Fuga liberadora

Efecto en el PP del incidente de tráfico protagonizado por Esperanza Aguirre en Madrid

La multa, derribo de motocicleta, fuga y persecución que protagonizó Esperanza Aguirre por las calles de Madrid quizá quede en una sonora anécdota. O en un argumento para lograr un «trending topic» en Twitter. Pero el caso ha servido para liberar muchos temores en las filas populares. Al menos eso dan a entender algunos analistas estudiosos de la trayectoria de la «lideresa» y expresidenta madrileña. El poder de esta figura política se demostró con motivo del congreso del partido celebrado en Valencia en el que plantó batalla al liderato de Mariano Rajoy. No venció en la contienda pero salió fortalecida en algunos terrenos y sobre todo en la importante Comunidad de Madrid. Su presencia y su mando acapararon todo el aparato del partido y no se movía nada sin su conocimiento y aprobación. Aunque sus declaraciones querían aparentar una ingenuidad que chocaba con la realidad.

Pero tras el tropezón de su actuación en la Gran Vía madrileña algunos temores comenzaron a desaparecer, sobre todo después de su recorrido de declaraciones por los distintos medios audiovisuales la tarde de los hechos y la mañana siguiente. Trató de exculparse como una perseguida sexagenaria al tiempo que ponía a los agentes de tráfico que la habían sorprendido en falta como buscadores de fama. Y entonces hubo ya voces de diversos e importantes militantes que discreparon de los argumentos de la presidenta del partido y realizaron declaraciones públicas sobre el «incidente».

Declaraciones que hace poco tiempo parecía imposible escuchar de algunas bocas. Comenzaron precisamente en Valencia, casi seis años después del mencionado congreso, con ocasión de la convención municipal del PP. La alcaldesa de Madrid, primero leal amiga y últimamente posible rival ante las urnas para disputar la candidatura de la capital, no dudó en defender a sus funcionarios en detrimento de su presidenta provincial. Luego se oyeron otras voces. Mientras tanto, según cronistas de la política madrileña y nacional, se dice que «en muchos despachos del marianismo? no están tristes por el error de la presidenta». Y si Aguirre «no es muy querida entre los ministros», tras largos años de batalla interna y sin cargo público, muchos detractores «se frotan las manos con la polémica».

Y es que la Comunidad de Madrid ha sido un campo abonado para las intrigas y los temores. Recordemos el caso de los espías en los que se vieron involucrados y enfrentados los consejeros Alfredo Prada y Francisco Granados, el vicealcalde capitalino Manuel Cobo y su jefe, el entonces alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, o la expresidenta de la Asamblea de Madrid, Elvira Rodríguez, quien terció con unas declaraciones en el conflicto interno entre los dos consejeros y al día siguiente rectificó diciendo que se refería a otra cosa. Espionaje que también afectó al hoy presidente de la comunidad, Ignacio González. Hasta el extesorero nacional alertó sobre los seguimientos y vigilancias a miembros del partido. Y es que nada se movía en la comunidad sin que la presidenta lo supiera.

La aprensión era patente. «El miedo sobreviene en oleada / inmóvil. De repente, aquí, / se insinúa? todo el lento dominio de la inteligencia / y sus alternativas decisiones, todo / se ofusca en un instante. / Y sólo queda la raíz, / algo como una antena dolorosa / caída no se sabe, palpitante», dice un poema de Jaime Gil de Biezma, primo de Esperanza Aguirre.

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA  el miércoles 16 de abril de 2014

http://www.lne.es/opinion/2014/04/16/fuga-liberadora/1572220.html?utm_medium=rss

 

 

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