Sondeos, sólo estados de ánimo

Sobre las encuestas electorales que se publican casi cada día en este año cargado de convocatorias

Las campañas electorales de once meses como ésta son un sistema agotador para cualquier posible votante, tanto o más que para los políticos que participen en ellas. Que política sea todo lo que nos afecta en el devenir de la vida cotidiana no quiere decir que tengamos que estar todos los días pendientes de lo que hagan o deshagan los políticos. Sobre todo en periodos como el actual que esos mencionados políticos nos convocan a las urnas hasta tres veces en un año mientras luego hacen o deshacen sin tener muy en cuenta durante años la opinión de los ciudadanos. Y más si ocurre como en los últimos tiempos que la gran mayoría de las promesas hechas en esas campañas electorales no solamente no fueron cumplidas sino que se realizaron en el sentido contrario a lo ofrecido en los programas.

Transcurridos cuatro meses largos del presente año multielectoral al ciudadano se le ha brindado un sondeo prácticamente cada semana, mostrando en cada uno un presunto avance o retroceso de las formaciones políticas. La situación de los partidos más veteranos, de los de aún corta existencia y de los surgidos en los últimos meses. Remarco el calificativo de presuntos porque los datos que reflejan esos sondeos son unos apuntes especulativos, meros detalles «virtuales» de unos momentos concretos que generalmente tienen poco que ver con los salidos de unas votaciones.

«Falta aún mucho tiempo para las elecciones generales, y conviene tener por tanto en cuenta que esta estimación de la distribución de los votos en modo alguno constituye una predicción del posible resultado de las mismas: solo supone un intento de traducir, en hipotéticos votos, el estado de ánimo actualmente predominante entre la ciudadanía», señalaba días atrás el catedrático de Sociología José Juan Toharia, presidente de Metroscopia, instituto privado de investigación de la opinión pública tras publicarse una de esas encuestas preelectorales. Lo que viene a certificar un posible motivo especulativo de las mismas.

En principio una encuesta busca reflejar una referencia para la sociedad que se estudia. Una encuesta electoral tiene la connotación añadida de la situación política. Pero esa situación se acelera, se ve estimulada por la proximidad de una votación, por un acontecimiento nuevo, el descubrimiento de unos actos corruptos o una valoración de inesperados activos. Igualmente por el agotamiento de una doctrina, el incumplimiento de unas promesas, el desánimo o la rebeldía contra una restricción. Unas declaraciones, una imagen amable, un atentado o el insólito afloramiento de «una herencia» pueden cambiar tendencias de una semana para otra.

Los sondeos en un año lleno de convocatorias a las urnas pueden reflejar tendencias distintas según se especule tras las elecciones autonómicas de Andalucía, después de los comicios municipales y regionales de mayo, una vez que Cataluña haya votado para formar sus instituciones o decidir sobre su propensión o no a la independencia, etcétera. Y si nos atenemos a los próximos sufragios a celebrar en Asturias pueden variar las preferencias según si un cierto político decidió seguir o «tira la toalla», si la presentación de un plan urbano fue práctico o estridente y rimbombante, si los baños o unos viajes corrompen o no a un montón de funcionarios. El gráfico que muestran las encuestas hoy día dibuja unos perfiles como los Picos de Europa.

Publicado el miércoles 13 de mayo de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/05/13/sondeos-estados-animo/1755932.html

 

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