El dirigente asturiano de Izquierda Abierta dijo siempre que la coalición de Podemos con Unidad Popular era una absoción de Izquierda Unida
Tenía razón Gaspar Llamazares. El dicho popular, aunque viejuno, lo dice: “Sabe más el diablo por viejo que por diablo”. El veterano dirigente de Izquierda Abierta se oponía a la coalición entre Podemos e Izquierda Unida tal como se planteaba desde el partido de Pablo Iglesias ya que todo indicaba que era una absorción. La fórmula con cierta soberbia de éste en la negociación daba a entender que IU se tendría que someter a su decisión, sin darse cuenta de que los viejos militantes del partido que lideraba Alberto Garzón no eran los nuevos militantes de Podemos, con ganas pero poca tradición. Puede que la coalición siga unida después de este fracaso pero supongo que tendrá que ser bajo una nueva forma. De momento, un gran número de votantes tradicionales del partido de Garzón en Asturias y en otros viveros del partido histórico se abstuvieron el 26 J. No había militantes de IU en los puestos de presumible elección en las listas. No hubo equidad ni equilibrio en ellas. Sobre todo en Asturias y en Madrid. Eso no es una negociación, es una imposición. Garzón no estuvo a la altura.
La diferencia de votos en anteriores elecciones no supone el sometimiento de uno ante otro. Creo que no se sintetizaron los programas, solamente se ¿negociaron? las listas y algunos eslóganes de campaña. No hubo cesiones por parte del mayoritario, las declaraciones de sus dirigentes nacionales y autonómicos no facilitaron un pacto proporcional y equitativo en cuanto a votos. Aprovecharon que las papeletas de IU se perdían en los restos y forzaron a Garzón a admitir las ruedas de molino. Y no parecen de recibo las declaraciones del líder de Podemos en Asturias. Dice ahora Emilio León que «no podemos estar felices» porque «no hemos tenido tiempo suficiente para aquilatar esa colaboración» con IU. Callados estuvieron hasta el acuerdo de Zaragoza. Es fácil hacer declaraciones; más difícil negociar y asumir responsabilidades. Así pues, los hechos le dan la razón a Llamazares. Ahora tendrán que renegociar esa unión o las cosas no cambiarán respecto al 26-J. Los distintos tipos de electores en ambas formaciones han de señalar el nuevo rumbo o el barco se irá a pique.