Los otros gestos modestos del 23-F

La necesidad de evitar los protagonismos y autobombos excesivos

Estoy de acuerdo con el veterano periodista José Manuel Ponte. Está bien que se recuerde, que se conmemore el haber ganado la batalla (que diría José Bono) del 23 de febrero de 1981 y hasta se puede decir que contribuyó la edición especial de «El País» a hacer fracasar el golpe de estado de Tejero y Milans del Bosch. Me pareció estupendo que Soledad Gallego-Díaz, en aquel momento corresponsal en Bruselas, comentase que la felicitaban colegas de la prensa de otros países o que Augusto Delkader, subdirector, rechazase que quienes trabajaban en el periódico fuesen unos héroes, como señaló Antonio Caño en la entrevista en su web en el 35.º aniversario. Pero creo que el autobombo ha sido excesivo. Y se olvidan los responsables actuales del diario de la mayoría de los trabajadores que en aquellos momentos lograron editar un periódico de campaña de que el capitán general de Cataluña, Antonio Pascual Galmes, noble balear y excoronel del primer Tercio de la Legión (fundado por Millán Astray y Francisco Franco, precisamente), fuese el primer alto mando del Ejército que apoyó al Rey y contribuyó a fracasar el golpista levantamiento o que muchas personas acudieron a los aledaños del Congreso reprimiendo su miedo a una peligrosa involución. Una mayoría de españoles sin opción a intervenir la reprobaba.

Aquel 23 de febrero de 1981 no fue mi primer 23-F nefasto. Tampoco sería el último. Cinco años antes había sufrido otro percance importante en la vida profesional. Y dos años después las redacciones de los periódicos sufrimos fecha especial. El frustrado golpe de Tejero y la decisión del Gobierno socialista de acabar con el fraudulento imperio de Ruiz-Mateos son dos hitos de nuestra historia moderna. En 1976, el 23 de febrero, fue el comienzo, tras la muerte de Franco, de una serie de clausuras de periódicos que comenzaría con el madrileño «Nuevo Diario». Ya había habido un sonoro cierre en tiempos de la dictadura, el del vespertino «Madrid», pero el de «ND» significaba que la prensa incómoda con la libertad se autodisolvía ante la llegada de ésta.

Otro ruidoso 23-F fue el de 1983 cuando el Gobierno de Felipe González decidió expropiar el holding Rumasa a José María Ruiz-Mateos, con miles de trabajadores en sus empresas. Salió a la luz así la fraudulenta descapitalización de una industria que podría poner en peligro la economía de todo el país. Y un año más tarde, en plena democracia, la banda terrorista ETA asesinaba en San Sebastián a Enrique Casas, senador socialista y parlamentario vasco. En fin, una fecha tal de febrero tiene muchas cosas que celebrar o muchas razones para la tristeza. En 1997 se dio a conocer el nacimiento del primer mamífero clonado, la oveja «Dolly», en el Instituto Roslin de Edimburgo; siglos antes, en 1765, en Inglaterra, el químico y físico Henry Cavendish descubre el hidrógeno, que llamó «aire inflamable» y determinó la composición de la atmósfera; en 1836 comenzó la batalla de El Álamo, en San Antonio (Texas), y en 1895 se inició la guerra de independencia en Cuba; en 1919, Italia, Benito Mussolini fundó el Partido Nacional Fascista. Y un año después consiguen en Chelmsford, a unos 50 kilómetros de Londres, la primera transmisión por radio con un concierto. Un 23-F el Consejo General del Poder Judicial expulsó a Baltasar Garzón de la carrera judicial; otro fueron detenidos los primeros políticos corruptos en la Comunidad Valenciana? Las efemérides son muchas y muy diversas. Todos tenemos derecho a recordar pero quizá con una pequeña dosis de humildad o de modestia.

 

Publicado en La Nueva España el 24 de marzo de 2016

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/03/24/gestos-modestos-23-f/1901596.html

 

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