Vietnam florece amable cuarenta años después

El país más masacrado del sudeste asiático durante años sigue sufriendo las secuelas de la contienda

El país más bello del Extremo Oriente, el más amable con los visitantes. Es lo que dicen los turistas que vuelven de Vietnam tras pasar allí unas vacaciones. Precisamente es el territorio más masacrado de la zona, el sureste de Asia, donde las guerras arruinaron durante 35 años la existencia de sus habitantes. Ahora los vietnamitas conmemoran los cuarenta años alcanzados en paz. Pero los efectos de la contienda no han desaparecido.

Las secuelas de aquel conflicto no solamente afectaron a los habitantes del país. En las ciudades vietnamitas se ven aún gran cantidad de mutilados como consecuencia de la guerra, gentes con defectos físicos provocados por los componentes químicos de las bombas, personas perturbadas psíquicamente por el largo conflicto. Las secuelas aquejaron también a miles de estadounidenses enviados como combatientes a un territorio ajeno, lejano, desconocido y con el que no tenían ningún vínculo. Su paso por la península indochina no fue comparable con el sufrido por los nativos pero la incomprensión de aquella guerra afectó física y mentalmente a muchos norteamericanos.

Indochina era territorio bajo dominio francés cuando los japoneses lo invadieron en 1940, durante la guerra del Pacífico. Al término del conflicto, en septiembre de 1945, Camboya y Laos se independizan quedando Conchinchina, Annam y Tonkín en una República Democrática de Vietnam dominada por los comunistas capitaneados por Ho Chi Minh, desde la ciudad norteña de Hanoi, al que rechazaban desde Saigón en el sur. Esto originó una nueva guerra entre las dos zonas y que finalmente supuso la marcha de Francia de los territorios tras la toma por el Vietminh de la base gala en Dien Bien Phu el 8 de Mayo de 1954. La Conferencia de Ginebra dividió la región, con algunas condiciones y acuerdos, en dos estados separados por el Paralelo 17. Los acuerdos no se cumplieron, entre ellos unas elecciones, y tras un referéndum en octubre de 1955 ascendió al poder Ngo Dinh Diem como presidente de la República de Vietnam del Sur.

Fue entonces cuando survietnamitas huidos al norte comienzan a bajar al sur como guerrilleros integrados en el Frente Nacional de Liberación (FNL), conocido como Vietcong, individuos o grupos que cometen atentados y desaparecen, atacando aldeas o campamentos. Años más tarde, en 1961, los Estados Unidos presididos por John F. Kennedy comienzan a intervenir, sin declarar la guerra, en los deltas del Saigón y del Mekong para defender intereses económicos. En 1963 un golpe de estado derroca a Diem y se forma el Consejo Director Nacional presidido por Nguyen Van Thieu. Aumentan los ataques del Vietcong y el sucesor de Kennedy, Lyndon Johnson, decide bombardear Vietnam del Norte y el desembarco masivo de tropas. Bombas químicas y muy destructivas vuelan sobre todo el territorio y aniquilan vidas, animales, campos, queman pieles, producen diarreas, devastan pulmones, arrasan tanto el norte como el sur.

En 1973 un preacuerdo en la conferencia de París logra parar una guerra ya perdida por EE UU. Un año después dimite Richard Nixon debido al escándalo del caso Watergate. «La temperatura en Saigón es de 40 grados y medio y sigue subiendo» fue la señal definitiva para evacuar a los últimos norteamericanos de Saigón mientras sonaba «Navidades blancas», cantada por Bing Crosby. La victoria del FNL llegó días antes del cumpleaños de Ho Chi Minh, el 19 de mayo de 1975.

Pero continúa, 40 años después, el desastre físico y moral de quienes padecieron y participaron en el conflicto. En Hanoi, en Ho Chi Minh (antigua Saigón), en los campos, en los arrozales sigue viviendo gente mutilada, destrozada psíquicamente por el napalm y el sufrimiento de aquellos años de hambre, corrupción, tuberculosis y calamidades. Y en Estados Unidos quedan muchos trastornados por su intervención en aquella guerra absurda que les llevó a matar lejos de su ambiente, de su país, de su mundo. Perseguidos por una paranoia que les produjo ver la destrucción que producían, la tragedia, la droga, el horror que esparcían por todas partes. Contaba el periodista astur Pedro Mario Herrero en sus crónicas desde Vietnam que cuando fusilaron al guerrillero campesino Nguyen-Trunc-Truc, antes de morir dijo: «Mientras crezcan hierbas sobre el suelo de este país quedarán hombres para resistir a los invasores». Hoy ese país, con sus secuelas, florece y es el más bello y amable del Extremo Oriente.

Artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA el jueves 21 de Mayo de 2015

http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/05/21/vietnam-florece-amable-cuarenta-anos/1760323.html

 

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