Sobre el planeamiento urbanístico de Llanes
Rechaza que las propuestas del Plan de Llanes vayan a fijar población joven en la zona rural y crear empleo, como asegura el documento. Al contrario, fomentará el «consumo de espacio de escasa calidad en la relación ‘beneficio económico-deterioro del entorno’, al urbanizar, en muchos casos, zonas de gran belleza natural con pocas ventajas económicas». Lo dice la Asociación de Vecinos de Llames de Pría sobre la aplicación del Plan General de Ordenación de Llanes (PGOLL), nombre de un proyecto al que han suprimido una U primitiva para disimular la denominación de Urbano, su objetivo primario. Lo dicen también Lledíes, Andrín, Barru, Porrúa. Y es que la Corporación Municipal llanisca parece que solamente quiere recaudar dinero sin proponer a los vecinos, actuales o futuros, medidas para consolidar población fija y atraer a nuevos residentes. ¿Quién va a venir a residir a Llanes sin tener un trabajo del que vivir? ¿Quién viene a una aldea donde no hay ni una tienda para comprar el pan?
Pienso que los gobernantes del municipio se han fijado únicamente en el acotamiento de espacios para la edificación de viviendas, han dibujado un parque temático pero no muestran interés por el favorecer la estancia de los vecinos asentados y la llegada de nuevos residentes permanentes, no estacionarios, los que visiten los bellos parajes de la zona pero que su permanencia sea temporal, ocasional. Creo que un municipio tan amplio con el llanisco, con muy diversa geografía, debería tejer un proyecto en el que se propongan también distintos tipos de industria para dar trabajo que fije población. Conviene asimismo entender que Llanes no puede competir por un turismo de sol que sobrepase dos meses de verano, es decir, la sexta parte del año, como pueden atraer otras costas peninsulares.
Este concejo casi en su totalidad rural, destacado por un atractivo litoral, una montaña singular y una tierra productiva, debería caminar hacia una implantación de industria «blanda», escasamente contaminante, cercana a su riqueza natural, el campo, transformadora de la producción agrícola y ganadera, complementaria de la hostelería y explotadora de su belleza paisajística. Y encaminar su aplicación a dotar a sus núcleos rurales y residenciales de los servicios para una convivencia del siglo XXI. Es decir, gran parte de las aportaciones que han hecho municipios de otras zonas turísticas que han logrado fijar residentes permanentes o residentes la mayor parte del año.
No propongo la implantación de polígonos industriales sin más, parques de atracciones, circo sin pan. Planteo manufacturas de raíz campesina, explotaciones de innovadores cultivos, de agricultura y ganadería nueva, implantación de sistemas de transporte para turismo colectivo, organización de conferencias, seminarios profesionales y convenciones empresariales, instalación de nuevas tecnologías. Creo que el Ayuntamiento debería implicarse, con incentivos diversos, en atraer este tipo de empresa, que no necesita de grandes y caras instalaciones. Terrenos sobran desde que el ingreso en la comunidad europea hace casi treinta años propició el cierre de las pequeñas ganaderías familiares y desterró la autosuficiencia.
La fruta más cara del mundo se cultiva y prepara en una comarca de Japón, de clima más frío y lluvioso que Llanes y en terrenos que hace un lustro eran explotaciones hulleras. En la Selva Negra alemana, datada con todo tipo de servicios, residen gran cantidad de familias con trabajos en las lejanas zonas industriales. En Holanda «inventan» quesos nuevos para atraer al visitante. La ordenación urbana no se debe basar sólo en la construcción masiva, generadora de la «burbuja» inmobiliaria. Servicios y pequeña industria son opciones creadores de empleo. Ideas no faltan. Sobre todo, según publicaba LA NUEVA ESPAÑA, disfrutando de la cercanía de la «Capital Mundial de las Ideas».
Publicado en La Nueva España el viernes 8 de mayo de 2015
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/05/08/plan/1753398.html