Adiós a una relación histórica

 

Duro Felguera abandona Langreo tras más de siglo y medio

02.05.2013 | 00:00

Grabado Duro Felguera

Fernando Granda

Unas palabras («tienen los días contados»), pronunciadas por el presidente del grupo, parecen el epílogo de una larga historia. De «una larga amistad». Según informaba Javier Cuartas en las páginas de Economía de LA NUEVA ESPAÑA Duro Felguera abandona Langreo y cierra su vínculo con el municipio tras una relación-identificación de más de siglo y medio.
Cuando Pedro Duro Benito llega en la década de los cincuenta del siglo XIX el pueblo se llamaba Turiellos, parroquia bajo la advocación de Santa Eulalia, ya había sido instalado un horno de coque en la zona y Jovellanos había impulsado la llamada carretera carbonera para el transporte del producto de las minas de hulla hasta el puerto de Gijón. Este emprendedor riojano funda una siderurgia en él y la inaugura en 1857, un año después del funcionamiento del ferrocarril de Langreo. Desde entonces aquella parroquia rural comienza a crecer hasta convertirse en un emporio industrial que en momentos fue el más importante de España. Y también un faro cultural.
Duro Felguera no era solamente una sociedad fabril, representó mucho más que una factoría siderometalúrgica. Porque Pedro Duro fue también un mecenas que impulsó vida en la zona y su obra promovió la instalación de otras muchas industrias alrededor de los altos hornos. El gran emprendedor riojano creó escuelas gratuitas para los hijos de los trabajadores de su fábrica, en la que estudiamos la mayoría de quienes nacimos y crecimos en la cuenca del Nalón; instauró la asistencia médica y farmacéutica, casas de socorro, viviendas sociales y hasta cajas de ahorro. Fue un empresario avanzado que dialogaba con sus empleados y se instaló con su familia en un valle alejado de la vida mundana y elegante. Cambió de tal forma la vida de la población que el núcleo urbano fue tornando el nombre de Turiellos por el de la zona donde fueron creciendo las factorías, La Felguera, «lugar donde abundan los helechos», y hasta los patronos parroquiales, Santa Eulalia y San Roque, a quienes los ¿turiellenses? dedicaban sus romerías, dejaron paso a los festejos en honor de «don Pedro» y dieron prioridad y grandeza a las dedicadas al primero de los apóstoles.
Así era la existencia de una población agradecida, que atrajo inmigrantes de toda España y técnicos de media Europa, gentes que se integraron en el municipio y exportaron el nombre de La Felguera por el mundo. Un dinamismo que se reflejó en estadísticas de organismos internacionales, como los señalados por la Unesco en cuanto a los altos niveles de educación de los langreanos o los de su gran calificación técnica, entre otros. Pero las sucesivas crisis soportadas en el siglo XX, que condujeron a la desaparición de la industria pesada y a la deslocalización de la transformadora, junto a los intereses político-económicos franquistas, fueron alejando al pueblo de su origen fabril. Duro se fue distanciando de La Felguera, con algunos vaivenes pero que siempre mantenían alguna vinculación con Langreo.
Visitando hace unas semanas el casi vacío Museo de la Siderurgia (MUSI) me di cuenta de que la memoria histórica se va perdiendo. La Felguera conserva unos cuantos edificios en los que se guarda una imagen de lo que fue su industria pero poco más. El río de la vida, que diría el recién desaparecido José Luis Sampedro, baja cada día con menos de aquellos sus antiguos trabajadores, gente que dé testimonio de lo mucho que representó para La Felguera. Y Duro se va definitivamente.

 

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el jueves 2 de mayo de 2013

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