La extensión de las rebajas, antes casi una exclusiva de los negocios de textiles, a nuevos sectores
El año pasado por estas fechas el Gobierno del Partido Popular llevaba a las Cortes la desaparición de las restricciones para las temporadas de rebajas y poco más tarde el comercio quedaba redimido de esas ataduras y con la libertad de establecer rebajas cuando quisiera, sin fechas ni épocas del año acotadas para ellas. Quizá pensaban los políticos populares que acabar con las limitaciones temporales traería una dinamización de los negocios que motivaría al comprador. No parece que haya sido así. Puede que en el fondo esté la profundización de la crisis, pero también parece que la desaparición de las ataduras no les sirva a los comerciantes para nada.
Aunque también hay otra cuestión que estudiar. Porque si las rebajas eran casi una exclusiva de los establecimientos de venta de géneros, de mercancías textiles, principalmente, los grandes almacenes habían extendido la medida a otro tipo de productos del hogar. Lo que originó que otro variopinto tipo de establecimientos también se adhiriera a estas depreciaciones. Pero la situación, en este sentido, era bastante estable. Se rebajaban productos que se iban quedando obsoletos, fuera del atractivo general o, simplemente, eran restos de una moda.
Llegó la crisis que lo inunda todo y lo que antes era un terreno casi acotado parece que se ha salido a campo abierto. Con la economía en precario y agudo deterioro muchos otros sectores de la compraventa han entrado en la dinámica de los descuentos. Así llegaron las ventajas en sectores turísticos, viajes, hostelería y algunas otras parcelas de la concurrencia comercial. Se popularizaron los transportes «low cost», bajaron los precios de los hoteles, se generalizó la estancia gratis de los niños en establecimientos de ocio y recreo, se comprimieron las tarifas en paquetes de vacaciones y se extendió el ofrecimiento de «resort» y cruceros baratos que evitan las estancias en hoteles. No fue suficiente para atraer al ciudadano y hoy vas por la calle y te encuentras la feroz competencia que se anuncia en muchos bares, restaurantes, heladerías, chiringuitos callejeros y locales ocasionales de bebidas. «Lunes y martes, jarra de cerveza a un euro», «Miércoles todas las tapas a cincuenta céntimos», «Festivos, copa y ración por?», «El segundo refresco, gratis». La lucha por atraer al consumidor llega a las rebajas por horas. «De siete a nueve, los cubatas al 70%» o «A partir de las diez una consumición gratis por cada suspenso». Las calles de muchas poblaciones se han convertido en verdaderos trenes de terrazas enlazadas por tableros y pizarras llamativas, belicosas entre sí, con camareros que te abordan a cada paso para que te sientes en sus mesas, te ofrecen pinchos gratis para animarte a consumir en su figón? ley de supervivencia comercial.
Claro que si los carteles llegan a anunciarte «la oportunidad de tu vida», «no volverás a ver nada igual», «si no aprovechas hoy, dile adiós para siempre» o tonterías como «Si no me llevas hoy ¡me voy!» o «Mañana ya no estaré» puedes considerar que el comerciante agudiza su imaginación para atraerte. Llegar al dos por uno de antiguas temporadas de Al Pelayo, Botas o los almacenes de los Pepín Areces o Pepín Fernández hacía tiempo que no se veía. Pero hemos alcanzado a entidades que no imaginaríamos nunca que cruzasen la línea de las ofertas por las características de los productos que comercializan. Y hasta las farmacias anuncian ahora en sus escaparates también rebajas. Cumplen el dicho popular del «hay de todo como en botica».Publicado el 21 de julio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA
Llegó la crisis que lo inunda todo y lo que antes era un terreno casi acotado parece que se ha salido a campo abierto. Con la economía en precario y agudo deterioro muchos otros sectores de la compraventa han entrado en la dinámica de los descuentos. Así llegaron las ventajas en sectores turísticos, viajes, hostelería y algunas otras parcelas de la concurrencia comercial. Se popularizaron los transportes «low cost», bajaron los precios de los hoteles, se generalizó la estancia gratis de los niños en establecimientos de ocio y recreo, se comprimieron las tarifas en paquetes de vacaciones y se extendió el ofrecimiento de «resort» y cruceros baratos que evitan las estancias en hoteles. No fue suficiente para atraer al ciudadano y hoy vas por la calle y te encuentras la feroz competencia que se anuncia en muchos bares, restaurantes, heladerías, chiringuitos callejeros y locales ocasionales de bebidas. «Lunes y martes, jarra de cerveza a un euro», «Miércoles todas las tapas a cincuenta céntimos», «Festivos, copa y ración por?», «El segundo refresco, gratis». La lucha por atraer al consumidor llega a las rebajas por horas. «De siete a nueve, los cubatas al 70%» o «A partir de las diez una consumición gratis por cada suspenso». Las calles de muchas poblaciones se han convertido en verdaderos trenes de terrazas enlazadas por tableros y pizarras llamativas, belicosas entre sí, con camareros que te abordan a cada paso para que te sientes en sus mesas, te ofrecen pinchos gratis para animarte a consumir en su figón? ley de supervivencia comercial.
Claro que si los carteles llegan a anunciarte «la oportunidad de tu vida», «no volverás a ver nada igual», «si no aprovechas hoy, dile adiós para siempre» o tonterías como «Si no me llevas hoy ¡me voy!» o «Mañana ya no estaré» puedes considerar que el comerciante agudiza su imaginación para atraerte. Llegar al dos por uno de antiguas temporadas de Al Pelayo, Botas o los almacenes de los Pepín Areces o Pepín Fernández hacía tiempo que no se veía. Pero hemos alcanzado a entidades que no imaginaríamos nunca que cruzasen la línea de las ofertas por las características de los productos que comercializan. Y hasta las farmacias anuncian ahora en sus escaparates también rebajas. Cumplen el dicho popular del «hay de todo como en botica».Publicado el 21 de julio de 2013 en LA NUEVA ESPAÑA
http://www.lne.es/opinion/2013/07/21/ofertas-botica/1445061.html