Medio siglo de una residencia referencia en el periodismo español
Fueron unas cuarenta promociones, alrededor de 250 profesionales jalonan su trayectoria. Los hubo y hay repartidos por casi todos los medios. Formé parte del grupo que se incorporó en el otoño de 1967. Escribo estas líneas porque se cumple medio siglo de la fundación de una residencia, Azorín, que inició su trayectoria como piso de estudiantes y a través de los años ha llegado a prácticamente todas las redacciones de los medios informativos españoles. En Azorín residieron unos estudiantes que formaron su personalidad periodística de una manera libre, en una convivencia democrática y responsable, con muchachos que llegaban de todas partes de España.
La fundaron tres amigos que habían llegado a Madrid desde distintos puntos del país a estudiar Periodismo. Uno era un cura de las Misiones Pontificias, Manuel de Unciti, largos años su director, que era sospechoso para unos por su sacerdocio y para otros por ser vasco. Los incordiaron tanto las fuerzas del «orden» franquista que optaron por mudarse a otro barrio y alquilar un desvencijado chalé que resultó ser de un antiguo benefactor de Franco durante la Guerra Civil. Quizás esto paró las inconvenientes visitas policiales, aunque creó falsas leyendas urbanas. A partir de entonces la residencia fue un foco de cultura democrática.
Por la residencia Azorín pasaron un buen número de profesionales que alcanzaron altos puestos en el periodismo, también señalados artistas que simultaneaban estudios, pues era obligado cursar la carrera informativa. Por enumerar solamente algunos nombraré a Joaquín Marín -«La Opinión de Málaga» (EPI), Sur, RTVA-, Homero Valencia (RTVE), Paco Giménez Alemán -«ABC», Telemadrid-, Juan Luis Manfredi -RTVA-, el moscón Manuel Antonio Rico -diversos informativos radiofónicos- o al maliayés Bernardo Díaz Nosti, durante mucho tiempo decano de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Málaga. Cineastas como Javier Aguirresarobe -seis «Goya» como director de fotografía-, Imanol Uribe -«La muerte de Mikel» o la reciente «Miel de naranjas»- o el morciniego José Antonio Quirós -«Pídele cuentas al Rey»-. Sin olvidar al escultor José Ramón Anda y a otros muchos que ocuparon distintos cargos públicos y profesionales.
En sus cuarenta años de existencia en Azorín hubo cenas, conferencias, coloquios, tertulias de todo tipo, con invitados académicos, escritores, políticos, artistas, técnicos, teólogos y, sobre todo, renombrados periodistas. Se discutieron y estudiaron muy diversos temas, siempre en versión educativa y para formación de los estudiantes. Aunque también abundaron los temas informativos, que en algunos casos no vieron la luz en los medios amordazados por la censura durante gran parte de sus años de funcionamiento. Recuerdo un desliz de Manuel Fraga, siendo ministro de Información, cuando nos «informó» de la próxima cesión a Marruecos del territorio de Sidi Ifni.
Se van agotando las trayectorias profesionales de muchos de los antiguos residentes, se va jubilando la mayoría de aquellos estudiantes que conformaron numerosas promociones en la Escuela Oficial de Periodismo o en la actual Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Pero todavía siguen decenas de periodistas que convivieron en el desaparecido chalé de la calle Rosa Jardón en las redacciones de muchos medios de la diversa geografía española, en las tertulias de radios y televisiones, en gabinetes de prensa… Eran y siguen siendo un referente profesional. Son las generaciones Azorín.
Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el jueves 7 de noviembre de 2013
http://www.lne.es/opinion/2013/11/07/generaciones-azorin/1495610.html