El auge del populismo y de los visionarios débilmente democráticos
El peligro, pues, es inminente. La crisis separa cada vez más a los europeos, los gobernantes nacionales miran más hacia adentro y los euroescépticos aumentan por momentos. Los políticos nacionales recelan de las directivas de la Unión, del Tribunal Europeo y la inclinación del ciudadano contra los mandatarios de otros países poderosos sube de tono. Además, para gran parte de los contribuyentes continentales la mayoría de los políticos elegidos como regentes de las instituciones de la nueva Europa dan mal la talla, faltos de iniciativas, de eficacia, de personalidad política y gestora. Es decir, no hay un estadista, unos reconocidos gestores ni unos dirigentes con visión de Estado al frente de la Comisión, del gobierno comunitario.
Con este panorama los partidos democráticos tradicionales, en muchos casos en decadencia o sin fuerza de atracción, desgastados o invadidos por la corrupción, parecen incapaces de motivar al electorado, de ilusionarle, suministrarle fuerzas para salir del túnel y reorientarle al añorado estado de bienestar. Y en este estrés político-económico quien toma impulso es el populismo, son los visionarios débilmente democráticos.
Hasta hoy la extrema derecha ha logrado cierto éxito en la Eurocámara y ahora pretende constituirse como un gran grupo parlamentario, superando con creces el mínimo de 25 miembros de al menos siete países. Aunque sus contradicciones ideológicas son grandes y hasta el momento un obstáculo para su unión, el pacto de La Haya aspira a incrementar su dominio, a multiplicar las cuatro decenas de eurodiputados que consiguió en los últimos comicios aprovechándose de la angustia y el pesimismo que ha implantado la crisis en la dubitativa Europa. Antes de la recesión generalizada la Liga Norte italiana y el UKIP británico lograron nueve representantes cada uno; el polaco Ley y Justicia seis; cuatro los holandeses de Partido por la Libertad; el Movimiento por una Hungría Mejor, el Frente Nacional francés y el Partido de la Gran Rumanía tres cada uno; consiguieron dos los belgas de Vlaams Belang, el Partido de la Libertad de Austria y la Unión Nacional Ataque, de Bulgaria, mientras el Partido Popular Danés, el Partido Nacional Británico y los Auténticos Finlandeses uno. El próximo mayo esperan mejorar resultados y añadir más electos con la griega Aurora Dorada, los Demócratas de Suecia y otros partidos de Eslovaquia, Alemania o Croacia.
De momento el pacto lo procuran cinco formaciones de extrema derecha y han hecho un llamamiento a otras de distintos países. Geert Wilders acaba de sugerir a los holandeses que abandonen la UE. Al tiempo, en Francia, paradigma de la libertad, los socialistas destierran a menores inmigrantes, una revista llama simio a la ministra de Justicia por su raza negra y el Frente Nacional de Marine Le Pen se perfila como fuerza mayoritaria; varios gobiernos nacionales desafían las normas democráticas del Tratado de Roma y los Derechos Humanos; surgen partidos que se fundamentan en la aversión a otras etnias o los nativos de otras latitudes de la misma Europa? En España el Gobierno ha elaborado una ley para restringir derechos y libertades y retrotraernos a tiempos franquistas.
El riesgo es que perdamos lo que perciben quienes nos ven desde fuera, que anhelan Europa y nos ansiaban como pioneros.
Publicado el martes 8 de abril de 2014 en LA NUEVA ESPAÑA
http://www.lne.es/opinion/2014/04/08/riesgo-eurocamara-2014/1568265.html