Los posibles problemas que puede ocasionar la introducción de los ordenadores en los parvularios
Rosa no es partidaria de los ordenadores en el aula. Rosa es una parvulista de Oviedo que lleva bastantes años dando clases a niños recién llegados al colegio. No le gustan las tabletas que entran a la escuela a tan temprana edad. Su argumento es básico: aprenden las letras y los números pero no aprenden a escribir. No saben manipular un lápiz, muchos ni siquiera cogerlo bien para manejarlo con soltura.
Hace tiempo que muchos adultos reniegan de los aparatitos electrónicos que tienen para firmar en muchos establecimientos comerciales, en bancos, en oficinas al público. Son conocidos por muchos usuarios como los «estropea firmas». Acostumbrado uno a rubricar con lápiz, bolígrafo o pluma en documentos de papel los punteros que se utilizan para firmar en una pantalla de cristal, conectados a ella por medio de un cable, obligan a usar posturas incómodas, su «textura» difiere mucho de los sistemas impresos y la consecuencia es una deformación de la signatura. A veces es tanta la diferencia con la firma habitual que no se comprende la admisión de la misma en algunos documentos como garantía de autentificación.
Las consecuencias del mal aprendizaje en los párvulos pueden sobrepasar la enseñanza inicial y repercutir en posteriores actos de su vida adulta. Algunos psicólogos especializados en estudiar la personalidad infantil apuntan a la formación del carácter y a dificultades en el «amueblamiento mental» de los pequeños. Porque la escritura manual es una herramienta terapéutica esencial para desarrollar la memoria, establecer y fijar un orden en el espacio intelectual y la conversación. Además, permite entender lo escrito manualmente por los demás.
Los grafólogos, por su parte, hablan de la dificultad derivada de esta falta de aprendizaje infantil al estudiar los rasgos y componentes de la personalidad de individuos que iniciaron su escritura de forma tardía. Porque no solamente se muestran las dificultades en cuanto al documento manuscrito sino también en lo relativo a la manipulación y articulación de espacios y estructuras, el montaje de puzzles o mosaicos y otros juegos en los que es fundamental una básica armonía.
Rosa tiene una larga experiencia en la escuela y en la familia -tiene tres hijos- y disiente de la introducción del ordenador en la enseñanza a edades tan tempranas. Ella misma utiliza ordenadores y tabletas habitualmente pero señala que antes de manejar uno de estos aparatos electrónicos los niños han de aprender a manipular letras y números, escribir palabras y asimilar las primeras reglas matemáticas para asentar su personalidad y su habilidad mental y física. Luego vendrá el ordenador, la calculadora, la tecnología que surja. No habla de caligrafía, de obligar al aprendiz a copiar los famosos Cuadernos Rubio. Tampoco de ortografía en estos tiempos de apócopes y uso de iniciales tan popularizados hoy en los mensajes electrónicos. Eso llegará después, en los posteriores peldaños de la educación y el estudio. Ella habla de aprender con la mano y después con la tecla.
Claro que si después de aprender a firmar, de fijar en la firma una personalidad, te pasan a autentificar un documento en una de esas pequeñas pantallas electrónicas toda esa instrucción se puede destruir en pocas líneas. Según publicó el diario «Savon Sanomat», en Finlandia dejará de ser obligatoria la escritura manual en las escuelas en once meses. En 2016 se enseñará solo la escritura mecanografiada. La polémica ya está en la calle sobre la evolución del finés, finlandés o suomi, el idioma de uno de los países que mejores calificaciones demuestra en la enseñanza.
Publicado el viernes 13 de febrero de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/02/13/parvulos-ordenadores/1712688.html