La libertad de prensa no solamente hay que medirla por la persecución o no de los periodistas. La cantidad de profesionales asesinados por realizar su trabajo es abrumadora. Lamentablemente esta es una profesión en la que se puede morir por hacer bien tu trabajo. En otros ámbitos se premia al buen profesional, en el de prensa ocurre al revés. Hoy es el día internacional de la libertad de prensa y lo pongo en minúsculas porque, afortunadamente, en España ya no se mata a los periodistas. Tiempos hubo en que se hacía o al menos se intentaba. Muchos compañeros he tenido con escolta por las amenazas recibidas, algunas con el agravante de amenazar también a los hijos de los profesionales que informaban sobre los desmanes de los terroristas. Bien, decía al principio que la libertad no solamente hay que medirla según la persecución de los informadores. También se ha de medir sobre su libertad en el medio en que trabajan. Su libertad de movimientos, su libertad en el modo de trabajo, su comodidad en el medio, sus medios de trabajo. En los últimos años han sido despedidos miles de periodistas en España, miles de profesionales que cumplían una gran labor en estos tiempos de corrupción, de políticas nefastas, de maltrato al trabajador, al tiempo que despilfarro, de blindaje de los poderosos, de capitalismo salvaje. La situación de cientos de periodistas, obligados a un trabajo precario, en gran parte a trabajos sin contrato, a trabajos pésimamente remunerados, a trabajos censurados por su propio medio ha alcanzado cotas predemocráticas, increíblemente lejos de la libertad de expresión. Esa no es una libertad de prensa mientras se acusa a las empresas y sistemas de otros países de represión y dictadura. Ejemplos tenemos varios en España en periódicos que presumen de ser los mejores. Que se lo pregunten a muchos profesionales, que les pregunten por sus condiciones laborales. Los únicos que tienen libertad son sus socios capitalistas, casi todos todos extranjeros y poco relacionados con el sector de medios de comunicación.