40 años de prensa libre

 Un pequeño homenaje a los periodistas que sudamos tinta durante la dictadura

Las informaciones que se han publicado estos días sobre los cuarenta años que llevamos sin Franco me han parecido harto incompletas. Quizá sea un aniversario muy lejano para unos, a olvidar para otros, anecdótico para muchos, insignificante para los demás. El caso es que siguen enterrados en cunetas, fosas comunes y parajes desperdigados e inhóspitos miles de personas que no habían mostrado su adhesión a los sublevados contra la República. Pocos medios han relacionado estos dos temas el día del aniversario, el pasado 20-N. Además, en estos tiempos de descreimiento informativo, me parece necesario resaltar algún otro aspecto interesante también poco señalado estos días. Por ejemplo que en el gran cambio que ha experimentado España en este periodo hemos de destacar el gran papel de la prensa.

En vísperas del final de la dictadura la mordaza seguía impidiendo a los medios de comunicación informar sobre los entresijos de la política real. El control previo de las ediciones obligaba a la presentación de ejemplares en el Ministerio de Información o sus delegaciones antes de su distribución y venta y mantenía sometido a su registro la salida de nuevos periódicos. Las cadenas de radio debían conectar con la emisora estatal para contar los lances de la actualidad política a unas horas establecidas. Solamente había televisión estatal.

Esta servidumbre hacía realmente diferente la situación de los profesionales de la información respecto a la de otras profesiones. Las tendencias o ideas podían ser iguales o distintas en todas las personas, fuese ingeniero/a, médico, albañil o ama de casa pero el periodista estaba sometido a rigurosos controles. Y cincuenta días antes de la muerte de Franco la información sobre las ejecuciones no públicas de diversos disidentes políticos juzgados en consejo de guerra fue severamente limitada por los dirigentes del régimen. Además, los distintos y casi continuos episodios de la enfermedad del general eran rigurosamente silenciados por el hospital donde era internado y solamente salían a la luz por filtraciones hechas por los trabajadores del centro clínico. El citado Ministerio de Información persistía en su férreo control informativo. Así, más de cuarenta días nos pasamos decenas de periodistas en guardias diurnas y nocturnas en el vestíbulo o la reducida cafetería exterior del Hospital de la Paz madrileño para intentar informar sobre la larga agonía del enfermo. Hasta que una fría madrugada la agencia Europa Press lanzó tres líneas corridas por su teletipo. «Franco? ha? muerto».

A partir de ahí la situación fue variando muy lentamente. Pero pasados tres meses del 20-N aún fue detenido un periodista asturiano, Rodrigo Vázquez-Prada, por publicar un «breve» sobre la Unión Militar Democrática. Hasta seis meses después no fue autorizada la salida a los quioscos de nuevos diarios y durante algunos años más buen número de los periodistas que trabajaban en estos periódicos recién editados figuraban en listas negras mientras las amenazas eran continuas. Hubo varios atentados a los medios con muertos. Al tiempo cerraron diarios defensores del régimen que desaparecía. Pero el ambiente fue cambiando, los periódicos descubrían los entresijos de la política, la justicia y la economía. Y gracias a esta libertad que la prensa iba consiguiendo fueron apareciendo los chanchullos y la enorme corrupción. Los llamados poderes fácticos intentan desprenderse ahora de este mal que corroe las relaciones político-económico-sociales pero la información fluye cada día con fuerza y libre.

Publicado el sábado 9 de enero de 2016 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2016/01/09/40-anos-prensa-libre/1865733.html

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2 thoughts on “40 años de prensa libre”

  1. Pero la prensa, la «gran prensa» y la ”gran radio» y a «gran tv » lo tienen muy, muy difícil, no tiene más remedio que dar la razón al que paga

  2. …. Me publicó antes de acabar. Quería decir que la prensa de fiar, la que no miente, la que no está al servicio de intereses pagados, lo tiene muy feo. Y la gente prefiere creer en las mentiras repetidas y aplaudir a la «canalla» con manos y orejas

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