Cuando en los años cincuenta un anuncio luminoso (no había televisión en España) ilustraba algunos edificios con una inteligente maniobra técnica (Nescafé, se apagaba y al encenderse de nuevo desaparecía la N inicial, es decir, Nescafé escafé) no estábamos acostumbrados al escapismo. De ninguna clase. Hoy es el pan nuestro de cada día. El escapismo de salir por la tangente, el de no decir nada o decir algo sin decir nada. Es el caso del PP y Bárcenas, Gürtel y demás corruptelas cotidianas. El partido del Gobierno ha despachado la prisión del tesorero al que ha estado pagando (en diferido) hasta hace ahora cinco meses con 17 palabras. No ha llegado a dos líneas en el folio con membrete oficial. Unas letras escasas pero definitorias. Luego la secretaria general popular ha salido a los micrófonos para decir que ellos siempre cumplen, siempre han respetado las decisiones judiciales y se han portado muy bien, no como otros, que ya quisieran hacer lo mismo. Claro que en los cortes que les han dejado las teles en sus informativos les han llovido los reproches por todas partes ya que han puesto el ventilador cuando les ha tocado a otros partidos. El mismo día que el partido expulsa a los representantes andalucistas del consistorio de Jerez cuando todavía no hay sentencia firme sobre su inhabilitación. Cuando les toca a ellos no hay forma de echarlos ni con agua caliente.
Tienen la suerte que el mismo día han proliferado las noticias de corrupción en media Europa, con los casos sobresalientes en Francia de Bernard Tapie, Sarkozy y la actual presidenta del Fondo Monetario Internacional y en el Vaticano con el encarcelamiento de un obispo y varios cómplices, entre otros ejemplos de corrupción. ¡Qué paciencia tenemos!