. Firman discriminación y negación. Lo contrario al derecho de las personas. Lo humano es «ser capaces de valorar la vida», señaló en el recuerdo a las víctimas del escalofriante 11-M la alcaldesa Manuel Carmena.

Artículo publicado el miércoles 6 de abril en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/04/06/sirios-iraquies-personas/1907255.html

Luchar contra un fantasma

La indefensión de las sociedades occidentales ante el terrorismo yihadista

«¿Contra quién luchamos? Luchamos contra un fantasma». Esta reflexión se hacía Ramón Lobo tras el atentado del viernes en París. Lobo, curtido en mil batallas como enviado especial a los distintos conflictos bélicos que han tenido lugar en los últimos veinte años en el planeta, corresponsal de guerra en las contiendas que han enfrentado a etnias, religiones y pueblos de Europa en las últimas décadas, que conoce in situ las mil hostilidades provocadas en Siria, Iraq, Afganistán, en diferentes territorios africanos, asiáticos y americanos, señala que es muy difícil, que no ubica al enemigo. No es visible.

En Francia hay más de 4.000 residentes considerados islamistas radicales, «yihadistas» según su terminología, casi 1.500 más o menos vigilados por las fuerzas de seguridad pero el Gobierno reconoce que no puede controlar a tal cantidad. Un tercio de ellos ya estuvieron en territorio del «Estado Islámico». El problema radica, además, en que no todo el mundo tiene la misma radicalidad, el mismo talante, igual agresividad, igual firmeza en sus convicciones. A raíz del atentado contra Charlie Hebdo hace diez meses en París hubo muchos jóvenes, nacidos en Francia, muchos de ellos hijos de padres nacidos también en territorio francés, que no se identificaron con el lema «Yo soy Charlie». Es decir, no se sintieron víctimas del doble y brutal, terrible atentado que acabó con la vida de 17 personas el pasado mes de enero.

Nacieron, crecieron y viven en las grandes ciudades de Francia pero no se integran en su sociedad civil, dejan los estudios pero no trabajan o lo hacen en labores mal pagadas y que no quieren quienes lucen apellidos galos. Su alejamiento es totalmente previsible, lo que les inclina a posiciones marginales aprovechadas por los fundamentalistas. Los más idealistas son captados en su mayoría. Su radicalización es cuestión de más o menos tiempo. Lo mismo ocurre en otros países europeos.

El «calentamiento» mental va en aumento con su situación social, unos trabajos basura, una precaria educación, una falta de metas, una diversión desinhibida, compañeros en su misma situación que no ven una salida. Lo demás viene rodado? hasta llegar a viajar a territorios ocupados por el fundamentalismo islámico. Si vuelven normalmente lo hacen más radicalizados y se convierten en presuntos terroristas en espera de acción, son los denominados «durmientes». O en otros casos en nuevos captadores u organizadores. Y así forman un ejército sin base, sin cuartel, sin uniforme, sin desfiles, invisible. Diríamos un ejército de zombis, por compararlo con una terminología de moda.

Por eso habla el experto de fantasma. Es difícil luchar contra alguien que no se ve. Defenderse con los ojos cerrados de algo cuyas armas desconocemos, que surge por sorpresa. Puede uno prepararse, estar en guardia pero desconoce el momento, el lugar, la identidad del atacante. Alguien hizo hace tiempo una comparación con la guerrilla, pero el terrorismo no tiene nada que ver con lo que «inventaron» los españoles cuando los franceses ocuparon España hace dos siglos, ni siquiera con los combatientes vietcong de la guerra de Vietnam. Los «durmientes» han sido entrenados con una tecnología sofisticada, estrategia controlada on line, no tienen distintivo que los delate entre la gente y no necesitan camuflaje. Ni siquiera «sábana» o sombre. Solamente el radicalismo estricto de su fundamentalismo puede delatar al fantasma.

Publicado el lunes 16 de noviembre de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/11/16/luchar-fantasma/1842225.html

 

Un riesgo para la Eurocámara 2014

El auge del populismo y de los visionarios débilmente democráticos
Les une su odio a «la hidra comunitaria de Bruselas» y buscan formar una gran alianza tras las elecciones al Parlamento Europeo que se celebrarán dentro de unas seis semanas. La líder ultraderechista francesa Marine Le Pen, presidenta del Frente Nacional, y el holandés Geert Wilders, xenófobo y antimusulmán, dirigente del Partido de la Libertad, pretenden sumar fuerzas para luchar contra la integración europea, contra la inmigración, contra las leyes de reconocimiento de las libertades? Y tras la presentación pública de su compromiso pactado en La Haya a mediados de noviembre buscan extender ahora su pacto a otras formaciones (acaban de sumar nuevas adhesiones) afines en racismo, xenofobia, antisemitismo y otros alegatos disfrazados de euroescepticismo. Intentan aunar fuerzas aunque entre unos y otros prediquen ideologías contrarias sobre sexo, religión, raza.

El peligro, pues, es inminente. La crisis separa cada vez más a los europeos, los gobernantes nacionales miran más hacia adentro y los euroescépticos aumentan por momentos. Los políticos nacionales recelan de las directivas de la Unión, del Tribunal Europeo y la inclinación del ciudadano contra los mandatarios de otros países poderosos sube de tono. Además, para gran parte de los contribuyentes continentales la mayoría de los políticos elegidos como regentes de las instituciones de la nueva Europa dan mal la talla, faltos de iniciativas, de eficacia, de personalidad política y gestora. Es decir, no hay un estadista, unos reconocidos gestores ni unos dirigentes con visión de Estado al frente de la Comisión, del gobierno comunitario.

Con este panorama los partidos democráticos tradicionales, en muchos casos en decadencia o sin fuerza de atracción, desgastados o invadidos por la corrupción, parecen incapaces de motivar al electorado, de ilusionarle, suministrarle fuerzas para salir del túnel y reorientarle al añorado estado de bienestar. Y en este estrés político-económico quien toma impulso es el populismo, son los visionarios débilmente democráticos.

Hasta hoy la extrema derecha ha logrado cierto éxito en la Eurocámara y ahora pretende constituirse como un gran grupo parlamentario, superando con creces el mínimo de 25 miembros de al menos siete países. Aunque sus contradicciones ideológicas son grandes y hasta el momento un obstáculo para su unión, el pacto de La Haya aspira a incrementar su dominio, a multiplicar las cuatro decenas de eurodiputados que consiguió en los últimos comicios aprovechándose de la angustia y el pesimismo que ha implantado la crisis en la dubitativa Europa. Antes de la recesión generalizada la Liga Norte italiana y el UKIP británico lograron nueve representantes cada uno; el polaco Ley y Justicia seis; cuatro los holandeses de Partido por la Libertad; el Movimiento por una Hungría Mejor, el Frente Nacional francés y el Partido de la Gran Rumanía tres cada uno; consiguieron dos los belgas de Vlaams Belang, el Partido de la Libertad de Austria y la Unión Nacional Ataque, de Bulgaria, mientras el Partido Popular Danés, el Partido Nacional Británico y los Auténticos Finlandeses uno. El próximo mayo esperan mejorar resultados y añadir más electos con la griega Aurora Dorada, los Demócratas de Suecia y otros partidos de Eslovaquia, Alemania o Croacia.

De momento el pacto lo procuran cinco formaciones de extrema derecha y han hecho un llamamiento a otras de distintos países. Geert Wilders acaba de sugerir a los holandeses que abandonen la UE. Al tiempo, en Francia, paradigma de la libertad, los socialistas destierran a menores inmigrantes, una revista llama simio a la ministra de Justicia por su raza negra y el Frente Nacional de Marine Le Pen se perfila como fuerza mayoritaria; varios gobiernos nacionales desafían las normas democráticas del Tratado de Roma y los Derechos Humanos; surgen partidos que se fundamentan en la aversión a otras etnias o los nativos de otras latitudes de la misma Europa? En España el Gobierno ha elaborado una ley para restringir derechos y libertades y retrotraernos a tiempos franquistas.

El riesgo es que perdamos lo que perciben quienes nos ven desde fuera, que anhelan Europa y nos ansiaban como pioneros.

Publicado el martes 8 de abril de 2014 en LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/opinion/2014/04/08/riesgo-eurocamara-2014/1568265.html

Canción de Gibraltar

El culebrón del verano

Los veranos británicos hubo un tiempo que proporcionaban la «noticia» recurrente de la aparición del monstruo del lago Ness. Cuando la calma informativa arreciaba los diarios publicaban reportajes sobre la presunta aparición de Nessie en las aguas tenebrosas del lago escocés, normalmente con nocturnidad, surgiendo de las profundidades aprovechando un breve claro de luna y ante la mirada de algún crédulo y descuidado turista. Los veranos hispanos disfrutaron también de un culebrón recurrente al que acudían los gobiernos de turno. La «cuestión» de Gibraltar. Digamos que a la par que la canción del verano, que casi siempre la ganaba el mismo, surgía también la canción de Gibraltar.

A costa del Peñón ha habido de todo, desde conatos de guerra a persecución de delincuentes, desde medidas de restricción sanitaria a causas de presuntas enfermedades de los monos a riñas por cuestiones protocolarias de banderas. En los años inmediatos posteriores al Tratado de Utrecht las refriegas militares y diplomáticas menudearon porque dependían bastante de las alianzas y enfrentamientos entre las potencias europeas del momento. Ya pasados casi dos centurias se produjeron algunos desplantes por ambas partes pero más simbólicos que reales, aunque en ellos estuvo implicada la realeza. Pero ya no hubo ruido ni movimiento de tropas.
En tiempos de la dictadura Gibraltar tomó cierto relieve como sistema de distracción política cuando los problemas internos alcanzaban cotas de conflicto. Fue tan asiduo el recurso de la colonia británica que parecía la única ocupación de algunos ministerios y a un alto funcionario se le llegó a conocer con humor como ministro del Asunto Exterior. Se cerró la verja construida en 1900, se bloqueó la entrada a la bahía, se impidió el aterrizaje de aviones en un aeropuerto construido en tiempo de conflictos mayores al contencioso bilateral, en fin, hubo provocaciones por las dos partes. Y en ambas se fomentó el patrioterismo. Patrioterismo más suave pero que continúa.
Siempre ha habido opiniones a favor y en contra de la discusión y de la utilización del Peñón con fines de estrategia política interna. La derecha defendiendo las presiones contra el gobierno gibraltareño y el Reino Unido. La izquierda rechazando esas presiones o aminorando su fuerza. Los argumentos han variado según el motivo de los conflictos puntuales, ya sea por una visita real, la reparación de un buque militar, desigualdades fiscales o litigios pesqueros. Y durante la ola descolonizadora de la década de los sesenta del pasado siglo la Organización de Naciones Unidas instó a iniciar el proceso con Gibraltar y otras colonias residuales de países del Viejo Continente. Se celebró alguna reunión y manifestaciones pero la cosa no pasó a mayores, la situación siguió igual. ¡La fuerza de Naciones Unidas!
Ahora, mientras algunos partidos políticos españoles y británicos hablan de extender el conflicto a la Unión Europea y hasta volver a la ONU, surgen voces que reclaman cambiar la música de la canción. Desconozco si la letra es nueva o vieja pues en trescientos años de diferencias ha habido mucho baile. Pero se oyen opiniones parecidas a las que tratan de la legalización o no de las drogas para solucionar el terrible problema del mortal narcotráfico. Es decir, retirar la verja y la aduana, integrar en la zona Schengen la población gibraltareña y aplicar la democracia, todos con los mismos derechos, las mismas obligaciones como ciudadanos de una Europa fiscal, política y social unitaria.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 23 de agpstp de 2013

http://www.lne.es/opinion/2013/08/23/cancion-gibraltar/1459384.html

2013, con permiso de George Orwell

Relato detallado de un viaje a Madrid

03.07.2013 | 00:00

2013, con permiso de George Orwell

Nos levantamos temprano. Nos había despertado la alarma del teléfono que anunciaba la llegada del e-mail con los titulares del día de LA NUEVA ESPAÑA. Desayunamos sin prisas, miramos el tiempo en internet, algo mejor que el de las jornadas anteriores, lluviosas y ventosas, desagradables. Tras un rato de relajo, empezamos a recoger, deshacer camas, llenar maletas y agrupar utensilios de viaje. Y mientras uno llamaba a Madrid para saludar a los que no habían podido venir, otro sacaba las bolsas de basura y el resto se dedicaba a revisar las estancias de la casa para no dejar nada encendido, abierto, sin desconectar o sin cubrir para evitar los efectos de la humedad. Entre una cosa y otra, salimos hacia las once.

Pasamos primero a despedirnos del resto de la familia. Habíamos venido a una celebración familiar y no volveríamos hasta bien entrado el verano. Dejamos Barro cerca del mediodía y nos dirigimos a Posada para cumplir con la tradición de comprar bollos preñaos para cenar y repartir entre los amigos. También para adquirir los periódicos y bebida para el camino.
Una vez en la carretera, vimos los tejados de Llanes a la izquierda y sufrimos una media hora de caravana en el tramo sin autovía hasta Unquera. En ese tiempo uno encendió su tableta, otra recogió la llamada de un paciente y el resto comentamos si encendíamos la radio o escuchábamos música ya que viajábamos personas de distintas generaciones y gustos musicales.
El viaje transcurría tranquilo y tras pasar por una Torrelavega llena de carteles con reivindicaciones de los trabajadores de Sniace, superar las nieblas de Reinosa y el pantano del Ebro y los encantadores olores de Aguilar de Campoo, el pueblo de las galletas, llegamos a Olmillos de Sasamón. Sólo conocemos su entrada, ya que paramos allí porque nos pilla a mitad de camino, tiene una solitaria gasolinera, un bar que dispensa platos combinados y en frente un hotel restaurante para comidas más elaboradas y reposadas. Además, en ocasiones nos encontramos con amigos y conocidos con los que también coincidimos en Asturias o en Madrid.
Reemprendemos el camino tras el reparador almuerzo con su café antisomnolencia de rigor. Nuevas comunicaciones telefónicas para anunciar la posición, programar encuentros con las amistades y comentar la bonanza del viaje, «por ahora sin agobios ni retenciones». Pronto bordearemos Burgos, Lerma, Aranda de Duero, dejamos el este segoviano y entramos en la comunidad de Madrid por las pendientes de Somosierra y la popular Sierra Pobre. Al final, algún «paroncillo» puntual en los aledaños de las áreas multicomerciales cercanas a la capital y poco más. Y hacia las seis en casa. WhatsApp a los amigos, llamadas de bien hallados en el hogar y saludos a los no avisados del viaje para no inquietar a los preocupados seres queridos.
Perdóneme George Orwell (autor de «1984») el título que encabeza este texto, «2013». Cuento todo esto con detalle porque se sale de la rutina diaria. Lo hago para que se enteren ustedes, para que no sean solamente Obama, Cameron, Facebook y el correspondiente largo etcétera los que lo saben todo de nosotros, los que nos tienen en sus visores, nos vigilan, nos espían, pinchan nuestros ordenadores, nuestros teléfonos, nuestros GPS, ¿nuestros cerebros? ¡Qué poco falta! 

Publicado el miércoles 3 de julio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA

Resiliencia

La capacidad humana de asumir situaciones límite

Resiliencia. Conozco la palabra desde hace poco tiempo, perdón por mi ignorancia. Al principio la puse en el rincón de las reservas porque me parecía algo marginal, un término nuevo utilizado por especialistas, quizá un “palabro” de frikis… Pero últimamente la vengo oyendo con frecuencia y la curiosidad me ha llevado a ver si tenía más significados del que suponía. Recurrí primero al diccionario de la Real Academia para comprobar su inclusión en la lengua española. Aparecieron dos significados, uno recientemente incorporado (“Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”). Posiblemente sea la adaptación del término mecánico (“Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”) al vocabulario de la Psicología.

Insatisfecho con esta definición que no cuadraba del todo con las lecturas, conversaciones y frases oídas hasta ahora, comencé una búsqueda para que me informase de su empleo en los medios. El campo, entonces, se abrió en un abanico que abarcaba diversas direcciones: ingeniería, ecología, psicología, sociología, derecho y alguna más. Hasta se menciona como capacidad de los emprendedores, tan de actualidad. Sin embargo, no encontré ninguna relación política, económica, social específica. Existe un Instituto Español de Resiliencia y en su información básica relaciona su actividad con deporte, educación, empresa… Creo que le falta una característica que en estos días tenemos griegos, portugueses, irlandeses, chipriotas, italianos, españoles y supongo que muchos contribuyentes de la Europa del este. La capacidad política de resistir y sobreponerse.

El llamado estado de bienestar quizá sea un estadio psicológico dependiente no solamente de la comodidad pues impulsa a la necesidad de comprar, a la urgencia por la superación económica, a la necedad de las apariencias. La educación, la calidad social, la sostenibilidad parecían, hasta hace poco, casi secundarias. Pero cuando se extendió la crisis, se expandió el desempleo, se desplomó la concesión de créditos, se ejecutaron las cláusulas abusivas de las hipotecas el mundo idílico, la bonanza de la globalización se desinfló. Y llegaron las penurias. Entonces se empezaron a sorprender especialistas de la psicología y de la sociología ante la capacidad de resistencia de personas sin características especiales, sin aficiones extremas, no simpatizantes del riesgo. Y se especuló con la continencia ante las injusticias, los recortes a la cultura, la sanidad, la enseñanza, la desesperanza de quienes perdían trabajo, vivienda, becas, calidad de vida. Creo que fue entonces cuando tomó fuerza la noción, el concepto de resiliencia.

Mis escasas fuentes político-económicas me impiden saber si la percepción de esa idea era ya conocida por los economistas y los políticos actuales, los que, según los sondeos oficiales, soportamos con estoicidad, o la acaban de incorporar a su argumentación. El caso es que la resiliencia, la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas” parece extenderse, con más o menos sobresaltos, por el Sur y el Este de Europa. Y puede que pronto alcance al Norte, al Oeste… continentales. Porque, según el profesor Paul Krugman “los responsables políticos, tanto aquí [EE.UU.] como en Europa, parecen ser presa de algo similar a la complacencia y el fatalismo, la sensación de que ni se puede ni se debe hacer nada. Podríamos llamarlo el gran desdén”.

Artículo publicado el martes 25 de junio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA

Europa 2014 será más política

La necesidad de desactivar el germen poco democrático que crece en varios países de la UE.

Europa tiene ahora un difícil año para levantarnos la moral. Con esta frase terminábamos una descripción sobre el comprometido año preelectoral que tiene por delante Europa. Y en este contexto, a doce meses de los comicios los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han acordado un paquete de medidas para luchar contra la evasión fiscal. Se supone que es un avance que fortalecerá la posición de los 27 en medio de la crisis que está dejando al Viejo Continente fuera de los primeros puestos del «ranking» político-económico mundial. Pero las autoridades continentales se tienen que aplicar no solamente en cuestiones de índole económico-fiscal, sino en política social y de derechos, así como en su gobierno interior y su representación práctica en el panorama internacional.
Porque se producen cada día hechos que muestran la debilidad de la Unión en bastantes puntos neurálgicos de su sistema democrático. Y ante el deterioro del Estado del bienestar que se produce en gran parte de sus estados miembros aumentan los brotes de autoritarismo, nuevos casos de reivindicación soberanista, demostraciones de discriminación y de fuerzas xenófobas. Los últimos disturbios en Estocolmo y la subida en votos de formaciones como el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) o los «grillos» y la Liga Norte italianos, la gran implantación que experimentan la griega Aurora Dorada, los Verdaderos Finlandeses, Demócratas Suecos y otros varios partidos húngaros, búlgaros o daneses, así como el nacimiento del alemán Alternativa, lo demuestran.
Las próximas elecciones al Parlamento europeo, que se celebrarán en el marco del Tratado de Lisboa ya en vigor, pueden acercar al ciudadano a una mayor intervención en las decisiones de la gobernación continental y desactivar ese germen poco democrático que crece en varios países de la Unión. También parece que debilitarán el patente bipartidismo que impera en la eurocámara entre populares y socialistas. Porque el nuevo Parlamento disfrutará de mayor poder, y además de elegir al presidente de la Comisión Europea se establece la llamada codecisión entre ejecutivo y legislativo continental. Asimismo, instituye la «iniciativa ciudadana», que podrá promover propuestas legislativas con el apoyo de un millón de ciudadanos de varios países; funcionará con mayorías calificadas (55% de estados y 65% de la población global), con un mandato acotado del presidente del Consejo Europeo por dos años y medio; tendrá más capacidad de actuación en justicia, libertad, seguridad y mejora en la lucha contra el terrorismo y la delincuencia internacional.
El tratado introduce nuevos derechos civiles, políticos, económicos y sociales; establece que la Unión y los estados miembros actuarán conjuntamente con espíritu de solidaridad, y consolida como vicepresidente del Ejecutivo la figura del Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad para dar coherencia y presencia exterior de la UE e instaura una personalidad jurídica única.
En definitiva, el Parlamento que surja tras las elecciones del próximo año puede conseguir la supremacía de los poderes político y social sobre el económico o, al menos, un equilibrio entre ellos, además de mayor solidaridad entre los miembros, igualdad fiscal y cohesión entre los 500 millones de europeos.

 

Artículo publicado el 27 de Mayo de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA

 

Un comprometido año para el Parlamento europeo

El auge del euroescepticismo e incluso del antieuropeísmo a doce meses de las elecciones

Las jornadas entre el 22 y el 25 de mayo de 2014 los europeos tenemos anunciados comicios al Parlamento continental. Acudir o no a votar, ésa es la cuestión, porque las cifras de abstención son cada vez mayores en estas elecciones. Por eso los estados empiezan a propagar documentos que nos animen a depositar el voto dentro de un año. La mayor novedad será que con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa la Cámara tendrá más poder, ya que debe nombrar al presidente de la Comisión Europea. Por tanto los contribuyentes, aunque sea de forma indirecta, elegirán por primera vez, a propuesta del Consejo Europeo y según los resultados electorales, al jefe del Ejecutivo de la Unión Europea, al jefe del Gobierno multinacional.
Pero a pesar de ésta y otras novedades democratizadoras la posición de los electores de los 27 países varía enormemente y, además del grado de adhesión, es importante tener en cuenta el interés de los ciudadanos de cada Estado, su implicación política y la influencia de la crisis que está sufriendo Europa. Si en las elecciones de 2009 el número de votantes que acudió a las urnas apenas alcanzó un 43 por ciento, actualmente ha surgido con fuerza un buen número de partidos y formaciones políticas que piden la salida de la UE y que están consiguiendo resultados muy comprometedores para las decisiones de la unión. Reino Unido, Países Bajos, Hungría y Grecia, principalmente, ven aumentar cada día el monto de los euroescépticos y radicales anti-UE.
Pero no sólo estos cuatro países sobrellevan presiones para abandonar la pertenencia al estado continental. Un recorrido por el mapa europeo nos da idea de cómo están los ánimos. Así mientras Irlanda parece el país más adepto a la unión, sus vecinos, los europeístas británicos, han bajado del 36% a menos del 20% en los últimos seis años. Y tienen prometido un referéndum para decidir su pertenencia. Francia registra un gran ascenso de la ultraderecha antieuropea. En Bélgica, sede del Gobierno comunitario, ven aumentar cada año el número de escépticos mientras los partidos holandeses se acercan más a los anti-UE. Viajando en el sentido de las agujas del reloj nos encontramos con una Dinamarca que amplía sus restricciones respecto a los inmigrantes. En Alemania un nuevo partido euroescéptico se presenta a las elecciones de septiembre, al contrario que Suecia, sin euro pero bastante euroadepta.
Polonia estudia salir de la moneda única, Finlandia también amenaza con dejar la eurozona al igual que Letonia. Estonia y Lituania tienen partidos contrarios pero de momento muy minoritarios. En Eslovaquia gobierna un partido proeuropeo que ha mejorado su relación con Bruselas mientras en Hungría el fuerte nacionalismo provoca cada vez más choques contra la Unión. Rumanía pierde europeísmo y en la paupérrima Bulgaria existe una gran desilusión con la comunidad. De Chipre y Grecia no hace falta resaltar que las condiciones impuestas por la troika extienden el rechazo hacia el gobierno comunitario, mientras en Eslovenia también se suceden las macromanifestaciones en contra. Malta no muestra antipatía a la comunidad, aunque el partido promotor de su ingreso acaba de perder el poder. Los italianos han llevado al Parlamento dos partidos en contra y uno a favor; en Portugal cantan «Que se lixe (joda) la troika» cada vez más fuerte. En España 65 de cada cien personas estaban a favor de Europa en 2007 y ahora no llegan a veinte los partidarios.

Este artículo ha sido publicado por LA NUEVA ESPAÑA el martes día 21 de Mayo de 2013

La división que hacen los ajustes

Disminuye la clase media mientras crece la pobreza y unos pocos se acercan a la opulencia.

La crisis que afecta a Europa está dividiendo a la población en dos partes cada vez más diferenciadas, más distantes, más separadas. Y si el efecto se produce en niveles continentales se agudiza cuando nos fijamos en países como España y la zona mediterránea. Me refiero al nivel de renta, a la diferencia entre la economía de unos y otros contribuyentes. Está disminuyendo la clase media a un ritmo desolador, a tal velocidad que hay economistas que predicen su desaparición. La alta burguesía se nutre de directivos que cobran cada vez más grandes y blindados contratos; la baja aumenta con los llegados de la media y se acerca a la pobreza, sin trabajo, sin recursos, ¿sin esperanza?

Los dictados de la economía implantada por Bruselas, que se rige por los dictados implantados por Berlín, que a su vez sigue los dictados de Frankfort, son tan rígidos que han cegado la salida de los créditos de los bancos, cuyos accionistas han ganado mucho dinero en los años de la abundancia, y los solicitantes de créditos, empresarios pequeños y medianos, han ido cerrando sus empresas. Los empleos van desapareciendo con tal cadencia que el número de parados alcanzó los seis millones, multiplicándose por tres en el lustro crítico que ya se cumple.

Ahora la población camina hacia la pobreza mientras unos pocos se acercan a la opulencia. La distancia es cada vez mayor y si los más van hacia la miseria los menos alcanzan el lujo. Las consecuencias se van palpando en la ideología, que podría acabar enconando las posturas, distanciando las actitudes y fagocitando el centro, para muchos equilibrante, aunque no comprometido, inhibido ideológicamente.

[pullquote align=»right»] Si continúan imponiendo una estrategia de recortes, que siguen otros muchos gobernantes, la radicalización terminará plasmándose en las urnas[/pullquote]

Así ya se habla de disidentes, de movimientos radicales tanto en el centro-derecha como en el centro-izquierda. Desaparecería entonces el bipartidismo y surgiría una polarización que podría generar el brote de nuevas ideas, que enriquecería la política. No creo que piensen así la canciller Angela Merkel -“La eurozona debe estar lista para ceder soberanía”, ha dicho- y los banqueros alemanes pero si continúan imponiendo una estrategia de recortes, que siguen otros muchos gobernantes, la radicalización terminará plasmándose en las urnas. Se especula ya en algunos mentideros con las intenciones de Esperanza Aguirre en la derecha y en los discrepantes en el socialismo mientras se mira a partidos más ideologizados o emergentes antibipartidismo.

Si el príncipe Felipe, en el reciente foro hispano-alemán celebrado en Madrid, advertía sobre las actitudes insolidarias “que a la postre se traducen en resultados estériles e incluso contraproducentes”, un gurú de la economía mundial actual, el Nobel Paul Krugman, en un artículo : “La depresión del Excel” – (Pincha aquí para leerlo ), refutaba la política de recortes aludiendo a un error de los propulsores de esa política y rechazaba el “deseo de los legisladores, políticos y expertos de todo el mundo occidental de dar la espalda a los parados y, en cambio, usar la crisis económica como excusa para reducir drásticamente los programas sociales”.

La radicalización de posturas en esta materia nos lleva a preguntarnos quién puede gobernar una población dividida en dos partes tan desiguales, antagónicas, cada día más irreconciliables. Un ejemplo vivo es Italia. El desmoronamiento soviético no  significó la liberación de los oprimidos si no el enriquecimiento de la camarilla cercana al antiguo poder que ya gozaba de grandes  privilegios. El mantenimiento de las restricciones impuestas desde el epicentro económico europeo devolverá el dinero invertido a la banca pero penalizará al sufrido contribuyente. Abrirá mayores distancias y radicalizará al perdedor hasta llevarle a unas, más o menos moderadas, ideas revolucionarias.

 

Este artículo ha sido publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles día 15 de Mayo de 2013.

http://www.lne.es/opinion/2013/05/15/division-ajustes/1412572.html