La lucha contra el descontrol pintarrajeador e impune que invade muchas de las paredes y los cierres metálicos comerciales de las calles (Recopilación noviembre)
Un barrio salmantino, el Oeste, puede ser ejemplo del éxito contra los garabatos callejeros. Y el Ayuntamiento (Concello) de Vigo ha lanzado un programa para que los centros escolares fomenten el amor al buen arte que decore las calles de la ciudad. En poblaciones de Asturias, en Málaga y muchos otros puntos del país se celebran concursos de grafiteros y parece que muchas corporaciones han iniciado cruzadas contra el feismo realizado con los pulverizadores. Quizá así se logre desterrar de persianas, cierres metálicos, portones, muros, fachadas y muchos espacios públicos el garabatismo que afea las calles de villas y ciudades de España.Lo que empezó con una firma gamberra de un adolescente madrileño, Juan Carlos Argüello, que firmaba como «Muelle» en los pasados años ochenta del anterior siglo, ha pasado de ser un curioso y misterioso mensaje a una horrible invasión y se ha convertido en un desastre embadurnador de cualquier propiedad que asome a la vía pública. En algunos casos, en campo de batalla de pandillas armadas con pulverizadores que dirimen sus diferencias o muestran sus amenazas alejadas de toda acción artística.
Una iniciativa de los comerciantes de una travesía de Málaga, la calle Carretería, podría ser considerada como el inicio de la lucha contra el descontrol pintarrajeador de paredes y cierres comerciales. Ante el estropicio de sus fachadas por parte de los portadores nocturnos del spray, los industriales de Carretería pactaron con los grafiteros pintadas alusivas a la especialidad de cada comercio. Posiblemente por efectos del respeto entre autores, las pintadas espontáneas desaparecieron y la calle lució durante un tiempo las obras de estimables dibujantes. Posteriormente y, supongo que a raíz de ese afortunado acuerdo, se implantó un concurso de pintura mural en la patria de Pablo Picasso.
Parece que el ejemplo cundió y proliferaron certámenes de este tipo por distintas poblaciones españolas. Así, por ejemplo, Oviedo, que ya disfrutaba de un primaveral certamen de mupis callejeros realizados por distinguidos diseñadores (el certamen Motiva, de la Escuela de Arte), instituyó el Festival de Intervención Mural. Y distintas corporaciones municipales optaron por cubrir fachadas y paredes públicas al estilo de Berlín en su nefasto muro, la solemne Viena o novedosos barrios de Nueva York, Ámsterdam o París.
Sin embargo, tras los movimientos ecológicos de ajardinar escombreras, terraplenes y riberas, ilustrar rótulos viales (nombres de las calles de Badajoz, de Jaén?), cubrir entrepaños desconchados y otras varias modalidades contra el deterioro visual, proliferaron los garabateros que estropean cualquier superficie que tenga un metro cuadrado plano. Algunas corporaciones municipales logran éxitos en su lucha contro estos desaprensivos del rotulador o spray pero la persecución de estos embadurnadores es difícil y costosa.
Por estas razones son bienvenidas iniciativas como ZOES Asociación Barrio Oeste, de Valladolid, que va decorando paredes, persianas, portones de calles sin establecimientos comerciales, llenas de garajes y cocheras, de rincones lúgubres con trabajos de distintos artistas callejeros. Un vídeo que contiene su web informativa permite contemplar unas obras naïf, cubistas, abstractas, realistas, bromistas, informativas, eróticas, curiosas, oníricas, informativas, políticas, preciosas, simpáticas? todo un compendio de imaginación.
Y el Concello de Vigo busca enraizar el embellecimiento urbano desde la temprana edad de sus habitantes. Después de la instalación temporal en 2014 de una gran lona en un edificio de la Porta do Sol, la corporación inició un programa municipal invitando a pintores, no solo locales sino de todo el mundo, a que plasmen con brocha o con spray muros y fachadas de distintas partes de la ciudad. Y tras años de éxito, impulsa entre octubre y noviembre murales para que los alumnos de una docena de centros escolares viertan su imaginación, su destreza y su arte en ellos: «el arte con spray entra» es su filosofía.
Si «Muelle» comenzó manifestándose con su «sacacorchos» en las paredes madrileñas de hace cuatro décadas, hoy un muchacho portugués, «Vile», crea unos dibujos en muros de distintas ciudades que aparentan un gran relieve, ilusiones ópticas que promueven que el viandante «vea» a través de la pared algún bonito paisaje. Una magnífica forma de desterrar el abundante y horrible garabato.
Publicado el sábado 2 de noviembre de 2019) en LA NUEVA ESPAÑA
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