Decepcionantes conclusiones de la Cumbre del Clima (Recopilación diciembre)

Hubo un tiempo en que una ardilla podía atravesar España -o Iberia o Hispania?- de rama en rama sin necesidad de bajar al suelo, dice una tradición/leyenda/fábula oral. Es un modo imaginativo de decir que en tiempo fue nuestro país un inmenso vergel entre Gibraltar y los Pirineos. El inefable Félix Rodríguez de la Fuente señalaba también en uno de sus capítulos de «El hombre y la Tierra» que «En tiempos históricos España fue un paraíso forestal. Un águila imperial, la reina de las aves de nuestros bosques, hubiera podido sobrevolar la península Ibérica sin dejar de sobrevolar un infinito manto verde. Hubiera viajado sobre pinares, sobre encinares, robledales, sobre bosques de coníferas, mediterráneos o caducifolios». Hoy día se extiende la idea de todo lo contrario, de que el país es un erial, seco, árido, en peligro de desertización? aunque fuentes del Ministerio de Agricultura, en años recientes, desmentían esa versión.
Ignoro lo que es realmente cierto, si tienen razón unos u otros. Lo que debemos hacer es aprovechar la coyuntura y convertirla en estructura. Celebrada la Cumbre sobre el Clima en España, la COP25, no parece haberse resuelto gran cosa, desde un punto de vista optimista, Pero nos anima a promover una política -en el sentido histórico de pública más que de política- de tendencia naturalista. Mirar hacia un futuro práctico de recomposición de la actual situación, anómala, de nuestra tierra.
Por una parte, aprovechar las posibilidades de ganadería extensiva. Por otra, reciclar los terrenos abandonados. Es decir, en los territorios en que es factible la proliferación de una ganadería natural, con bovinos, ovinos y caprinos desarrollados al aire libre, en el campo, sin apenas estabulación, promover su expansión, su permanencia y promover su futuro. Expandir la España verde que tanta falta nos hace. Rebatir la mentirosa culpa que les hacen a las vacas del lanzamiento a la atmósfera de gas metano cuando esto lo han hecho los bovinos desde que el mundo es mundo y que según todos los estudios es una porción mínima de la contaminación peligrosa que sufrimos. Y luchar contra la ganadería intensiva de granjas e industrias de porcino y aves que no solamente maltratan a los animales sino también a las personas que han de acogerse a sus trabajos en ellas, en la mayoría de los casos en condiciones infrahumanas, como demostraron varios programas audiovisuales.
Por otra, aprovechar también los huecos que van quedando en terrenos menos productivos y que van siendo abandonados por su escasa rentabilidad. Llenarlos de naturaleza o de productividad sana, sostenible, no agresiva con el planeta y llena de un futuro sostenible. Viajamos por muchas zonas del país y vemos campos no explotados donde antes contemplábamos rebaños, manadas, recuas, piaras, vacadas? campos no aprovechados, la mayoría sin cultivar. Ejemplos los tenemos en todo el territorio nacional. Soluciones hay.
Miguel Ángel Ortega, por ejemplo, ha plantado con su cuadrilla más de 20.000 árboles en Villamanrique de Tajo, en Madrid, una tierra árida donde ya no crecía apenas nada y está logrando evitar que se seque el suelo. Domingo Jiménez Beltrán, quien fuera durante veinte años director de la Agencia Europea del Medio Ambiente, trabaja hoy en Murcia plantando una vegetación que se retroalimenta. Señala que debemos adecuar la tierra al potencial de cada territorio y darle los usos adecuados para aumentar ese potencial, no para destruirlo (Fuentes del Ministerio de Agricultura cifran en 1.033.806 las hectáreas abandonadas para el cultivo en 2016 en España). Debemos superar los errores de antaño -talar bosques para cosechar hierbas que alimenten un ganado que ya no existe, por ejemplo- y proporcionar a la tierra un producto que beneficie tanto al suelo como al humano, que eviten miles de incendios de vegetación abandonada: 19.400 hubo en 1989, año de inundaciones en Andalucía. Árboles, los más adecuados a cada tipo de tierra, que además de la riqueza de su madera, son el pulmón de la naturaleza y antídoto contra los gases nocivos. Mirar hacia la ardilla, al águila imperial que mencionaba Rodríguez de la Fuente o a los árboles adecuados de Jiménez Beltrán. Llenar de bosques un país que está amenazado por el avance de la desertización.
Y donde no sea posible plantar un bosque, plantar paneles solares o torres eólicas, que produzcan energía y destierren la carbonización, la nuclearización, la generación de contaminantes nocivos. Tengamos en cuenta que Alemania está plagada de paneles solares, en campos y ciudades -con la mitad de sol que España-, y nuestro país recibe muchos más rayos solares que cualquiera de los países nórdicos. Hemos de ganar la batalla de la energía sostenible, más barata y menos peligrosa. Eso facilitará el desarrollo de las nuevas tecnologías, nos favorecerá la generalización del wi-fi.
Publicado el martes 17 de diciembre de 2019 en LA NUEVA ESPAÑA y varios diarios de la EPI
https://www.lne.es/noticias-suscriptor/opinion/2019/12/17/ardilla-wi-fi/2572782.html
La Cumbre del Clima (COP25, 25ª Conference of the Parties) que se celebra en Madrid recibía días pasados una buena nueva. Los efectos de Madrid Central, esas medidas para combatir la grave contaminación que sufre la capital -implantadas por el Gobierno municipal que presidía Manuela Carmena y que la actual Corporación dirigida por José Luis Martínez-Almeida trata de «descafeinar»- se empiezan a contabilizar al año de su aprobación. En la zona acotada en un comienzo en la que se restringe la circulación de vehículos que despiden partículas y gases nocivos para la salud la contaminación ha disminuido un 20%, efecto que se va extendiendo a zonas aledañas de la ciudad y que rebaja los efectos perniciosos a toda la población, según fuentes municipales recogidas por Ecologistas en Acción.
La Cumbre del Clima se celebrará en Madrid, lo que encierra notables contradicciones. Tras la renuncia de Chile, cuyo presidente considera que no puede garantizar la seguridad de los asistentes después de varias semanas de disturbios que mantienen el país en un caótico campo de batallas urbanas, el presidente del Gobierno español se ofreció a celebrarla en nuestro país y recibió el visto bueno. La gran reunión internacional, que se estaba preparando en Santiago de Chile organizada por Naciones Unidas corría el peligro de no celebrarse. Conocida por COP25 en sus siglas en inglés (25º Conference of Parties) es el órgano de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que «orienta los esfuerzos de los países que son partes de la Convención para actuar contra el cambio climático». Persigue impedir la interferencia humana en el aumento de la temperatura media del planeta.
Celebramos estos días los treinta años de la caída del Muro de Berlín, aquella demostración de que el llamado «socialismo real» no era tal. Paseo con frecuencia por el madrileño Parque de Berlín -vivo a unos trescientos metros- y contemplo de vez en cuando las tres planchas traídas de sus restos desde la capital alemana, no sé si para decorar el estanque o para recordarnos a los vecinos de Chamartín su horrible significado. Han pasado tres décadas, se han levantado otros muros en el mundo, todos para separar a las personas y demostrar la insolidaridad humana de muchas ideologías.
«Soy la cocinera de mis nietas», comentaba con una amiga una exfuncionaria al salir del mercado. La jubilación le coincidió con el nacimiento de sus nietas y tuvo que seguir trabajando aunque con cambio de labor. También a la puerta de los mercados se oyen frases como esta: «Es que ahora soy experto en bolsa». La pronuncian profesionales retirados que hoy les toca ir a la compra. Pero estas conversaciones se producen a diario y en ellas se habla de muchas otras tareas y ocupaciones de las personas que han pasado a cobrar una pensión. Una remuneración por haber cotizado al erario público durante su vida laboral, generalmente considerada escasa y que es motivo de una larga polémica.
No son independentistas. Los radicales que destrozan las calles de Cataluña, principalmente de Barcelona, no luchan por la 
El machismo no se erradica con leyes a posteriori. Ese machismo y ese supremacismo que sufrimos a diario. Es la educación la única que puede cambiar la situación, esta plaga que nos hace salvajes, que nos equipara a los más sanguinarios animales. Es decir, es la mentalización a priori la que puede erradicar la violencia de género. Las leyes de castigo no frenan la falta de sentido de igualdad, la raíz de un sentimiento de superioridad del macho sobre la hembra. Del hombre respecto a la mujer. Del fuerte en cuanto al débil. El castigo no es la solución, es un remedio contra lo ya irremediable, algo que siempre, siempre llega tarde.