Del encanto al paro en el comercio de barrio

Lo que implica la desaparición de los alquileres de «renta antigua»
Subero era una tienda en la que podías encontrar desde una tubería a una llave «de las de sereno» o una plancha de cinc para trabajos de grabado. Estaba en la calle Fuencarral, junto a la Red de San Luis, en lo más comercial de la Gran Vía de Madrid. Seguía siendo un establecimiento de los de hace un siglo, con mostrador kilométrico de madera, paredes llenas de cientos de cajones y decoración simple de material industrial. Era casi el único sitio donde hallabas utillaje para estampado artesanal en una ciudad de millones de habitantes. Subero era una centenaria isla de un barrio de moda popular juvenil, bares modernos y gran algarabía callejera. Cerró hace meses quizá viendo lo que le sobrevenía. Se acabó el encanto del comercio clásico de barrio.

Al comenzar 2015 finaliza la prórroga que mantenían las leyes de arrendamiento con alquileres de «renta antigua». Lo que representa que cientos de miles de locales comerciales que permanecían con alquileres de hace cinco, siete o más décadas deberán actualizar los contratos de arrendamiento y bastantes pasarán de pagar el equivalente a cientos de las antiguas pesetas a miles de euros cada mes. Muchos adioses se van a producir.

Si diversas fuentes del ramo señalan la existencia de unos 485.000 comercios antiguos en España, las asociaciones de comerciantes autónomos calculan que se verán afectados algo más del 40%, es decir, alrededor de unas 200.000 tiendas de barrio. La libertad de horarios comerciales, la apertura de grandes superficies, la instalación de locales de multinacionales y la caída del consumo debida a la larga crisis económica han colocado al comercio familiar al borde del colapso, con márgenes de supervivencia al límite. Si a partir de ahora suben los alquileres de los locales antiguos arrendados hasta actualizarlos como a las tiendas nuevas numerosos negocios cerrarán. Solamente se salvarán los comercios familiares que no se hayan constituido en empresa y su renta, actualizada cada año con arreglo al índice de precios al consumo, se mantenga desde 1985. Las previsiones más optimistas calculan el cierre de un 10 por ciento de estos establecimientos familiares existentes.

Fuentes de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) dicen que ese porcentaje de minoristas no ha podido negociar porque los propietarios de los locales, bancos y grandes corporaciones ven el negocio en otro tipo de firmas que les rentarán mucho más, mientras que un 60% de los afectados por la actualización de contratos ha aceptado subidas de hasta un 35% que consideran asumible. Teniendo en cuenta una media del número de personas que trabajan en estas tiendas antiguas pueden pasar al paro más de cien mil trabajadores. Al mismo tiempo, desaparecerán viejos oficios artesanales, productos tradicionales y diversos modos de vida de los barrios.

Numerosos ayuntamientos intentan corregir esta pérdida de empleos, que representará también la desaparición de una ancestral y emblemática arquitectura popular y pequeños comerciantes de distintos tipos de género han comenzado a agruparse en galerías y mercaditos nuevos para paliar los costes de esos flamantes alquileres. Pero hay oficios de difícil ubicación en modernos locales y compleja agrupación.

Se teme por luthiers plateros, costureras, fabricantes de turísticos abanicos, mantillas, peinetas o castañuelas, colmados, chigres, proveedores de antiguos materiales artesanales o cafetines espectáculo como el Café Central, santuario del jazz del Madrid de Baroja.

Publicado el martes 6 de enero de 2015 en LA NUEVA ESPAÑA

http://suscriptor.lne.es/opinion/2015/01/06/encanto-paro-comercio-barrio/1694968.html

 

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2 thoughts on “Del encanto al paro en el comercio de barrio”

  1. Desde mi punto de vista, es injusto que les echen de golpe, pero es justo en realidad. Si yo quiero montar una tienda en la calle Fuencarral necesito miles de euros mensuales para pagar el alquiler, cosa que puede no aer sostenible incluso vendiendo televisiones de plasma. Sin embargo ¿un señor que vende abanicos o que tiene una ferreteria puede alquilar porque su padre y antes su abuelo alquilaron alli? Creo que no se atenta contra el pequeño comercio, sino contra el absurdo de alguien pague diez veces más de alquiler que otro por que su familia ya lo alquiló. Es en cierto modo una casta de tenderos

    • Cuento lo que ocurre. Por supuesto que han tenido tiempo de negociar, de buscar otro local y buscar otras muchas soluciones pero la crisis les ha pillado a muchos en ese trance. Las mismas asociaciones de comerciantes han propuesto soluciones y avisado de que se acababa el tiempo de moratoria. Aunque igual que se subvenciona a las grandes corporaciones para que se instalen (Carrefour, Alcampo, etc.) lo podían hacer también con estas tiendas. Algunos ayuntamientos lo han hecho…

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