Urbano pero sin servicio alguno

Barru, un pueblo emblemático del turismo de Asturias que sufre la desidia municipal de Llanes

Un núcleo rural sin servicio alguno. «Así é Barru». Un pueblo con un centenar de habitantes permanentes, sin una tienda (ni siquiera una de ultramarinos para comprar pan, leche o algo para comer, vamos, de primera necesidad), sin farmacia, sin escuela, sin médico, sin dependencia sanitaria alguna, sin plaza de taxi, sin servicio de autobús, sin calles (solamente caminos vecinales), sin barrendero, sin riego público… Sin alcalde pedáneo. Es decir, sin nada pero con tasas municipales urbanas. Digamos, pagar por todo sin tener nada. Maravilloso invento recaudatorio municipal sin proporcionar servicio, como una empresa tipo urdangarines, gúrteles, pujoles y demás paradigmas de presuntas corruptelas.

Pero Barru (Barro) ha sido declarado núcleo urbano por el Ayuntamiento de Llanes y este cobra tasas municipales como si prácticamente gestionara viviendas, calles, transportes, servicios de una capital como Madrid o Barcelona, con millones de habitantes, grandes infraestructuras, importantes negocios, transacciones multinacionales, ministerios, embajadas, sedes de organismos internacionales, emblemáticos edificios, grandes eventos culturales, cómodos transportes y un sinfín de actividades municipales. Conocido es que los municipios turísticos han de aprovechar la llegada o instalación de foráneos para aportar a sus arcas con el fin de poder dar servicio a los residentes y sus tasas son siempre elevadas. Pero una cosa son servicios caros y otra cobrar sin realizar esos servicios.

Considerar urbana una aldea que no disfruta de ningún servicio es aprovecharse de la escasa fuerza que pueda ejercer un exiguo centenar de censados y varias decenas de propietarios de segunda vivienda que disfrutan de unos días de vacaciones al año. Para mayor dislate la inmensa mayoría de empadronados residentes permanentes en el contorno parroquial son de avanzada edad, jubilados y pensionistas del campo y sólo un mínimo porcentaje son menores de edad. Y para sobrevivir han de utilizar transporte privado pues ni siquiera pueden comprar el pan en un comercio del pueblo. Y no digamos de otros servicios mínimos para una población mayoritariamente de pensionistas.

Sin embargo la Corporación Municipal se empeña en considerar a Barru -y a Niembru, Balmori, de esa parroquia, y otras muchas aldeas en las mismas condiciones- como recintos urbanos en sus distintos planeamientos, planes que desde hace varios lustros desautorizan los tribunales. Para colmo, según los borradores del Plan General de Ordenación de Llanes (PGOLL) en elaboración, conocidos por LA NUEVA ESPAÑA, los técnicos contratados por el Ayuntamiento idealizan de tal forma que parecen preparar un paraíso terrenal con tranvías, parques y circunvalaciones que terminen componiendo una conurbación con aires turísticos como los emiratos del golfo Pérsico.

Mientras tanto, las dos bellezas que distinguen a este pequeño núcleo rural, la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de Barro, ubicada en una pequeña península de la ría del Calabres donde se refleja en marea llena, y una segura playa protegida por dos grandes farallones, emblemas de todos los reclamos turísticos del Principado, son desatendidos por los gestores del municipio, uno de los más importantes espacios turísticos del norte peninsular. La sinuosa ensenada que forma la ría entre Barru y Niembru se deteriora a pasos agigantados por el abandono de las autoridades y en el límite de la playa permiten la construcción de lo que se conoce ya como el «AlBarrobico».

Publicado en LA NUEVA ESPAÑA el martes 21 de octubre de 2014

http://suscriptor.lne.es/opinion/2014/10/21/urbano-servicio/1659285.html

 

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