Tras el hundimiento del pesquero de bandera rusa «Oleg Naydenov», el Gobierno toma una medida tan errónea como la tomada con el «Prestige»
«Parece que no hemos aprendido nada del «Prestige». «Pase lo que pase, no quieren que se vea, y que no nos cueste mucho dinero». Así opinan diversos ecologistas expertos en cuestiones marítimas sobre el problema que está causando el hundimiento del pesquero de bandera rusa «Oleg Naydenov» cerca de las costas canarias. El barco era una nave conflictiva que ha sido demandada ante la Comisión Europea por pescar en zonas prohibidas para capturas y tenía vedada la pesca en Senegal.
La comparación con el caso del «Prestige» parece un poco exagerada en cuanto a las posibles consecuencias pero la estimación se refiere al error en cuanto a la superación del problema. Mientras el buque siniestrado frente a la Costa da Morte portaba 77.000 toneladas de combustible el pesquero hundido al sur de las Islas Canarias tenía en sus depósitos algo más de 1.400 toneladas. La cuestión está en haber sacado a la nave incendiada del puerto donde estaba fondeada.
Mientras los técnicos se mostraron partidarios de alojar la embarcación en un puerto de refugio las órdenes de la Capitanía Marítima fueron las de sacarla a mar abierto y alejarla de la costa ante un peligro de deflagración y que un vertido de combustible afectara a la ciudad de Las Palmas y a su planta potabilizadora. Para los primeros, con el deterioro del casco, el apagado del incendio y la reparación de la avería era mucho más difícil en alta mar que en un muelle de refugio. Las autoridades marítimas canarias señalaron que aplicaron el protocolo para estos casos a «rajatabla». Esperemos que sea para bien.
El «Oleg Naydenov» fue sacado del puerto de Las Palmas y alejado de la isla, dirigiéndolo hacia el sureste pero no muy lejos de Punta Jandía, al sur de Fuerteventura. Allí se logró apagar el fuego y, mientras se dilucidaba su destino, se le encaminó hacia el suroeste donde terminó hundiéndose. Fue entonces cuando se observaron las primeras manchas de fuel sobre las aguas, presumiblemente debidas a las fugas por las grietas que se habían producido en el casco al intentar apagar el incendio a la vez que a la presión que debe soportar el armazón del buque a unos 2.400 metros de profundidad a unas 15 millas de punta de Maspalomas, al sur de Gran Canaria.
La actitud del Gobierno actual es muy distinta a la que tomó en su día el Ejecutivo de Aznar y mientras Francisco Álvarez-Cascos intentó desvincularse al principio del problema ahora la ministra Ana Pastor tomó rápidamente cartas en el asunto. Pero la decisión de sacar al barco incendiado del puerto de Las Palmas -sean o no graves las consecuencias- es similar a la tomada respecto al «Prestige». El resultado parece el mismo aunque las dimensiones del problema esperemos que sean distintas. Las cantidades de combustible y el estado de la mar así lo predicen. Pero para la comunidad científica se vuelve a cometer el mismo error que el alejamiento del petrolero con bandera de Bahamas, propiedad de una compañía de Liberia, que «multiplicó» las consecuencias del desastre ecológico en las costas de España, Portugal y Francia. La carga era propiedad de una compañía rusa, al igual que los dueños del pesquero siniestrado en la zona marítima entre las islas Canarias y el Cabo Bojador. Un área rica del Océano Atlántico de gran diversidad, con un ecosistema singular y protegida por varios espacios de la Red Natura 2000. Una gran pradera marina.
Publicado el sábado 2 de mayo de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA
http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/05/02/peligro-costa-canaria/1750286.html