Secretos para atraer al viajero

La desembocadura del Okavango, en Botsuana, y la playa de Gulpiyuri
 Comentaban hace unos días unos amigos, empedernidos viajeros, Cristina y Juan, jubilados laboralmente pero con espíritu de moderno Marco Polo, el próximo destino de sus vacaciones familiares. Después de visitar principalmente la naturaleza de al menos cuatro continentes y diversos paraísos insulares, su esperanza era cumplir el sueño de contemplar en plena actividad el delta del Okavango. Instintivamente nos interesamos los componentes de la tertulia por tan extraño fenómeno para los demás desconocido. Nos explicaron que habían recorrido distintos países de las tres Américas, de norte a sur, de este a oeste, cataratas, volcanes, cumbres admirables…, ciudades, tierras e islas de Europa y Asia repetidamente y últimamente territorios africanos en muy variado estado natural. Pero les faltaba cumplir con una ilusión siempre aplazada. La desembocadura del Okavango, en Botsuana.

Lo primero que nos sorprendió fue la existencia del delta de un río en un país que no tiene litoral marítimo. Para abundar en la sorpresa nos remarcaban que este país sudafricano, situado entre Sudáfrica, Namibia, Zimbabue y Zambia, punto desde donde lo descubrió el británico David Livingstone en 1849, es una extensión casi plana que está ocupada en un setenta por ciento por el famoso desierto de Kalahari, cuyo significado en la lengua local es «gran sed». Y el río es una abundante corriente nacida en lluviosas tierras angoleñas que tras recorrer un millar de kilómetros abre su cauce en un curioso delta que desparrama sus aguas por el célebre desierto. Una curiosidad de la naturaleza que dura solamente unos meses de cada año.
Recordamos entonces una advertencia que nos hizo el entomólogo y antiguo director de la mina de Reocín Gonzalo Pardo de Santayana. Salíamos cuatro jóvenes desde Santander con una tienda de campaña con la intención de recorrer media Europa en nuestro afán de conocer la geografía y la realidad del continente en el que la libertad era la normalidad, mientras aquí sufríamos una autarquía agobiante. «Váis a conocer otros países cuando desconocéis la belleza del vuestro», nos dijo Pardo de Santayana, bastante viajado por su afición a la entomología. Realmente, hoy conocemos mucho mundo, pero quizá desconocemos incontables de nuestros rincones más sublimes, nuestros tesoros. Unas recientes publicaciones nos lo recuerdan.
Así lo vemos en la reciente inclusión de la playa de Gulpiyuri en la virtual lista de los monumentos naturales secretos. Si el pequeño arenal interior del concejo de Llanes figura en el suplemento digital «Beach holidays» del diario británico «The Times» dentro de las «20 mejores playas secretas de España», lo que puede significar el levantamiento del misterio, una nueva publicación le dará todavía más trascendencia a su enigmática belleza. Porque el portal especializado en viajes «Tripadvisor.es», de gran importancia en el sector turístico internacional, también ha citado el fenómeno de esta dolina singular llanisca en la lista de «Diez playas extraordinariamente únicas» del mundo.
Lo que muestra que gran parte del aluvión turístico no visita nuestra región porque no sabemos vender las bellezas que la conforman. Esta playina y algunas otras de esta geografía no alcanzarán lo extraordinario del delta del Okavango, pero son más asequibles para el visitante, que además puede recorrer y degustar otras hermosuras del variado paisaje astur.

Este artículo fue publicado el sábado día 8 de junio en LA NUEVA ESPAÑA

http://www.lne.es/opinion/2013/06/08/secretos-atraer-viajero/1424766.html

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