Los pequeños engaños en la vida cotidiana
La etiqueta posterior del frasco de café había desaparecido y en la caja no podían controlar su precio porque faltaba el código de barras. La cajera pidió ayuda a un compañero a cargo de las estanterías y el resultado fue que a todos los envases de la marca les habían «retirado» la carátula trasera. La «anécdota» la viví con cierto humor en unos reconocidos almacenes y la empleada adujo sin inmutarse que el motivo era el sorteo de un sueldo mensual y eso «en estos tiempos de paro?».
Pícaros los ha habido siempre. Con vacas gordas o con vacas flacas. Unas veces más visibles, otras más ocultos, más disimulados, con mayor o menor actividad pero siempre ha habido pícaros en ejercicio. En todos los niveles. En la Antigüedad, en la Edad Media? y desde «El Lazarillo de Tormes» han evolucionado mucho. Continuamente en desarrollo, en vanguardia inteligente, en cabeza de las nuevas tecnologías. Unos caen simpáticos, ocurrentes, otros odiosos, poco originales.
Dentro de las diferentes «categorías» los hay de altos vuelos, mediocres, supervivientes? Estos últimos renacen y abundan en las crisis. Por arriba y por abajo, entre el poder y entre la miseria. Y aquí creo que hay que descartar lo que alcance la cualidad de falta y de delito. Me refiero a que supere la tolerancia legal. Quedemos en la pillería, en la mera picaresca.
Un ejemplo del enredo en el tramo del poder son los títulos y métodos de las ofertas. Tenemos los descuentos porcentuales en muchos productos. Recuerdo las rebajas de aquellos grandes almacenes hoy desparecidos (Al Pelayo, Botas, Silka, Arias?) que atraían al personal con un contundente «2 por 1». Comprabas uno y te llevabas otro más. Ahora raramente hay un dos por uno. La cosa ha cambiado mucho. En la mayoría de las ofertas tienes que comprar dos para que te rebajen, algo o mucho, porque la cuestión es que si no llevas la «segunda unidad» no hay descuento. Es decir, antes adquirías una y te regalaban otra; ahora tienes que adquirir dos para que te rebajen «hasta un 70%» en la segunda, que la primera sigue con su precio habitual.
También funciona el método de los varios kilos. «Si lleva cinco kilos el precio es?». O al comprar tres le regalamos? normalmente algo que no necesitas, algo que quizá te incite a llevarte cosas que realmente no vas a utilizar y que terminarás arrinconando o tirando a la basura. Y ya cerca del traspaso de la ley está el etiquetado equívoco o no verdadero, tal como envasados resaltando un contenido atractivo que luego se encuentra en el producto en una cantidad ínfima, o el proceso de elaboración de un artículo (las organizaciones de consumidores no paran de denunciar estos tipos de fraudes).
Volviendo al pícaro consumidor las pillerías son variadas y hasta curiosas. Está el pasar empujando con el pie un producto que se te ha «caído» al suelo antes de colocarlo en la cinta móvil de la caja, el birlar un huevo de cada envase de cartón opaco, el comerte una fruta mientras recorres el supermercado o la merienda del bollito al salir del cole mientras mamá hace la compra en el centro comercial. La imaginación se desborda cuando se acerca la pobreza, la penuria. Lo decía uno de los chistes que contaron en la gala de los recién entregado Premios Goya: «España es el país más rico. Cuatrocientos años robando y todavía no se ha acabado».
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el míercoles 12 de Febrero de 2014
http://www.lne.es/opinion/2014/02/12/picaros-pillerias/1541725.html