La madeja política no ovilla, no se habló de programas
“Pon los brazos estirados y no te muevas”, nos decían de pequeño/as cuando la abuela, por ejemplo, quería hacer un ovillo con una madeja recién comprada. Nos metían las manos entre los hilos de lana y la abuela iba tirando de un cabo y hacía una pelota con la lana para que no se enredase. Si no se hacía el ovillo lo probable es que se liase la lana y acabase rompiendo al desenredar el hilo. Hoy la lana viene preparada y no precisa ovillo. Además, no creo que las nuevas generaciones pongan los brazos para facilitar el desmadeje y se hagan visualmente a esa idea, ya “viejuna”. Ahora les falta práctica. Pero la madeja sigue tras el dispar resultado de las urnas. Vuelve la negociación para formar Gobierno. Nuevos pactos “para” la Moncloa. Otro lío.
La irrupción de nuevas formaciones en el panorama político ha enredado la madeja y resulta difícil deshacer los nudos formados al rodar por los medios de comunicación el ovillo del bipartidismo. Se han mezclado las lanas, se han enmarañado los colores y hasta se han deshilachado y formado nudos corredizos que resultan difíciles de deshacer. La habilidad de las abuelas para desenredar el lío no alcanza a tamaño tinglado. Y se alude a Venezuela o a Grecia. Se cambia socialdemócrata por trasversal.
Decimos la abuela como podríamos decir la Constitución si hablamos de política. La destreza con la que los “padres” de la Carta Magna la compusieron ha perdido no solamente agilidad sino también eficacia, sus cables y circuitos –como los hilos de la lana- se cruzan y cuando se sale de un lío se encuentra otro. Los viejos colores apenas se distinguen y si no se localiza el cable preciso o el hilo del tono correcto se suceden los manejos pero no se deshace el amasijo, los pactos son insuficientes y no se acaba de agrupar tendencias. Menos mal que hasta ahora el contacto entre cables de distinto polo no ha provocado ningún cortocircuito, aunque con algunas aproximaciones han saltado algunas chispas. ¿Cambiamos la instalación o a los electricistas?
Mientras tanto los colores van palideciendo, perdiendo intensidad, diluyéndose como una acuarela sobre papel mojado y mezclándose en una transversalidad que se compagina poco con los originales. Se mantiene en el leguaje el “trilema” de derecha, centro, izquierda pero en los pactos la pintura al agua corre en todos los sentidos y las ideas se disipan. Para colmo la campaña electoral fue un disloque que permitía decir hoy una aseveración rotunda y mañana afirmar casi lo contrario. O alegar la línea roja matinal para desteñirla luego entre “opinólogos” expertos. Unos echaron “chapones” y otros “pasaban a limpio”, el líder socialista defiende al comunismo, el ministro del Interior conspira, cada día sale un fraude a la palestra informativa… No cambian los nombres, solo la temporada como en el Corte Inglés. No hay casilla que penalice el caer al pozo ni una que obligue a volver a la salida, ni otras que premien de oca en oca. La madeja no ovilla. ¿A la tercera será la vencida?
Tampoco se alentaron rebajas de campaña y las lanas mantienen los precios; nos siguieron carteando, sin fardos comunes o blíster más sencillos. Además, las imágenes se mimetizaron y salvo en mítines concretos, los candidatos vistieron corbatas y tarabicas para lucir palmito en eventos oficiales y no se distinguía a diestro ni a siniestro. Todo pareció offshore, “alejado”, en “ultramar”. Se repartían gobiernos en la sombra, ministerios y presidencias por doquier sin esperar a que las urnas mostraran el camino a la gobernabilidad. No nos hicieron ni puñetero caso. ¿Y ahora qué? A contar chistes de políticos en la playa.
Es broma. Es que marea tanto cabo político deshilachado.