No hace falta más que asomarse a las páginas de los periódicos
Noa, la artista israelí enfatizaba así al ser entrevistada por Víctor A. Gómez, un reportero de un diario de esta Editorial Prensa Ibérica: “El mundo da miedo”. Conocedora de la terca realidad palestino-israelí, partidaria de la negociación y el establecimiento de un estado palestino y sobre todo, buscadora de la paz y la concordia entre los habitantes de la zona, la cantante Noa recorre el mundo y exhorta a quien le escucha a buscar el entendimiento y la convivencia. Pero tiene razón, el mundo da miedo, aunque se pregunta si logramos algo desesperándonos.
Para darse cuenta del alcance de esa afirmación no hace falta más que asomarse a las páginas de los periódicos, de los informativos de televisión y de la infinidad de testimonios que nos llegan cada día. Vemos así que la vida humana vale muy poco en la mayor parte del planeta, y salvo en unas pequeñas zonas –con honrosas excepciones-, la persona es un ser secundario respecto a los motores que mueven el mundo. Guerras, injusticias, violaciones de derechos, la semiesclavitud que pervive en muchos lugares son el pan nuestro de cada día. Bueno, si hay pan. Leo en un diario malagueño que “más de 100.000 familias de la provincia reciben alimentos” de entidades de ayuda. Casi un treinta por ciento de los habitantes de una de las zonas más boyantes de la industria turística española pasa hambre.
Sin meternos en tremendismos y recogiendo datos estadísticos fiables, según fuentes de los técnicos de Hacienda, el 71% del fraude fiscal en nuestro país no lo comete el pequeño autónomo ni las pequeñas y medianas empresas sino los altos patrimonios y las grandes empresas. Los números de muertos que se producen cada día en países como Iraq o Venezuela, como ejemplo de distintos “métodos” de matar, ya apenas alarman al mundo civilizado, donde la esclavitud fue abolida tan solo hace cincuenta años. Arabia la derogó en 1963 mientras en el primer país del mundo, Estados Unidos, los negros sufrían una situación similar y donde aún en estos días, en palabras de Kerry Kennedy, hija del asesinado Robert Kennedy, “la jerarquía eclesiástica creyó que la institución era más importante que los niños cuyas vidas fueron destrozadas” por los pedófilos.
En este orbe supervigilado por la poderosa tecnología de los superservicios de inteligencia de las primeras potencias siguen produciéndose hechos como la sentencia del caso Trayvon Martin-Zimmerman; dos de las cuatro grandes potencias mundiales no respetan los derechos humanos; el agua es una sustancia esencial para la supervivencia de todas las formas de vida pero se niega a los pobres y se vende en botella más cara que la leche a los “ricachones” del primer mundo. Y mientras tanto no se inmuta el personal cuando se inicia la construcción de la torre más alta de Europa, en Benidorm, y se descubre que en los planos ¡no se contemplaba el hueco del ascensor!.
En fin, habitamos en un lugar de ese infinito cosmos en el que las contradicciones son tan extremas que ya no nos conmueven ni los disparates políticos (Bárcenas, Gürtel, ERE, Palau…), económicos (paro, preferentes, cajas de ahorro, Afinsa, Martinsa…), sociales (recortes, privatización de la sanidad universal, de la educación pública, los servicios básicos estructurales…) o humanitarios (guerra de Siria, eternos Iraq, Afganistán, Congo, la miseria de Haití, Somalia, las muchas dictaduras o los negados derechos de la mujer en un centenar de países del planeta). Ese admirador de Oviedo que es Woody Allen también dijo en una ocasión que el miedo “es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado con otro” mientras en una de sus películas más famosas sentenció que “la vida se divide entre lo horrible y lo miserable”.
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el lunes 29 de julio de 2013
http://www.lne.es/opinion/2013/07/29/mundo-da-miedo/1448348.html