Atentado en Barcelona, una de las ciudades españolas con mayor población de origen magrebí. Marruecos, el país magrebí donde menos «primavera árabe» hubo. Cataluña, comunidad en la que los radicales han iniciado una campaña antiturística. Atando cabos podemos buscar conexiones y encontrar casualidades que nos lleven a la conclusión de que estos descerebrados terroristas tienen algo más que coincidencias. Teniendo en cuenta que el servicio de información militar y político marroquí es uno de los más fuertes junto con el de Israel, algo falla en la coordinación de los servicios de seguridad en los países europeos y que reciben información de Marruecos.
Por otra parte, ya está bien de tuits y demás sistemas de fuga informativa por las redes sociales. Los responsables de organismos y departamentos políticos y sociales deben comparecer en los medios y no liberarse con unas líneas en Twitter o Facebook, Istagram y demás redes, subterfugio para no dar la cara pública.
Por último, en el sistema o juego de acción y reacción que sufrimos principalmente en Europa llevamos las de perder. Ya nadie se acuerda de las iniciativas de Bush, Aznar y el líder laborista inglés o el jefe del Gobierno de Portugal cuando se reunieron en las Azores. Hoy nos lamentamos de los ataques que sufrimos pero nos olvidamos de los desastres que soportan en Palestina, los que organiza Occidente en Afganistán, en Iraq, etc. ¿Saldrán inmunes todos estos responsables que nos han llevado a este desastre?
Polvos y lodos que han de hacer reflexionar a quienes votan en las democracias de Europa. No somos culpables pero permitimos que los gobernantes hagan lo que les dé la gana. Una desgracia.