La historia de cinco registradores de la propiedad, tres tíos y dos sobrinos
Mon ya es el quinto de la familia. Una saga singular. No encuentro algo similar en todo el mapa. Cinco son registradores de la propiedad, tres de ellos son hermanos y los otros dos, también hermanos entre sí, son sus sobrinos. Los tíos ya tienen plaza y ejercen desde hace tiempo. Los sobrinos acaban de aprobar la oposición, uno con 27 años y otro con 26. Casi baten la marca que ostenta el gallego expresidente del Gobierno. Los cinco son murcianos, sino de nacimiento al menos de corazón.
Mon y José Miguel Coll Rodríguez son hijos de Firma Rodríguez y Ramón Ángel Coll, sobrinos de Pepe, Leonor y Carlos Rodríguez, y nietos del que fuera primer presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha (entre 1989 y 1996), José Rodríguez Jiménez. Tres hijos de este juez ya jubilado tienen plaza de registrador, dos nietos acaban de aprobar la difícil oposición. El mayor a la segunda convocatoria, el segundo en su primera comparecencia ante los tribunales. ¡Menuda estirpe!
Ramón Andrés y José Miguel tienen un hermano pequeño que está a punto de terminar la carrera de Derecho. Cuando le preguntan a éste, Carlos, si seguirá los pasos de sus hermanos y de sus tíos contesta que ya tendrá tiempo de pensárselo, que de momento está estudiando y no decidirá su camino hasta que no acabe la carrera. Es joven y tiene todavía bastante tiempo para deliberar y pronunciarse.
José Miguel, Mon y Carlos nacieron en Almería donde su madre ejerce la medicina mientras su padre es empleado de banca. Cursaron sus estudios en Murcia y los ya nuevos registradores se han preparado en la academia donde ejercen o ejercieron de profesores sus tíos. Un centro de estudios también con una característica muy particular: es gratuito.
Para aprobar las cuatro pruebas en las que consiste la oposición Mon dice que estudió diez horas diarias, cinco por la mañana y cinco por la tarde, se levantaba poco después de las seis de la mañana e hincaba los codos hasta casi el anochecer. Según las estadísticas, la media de tiempo de preparación para estas oposiciones oscila entre siete y ocho años y son muy pocos los que aprueban en su primera convocatoria. Mon lo ha conseguido, ha sido el último en la lista de aprobados pero lo ha logrado en su primera comparecencia y acaba de cumplir veintiséis años; su hermano José Miguel, que le lleva un año, ha sacado la primera plaza en su segunda convocatoria. En unas semanas recibirán el título y, tras un corto cursillo, tomarán posesión a mediados de 2019 de alguna de las plazas de registrador que han salido a concurso.
La academia de Murcia donde se han preparado estos jóvenes hermanos es una de las pocas gratuitas que existen en España: Comenzó a enseñar en los años setenta del pasado siglo y actualmente trabajan en ella altruistamente doce profesores que tutelan a unos cuarenta licenciados en Derecho. Según fuentes de esta academia, cada año suelen aprobar la oposición cinco o seis de sus alumnos, lo que la convierte en una de las más prestigiosas de España.
Unos setecientos opositores parece que se presentaron a la primera prueba celebrada a finales del invierno pasado. Tenían que hablar durante dieciocho minutos. Pero, como asegura algún profesor de la academia murciana, quienes empiezan su preparación son muchos y antes del año de estudio ya se ha retirado la mitad. En la selección suele ocurrir algo parecido. Ante la dureza de las pruebas muchos estudiantes se presentan para tantear su nivel de preparación y conocer el sistema. Pronto se redujeron este año a medida que se celebraba cada examen. Llegaron al final unos cuarenta. Y a la saga familiar se sumó Mon.
Publicado el viernes 28 de diciembre de 2018 en LA NUEVA ESPAÑA
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